Ernest Yeager (4)

….continuación de Yeager (3).

 

Jueves 6 de Junio de 1991

Yeager se ha pasado varias horas con el teléfono en la mano. Ya ni siquiera aplicando presión contra su oído puede aminorar los temblores del Parkinson maldito que lo acorrala y lo comprime día a día.

Daniel Scherson con la tranquilidad de un príncipe heredero, se toma su tiempo y espera, estudia, observa y espera, y ve como se desarrollan los acontecimientos inapelables. Desgraciadamente todavía cree ver a Yeager como un competidor, y es tanto su empeño que de seguro lo seguirá viendo así, como un antagonista –pese a lo mucho que Yeager ha hecho por él en su carrera- hasta en el servicio fúnebre, al que asistirá con rostro compungido.

Es interesante ver como reacciona la gente frente a los problemas. Algunos siguen pretendiendo que todo sigue igual, que todo está normal, que Yeager está bien y que el mundo de la electroquímica moderna, no podrá continuar sin un tipo como Yeager. Muchos no caen en la cuenta que el mundo seguirá perfectamente bien si alguno de nosotros desaparece –incluso Yeager- y que nuestro mundito es perfectamente imaginable con algunos de nosotros bien ausentes. Siento que caminamos al borde de un despeñadero.

 

Viernes 7 de Junio

Hoy por la mañana Yeager llegó pidiendo ayuda, socorro; necesitaba que alguien le acarreara los dos enormes maletines repletos de trabajos, libros, publicaciones que guardaba en la maleta de su auto, los mismos que se lleva por la tarde a su departamento.

Jim, el secretario del Centro Electroquímico, buscó trabajo de manera urgente y ya tiene una posición asegurada, pero busca el momento preciso para anunciárselo a Yeager y saltar, abandonar el buque para siempre. Tengo familia y no puedo seguir arriesgándolo todo, me dijo hace pocas horas, mientras se preparaba un cafecito y miraba hacia todos lados, preocupado por su confesión. No entiendo por qué tengo que ser yo el que se entera de esas cosas, ¿por qué me lo contó? Y el problema está en que una vez que me he enterado ya no sé qué hacer con el secreto; a lo mejor por eso escribo, lo confieso, lo largo. Me pasa como le ocurrió a mi amigo José Canulo cuando le mostré un cuento que había escrito hacía poco. No era un relato feliz, hay que reconocerlo, y cuando lo leyó me trató de acompañar, me trató de consolar; y al final no se aguantó y mirándome a los ojos me preguntó y ahora qué hago, ¿qué quieres que haga, Cristián? Nada, le dije como pidiéndole disculpas, es simplemente un cuento. José era un posdoctor argentino que también trabajaba en el Fritz Haber en esos años, y que me trataba de ayudar o de entender. Fue un buen amigo, y no sé que será de él ahora. Me dicen que abandonó la electroquímica para administrar la fortuna de su familia.

 

Martes 11 de Junio

Yeager llegó rengueando a su oficina, cree que de todas formas me ofrecerán trabajo en la compañía OttoSensors, pero eso aún no se materializa. Otto me dijo ayer que hoy me llamarían para contarme algo, pero eso todavía no sucede, el teléfono sonó, pero era alguien que buscaba una casa de retiro para ancianos. Hubo también otro llamado donde nos confundían con una Clínica de Urgencia (?).

Veo a Yeager apenas sentado en su silla de respaldo largo y negro, y que me dice que soy un buen investigador, y que en situaciones normales ya tendría varias ofertas a disposición. Continúa con el mismo tono que desgraciadamente no me sube mayormente la moral. Me lo dice mientras se le retuerce el rostro por el dolor de espalda y mientras trata de mover un pie que apenas le responde.

La secretaria del Chairman del Departamento de Química me llamó hace pocas horas para conocer mi nueva dirección. Le dije que era la misma de antes, pero apenas me miró a los ojos y no hizo otras preguntas. Esto de quedarse sin trabajo asusta, la gente tiembla y a uno lo tratan como si tuviera una infección viral muy contagiosa. A lo mejor pensó que como me quedaba sin trabajo ya me había mudado a otro sitio, al lugar donde llegan los caídos en desgracia, los perdedores. Me hubiese gustado hacerle una broma a la secretaria, pero la noté tan poseída en su oficio de administradora, tan seria y diligente inmersa en sus papeles que finalmente no me atreví ha agregarle nada. Era simplemente una carta donde me indicaban que a partir del 30 de Junio me quedaba sin trabajo. Noté que ella firmó el papel sintiendo cierta cosquillita interna, cierto poder y acaso una evidente satisfacción de que algo así no le estaba sucediendo a ella; apenas me retirara de su oficina el mundo se le presentaría nuevamente cálido y rosado, justo, seguro sobre su escritorio.

 

Miércoles 12 de Junio

Todavía no me llaman de OttoSensors, y tampoco han llamado a Yeager. Este llegó hoy día en un estado tan lamentable que no le quise consultar de nada. El dolor a la espalda se le hacía insufrible y lo primero que ha hecho es pedirle ayuda al médico, una hora de emergencia. El rostro se le achica y retuerce, se le congestiona, y el bastón ya no le ayuda para nada. La secretaria, Denisse, cada día más chillona, y todo parece que empieza a caerse en pedazos pequeños y poco organizados; el mundo se hace trizas. Scherson a veces me saluda, pero nada más que para contarme lo difícil que está “su” situación, el poco dinero que le queda para hacer “sus” investigaciones. Gupta espera tranquilamente su jubilación. Y creo que Sandy piensa hundirse con su jefe y todo su peso sin mayor problema; le gustan los Titanics. Una especie de religiosidad enfermiza lo lleva a aceptar el hundimiento como esas grandes tragedias descritas en algunos textos bíblicos. Tribilin sigue preocupado porque solo le quedan 5 años para jubilarse. Cree –lo que es bien probable- que no alcanzará a cumplir esa meta porque el hundimiento se hace inminente y avanza a pasos grandes. Me cuenta que su señora finalmente se compró una casa en Arizona con algún dinero que le llegó de una herencia fantasma y sorpresiva. Estaba contenta porque la casa no tenía termitas. Se quedó preocupado cuando le pregunté si acaso tenía murciélagos en el entretecho. Cree que no, me dijo. Dice que el clima seco le hará bien para combatir la artritis. Me pidió la revista Newsweek para leer sobre las recetas de una dieta sana. Consume mucha fibra, y lástima, me dice, que el brócoli sea ahora tan caro, un dólar treinta la libra cuando antes le costaba solo 65 centavos. No le consulté sobre los huevos duros.

 

Viernes 21 de Junio

Yeager asiste tres veces por semana a un “tratamiento de agua” en una piscina del hospital donde lo guían con ejercicios especiales. En su agenda anota simplemente de 10 a 12: water. Todavía no me resulta nada concreto con la compañía OttoSensors”. Me han dado un magnífico folleto que en la cubierta principal y a todo color se lee, “OttoSensors Corporation: Bringing Sensors to Life.” Adentro y entre los papeles encuentro una carta de presentación, donde Scott Palubiak el Vicepresidente de Marketing y Ventas anuncia que los microsensores pueden medir simultáneamente la temperatura, los niveles de oxígeno, junto a la actividad eléctrica del cerebro. Nuestras conversaciones han terminado solo con buenas intenciones, pero nada seguro, tangible, todavía todo está en el aire y no hay ningún contrato. Scherson se ha hecho humo, recuerdo la seguridad con que me indujo a trabajar en su grupo de investigación a cambio de la residencia (la que obtuve), pero ahora que han salido los problemas se evapora y son pocas las noticias que he tenido de él. Por supuesto continúa con sus sueños grandilocuentes sobre trabajos inmortales, descubrimientos de resonancia mundial, pero en realidad estos son nada más que ruidos y pocas nueces. Felizmente Pilar está bien en su trabajo y su jefe está contento con el progreso y lo que ella hace.

  

Martes 29 de Agosto

Reanudo el diario con bastante retraso. Finalmente las posibilidades de trabajo en OttoSensors se han evaporado y es poco lo que he logrado hacer. Escribí una propuesta para la NASA y la mandé el 8 de agosto. Finalmente estoy sin trabajo pero defendiéndome. Yeager ya no es el Director del Centro Electroquímico; renunció hace pocos días. Por las mañana Sandy le coloca unos electrodos en la espalda para estimular sus músculos. Su asistente, Jim, ahora voló hacia otro edificio donde trabaja para el nuevo director. Denisse es la secretaria fiel que aun le acompaña en sus labores. La situación económica no es buena, no creo que mejore en estos cortos meses.

 

Jueves 14 de Noviembre

Yeager ya renunció a su posición de director del Centro Electroquímico. Continúa trabajando pese a los problemas que cada vez le acorralan más.

 

 

Pareciera que hasta aquí logré escribir ese año, en el 91. A lo mejor las noticias se pusieron decididamente malas, agrias, y simplemente ya no pude continuar, no lo sé, pero claramente no seguí; escribir ya no me ayudaba, y en el subterráneo de mi casa no he encontrado ninguna libretita con algún indicio de lo sucedido. Se que ese año finalmente encontré trabajo en Life Systems, una pequeña empresa que tampoco andaba bien…. pero esa puede ser historia para otra nota.

Aquí convendría recordar que esta serie, esta seguidilla de textos breves sobre Yeager, terminan mejor si uno lee ahora la primera nota que escribí anteriormente: “La Última Conferencia de Ernest Yeager.”

 

Desde Michigan y en este instante, en un 23 de mayo del 2018, viajo hacia el universo virtual de la Internet, y ahí me entero que Otto Prohaska no perdió la vida en el intento. Ahora trabaja como consultor y ha fundado OttoConsulting, donde según él, se especializan en contactar a los inventores con sus potenciales clientes, además de atraer a los inversionistas. Cuenta que él sabe integrar todo eso para construir un negocio exitoso. A lo mejor de eso entiende ahora, finalmente; es como si uno tuviera que fracasar varias veces y bien seguido para dominar un tema. Claro que no dice qué ha logrado integrar, o cuales han sido las noticias felices que han resultado de esos intercambios; pero en todo caso se defiende, o al menos ha sobrevivido. Su sito Internet desgraciadamente no funciona y pareciera que nunca fue completamente implementado. Su antiguo Vicepresidente de Marketing, Scott Palubiak, parece que aterrizó mejor. Según leo en LinkedIn trabaja en PerkinElmer Health Science. Lo vi en Youtube –pero no lo reconocí- donde habla sobre cómo empezar negocios a partir de las buenas ideas que producen las universidades. Me imagino que algo aprendió después de darse tantos costalazos y caídas.

Daniel Scherson, por otro lado, ha hecho una buena carrera en la universidad; pero considerando su capacidad, creo que se quedó corto porque pudo llegar a ser un científico de mucho mayor vuelo, reputación y consecuencia; “famoso”, como le gustaba a él. Creo que lo perjudicó el desperdigarse sobre tantos temas interesantes buscando la huella del dinero, investigando lo que estaba de moda, lo que brillaba, en lugar de apostar a una idea genuinamente suya para jugársela con sangre, hasta la muerte con su idea, como un sueño. A lo mejor soy injusto, pero definitivamente era (y aquí lo escribo como si todos estuviéramos ya muertos), era un tipo con una facilidad matemática elegante, portentosa, y que le brotaba de manera natural. Daniel pudo, Daniel debió haber inspirado mejor ciencia electroquímica. No ocurriría así; desgraciadamente su personalidad tan competitiva lo perjudicó, y fueron muchos los colaboradores que arrancaron despavoridos, como de un incendio, cada vez que interaccionaron con él.

¿Y qué ocurrió con Sandy? Terminó divorciado y viviendo en Japón. ¿Jim? todavía trabaja en el Departamento de Química. ¿Denisse? Desapareció del mapa, no he sabido más de ella. A lo mejor se fue a un lugar distante donde finalmente puede fumar sin que nadie la moleste.

¿Y qué fue de Tribilin? No lo sé, tampoco he sabido más de él. A lo mejor tuvo que jubilarse a contrapelo para terminar mudándose donde vivía su señora, en Arizona. Los imagino a los dos finalmente viviendo juntos, bajo un mismo techo, mientras ella, feliz, observa y aplaude a Tribilin mientras este mata unas devoradoras termitas que aparecieron de improviso ……y sin despertarle alergias químicas.

 

Así es la vida…..a veces…..

 

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Nota: Esta serie sobre mi profesor Ernest Yeager debería terminar con una nota publicada anteriormente titulada: “La Ultima Conferencia de Ernest Yeager”. Léela.

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