Autoficción 27……. Vitamina C, cáncer y terremotos

Ahora entiendo el motivo por el qué mi madre escribió tan pocas cartas el año 84. No fue que las cartas se hubiesen extraviado. Al organizar las cartas del año 85 noto que los detalles del año 84 comienzan a esclarecerse, porque poco a poco empezó a asomar la cabeza de un temible cáncer que con los años se transformó en leyenda. ¿Había tenido realmente cáncer mi madre? En una carta del año 85, donde mi padre me pedía que contactara a Linus Pauling (más adelante se verá por qué me lo pedía) me mandó la historia clínica de mi madre, y donde claramente se demostraba que mi madre tuvo cáncer. Usaré sus términos médicos que pueden resultar aburridos, secos, pero creo que es necesario, creo que es importante mostrar claramente que efectivamente mi madre tuvo cáncer, aunque después se le “esfumara”. Se lo comenzaron a descubrir un 2 de Febrero de 1984 con una ecografía que reveló una masa oviodea de 2.5×3.1 cm en la región ovárica izquierda. El 27 de Febrero de ese año otra ecografía mostró que esa masa crecía y llegaba a los 4×2.7 y x2.8 cm para terminar el 12 de Junio en 5.3×4.5 y x4.3 cms. El 9 de Julio se deciden por la primera operación; una laparotomía abdominal, donde se le extirpó una masa parcialmente quística y sólida del ovario izquierdo. Se le extirpó también el epiplón que era normal. El examen histológico reveló la presencia de un carcinoma endometroide tipo seroso; tumor grado 1 a grado 2. Con los meses el cáncer continuaría su camino lento y solapado pese a que se conversaba apenas. En Agosto de ese año la ecografía y el scanner fueron normales, pero fue solo una primavera breve porque el 17 de Octubre le encontraron una imagen negativa de 2.1 x 1.6 cm en la región del parametrio derecho. En Diciembre de ese año, como muestra la carta de mi padre en Autoficción 24, no se hablaba mucho del tema, la procesión iba por dentro, sigilosamente guardada para no preocupar, para no despertar alarmas. Él simplemente cuenta que “…..la mamá en general bien de salud”, pero nada más. El 5 de Enero del 85 la masa crecía vigorosamente y mostraba un dimensión de 3.2×2.2 cm. El 9 de Febrero se deciden por una segunda operación, una segunda laparotomía, donde le extirparon un tumor de 3×2 cms en la región anexial derecha. El examen histológico reveló un ganglio con caracteres de cisto adeno carcinoma con intensa actividad mitótica, y sin compromiso periganglionar. Al parecer ahí comenzaron las deliberaciones y juntas médicas que mi madre describe tan bien en la carta que muestro en esta nota. Después de muchas reuniones, el 16 de Febrero se inició el tratamiento de quimioterapia con cisplatium y endoxan, seguido de otro el 16 de Marzo. El 10 de Abril una ecografía revelaba la reproducción del tumor (de 2.1×1.9 cm) en la región anexial derecha. El 20 de Abril mi madre decide suspender definitivamente la quimioterapia en vista a las tremendas molestias que sentía. Sufría mucho con el tratamiento y daba la impresión que este no era eficaz porque la reproducción del tumor seguía un curso inexorable. Los sufrimientos, vómitos, pérdida del pelo, dolores neuríticos eran tan intensos que ella decide terminar con el tratamiento. También se le agudiza el olfato….

…..es espantoso oler el calor de la gente”.

El Dr. Gutiérrez, alarmado, la visita y le pide casi al borde de las lágrimas que por favor continúe, que es indispensable…….

“……Gutiérrez, cuando supo que no me haría más tratamiento, vino a verme (él ya lloraba)…..”

Al final, ya casi derrotado, el médico le dice que ella no estaba capacitada para decidir, y que tiene que ver a un siquiatra porque sufre de una depresión escondida. Y todo eso ocurría……

“….mientras Juan al lado se dormía los cuatro hipnopen que se había tomado a mediodía (fármaco para inducir el sueño en las personas que sufren de insomnio), después de tirar su plato con comida sobre la mesa…..”

Para convencerla, le presentan a una sobreviviente al cáncer y a las quimioterapias, pero sin buenos resultados…..

“……escucharla me horrorizó. Su cuerpo era una sola moretoneada. Aún no puede salir en auto por falta de fuerzas.”

 

Desde ese momento y después de esas reuniones, mi madre se defiende y sale a reclutar aliados. La ayudaron sus amigos, como el cura jesuita Fernando Montes y un psiquiatra, el Dr. Francisco Huneus Cox, del Taller Gestáltico al que ella había asistido meses antes. Ellos la defendieron y le encontraron toda la razón. En particular Fernando Montes fue bien efectivo al concertar una reunión con mi padre. Desde ese momento algo cambió en él porque comenzó a aceptar los motivos de mi madre para no seguir con ese tratamiento.

Al llegar a esta etapa donde todo se veía oscuro y sin salida, mi madre se decide por la vitamina C para combatir su cáncer. Siguiendo las recomendaciones promovidas por Linus Pauling (Executive Health, Vol XIX, Number 4, January 1983), premio Nobel de Química y de la Paz. Está demás decir que siendo Linus Pauling un químico de extraordinaria solidez (aunque no fuera médico) apoyé a mi madre pese a que yo no entendía nada del tema. Poco tiempo antes había estudiado química usando el libro de Linus Pauling, eso sería todo, titulado “La Naturaleza del Enlace Químico” (o The Nature of the Chemical Bond). Mi madre primero comenzó su tratamiento con 10 gramos diarios hasta llegar lentamente hasta los 60 y 80 gramos diarios, o hasta el límite de la diarrea. El tratamiento también incluía tres comprimidos diarios de lisado de corazón. Milagrosamente, el 11 de Junio, solo dos meses después de esa ecografía que mostraba un crecimiento, un nuevo examen revelaba que el tumor que existía antes había desaparecido por completo. Se repitió el examen el primero de octubre y nuevamente reveló la total ausencia del tumor en las regiones anexiales y en el resto del abdomen. Ecografía normal, sedimentación y hemograma normal junto al cintigrama óseo normal. ¿Qué había sucedido? ¿Qué ocurrió? ¿Cómo fue posible que se curara ingiriendo únicamente vitamina C como tratamiento? Las incógnitas continúan y con los años se han convertido en una gran leyenda. Tú madre nunca tuvo cáncer, Cristián, me han insinuado; fueron ilusiones. Ella se buscaba enfermedades hasta que se las encontraba, era buena para eso, buena para encontrarse enfermedades. Esos eran los comentarios que uno escuchaba repetidamente. Por eso he tratado de mostrar cronológicamente la historia clínica de ella, y que mi padre me mandó en una carta fechada un 7 de Noviembre del año 85 para que consultara con Linus Pauling. Claramente mi madre tuvo cáncer, así lo atestiguan los médicos que la trataron y los exámenes a los que se sometió. Lo curioso, lo tremendamente misterioso, es que después del “tratamiento” a base de grandes dosis de vitamina C, el cáncer simplemente se esfumó. A partir de ahí, Linus Pauling pasó a ser, además de premio Nobel de Química y de la Paz, un personaje extraordinario en mi familia.

Como se puede ver, los años ochenta fueron años turbulentos, de grandes cambios y protestas sociales en el país, y también una década de incertidumbres médicas que remecieron a mi familia.

La carta de mi madre que incluyo más abajo, me llegó sin fecha, pero incluye el examen ecográfico que tiene fecha del 10 de Abril del año 85. Es decir, pudo haberla escrito a los pocos días del examen ecográfico que mostraba un cáncer recurrente después de dos sesiones de quimioterapia. Basado en el resultado de ese examen ella decidió suspender el tratamiento.

Mi hermano, Gonzalo, parece que había dejado el trabajo en la pesquera para comenzar algo en la Unicef. Aquí va la carta:

 

Probablemente escrita después del 10 de Abril de 1985

Cristiacito querido

Sé que entiendes por qué no te he escrito a ti ni a nadie. Después de la primera operación, cuando todo parecía ir bien hasta Octubre del año pasado, la ecografía mostró algo como una cicatriz, que al mes ya era tejido más denso y de unos 11 mm. Cada quince días la ecografía mostraba más milimetros de crecimiento. Por si fuera simple tejido ovárico quístico, me recetaron esa droga que tomaba en Cleveland y que me hizo mal. A fines de Febrero, de compras en un Jumbo, me dolió la cadera al caminar, entonces llamé al Dr. Crisosto (quien me operó muy bien en Julio del año pasado) para que adelantara la operación ya programada para Marzo. Esta vez él eligió un cirujano oncólogo y él se puso de ayudante. Por Juan supe que esperaban encontrar racimos de cáncer….Fue una abertura de arriba abajo, contorneando el ombligo. Registraron órgano por órgano y encontraron todo sano. Entre las adherencias, que estoy llena por las operaciones, llegaron a la zona donde se esperaba encontrar el quiste, de menos de 3 cm, creo, y bien encapsulado estaba el ganglio maligno. No me gustó el anestesista porque me llevó despierta al pabellón, así que le di harto trabajo por mis bajas de presión. Al anestesista le pedí me llevara dormida con calmantes al pabellón como hizo el medico en la operación anterior. Le tengo terror a las luces del pabellón y me paralizo por eso. Juan estuvo siempre conmigo controlando todo. A los cinco días de operada, ya de vuelta en casa, llamé al hijo de una prima, el Dr. Jorge Gutiérrez Correa que me lo habían recomendado mucho porque además de dirigir la quimioterapia él personalmente hace los exámenes de sangre de control, y eso me daba más seguridad. Apenas lo conocía. Cuando él tenía 18 años vino con sus padres desde Concepción cuando tú tendrías dos años. Recuerdo haberlos llevado al San Cristóbal y a la clásica Tour por Santiago. Este médico dijo que había que hacer la quimioterapia lo más pronto posible, así que a los ocho días estaba de nuevo en la Clínica las Condes. Empezaron a las nueve de la mañana con suero y drogas, hasta las once de la noche, y continuaron con suero porque tenía un poco de arritmia (debido a que meten cosas para el buen funcionamiento de los riñones y me desaguaba demasiado). Los días siguientes fueron igualmente espantosos en medio de vómitos y mareos. Lo que hacía soportable tanto sufrimiento era la presencia tierna y solícita de Juan, siempre inventando algo que yo retuviera en el estómago. Es de los más complicado vomitar con la guatita entera cosida….la cuarta semana fue más o menos decente, y me sometí por segunda vez a la quimioterapia. A pesar de ya no estar recién operada fue más espantosa que la primera vez. TODO MI ORGANISMO RECHAZABA TODO. Me duele escribirlo porque casi es como vivirlo de nuevo. Para el terremoto yo estaba sola en la casa (Juan había ido por un rato a la Clínica Indisa) y corrí a la calle en segundos (minutos más tardes llegaron Alvarito-hermano menor- y Juan). Para el segundo temblor grande, tres semanas después de la segunda quimioterapia, apenas podía bajar las escaleras; detrás venían Juan y Mónica (hermana). Después de la quimioterapia no soportaba ruidos (me dolían en la cabeza) ni tampoco los olores. Es espantoso oler el calor de la gente. Con la segunda quimioterapia yo era una bestia acosada, cualquier contacto físico me aterrorizaba. El Dr. Gutiérrez me contó que al él se lo explicó un siquiatra como exceso de sufrimiento por la quimioterapia y la enfermedad misma. Pero por sobre todo, Cristiancito querido, si he dejado la quimioterapia, no ha sido tanto por el sufrimiento, sino por la certeza interior, corroborada por la ecografía que te acompaño. Este es un cáncer muy maligno (tengo un lupus sistémico, suave pero antiguo). Soy como un saco de papas con las fibras gastadas…. Es difícil zurcir en un mal tejido. Pero por sobre todo, quiero tener una vida normal mientras pueda, y una muerte armoniosa, según la voluntad de Dios. Es bien simple, sólo el 34 o 36% del cáncer ovárico tiene mejoría.

Aquí en casa hubo una junta con el Dr. Kleimann, el más famoso cancerólogo de Santiago, y Gutiérrez (su alumno) y Juan. Se habló pan pan, vino vino. Después de seis quimioterapias, se hace otra laparotomía (un tercio ya no tiene cáncer). Si no me hacía esa operación eran tres o cuatro quimioterapias más, y después nada más, ya sea que esté bien o mal, porque el organismo no lo resiste. El Dr. Kleimann tiene otro sistema donde pone dos drogas durante la quimioterapia, y a los tres días comienza a dar otro medicamento por vía oral y que produce neuritis y falta de fuerzas hasta para tomar un libro. Con ese tratamiento, que duraría dos años, también se hace al final una laparotomía. Para convencerme, enviaron acá una señora que pasó por esos dos años y se consideraba sana a los ocho días de su laparotomía (tiene que controlarse cada dos meses). Escucharla me horrorizó. Su cuerpo era una sola moretoneada. Aún no puede salir en auto por falta de fuerzas. Después de la junta con Kleimann, Juan se veía tan desmoronado como los médicos. Gutiérrez, cuando supo que no me haría más tratamiento, vino a verme (él ya lloraba), mientras Juan al lado se dormía los cuatro hipnopen que se había tomado a mediodía (fármaco para inducir el sueño en las personas que sufren de insomnio), después de tirar su plato con comida sobre la mesa…..Total que Gutiérrez quedó convencido de que yo necesitaba un siquiatra porque tendría una depresión escondida y no estaba en condiciones de decidir sobre mi misma. Al más puro estilo nazi…..Sólo la confianza de que me asiste el derecho y la razón me han mantenido serena. Quiero vivir en paz lo que Dios quiera. Entonces, ya que se sería necesario un siquiatra, no iba a estar utilizando a la señora sicóloga que ayuda a todos los enfermos con esta quimioterapia….llamé al Dr. Francisco Huneus Cox, a quien conocía por haber ido a su Taller Gestáltico. Para mi asombro, aquí en mi pieza, y después de escucharme, me encontró toda la razón.

Sé que de esto no se sana, lo que trato es de “negociar” mi vida. Gozar cada día el estar viva. Ya Gutiérrez me explicó con lujo de detalles la horrorosa muerte que me espera. Ya la viviré cuando sea, pero no me voy a deleitar en esos pensamientos.

La tarde en que vino la señora tratada por Kleimann con 24 quimioterapias salí en auto horrorizada por la insistencia de Juan a que me hiciera la quimioterapia….y me topé en el San Ignacio de Pocuro con Fernando Montes y le conté el problema. Me encontró toda la razón también (lo mismo que el doctor Jalil) a mi derecho a decidir no tratarme por los medios en boga. Llamó a Juan y lo citó a su oficina. Está ahora rector del San Ignacio, antes era provincial. No sé que han hablado, pero desde ese día Juan está contento, sereno como yo. Estoy siguiendo un tratamiento con un fisiatra (pura vitamina C). Conozco una señora, a la que cerraron al abrirla, por un tumor maligno al hígado. Empezó a tomar 60 gramos al día de vitamina C por un año. Le hicieron una laparotomía ahora, y su tumor está seco. Te envío el trabajo (de Linus Pauling) por el que ella se guía, y está viva y sana.

¿Comprendes ahora por qué no le he escrito a nadie? Aún cuando Albertito (hermano) me ha escrito cartas amorosas? Cuando supo por ti que no seguiría con la quicio, me llamó para que me la fuera a hacer a Bielefeld, pero no quiero esas traumatizantes sesiones y las semanas siguientes hasta la próxima. Desde lo más profundo sé que viviré más y mejor, a mi estilo.

Llegó tu carta, te entiendo perfectamente. Yo pensaba como tú cuando veía a Juan Albertito en esos viajes relámpagos, pero desde que pasé en su casa dos meses en el año 83, lo entendí. Vive en una angustia y un control de si mismo que yo admiro. Ha tenido que endurecerse para sobrevivir. Los Luchos y González son un sedante para un mejor pasar. La serenidad de los Luchos y González serenan a Juan Alberto. Siento que tenga que vender sus cosas, pero quien las podría traer. Está todo muy controlado por las donaciones con motivo del terremoto. Quien decide que se hace con las cosas es Aída, solo Aída, y muchas de las cosas que tienen les han sido dadas o vendidos por otros….allá todos se prestan y se dan…Siento un juego de loza pintados a mano, para cuatro personas que compré en Mallorca….y las sábanas de Mallorca, pero entiendo a Aída quien le teme tanto a la falta de plata.

Hay algo que modifica totalmente la actitud ante la vida y es el haberla elegido o haber sido obligado. La gran diferencia entre tú y Alberto es que él no eligió Alemania.

A Juan Alberto le tiritaba el cuerpo de felicidad cuando en Alemania el scanner que me hicieron fue negativo. Ahí supe que me quería….

El argentino que conocí en Bielefeld trabajaba en productos farmacéuticos. Físicamente tenía una figura a lo Fernando Salas, pero mas avejentado y long play. Creo que su mujer es una izquierdista médico, argentina.

Cristiancito los entiendo a todos ustedes en que quieren que continúe con la tortura por si hubiera un porcentaje de posibilidades de curación. Yo también les exigiría lo mismo a ustedes, pero no a tu papá. Él y yo ya tenemos una vida hecha. Juan sabe que si me hice la primera quicio a los ocho días de operada fue por él, pero todo tiene un límite. No es que le tema a la quimioterapia, sino a perder en inútil sufrimiento el resto de mi vida. Como zombie vivía en ese tratamiento, aunque me hiciera ánimo yendo a Viña o saliendo con Juan, no era mi verdad de vida.

Cristiancito lindo, te he ido escribiendo al correr de mis pensamientos. Perdona lo deshilvanado. A cada rato entra Álvaro, o Juan, o llaman por teléfono. Recién me comunican un posible trabajo para Pato (separado de mi hermana Mónica), así que podrían al fin casarse y vivir juntos. Estoy contenta aunque vivamos en medio de toda clase de temblores….trato de no hacerlos problema personal mío. Aunque lo que más duele es ver la destrucción de las casas modestas, sólo los frontis se ven decentes; la miseria se esconde. Sigo haciendo joyas en un taller modestísimo. Las dueñas de casa son viudas de un senador y la otra de un diputado. Viven en Independencia abajo…

Albertito es una personalidad muy compleja. Es extremadamente gentil con la gente que le importa un huevo, y disimula sus sentimientos con los Fierro porque le teme al filo de las burlas de Aída. Y es con ella que comparte lo único que le importa, sus hijos. Siento que en estos diez últimos años no hayan asimilado nada de la cultura alemana, no hayan ampliado sus horizontes intelectuales, síquicos, anímicos, etc., pero, ¿sé yo lo que ellos han vivido, las pobrezas, las soledades, las enfermedades? El tiempo y la buena acogida que encuentre en nosotros irá suavemente volviendo a Juan Alberto a sí mismo. Era demasiado niño, demasiado ingenuo cuando partió. Y es verdad lo que tú piensas: me remuerde haberlo inducido a un idealismo trasnochado.

Rompe esta carta (nunca). Ten la seguridad de que veré tu tercer hijo (tampoco. Nunca. Dos hijas fue lo adecuado) porque viviré mucho, a pesar de los diagnósticos.

Cuando hables con Pilar dale muchos cariños míos. La Oriana (hermana mayor de mi madre) estaba feliz con el pendiente y el brillantito. Pero no me gustan los muy chiquititos, dan un tremendo trabajo al colocarlos, hay que hacerlo con lupa….Hice cinco corazoncitos para regalar a los médicos. Me encanta ver derretirse el oro!!!

Aquí en la casa todos bien, verdaderamente (a la verdad nos acostumbramos). Alvarito (hermano menor) es como tú, tierno y comprensivo. Y Mónica (hermana) alegra mi vida. He pensado mucho en ti, con alegría, por lo bien que lo pasé en Cleveland. Y muy orgullosa por el camino que ustedes dos se van haciendo.

Cristiancito, trata de pensar sobre Juan Alberto como si te llenara la comprensión de Dios. En lo diferentes que puede ser la gente está la riqueza humana.

Te quiero

Ximena

Conocí hace dos años a una italiana. Gonzalo está trabajando en Unicef. Quizás lo mandan a África, está feliz. El marido de mi amiga es el jefe. La guagua de Gonzalo y Anita es amorosa. Están chochos. Como consultor le pagan US $ 500. 1 US$=$170

 

 

La siguiente carta, de mi padre, la escribió el 26 de Marzo, es decir dos días después de la segunda y última quimioterapia de mi madre. Da la impresión que escribió la carta bajo los efectos del hipnopen porque se nota muy medido cuando se refiere a mi madre, como cubriéndolo todo con la frazada de un calmante. Ni menciona los rechazos tremendos que le provocaban las quimioterapias a mi madre, por ejemplo. De seguro no quería preocuparme.

No estoy para análisis sicoanalíticos, eso debería ser tema para otra nota y tratado por un experto verdadero como mi primo Nicolás Correa, un conocedor del tema, pero encuentro curioso cuando mi padre se refiera a mi madre, como “la mamá”, en lugar de “tu mamá”, como si ella también fuera la madre de él, de mi padre, una especie de madre universal y generosa, una “mamamadre” de todos, juntos y revueltos. Pero aquí va su carta, y como siempre sin censuras, como si ya estuviésemos todos muertos, eliminados por una enfermedad tremenda o por los años que ya se quemaron, que ya se nos fueron… “……como un suspiro, mijito, como un suspiro,” como decía mi padre.

 

Santiago, Marzo 24 de 1985

Querido Cristián

Ayer recibimos una carta y una tarjeta tuya. Muchas gracias. Tus llamados telefónicos junto con las cartas han sido motivos importantes para darle animo a la mamá en este periodo. Como tu sabes, la mamá fue operada de un ganglio que salió vecino a la antigua operación; el diagnostico histopatológico mostró que se trataba de un proceso maligno. La mamá accedió hacerse quimioterapia. Debe hacerse 6 sesiones de quimioterapia, una cada mes. La primera sesión se la hizo el 17 de Febrero y la segunda el 16 de Marzo. La reacción es muy importante, se siente terriblemente mal, con vómitos por casi 24 horas. La primera vez la reacción fue aún más importante porque se realizó solo 8 días después de la operación. Ahora sintiéndose mal, de todas maneras la recuperación ha sido más rápida y desde hace dos días está comiendo cada vez mejor. Desde ayer está saliendo a la calle para hacer algunas cosas que le interesan.

Querido Cristián, ¿cómo estás tú? Ojalá que te adaptes este año en Alemania y puedas realizar alguna investigación que te interese y te sirva para tu formación. Tengo la impresión que Alemania no te gusta mucho y que estás muy adaptado a USA y a Cleveland en particular. Nos gustó mucho que Pilar haya podido ir a verte, ojalá que estos viajes no la perjudiquen, el ideal sería que pudiera seguir trabajando en su Tesis desde Alemania. Es importante que ella también se reciba porque así en un futuro próximo no tendrán problemas económicos que son tan importantes en la vida. Tu debes sopesar calmádamente cual es el futuro que más te gusta y te conviene.

Cuéntanos dónde vives, cómo es el departamento, cómo comes, dónde comes, que investigación estás realizando, etc, etc. Mándanos alternativas de números telefónicos y las horas y los días que pudiéramos llamarte. El contacto contigo es muy importante para todos y en especial para la mamá. Estamos muy contentos con tu matrimonio y Pilar parece una magnífica compañera que te acompañará en tu vida privada y “que tira para arriba” en lo profesional. Pensamos que es una excelente alianza; todos tus hermanos la recuerdan con cariño y creo que has hecho una magnifica elección, estamos seguro que serán felices para siempre. Me gusta que hayas ido a ver a Juan Alberto, que se reencuentre a través tuyo con el resto de los hermanos y sus padres.

Juan Albertito ha tenido una juventud terriblemente dura y amarga y muchas de sus actitudes que a uno a primera vista choca, son la consecuencia de haberse tenido que poner muy duro para poder sobrevivir y lograr lo que tiene. Perdona esta carta que parece “receta de cocina”, comparada con las tuyas que son interesantes. Escríbenos contándonos todo tipo de detalles.

Ayer 25 te mandamos el Mercurio completo del día Domingo 23 de Mayo.

Reciban tú y Pilar un cariñoso abrazo y beso de la mamá, los hermanos y mío.

Juan

Autoficción 26……. “algún día Dios se apiadará de Chile”

Compraba leche descremada en el supermercado, cuando recibo una llamada de mi hermano Gonzalo, desde Canadá, donde vive actualmente y desde hace muchos años. Creí que me llamaba para mandarme a buena parte y para gritarme qué cómo podía mostrar tanto, cómo podía meterme tanto en esa intimidad, en la intimidad de Anita y de él, su hogar. Pero entonces le habría rogado que no se preocupara, que estas notas hay que leerlas como si ya estuviésemos todos muertos, o agónicos…… algo que no está tan lejos de la realidad. Para tranquilizarlo le habría preguntado, ¿mienten los agónicos? ¿todavía insisten en mentir, los agónicos? Pero felizmente nada de eso sucedió. Gonzalo se notaba feliz con la nota y me confesó que muchos de esos detalles, como fueron el comportamiento de Simba -el pelo regalón de Anita- o lo que ocurría con el cabello de Anita que se le caía, o las empanadas de sorpresa con que nos había recibido, se le habían olvidado. Sus palabras me confirmaron que de alguna manera, en un pequeño porcentaje, ya hemos muerto, nos hemos acercado al cajón otro poquito al olvidar tantos fragmentos.

La carta de Pato que transcribo mas abajo (actualmente separado de mi hermana, Mónica) también muestra que con el transcurso de los años no han cambiado mucho los problemas de Chile. Es una carta que “añejó” bien, porque los problemas que relata, que ocurrían hace tan solo treinta y cinco años –“como un suspiro, mijito”, como me habría recordado mi padre- no han cambiado con los años y parecen actuales, siguen vigentes en el 2019. El desborde del río Mapocho con las lluvias, por ejemplo, es un tema recurrente con los años. A lo mejor los robos pueden haber evolucionado un poco, porque los bandidos se han perfeccionado, son más creativos, como cuando roban autos perpetrando los famosos “portonazos”, donde los sustraen cuando los choferes despistados se bajan, al final del día, para abrir el portón de entrada.

Aquí va su carta de treinta y cinco años atrás:

 

 

Junio 30 1984

Dear Cristián:

Recién hace 5 minutos, la Moniquita que está en cama con gripe, pero trabajando, me pasó la última carta tuya para que la leyera. Con eso me acordé que habías echado de menos que te escribieran, así que lo estoy haciendo por primera vez. Y además como cuñado…jajaja.

Tal situación ha hecho que nos riamos súper harto, pues todos nos miran con cara de cierta complicidad y con una sonrisa a veces masticada. Lo que Mónica aprovecha a cada rato para recordar su nuevo estado… a un modo de triple o cuádruple sentido…casi siempre en horizontal y de la cintura para abajo.

Una de las cosas que más gozamos es verse “exento” de los miles de consejos de múltiples tías, las que hay tragarse siempre con la sonrisa en los labios, aunque uno a veces quiera decir las cuatro ch…..chadas…

No sé si sabes que en la Universidad Católica de Valparaíso está quedando la escoba cada día más. Esto debido a que gran parte del estudiantado es beneficiado por el crédito fiscal, y debido a los problemas del país etc. etc. un 75% de la universidad pidió tal crédito, el cual fue dado solo a un 30% de los postulantes. El resto no tiene como pagar, lo que significa que se van a tener que ir. Por eso todos los días hay peloteras con los pacos y queda una cagada. Lo increíble es que con los disturbios ya hay 50 millones en pérdidas –vidrios, bancos, libros- y se necesitan para el crédito fiscal unos 100 millones, lo que ya son 150 millones de déficit. Como el “perdonazo” tiene que ser para todos los universitarios del país, el estado tendría que “ponerse” con 3.000 millones de pesos para subsanar todo el pastel.

Así es que el asunto se puso negro para el “Capitán General”. No sé qué irá a pasar. Lo que sí, mi escuela cambió sus planes de estudio y en vez de estar en la escuela /ya sede/ los alumnos se van a viajar por toda América; en 5 o 6 puntos de América vamos a levantar obras de arquitectura. A mí, por estar en titulación, en un principio me tocaría ir a Alaska, pero no sé en qué irá a quedar todo. La idea de este viaje a la Moniquita no le gusta mucho porque en principio sería en Septiembre, y en esa fecha ella estaría entregando su proyecto de título y necesitará ayuda…

Una de las cosas que están aumentando son los robos de autos y casas. El otro día en la puerta de la escuela, como a las 12:30 horas me robaron un ecualizador del auto, para lo cual me cortaron la goma del parabrisas trasero con un cuchillo. Al hacer la denuncia a carabineros, estos se “extrañaron” ante un robo, pero en el juzgado me encontré con otras “víctimas” en el mismo lugar y a la misma hora. Parece que los pacos dejan que los “vecinos” de recreo se hagan sus “peguitas nocturnas”. En fin, hice la denuncia para ver si pasa algo.

Desde anoche ha estado lloviendo intensamente, lo que nos hace sospechar que se podría repetir la salida del Mapocho de hace dos años. De todos modos faltan dos o tres días más para afirmarlo con certeza.

Bueno, aquí termino la carta, ojala no sea demasiado latera o penca; quizás es un poco ordinaria en los temas. Pero en la Escuela me estrujan el cerebro con temas y teorías densas todo el día y los fines de semana me escapo a Santiago para ver a la Moniquita y a mirar todo con otros ojos, aunque estar en el octavo año de universidad ya te ha dado otros ojos para ver todas las cosas. Y aunque parezca increíble, los viajes Santiago-Viña en bus, o en auto, me cargan las pilas con ideas y cosas por pensar. Ya me llegó el momento de no poder disociar vida y oficio. Eso me hace feliz porque como que se crece en todos los aspectos al mismo tiempo y en la misma medida.

….pucha, al leer la carta, sobre todo en esta última parte, me puse un poco a divagar y suelto de lengua….¿será la edad?

Un saludo inmenso a Pilar, y a ti la mejor de las suertes.

Chao y saludos

Pato

 

Parece que yo continuaba mandándoles revistas deportivas a mi antiguo profesor de física. Él, angustiado, me confiesa….. “de lo que aquí ocurre es mejor no hablar, porque resulta tan doloroso que por razones de higiene mental hasta es mejor practicar la política del avestruz. Algún día Dios se apiadará de Chile, aunque nos ocurra sea culpa de nosotros mismos.” Desgraciadamente no logró involucrarse en una carrera de periodista deportivo como él buscaba, pero a lo mejor mi profe, al leer las revistas que le mandé, al soñar un poco en otro mundo, se transportó hacia otros lugares más lejanos y eso alivió su vida. Espero haya sido así. Aquí va la carta que me parece fue escrita a finales del 84:

 

Querido Cristián

Una alegría muy grande tuve al recibir tu tarjeta con las interesantes noticias sobre aspectos tan importantes en tu vida como son tu matrimonio y tu doctorado.

Dios quiera que seas feliz junto a tu señora y que el doctorado que recibes pueda ser útil algún día para el desarrollo científico de este país.

De lo que aquí ocurre es mejor no hablar, porque resulta tan doloroso que por razones de higiene mental hasta es mejor practicar la política del avestruz. Algún día Dios se apiadará de Chile, aunque nos ocurra sea culpa de nosotros mismos. Al parecer es muy cierto aquello de que los pueblos se merecen los gobiernos que tienen. Es increíble, pero cierto, que después de la declaración del Estado de Sitio, todo se transformó en una taza de leche.

Respecto al encargo, no te empeñes demasiado. Si está a la mano, perfecto. De lo contrario, no importa.

Un saludo muy afectuoso para tu señora y que sean muy felices.

Tu amigo

Hernán Vergara

 

 

Y para terminar aquí va una carta de mi amigo José –Pepe- Zalaquett, que me recibió generosamente durante mis primeros días en Washington, cuando yo estaba recién llegado de Chile. Siempre recordaré la enorme taza de café que me ofreció la primera vez que nos vimos, y que me ofreció acompañada de una servilleta enorme, que parecía una bandera blanca. Con ese gesto, de inmediato pensé que José era un buen tipo, y que me ayudaría. Por un tiempo perdimos contacto por sus numerosos viajes a todas partes del mundo trabajando para Ammnesty International, mientras yo me escondía en mi cueva de laboratorio donde también desfilaban variedad de tormentos, pero de distinto tipo. José había sido expulsado de Chile, pero después lo autorizarían a regresar. La tarjeta me parece que es del año 86. Me estoy saltando años; pero no importa, ese es un detalle. Como dice él, mi tarjeta le llegó a sus manos con un año de retraso. Imaginemos por un rato que le llegó a tiempo y sin demora.

Recuerdo que una de mis visitas posteriores a Chile, José me llamó por teléfono a la casa de Santiago. Mi padre contestó el teléfono y anotó el recado. Mientras yo lo leía, me gritó desde su cuarto…. “dicen que Zalaquett es medio genio”……. Y la verdad que así es, pero sobre todo es un buen tipo, le dije. Repaso con cariño esos años iniciales, y compruebo nuevamente la generosidad tan grande de gente que apenas conocía y que me ayudaron tanto:

 

¿Dónde andas, Cristián? Espero que en esta dirección. En el curso de los años siempre me has escrito (dos o tres veces), pero he estado en otro país. Ahora estoy de regreso en Chile, desde hace un año.

Después del 2800 Adams Mill (en Washington, de donde me fui en el 82) estuve en Inglaterra, de vuelta en USA y finalmente me autorizaron a regresar a Chile y me volví. ¿Qué será de ti, ahora? ¿Quién es Pilar, que gentilmente firma tu última tarjeta?

Por cierto me acuerdo de ti, de nuestras partidas de ajedrez en mi subterráneo, y de tus estudios de química. Tu tarjeta de Diciembre 1985 me llegó más de un año más tarde, cuando pasé de visita a la dirección de Adams Mill donde me la tenían guardada. Espero retomar contacto.

Pepe

Autoficción 25 …..después de un suspiro

En la nota anterior decía que mi hermano Gonzalo, en el año 1984, deseaba salir de Chile junto a su familia, era lo único que deseaba hacer. Al final terminarían viviendo en Toronto, no muy lejos de Northville (un suburbio de Detroit), donde vivo ahora con mi familia. Veinticuatro años después, en el año 2008, escribí la nota que incluyo más abajo. La escribí después de visitarlos en Toronto; una visita significativa y que me marcaría a fuego para siempre. Treinta y cuatro años después, es decir ahora, y todavía en Northville y en un día de invierno blanco y frío, la leo como si fuera otro suspiro -realmente no sé cómo llamarla-, y he terminado recogiendo mis partes –mis body parts, como dicen los gringos- mis brazos mutilados, dedos machucados, piernas, que ahora veo desperdigadas por el suelo como si alguien me hubiese arrojado una granada:

 

Los fuimos a ver a Toronto este último fin de semana. Por ahí, entre la espera de la comida china que compramos para llevar a la casa, o mientras apaleábamos la nieve frente al garaje, Gonzalo me contaba algo, pero solo cuando uno se lo preguntaba, y no era mucho. El cáncer que ella tiene es un cáncer “huérfano”, me contó, es decir poco común. Lo llaman adeno-trombo-sarcoma, eso es lo que recuerdo y probablemente está mal escrito, pero no importa. Según Gonzalo, es justamente por ser un cáncer tan raro, inusual, que no se ha tenido la posibilidad de estudiar en detalle, y por eso mismo no tienen un tratamiento eficaz. “Nadie se salva”, me grita, “nadie se salva” mientras empuja una nieve que parece más dura y más helada; en eso todos están de acuerdo, me repite, mientras lucha con la nieve. Lo complicado, es que los pocos casos que se presentan -como no hay síntomas- se descubren tardíamente y cuando ya los tumores se han apoderado del cuerpo, lo que hace aún más difícil el estudio para un posible tratamiento. Como es un cáncer lento, al principio no usaron quimioterapia. Según Gonzalo la quimioterapia funciona con los cánceres rápidos. A Anita se le diagnosticó el cáncer como hace cuatro años, y solo ahora, cuando parece que los tumores han adquirido velocidad, van a tratarla con quimioterapia; antes parece que tomaba solamente hormonas y drogas.

Al entrar a la casa, cuando la vimos, ya cojeaba porque parece que tiene los ganglios tomados y le duelen; los que están ubicados donde las piernas se unen al tronco del cuerpo. Tiene también un tumor en la base del cráneo; pero eso me lo había contado Gonzalo antes por teléfono. Mientras dejaba la pala en el muro, me dijo que tenía otro tumor en la espalda, uno que le adormecía las piernas y le quitaba fuerzas, y otro en el cuello: “fíjate, fíjate y lo vas a ver”, me dijo. El de la espalda parece que se achicó después de un tratamiento de radiación. El del cerebro le producía mucho dolor, como si le sacaran todas las muelas al mismo tiempo. Por eso ahí también le hicieron un tratamiento de radiación que terminó como hace 10 días; pero tiene el labio inferior dormido, además siente dolores en el rostro y por eso toma periódicamente morfina y otro remedio para los vómitos.

Compruebo que Anita es muy valiente; cuando llegamos no sé cómo lo hizo pero se duchó y se había teñido el pelo, como forzándose al máximo tratando de derrotar temporalmente tanta incomodidad, tanto dolor y molestias. Como ya se le cae el pelo, casi tapó el lavatorio; y ella misma lo contaba mientras entrábamos a su casa y nos abrasábamos.

A media mañana Anita y Gonzalo celebraban entusiasmados el triunfo de estar logrando un día libre de vómitos. Parece que estaban espaciando los remedios o combinándolos a distintas horas, las que Gonzalo anotaba meticulosamente en una libretita. Según ellos, esa teecnica les estaba dando buenos resultados. Quizás fuera eso, o quizás fue que simplemente el efecto negativo de la radiación se estaba pasando; no lo sabremos nunca.

Por la noche fuimos a buscar comida al restaurante favorito de Gonzalo, uno Indio que había conocido de pura casualidad cuando en una noche de hambre, simplemente se había envalentonado a entrar para pedir algo rápido. Cuando entró le dio buena espina al sentir los aromas y al ver que no habían nada más que extranjeros, chinos e indios, saboreando los platos típicos de sus tierras lejanas. Pedimos algunos platos, y mientras la esperábamos, me comentaba… “es una comida muy rica…. claro que ten cuidado con el ají… y que bueno que Anita no haya vomitado nada, fíjate”. Nos pasan las cajas de cartón con la comida y Gonzalo me dice que para las sesiones de quimioterapia ya les advirtieron que si algo se complica, si derraman algo del líquido por error, tendrán que evacuar de inmediato la sala. Probablemente la “medicina” contiene elementos radioactivos, pero no se lo pregunté. También ella tendrá que lavar su ropa aislada del resto de la casa, y comer con su propio servicio para después lavarlos separadamente. Y cuando use el baño tendrá que tirar varias veces la cadena; me imagino que para diluir los compuestos radioactivos. Cuando llegamos con la comida eran como las 8:30 de la noche y Anita todavía seguía con cuerda. Ella comió y nos acompañó tratando –con esfuerzo- de poner una mesa linda como lo había hecho desde siempre. Incluso se había dado tiempo para responder unos e-mails muy lindos que le había mandado Alberto, y parece que también Aída. Le había costado esfuerzo contestarlos, nos dijo, “tengo los dedos torpes y me salía todo mal.” No sé si los pudo mandar. Su perro, el Simba, miraba y estuvo todo el día atento a lo que hacía Anita con nosotros. A veces creemos que los perros son tontos, que “no saben”, pero el pobre Simba sabe perfectamente lo que está pasando y la trata de acompañar, la sigue, la mira. Por las noches Simba pide subir a la pieza de Anita, pero a la pobre parece que por los remedios tiene el olfato sensible y si el Simba le respira muy cerca, le dan arcadas y ganas de vomitar. Pobre Simba, nos dice Anita, no sabe porque lo tenemos que dejar fuera.

Disfrutamos la comida, pero por otro lado parecía como una última cena. Anita se repitió y estaba feliz de poder terminar el día libre de vómitos y sin ninguna arcada. En la mesa todavía quedaba comida y las empanadas que Anita nos tenía de sorpresa. Por ahí llamó por teléfono Godi (hija) que a toda carrera, lo antes posible, está tratando de planificar su boda. Ya la fijaron para el 16 de Agosto. Por supuesto espera que Anita pueda asistir. Cata (hija) por otro lado prueba empanadas y nos cuenta sobre sus planes futuros; piensa mudarse a un departamento en Toronto, cercano a la universidad donde estudia. Donde vive actualmente, con sus papás, pierde muchas horas en la micro. Eso es lo que desea Anita, mientras más pronto emprendan vuelo para ella mejor, es un alivio poder ver eso. Seba (hijo) todavía estudia y también trabaja en un supermercado que no está lejos.

Nuestro viaje fue breve. El domingo por la mañana nos despedíamos después de un rico desayuno preparado por Anita, donde ella se esmeró arreglando una linda mesa, como siempre fijándose en el mantel, en sus colores. Seguía sin vómitos y había pasado una buena noche. Miraba por la ventana y se asombraba al ver un poco de nieve colgando de las ramas de un árbol del jardín.

Nos abrasamos fuertemente y claro, tenía “algo” hinchado en el cuello.

 

Me despedí sin entender cómo alguien puede ser tan valiente, cómo puede vivir de esa manera corajuda…… me pregunto cómo lo haré cuando me esté muriendo, ¿voy a invitar a alguien a mi casa? ¿Le ofreceré mi cama? ¿Le ordenaré empanadas……..?

Cristián

6 de Febrero, 2008