Así muere -a veces- un escritor

Por Cristian Fierro

Octubre 8, 2015

8:21 AM

Querido Cristian:

Hoy me han diagnosticado un cáncer al pulmón. O sea, me han dado una noticia literariamente positiva. Te escribiré con calma, cuando haya superado estos momentos de desánimo.

Pero solo pienso en lo que me queda por escribir. Esta tarde me recibe el oncólogo. Al parecer la quimio va a ser inmediata. Como creo en la muerte, también creo en los médicos sin los que nunca la alcanzaríamos de forma digamos ordenada.

Un fuerte abrazo

Ignacio

Octubre 8, 2016

9:01 AM

Que complicada la noticia, Ignacio. Me han dicho que lo difícil de ese cáncer es que no da síntomas, de manera que es difícil detectar. Me tincaba que algo pasaba….y llegué a pensar en una enfermedad (?!). Realmente raro.

Fuerza, Ignacio y cuéntame como te va con los médicos.

Salgo a tomar un café, a caminar un poco….

Cristian

Octubre 8, 2016

9:17 AM

Gracias gran amigo. Lo mío era tos que nadie interpretó como síntoma. Ahora ya lo es. Tu me conoces. Ya he muerto muchas veces en vida y en sueños. Nada de esto es nuevo, estoy en paz y sin ganas de pelearme.

Un abrazo.

Ignacio

Octubre 8, 2016

8:41PM

Estamos aquí en el Arthur Miller theater de Ann Arbor, Ignacio, y me he acordado de ti. Estamos viendo una obra de teatro titulada “All my Sons”. Donde recordé también a los desaparecidos de Chile.

¿Cómo te fue con el doctor? ¿Cómo está Chus? ¿Y tu perro, Blues?

Un fuerte abrazo y animo y fuerza. Estamos en el intermedio.

Cristian

Octubre 9 2015

5:50 AM

Querido Cristian:

Muchas gracias por tu apoyo. Todo va bien. Es urgente, dice actuar. Así que lo primero es una biopsia para poder darle eso que llaman apellido al cáncer. Luego unos análisis y un tac-tac o algo así para determinar si hay más de lo que a primera vista aparece en el tac. Ya me pierdo un poco. Lo probable es que dado que el tumor está pegado a la aorta no puedan operar mas que luego de tratar de reducirlo y separarlo. Y entonces operar. Yo voy a seguir lo que digan. Ya me hice el ánimo. He tenido tan presente la muerte toda mi vida que cuando se acerque estaré preparado.

Chus me apoya y acompaña. Blues no se separa de mi lado. Mis hijos algo desconcertados, ya sabes. Es una historia -por la madre y la falsedad y engaños- que me fatigó tanto y me dejó sin fuerzas ni ganas de recuperarlas. De mi hermano, ni te digo. No quiero saber nada y que por mí no sepa nada. El tiempo que me quede pienso dedicarlo a escribir, pensar, leer y ser yo mismo. Esto último se descubre poco a poco.

No sé si te dije que mi nuevo editor Renacimiento quiere publicar el cuatrienio 2011-2014 de Diarios. Ya los tiene. Dejará pasar los meses lógicos (seis) desde que aparezca Cartas a Lola (dentro de un par de semanas) para preparar la edición de Diarios y ponerla en el mercado.

Pretendo una edición sencilla, con pocas o ninguna ilustración. Incluiré el año 2015 que está yéndose.

Bueno, en cuanto tenga ejemplares de Cartas a Lola te enviaré uno. No estaría más que me vuelvas a dar los datos de dirección completos.

Un fuerte abrazo

Ignacio

(si hablas con V dale otro de mi parte y de Chus)

Noviembre 24, 2015

8:40 PM

Que raro, Ignacio, que tú siendo extranjero captaras en tiempo real y sin demora todas las maquinaciones de Bush y sus guerras. El Washington Post y otros diarios si te hubiesen contratado como consultor se habrían evitado la pedida de disculpas que tuvieron que hacer por analizar tan poco las noticias de esos años. A lo mejor, tú, por venir de esa España de Franco (aunque él ya había muerto) te conocías todas esas artimañas y ya te costaba tragarte esas mentiras burdas de un Bush.

Un fuerte abrazo

Cristian

Noviembre 25 2015

11:09 AM

Querido Cristian:

Hoy tuve la primera sesión de un total de cuatro de inmunología. Un gotero de 90 minutos. La próxima, dentro de 21 días. De momento todo fue bien. Sin efectos secundarios -llamémosle ‘fuego amigo’- de importancia. Éramos un centenar de enfermos en una especie de sala de fumadores de opio. Ningún chino. Unos en butacas reclinables sin reclinar y otros tumbados. Yo pensaba en el aburrimiento de las enfermedades.. Ninguna es divertida.

No sé cómo se llama el producto farmacéutico que me inyectaron. Sé que es muy caro. Y fuerte. Por eso no te lo meten en el sistema circulatorio a toda velocidad. Van despacio y así eres consciente del coste elevado y de la carga económica que tu curación representa para las arcas públicas. Hoy por ti y mañana por mí.

El ambiente de la gran sala es severo. Como la negación de una fiesta pero tampoco como la celebración de lo contrario.

Desde tu localidad podías ver a través de los ventanales alargados, palmeras por un lado (verdaderas) y nubes blancas y como un oleaje de azul que no intimidaban (artificial) pintados en la pared.

Entre la palmera real y la nube irreal pasaban jóvenes enfermeras especializadas en este trabajo de supervisar goteros, ponerlos, cambiarlos, regular su frecuencia y la sonrisa de ellas mismas.

Se hizo largo. No pude leer porque no tuve ganas de esforzarme. Pensaba en la lentitud del tiempo cuando deseas que su ritmo sea el suyo y no el que generalmente imponemos. Una hora y media viendo un largometraje se pasa sin enterarte. Pero con una palmera verdadera al frente y el oleaje y las nubes atrás, esa misma hora y media parece una eternidad…

Poco más puedo contarte. Ha sido una experiencia que no sé si llamarla interesante. Supongo que no.

Los rostros de hombres y mujeres casi todos de avanzada edad no son interesantes. Muestran esa mueca de cansancio y de extrañeza que los años y la situación ponen como una máscara que sería perfectamente intercambiable. Lo mismo que son intercambiables esos trípodes con ruedas de los que cuelgan las bolsas milagrosas transparentes y los tubos que se hunden en tu brazo.

Te mando un abrazo

Ignacio

Noviembre 25 2015

3.02 PM

Describes muy bien un ambiente, palabra con palabra, gota a gota de todo lo que ese tratamiento significa….espero no te empiece ahora, después de varia horas, a golpearte mas duro y con venganza el tratamiento.

….nosotros por aquí nos preparamos para el gran día del pavo. De V no hemos sabido nada…(?)

Un fuerte abrazo

Cristian

Diciembre 10, 2015

5:43 PM

¡Bueno el texto que publicaste en tu blog, Ignacio! Muestras con mucha carne el mundo de los hospitales, tratamientos, pacientes y visitas. Todo eso mezclado con el drama familiar de los divorcios, empleados, closets que esconden paqueteros…..

Te mando aquí uno de los saludos que mando a la familia y amigos (espero no sean repetidos. Me parece que no te lo he mandado).

V, por mensaje texto, me pidió tu dirección; ¿me la puedes mandar nuevamente? Me parece que no usa email, solo mensaje texto.

Un fuerte abrazo

Cristian

Hoy jueves saldremos a comer un pavo feliz a la casa de los York para celebrar Thanksgiving o día de Acción de Gracias, donde todo el país se reúne en familia y con amigos para cenar y comer mas que nada pavo. Los York han sido como nuestros parientes adoptivos en un país también adoptado por nosotros. Desde hace varios años que nos abren generosamente las puertas de su casa invitándonos a conocer a la familia y amigos con todo el drama y felicidades que eso acarrea. Así es como con el transcurso del tiempo y de los años se suceden grandes felicidades mezcladas con hechos un poco mas delicados. Unos envejecemos poquito a poco mientras otros crecen a la velocidad de un rayo. Pero como decía ocurren cosas; por ejemplo, un hijo y una hija de los York se han terminado separando hace poco. Y lo digo sin connotaciones negativas, simplemente que antes ellos iban con su marido o esposa y ahora ya no lo hacen, van solos y a veces acompañados por los hijos.  Ella, la hija, se separó porque el marido tomaba demasiado, era alcohólico. Por supuesto que los padres fueron los últimos en enterarse de sus tropiezos con las botellas de vino. Trataron de salvar el matrimonio mudándose a California; pero de todas maneras tiempo después nos llegó la noticia irrevocable de que se separaban. A él ya le costaba mucho mantener un trabajo estable, y ninguno de nosotros sospechó que el alcohol era el problema principal; su señora era la única que lo sabía y tampoco se lo confidenció a sus padres. El hijo, Jamie, también acaba de divorciarse…. y la verdad que no le quedaba otra alternativa porque su señora terminó metiéndose con el entrenador que tenía en el gimnasio, no muy lejos de su casa. El drama no tuvo otra salida porque ella a toda costa insistía seguir metiéndose con el gimnasta. Ella corre bastante y hace ejercicios que según muchos la mantienen en forma; pero para uno -que soy tan hocicón- encuentro que la mantiene neuróticamente flaca y en forma; pero sobre todo demasiado flaca para la edad que tiene.  Durante la comida la Sofi se enojó con el Jamie -pero por suerte no le dijo nada- porque le notó una mueca, algo raro en el rostro, cuando le pedimos a Pilar que dijera unas palabras sobre la hospitalidad de los York que durante tanto tiempo nos han invitado a su casa. La Pili señaló algo relacionado con la generosidad de ellos, y terminó invitándonos a brindar recordando que una buena manera de celebrar Thanksgiving ha sido justamente aceptando a esta familia de inmigrantes, como nosotros, en su casa y familia. Ahí fue cuando la Sofía notó algo raro en Jamie. Creo que el problema de él es que es un poco autístico, nunca se interesa mayormente por su entorno, por lo que ocurre alrededor suyo; a lo mejor simplemente no puede o no sabe hacerlo.

         Al final fue simpático cuando Camila organizó a los nietos para que le hicieran preguntas a los abuelos (los York). Se fueron a un cuarto y los grabó. La National Public Radio está aceptando esas entrevistas que después se guardarán en la Librería Nacional.

         Me gustó ver al tío Obama el miércoles cuando perdonó a dos pavos, en la Casa Blanca, acompañado de sus dos hijas adolescentes que mostraron bastante simpatía y también tolerancia por ese “viejo” –el papá- que trataba de hacerse el gracioso frente a ellas, al país y frente a los periodistas que les sacaban fotos. Ese tipo de ceremonias muestran cierta ingenuidad y me gustan, como que nos acercan un poco más hacia un presidente y lo humanizan, lo transforman en un tipo común y más cercano. Putin aparte de hacerse el héroe jugando a pecho descubierto en lucha libre jamás ha hecho algo así, lo mismo con el líder Chino que uno se imagina que ni siquiera necesitan un baño, una cama o una aspirina para las jaquecas.

Diciembre 11, 2015

4:57 AM

Te escribo extenso más tarde, Cristian. Estas son las señas de mi casa:

Av Blasco Ibañez, 2 -3º pta 3

46010 Valencia

Spain

Diciembre 11, 2015

12:05 PM

Hola Cristián

El medicamento (gotero) de mi tratamiento se llama IPILIMUMAB y he leído en la página del National Cancer Institute (NCI) sus características. En USA se le denomina Yervoy. La reacción alérgica tan brutal que me produjo parece ser, en mayor o menor grado, normal. No pueden predecir si la próxima sesión (de las cuatro previstas) tendrá los mismos efectos secundarios. Y por lo visto no se puede reducir la dosis suministrada.

Bueno, si echas un vistazo en la pagina del NCI te harás una idea más precisa de lo que yo pueda trasladarte.

Yo confío en el efecto curativo de esta inmunoterapia precisamente por sus efectos en el organismo, sobre el que actúa como un bombardeo.

Poco a poco leeré tu texto.

Un fuerte abrazo

Ignacio

Diciembre 11, 2015

9:25 PM

Sí, lo vi en la internet, Ignacio, y parece que las reacciones pueden ser bien fuertes. Vas a tener que ir preparado como para una guerra esta segunda vez.

Nosotros vamos mañana a NY a ver a nuestra hija Camila, volvemos el martes.

Le mandé tu dirección a V por mensaje texto.

Un fuerte abrazo Ignacio y fuerza.

Cristian

Diciembre 12, 2015

3:36 AM

Buen viaje y un beso para Camila de mi parte.

Ignacio

Diciembre 22, 2015

Te mando este texto con un fuerte abrazo, Ignacio. Espero que pese al tratamiento y otros dolores, puedas pasar un día bueno junto a Chus y Blues.

Le mandé hace poco tu dirección a V.

Cristian

         Pareciera que lo ocurrido con Douglas Tompkins es bastante más dramático y trágico que lo imaginado en un principio. En el periódico The Guardian, leo que el viaje por el Lago General Carrera, Tompkins lo había organizado con bastante antelación para estar junto a sus antiguos compadres, y sobre todo junto a su antiguo amigo de siempre, Ivon Chouinad, con quien había organizado innumerables expediciones anteriores; juntos había escalado una cumbre importante por la “North Face”. Sería un viaje para compartir con sus antiguos compañeros y rememorar antiguas glorias, como nos recuerda Bruce Springsteen con su rock insuperable en Glory Days. Lo triste y dramático es que Tompkins, que conquistó la gloria junto a Ivon, pareciera que frente a ese mismo amigo y compañero acaba de conquistar también la muerte…. helándose poquito a poco frente a ellos, frente a Ivon y los otros amigos que, desde sus kayaks, en ese lago helado, presenciaron impotentes como se les terminaba un ciclo, como se les iba ese amigo entrañable que poquito a poco perdía la conciencia por el frío para dejar entrar con fuerza la hipotermia y la muerte. Realmente dramático, no imagino cómo esos amigos, ese grupo, lo hará ahora para sobrevivir (ni siquiera digo celebrar) otro año…

         Este año, en el 2015, estoy todavía más consiente de nuestra fragilidad e inminente deterioro. Amigos míos y familiares empiezan a cojear y a tener los primeros encuentros con el gasfíter; una arteria bloqueada que falla (¿cierto, Nancho?), pero que gracias a una oportuna intervención médica es corregida y te salvas, una caída que parece insignificante pero que realmente no lo es, o el colesterol que empieza a subir como en las mareas anunciadas, lo mismo que el azúcar en la sangre, o quizás la vista que ya no es como era antes… es decir ya entramos a jugar con nuestro personalizado Pac-Man, uno verdadero, donde el monstruito ya no se mueve sanamente en la pantalla luminosa de nuestro celular o del computador, sino en la vida misma, en nuestro entorno, donde es nuestra propia supervivencia la que nos jugamos. El único alivio que nos llega es que todavía estamos en los inicios, en los preámbulos, donde el monito y su mandíbula gigante todavía son lentos y uno a veces se salva, logra escapar sin rasguños para celebrar otro año nuevo, otro cumpleaños o un aniversario de importancia.

         Siempre me acuerdo de mi amigo cubano, Gabriel Benet, muy bocón y simpático que me mostró el jueguito, lo tenía siempre incorporado en su celular. Se tomaba la vida y su enfermedad con un humor muy negro: sufría de esclerosis múltiple, es decir no tenía remedio y él lo sabía. “¿Y cómo estás, Gabriel”? Le preguntaba cuando se acercaba cojeando.

         -Bien, Cristian, como puedes ver todavía me muevo, pero esto es como en el Pac-Man, ese jueguito donde una mandíbula te muerde, te persigue a gran velocidad y al final siempre te agarra y no te suelta. Lo recuerdas, ¿cierto? Yo lo juego siempre, pero jamás he logrado ganar, el mordisco final siempre me aniquila. Ya llevo jugando varios años, pero seguro que no tengo vuelta, me hicieron la prueba sobre la palma de la mano y respondí como en los textos médicos, es decir no tengo escapatoria, Cristian. -y se apuntaba con el dedo el pie derecho moviéndolo hacia arriba, hacia sus pulmones y su cráneo, indicando el lugar preciso que lo dejaría ya sin movimiento ni autonomía.

         Y nuevamente me encuentro sentado junto a mi café, aquí en Barnes & Noble en un miércoles por la mañana, muy cerca de la casa. Por los parlantes se escucha una melodía tristona de la navidad 2015, mientras detrás mío una mesonera conversa con una voz chillona y estridente que le sale de algún lugar del cuerpo. Pilar trabaja en la universidad, mientras yo me he tomado unos días de feriado. Camila y Sofía, nuestras hijas que nos visitan por unos días, todavía duermen junto a los gatos y nuestro querido perro patagónico, el Copo. En fechas como estas siempre me acuerdo de los que han perdido un ser querido. Me imagino que esas melodías dulzonas les pueden resultar hirientes, casi insultantes, al darnos la impresión que todo se puede olvidar, que todo se puede borrar, acallar, como si ellos, ellas, nunca hubiesen existido.

         Por aquí en USA seguimos con el show de Donald Trump que ya no es tan show como creíamos inicialmente, ahora es un fenómeno dañino que se extiende transformándose en una realidad creciente. Pareciera que mientras más insultante, mientras más racista y sexista se pone en sus comentarios, más lo aplaude cierto grupo de gente, los de su partido.

         Hace poco se publicó un estudio del último premio Nobel de Economía, Angus Deaton, profe en la Universidad de Princeton, que podría explicar, en parte, la atracción que está teniendo el tío Trump. Deaton, después de analizar las estadísticas de los servicios de salud de este país, concluyó que la mortandad del grupo de raza blanca, ubicado entre los 40 y 50 años, está aumentando de manera alarmante cuando se la compara con otros países. Y lo inquietante es que menciona que las muertes no han aumentado de manera tradicional, es decir debido a problemas cardiovasculares o diabetes, sino que por suicidios, alcoholismo y drogas. Como escuché después en el programa de la CNN, de Fareed Zakaria, donde entrevistaba a Deaton y analizaba los resultados de su estudio, aparentemente ese grupo étnico ha “perdido su propia narrativa”,  “extraviado el norte”. En generaciones pasadas, un tipo con educación secundaria podía lograr sin muchos apuros una vida razonable al conseguir trabajos como mecánico en la GM o Ford para después de una larga vida jubilar tranquilamente. En el mundo actual, globalizado y más competitivo, eso ocurre en un grado mucho menor, porque ahora se compite de manera global, y donde muchos de esos trabajos se han trasladado hacia otros continentes dejando a esos hombres perdidos, desprotegidos y sin posibilidades de repetir la historia de sus abuelos, donde el mundo fue siempre imperturbable, sólido y benigno. Pareciera que ese grupo de blancos desorientados y por eso mismo molestos y con rabia, se han sentido interpretados por ese lenguaje hostil, rabioso e insultante de Trump. Es un grupo que no entienden bien lo que está ocurriendo con sus vidas, pero acumulan y tienen mucha rabia, mucha virulencia, y que Trump sabe canalizar ofreciéndoles respuestas fáciles y populistas que muchas veces ellos mismo no se atreverían a expresar públicamente. Por eso aplauden felices cuando finalmente alguien les dice que los culpables son los latinos, los bandidos que les están robando los trabajos y un estilo de vida. Y Trump remacha sus argumentos diciéndoles que esos latinos también violan a las mujeres y a los niños; es decir, finalmente hay culpables, y alguien se atreve a decirles una verdad que ellos sospechaban: un grupo étnico es el responsable.  “A reconquistar nuestro país”, gritan entonces los slogans de Trump. “Hagamos América grande, ¡nuevamente!”, grita otro…. y ellos aplauden a rabiar.

         ¿Y en qué grupo se encuentra uno? ¿En el de los insatisfechos en busca de un motivo? En mi empresa, donde trabajo, todavía ruedan las cabezas, pese a que por todos lados escuchamos que somos parte de “una gran familia”. ¿A quien podría uno aplaudir?

Sigo buscando….

Diciembre 24, 2015

11:57 AM

Gracias Cristián. El tratamiento lo han interrumpido. Decidirán si siguen con el mismo o me dan otro que me produzca menos toxicidad.

Disfruta las fiestas en familia. Un abrazo para todos.

Ignacio

Diciembre 26, 2015

10:03 AM

Me estoy entreteniendo, Ignacio, leyendo tu cuaderno 149 que un día me mandaste. Entretenidas las secciones donde hablas de Palau y después sobre los comentarios de Eduardo Gonzalo sobre tus diarios. ¿Te da el ánimo para intentar la publicación de otras secciones de tus diarios?

Un fuerte abrazo

Cristian

Diciembre 29, 2015

7:07 AM

Me dejó preocupado tu email, Ignacio. Espero que los médicos encuentren un substituto para que puedas continuar con el tratamiento…. ¿Cómo te sientes?

Un fuerte abrazo

Cristian

Diciembre 29, 2015

7:07 AM

Mañana me dirán que van a darme.

Ignacio

Diciembre 29, 2015

9:13 AM

Un poco más y el médico te manda esa información como regalo de Año Nuevo, Ignacio (?!).

Cristian

Enero 4, 2016

¿Y cómo te fue con el médico, Ignacio? ¿Cómo te sientes?

Un fuerte abrazo

Cristian

Enero 5, 2016

9:05 AM

Hospitalizado hasta el viernes…gracias, Cristian

Ignacio

Enero 9, 2016

5:26 AM

Querido Cristian. Aquí sigo…..Un abrazo y disculpa la brevedad de este email. Aquí va una entrevista que me hicieron.

Ignacio

Cultura Plaza, enero 2016

Estudio de Escritores

Ignacio Carrión

El grafómano

(gravemente enfermo)

Texto de Martí Domínguez

Fotografía de Jesús Ciscar

Ignacio Carrión escribe en una prosa clara y precisa, fuerte y rotunda. Stendhal decía que antes de iniciar una novela leía el código civil para así afianzar su estilo, y darle mayor concisión y parquedad. Algo parecido se podría decir de Carrión: su estilo es directo y sin circunloquios, va al grano con las palabras justas. En su novela Cruzar el Danubio, con la que obtuvo el premio Nadal, el hoy articulista de Plaza no puso ni una sola coma (en realidad la única que hay se debe a un error). “Cuando en el País publicaron un extracto, como avance editorial, el corrector decidió corregirme el texto y me llenó aquel fragmento de comas. ¡Tuve un disgusto!” Carrión habla con elegancia, y su mirada, medio oculta bajo unas gafas redondas y de pasta muy quevedianas, es lúcida e intensa. Es un escritor inteligente, ha viajado por medio mundo: al llegar a su casa, en la avenida de Blasco Ibáñez, mientras el fotógrafo Jesús Císcar aprovechaba la poca luz de la tarde que entraba por las ventanas, eché una mirada a su biblioteca. He aquí un buen lector, pensé, aunque, a decir verdad, Ignacio Carrión es un grafómano.

Un diario de 197 cuadernos.

Los hermanos Goncourt escribieron unos famosos diarios, pero sólo permitieron su publicación veinte años después de su muerte. Así salvaguardaban un poco la intimidad (cuando no la honorabilidad) de algunos de los amigos allí retratados. Para mi gusto no hay mejor diario que el de los Goncourt, donde se recogen lecturas, charlas de café, aforismos, pensamientos agudos y sarcásticos. En aquellos diarios, todos salen mal parados, excepto los autores, que muestran urbi et orbi su buen gusto y criterio. Ignacio Carrión también escribe un diario desde el año 1961, y en este momento tiene 197 cuadernos. Me muestra uno de aquellos volúmenes encuadernados, con hojas de papel Clairefontaine, escritos con su letra grande y apuntada, limpia y sin correcciones. Me explica que tiene a honra no tachar nunca, y cuando por distracción escribe una palabra que le sobra antes prefiere acomodar la frase a un nuevo sentido que emborronarla. “La publicación de mi primer diario, La hierba crece despacio, me acarreó muchos disgustos. Sin duda, hubo gente a la que le sentó mal lo que allí había escrito, que se sintió muy ofendida. Si crucifico a Juan Cruz, es porque no me gusta nada. ¿Por qué no habría de arremeter contra él? Mi editor me dijo que el único que quedaba bien en el diario era mi perro. Pero yo, cuando escribo, es como si estuviese muerto, y como si los demás también… Y quien queda peor soy yo, con quien no tengo compasión”. Miro su diario publicado, un gran volumen de cerca de mil páginas, que comprende desde el año 1961 al 2001. “¡Me dejé tantas cosas en esta edición! Si pudiese hacer una edición ampliada…”

En 2014, publicó una nueva entrega, en dos voluminosos libros, y ahora está preparando la tercera.

“Mis hijos prefieren no leerme…En realidad, he intentado dejarlo, desengancharme, pero escribir un diario crea un hábito. Mi vida no me interesa nada: lo que busco es hacer buena literatura. Me interesa que se entienda y que tenga musicalidad. Por eso mientras escribo leo en voz alta, con un murmullo”. Me recuerda al pianista Glenn Gould, que canturrea las obras mientras las interpreta. “Sí… El diario es mi refugio, mi desahogo. Aunque a veces me siento manipulado por ese personaje que escribe el diario…¡Ese vómito! Pero no creo en la literatura del yo. ¡Todo es literatura del yo! Aunque esté escrita en tercera persona”.

Me enseña su sala de lectura: su ordenador Apple y su colección de plumas estilográficas: su Mont-blanc, su Parker…Escribe a mano y después le transcriben los diarios. “Kafka es mi escritor preferido. También era diarista. Y como diario el que prefiero es el de Paul Léautaud”. Un dibujo de una de Chillida, cuelga de una pared. Le comento que Chillada a veces dibujaba con la izquierda, para evitar que el dibujo fuese demasiado perfecto: que en ocasiones un exceso de técnica también puede matar el alma de la obra. “Escribí Cruzar el Danubio bajo la influencia de Thomas Bernhard. A veces encuentro el español demasiado retórico, muy solemne y prosaico. Uf, cuando leo a Manuel Vicent haciendo tirabuzones….Yo prefiero un estilo más sobrio. El mejor Azorin es el cortito: el estilo no se tiene que notar”.

Hablamos de Bernhard, de nuestra mutua admiración por él. Se ha traído de su finca en Bennisa lo que ha podido, sus libros más selectos, allí tiene lo mejor de su biblioteca. “No creo que vuelva al campo…Bueno, al camposanto quizás sí”. Ignacio Carrión sonríe, sorprendido de su humor negro. Hace unos días le han diagnosticado un cáncer al pulmón, y en breve tendrá que someterse a un complicado tratamiento. “Habrá que echarle cojones” dice, emocionándose un poco. “Fíjate, desde hace unos meses tenía un cierto carraspeo, me molestaba la garganta al tragar. Fui al médico y me dijo que seguramente se trataba del cambio de tiempo, que no me preocupara…Pero como no mejoraba, me hicieron un TAC. Tan tranquilo que entré, pensando en lo buena que estaba la enfermera…”.

Se hace un silencio, noto por el graznido de las cotorras que anidan en los árboles de la avenida. Cae la tarde y aparecen mas excitadas que nunca: las veo volar frenéticas a través de la ventana, dejando un rastro verde metálico.

Sobre la mesa reposa un ejemplar de su último libro, Cartas a Lola. Sólo le queda un ejemplar, que va a regalar a la doctora que lo trata. “Me fijé que escribía con pluma y eso me causó buena sensación…Se lo comenté y entonces ella retiró su bata y me enseñó unas plumas estilográficas que llevaba en el bolsillo de la blusa…Y pensé: ¿Qué es más importante?: ¿caer bien a la oncóloga, o que ésta te caiga bien?”. Las cartas a Lola son un interesante experimento literario: durante un tiempo Ignacio escribió cartas a la periodista Lola Díaz, sin recibir respuesta. A pesar de ello siguió escribiéndole, aunque ya sin enviárselas. De todo eso hace casi treinta años. Ahora las ha recuperado, y muestran un período de su vida, cuando era corresponsal de El País en Washington y Nueva York y se alojaba en los mejores hoteles.

Son ejercicios literarios extraordinarios. Todo en Ignacio Carrión tiene algo de excepcional. “Pienso que cambia más al lector que el escritor…Tengo esa teoría. Yo sigo escribiendo como siempre, pero cuando leo me sorprenden cosas nuevas, distintas. Este libro, Bajo el Signo de Marte, de Fritz Zorn, es una novela que he releído ahora, pero en la cual he marcado muchas menos cosas que durante la primera lectura. Una lectura muy acorde con lo que me sucede: el protagonista tiene cáncer…De hecho, muere a causa de él…No me da miedo la muerte…La muerte es como cuando te anestesian: caes en el vacío. El vacío es la muerte”.

Nos despedimos, y ya en la puerta aparece su perro Blues, un labrador bonachón. Se alegra de nuestra marcha, porque eso significa que pronto bajará con Ignacio a pasear un rato. Quizás vayan a los jardines del Real, quizá caminen un breve trecho por el jardincillo de la avenida. Quizá sabe. Ignacio Carrión me ha regalado una edición en rústica de los ensayos de Montaigne, que adquirió durante su estancia en Viena. Es una edición de Garnier de los años veinte, que conservaré con cariño. Antes de guardarla en mi bolsillo, abro el primer volumen al azar y leo un fragmento sobre la soledad. Montaigne piensa que el hombre no es verdaderamente él durante la vida pública, sino tan solo cuando cultiva la soledad, la meditación y la lectura. En aquella casa, sin duda no hay cosa más cierta.

Enero 9, 2016

10:07 AM

¡Gracias por las noticias, Ignacio! Bueno el artículo, se nota que lo escribieron con mucho cariño. Buenas fotos, me gustó ver tu lugar diario, donde te paseas junto a tus libros y lapiceros. En pocos minutos te mando -aunque no debería mandártelo todavía- un texto publicado en el NYT que me llegó mucho; escrito casi con sangre por una mujer joven que perdió a su marido. Él, como último acto de su vida logró tener una hija y escribir un libro (como te imaginarás lo tengo que ir a comprar a Barnes & Noble en pocos minutos). A veces creo que escribir bien consiste a acercarse a la propia verdad con mucha valentía, y todo lo otro se da por añadidura… Y uno como lector incluso perdona pequeños errores. Es lindo ver como a veces surgen esos seres tan capaces, valientes y honestos.

Un fuerte abrazo y no te molestes o canses en escribir por el momento.

Cristian

Enero 9, 2016

10:13 AM

Gracias, espero el texto del NYT, y ya me dirás algo del libro. Ahora (reanudadas las lecturas) termino las memorias magníficas que me recomendaste de Oviver Sacks, ¡siempre estoy muy atento a tus propias preferencias como buen lector!

Hoy, con más ánimo que tus email -que conservo- siempre aumentan

Un abrazo

Ignacio

Enero 11, 2016

7:26 AM

Con noticias de este lado, Ignacio. Como siempre nada importante, y no te molestes en contestar.

Un fuerte abrazo

Cristian

Pronto deberían llegar nuestros amigos. Por TVN (TV chilena en la internet) vemos que los atochamientos para salir de Santiago son tremendos. Por estos lados, en Michigan, felizmente nosotros nos movemos poco, solo nuestras hijas, Camila en NY y Sofía en Vermont, tuvieron que viajar. Durante las celebraciones y tiempo libre, comimos bastante y sobre todo tuvimos que aprender a vivir nuevamente juntos bajo un mismo techo por unos días. Y no ha sido fácil, porque los intereses son demasiado diversos y distintos. Ellas viven continuamente en la dimensión del espacio virtual, con mensaje textos, fotos rápidas y conversaciones que nos están completamente vedadas… como debe ser. Y por otro lado, creo, la vida nuestra es bastante más aburrida y rutinaria, y al menos en mi caso, cada vez me conformo con menos…. una buena digestión, por ejemplo, y con que no se arme una trifulca muy grande ya me deja satisfecho y siento que he conquistado el día. Cuando explota una gran cagada, a veces participo, pero la mayoría de las veces simplemente me desdoblo y mironeo, como lo hago en la ficción o en las películas…

A veces bajo al subterráneo para leer algunos libros viejos que guardamos en unas repisas bien organizadas. Al azar abro un libro de Pilar Donoso (Los de Entonces), la señora de José Donoso donde justamente nos habla de sus años en España y ese constante codeo con los famosos de ese tiempo, los John Irving, Saul Bellow, García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Cortázar de esos años.  Es una mezcla interesante de glamour mezclado con la vida diaria de nosotros, los comunes ciudadanos, y la vida también bastante común de ellos, interrumpida a veces por esas comidas y reuniones con el encanto literario de esos tiempos. Es increíble comprobar que la imagen de éxito que todo eso proyectaba, por lo general chocaba con esa realidad mundana de los apuros económicos y la desesperación de Donoso al comprobar como sus libros no eran transformados en grandes películas por algún director de cine de importancia, ni tampoco se vendían como pan caliente en las veredas. Ella de manera bien valiente analiza en tiempo real su propia vida, y a veces nos cuenta de los apuros económicos y su propio aparente fracaso personal (al dedicarse tan completamente al éxito de su marido descuidando sus propios intereses) percibido -por ella- en una depresión profunda y tratamientos con psicofármacos. Abro el libro después de tantos años y me encuentro con una nota donde me agradecía unas fotocopias que le había mandado por correo.  Siempre guardo postales y pequeñas notas entre las páginas de los distintos libros, es como una ventanita hacia otros años. En esta nota que encontré en su volumen me escribe lo siguiente, (después de mandarme un libro autografiado por José Donoso):

Te agrego dos letras. Lo que más me interesa para que no gastes todo tu sueldo en fotocopias literarias, son los que se refieren a mujeres escritoras y sobre todo lo que se refiere a la literatura árabe (mghrebi). Un gran abrazo cariñoso y agradecido”.

Pilar

            Las vueltas que nos da la vida. Con los años Vargas Llosa no solo ganaría el premio Nobel, sino que terminaría separándose de su prima hermana para juntarse con Isabel Preysler, la ex mujer de Julio Iglesias; una genuina representante de ese mundo de cultura frívola que él siempre detestó…. la verdad es que hay que tener cuidado cuando escupe demasiado alto. Ahora Vargas Llosa sale frecuentemente acompañado por Isabel Preysler en las revistas de corazón del orbe, como Hola, Glamour y Vogue. Como se abría muerto de envidia José Donoso al comprobar como su amigo goza ahora de la abundancia en dólares, hoteles exclusivos y jets privados. 

         Hasta aquí llegamos por ahora. ¡Todavía vivos! El Copo feliz paseando por las calles nevadas mientras uno se muere de frío. El Luca (nuestro gato hondureño) duerme feliz en un sofá mientras la Pili todavía plancha la ropa a la chilena y Fareed Zakaria , en CNN, nos habla de un Kissinger que nunca me gustó…. y en los comerciales nos predican sobre los efectos milagrosos de una droga que puede producir una erección poderosa y auto sostenida de más de cuatro horas….  y agregan que por favor consulten con un médico cuando eso ocurra que puede ser demasiado peligroso.

¡Me imagino que muchos pelotudos hacen cola para morir de esa manera!

Enero 15, 2016

11:09 AM

Un abrazo, todo va mejorando. ¿Tú bien?

Ignacio

Enero 15, 2016

8:58 PM

Pareciera que ese tratamiento que te hicieron fue más aceptable, ¿cierto Ignacio? Por aquí todo bien, finalmente con nieve y frío, para felicidad del Copo que se siente en su territorio original.

Un fuerte abrazo

Cristian

Enero 20, 2016

2:39 PM

Un abrazo, Cristian.

Pronto te escribo más largo.

Todo marcha.

Ignacio

Enero 24, 2016

9:33 AM

¡Con un fuerte abrazo, Ignacio! Nada importante, solo noticias de este lado.

Cristian

Por aquí en Michigan tenemos bastante frío, pero poca nieve. Casi toda la nieve cayó más hacia al este. Acabo de salir con nuestro perro patagónico, el Copo, y por supuesto, el camina feliz con estas temperaturas y fríos polares que nos sacuden entre los -5 a -10 grados bajo cero, dependiendo de las ventoleras. A poco andar me encontré con Dick, un vecino que no está muy lejos de nosotros. Ya está viejo y retirado y vive solo; siempre espera al Copo para conversar con alguien. Se acompaña de un café caliente y un cigarrillo hediondo. Su señora falleció hace muchos años y lo último que se le murió fue su perrita. Le pregunto que cómo lo hace para salir con estos fríos a sentarse adentro del garaje y con el portón abierto, sobre todo ahora que hace tanto frío. Me dice que está acostumbrado, que cuando tenía a Lucy, su perrita, siempre se levantaba temprano para salir a pasear, y se le ha quedado la costumbre. Prueba un sorbo de café y apesadumbrado me dice que hoy es justamente el aniversario de su muerte. Mira hacia el suelo frío, prueba otro sorbo de café, mientras desde lejos vemos como recién empieza a despuntar el sol.  El Copo siempre busca a Dick, y cuando lo ve a la vuelta de la esquina, salta de felicidad porque él siempre le tiene unas sorpresas.  Hoy saltaba y casi lo derriba pidiéndole más delicias que probar. Nos despedimos mientras un sol de invierno, de esos que entibian la piel, comienza a levantarse muy despacio, iluminando toda la nieve blanca de la calle.

         Ayer, Camila, desde Nueva York, nos decía que tenían prohibido los autos. Había caído demasiada nieve. Nos cuenta que el paisaje era como de ciencia ficción, como en esa serial “The Games of Thrones”, todo callado y con muy poca gente caminando por las calles blancas y desiertas.  Ya terminó su MBA y ahora busca trabajo en Nueva York, lo que no es fácil…. y uno sabe cada vez menos lo que puede hacer. Los consejos de uno  –y creo que con bastante razón- llegan como esas galletas añejas y asomagadas que alguien encuentra en la despensa después de muchos años. Sofía desde Vermont nos cuenta que ha tenido suerte, que se libraron de la tormenta. A ella le gustan los animales y eso es lo que estudia, se ha inclinado por la “wilde life”……. pobrecita, como va a sufrir cundo los trate de salvar; ya la veo en África interponiéndose entre el fusil de un dentista millonario -que para divertirse tiene que salir a matar- y un lindo tigre que la mira fijamente.

…..y bueno, parece que es mejor salir a dar otra vuelta con el Copo, o ir a la librería Barnes & Noble para comprar “When Breath Becomes Air”, de un médico que murió bien joven. La Pili salió hacia el gimnasio…. a mí por el momento me sobra con el Copo.

Enero 27, 2016

1:34 PM

Querido Cristian:

Yo no recordaba el artículo que menciona Manuel Jabois, el columnista más leído de El País.

Mi nombre estaba vetado en ese periódico…pese a lo mucho que escribí y publiqué en sus páginas durante 20 años. En cualquier caso, una agradable sorpresa.

Los escándalos político-económicos en Valencia son enormes…

Un fuerte abrazo,

Ignacio

“¿Llorar por los viejos tiempos?

Manuel Jabois (enero 26, 2016) El País

Hace 10 años Ignacio Carrión publicó en este diario un artículo sobre Valencia que tituló crípticamente: Cuando la corrupción es la ley. Del mismo modo que en Santiago para llegar a la catedral hay que levantar la vista porque está prohibido construir más alto, Carrión advertía de las consecuencias de bajar la mirada en el Mediterraneo y encontrarse el hotel más grande de Europa construido sin licencia sobre unas playas más pequeñas. Aquella brillante jugada describía el King Kong de la corrupción: Levantar el Empire  State sin permiso municipal….”.

Enero 27, 2016

6:30 PM

¡Qué lindo que alguien se atreva a saltar y mencionar tu nombre, Ignacio! ¿Y tú conoces a Manuel Jabois? ¿Trabajó contigo?

¡Por otro lado, Ignacio, el pobre Manuel Jabois debe estar cruzando los dedos para que tú no lo dejes muy mal parado en tus diarios! La verdad es que te trata como un rey.

Voy a buscar ese artículo antiguo tuyo.

Un fuerte abrazo

Cristian

Febrero 11, 2016

9:21 AM

¿Cómo va tu tratamiento, Ignacio? ¿Muy fatigado?

Un fuerte abrazo

Cristian

Febrero 11, 2016

9:29 AM

Voy mejorando lentamente sin poder leer ni escribir, pero esto pasará pronto.

Un abrazo

Ahora me dan radioterapia

Ignacio

Febrero 21, 2016

11:16 AM

¿Cómo estás resistiendo el tratamiento, Ignacio? Me imagino que debe ser muy agotador…Aquí te incluyo noticias de este lado.

No te molestes en contestar.

Un fuerte abrazo

Cristian

Parece que Trump agarra más y más momentum sorprendiendo a todos los políticos tradicionales. Ayer se despachó a Jeb Bush que terminó lloriqueando frente a las cámaras de televisión al reconocer su derrota. Pese a que Bush desesperadamente acarreó a su mamá en silla de ruedas por las calles frías y nevadas para conseguir más votos, nada le resultó; y más bien esa imagen, Busch con su anciana madre al lado, representa gráficamente el estado en que se encuentra en partido republicano tradicional, cojo y averiado. Yo creo que Trump ahora está imparable. Si los republicanos tradicionales se ensañan contra él para pararlo en seco (consiguiéndole amantes, o acusándolo de demócrata encubierto), corren el riesgo de que Trump se enoje (lo que es muy fácil) y se decida entonces a correr como independiente, dividiendo al partido republicano y entregándole la presidencia a los demócratas.

         Entre los demócratas, creo que Hillary será la elegida, y de la misma manera como el desastre en el partido republicano terminó ayudando a Obama en las elecciones pasadas, lo mismo puede ocurrir ahora. Creo y espero (¡) que en una elección nacional Trump pierda frente a Hillary.

….  y Trump, claro, creo que el partido republicano se termina dividiendo y sale elegida Hillary. A medida que la carrera presidencial se hace nacional, florecerá el anti-racismo, y el susto de la gente frente a un Trump que está fuera de control.

         A lo mejor algo parecido puede ocurrir en Chile en el futuro, donde la población desencantada de los políticos a sueldo y corrompidos por los negocios, termine siguiendo a un populista carismático y repleto de promesas y slogans. En Guatemala ya ocurrió el año pasado, cuando el cómico Jimmy Morales se sacó la naricita roja, dejó de darse de bofetadas frente al público y las cámaras de televisión, para ser elegido presidente y dirigir a su nación. Así de simple (¡). En este país Trump no ha necesitado darse de bofetadas ni ponerse una naricita roja, pero hizo algo parecido frente a las cámaras en los reality shows de alto ratings que organizó hace pocos años, donde los perdedores eran despedidos y humillados frente a un público que aplaudía a rabiar.

         Cambiando de tema. Le mandé un mail a mi amigo Héctor, que cuando fuera a Barnes & Noble me avisara para tomarnos un cafecito. Al poco rato me llamó y nos encontráramos en pocos minutos. Ya no viaja a Chile este año, me contó. Sentado en la mesa hojeaba unas revistas de fotografías. En una de ellas mostraban las Torres del Paine. Su refugio está en Puerto Natales. En su iPad me mostraba las fotos que había tomado de la zona; cóndores y paisajes lejanos que a lo mejor volverá a ver en el 2017.

Febrero 21, 2016

3:41 PM

Sí. Muy fatigado. ¿De V sabes algo?

Un abrazo

Ignacio

Febrero 21, 2016

4:34 PM

Desgraciadamente hemos sabido muy poco de V, Ignacio. Un mensaje texto y una tarjeta de fin de año, pero nada más. Pareciera que no desea reanudar el email y la internet.

Un fuerte abrazo

Cristian

Febrero 23, 2016

8:20 PM

¿Y qué dicen los médicos, Ignacio? ¿Logran controlar la enfermedad en alguna medida? ¿Estás ahora en tu departamento? ¿Cómo está Chus? ¿Y Blues?

Un fuerte abrazo

Cristian

Marzo 1, 2016

7:27 PM

¡Bueno tu texto escrito desde el hospital, Ignacio! Se respira cierta resignación, como si fuéramos simples polilla que al final se las lleva el maldito viento de un temporal cualquiera…

Un fuerte abrazo

Cristian

Marzo 2, 2016

1:44 AM

El espejismo es creernos otra cosa…Un abrazo & one more day…

Ignacio

Marzo 13, 2016

12:42 PM

Querido Cristian

¿Cómo va a acabar el asunto Trump?

Supongo que al final pinchará ese globo racista…pero es inquietante que reciba tanto apoyo de tanta población descontenta.

Yo sigo -como una rutina inevitable- mi vida hospitalaria. El pulmón sigue bloqueado, pero han iniciado la terapia combinada de quimio y radio.

Mira, te paso lo último que he escrito para publicar el mes próximo en una revista de Valencia.

Sigo escribiendo en los días que tengo fuerzas, que no son todos. En abril-mayo aparecerán los Diarios 2011-2015. Ya te enviaré un ejemplar. Creo que la editorial Renacimiento está haciendo un buen trabajo. Y ya tengo preparadas para enviar a Sofía, transcriptora de mis manuscritos, el libro DINERO, Inventario, Ruina (ficción) que ofreceré probablemente a la misma editorial Renacimiento.

Egidio, el editor y dueño de Reino de Cordelia -quien me escribió que sin un sponsor íbamos a la ruina y al anonimato- y a quien retiré el diario 2011-2014 para evitar retrasos en su publicación, ni siquiera se ha interesado una sola vez por mi salud, aunque sabe que tengo un cáncer con metástasis y que el horizonte no está despejado…

No es nuevo que si eres incapaz de generar dinero para gente así, no eres nada. La amistad no se valora. O quizá le ha jodido que otro editor vaya a publicar lo que iba a publicar sin fechas…

Un abrazo

Ignacio

Marzo 13, 2016

2:12 PM

Rico tener noticias tuyas, Ignacio. Creo que como dices tú, al final el globo racista de Trump será tan evidente que simplemente no recibirá el apoyo de las minorías, que es tan necesaria en una elección nacional. ¡Mándame eso que escribiste para la revista de Valencia, me encantaría leerlo!

Qué bueno que hayas tenido las energías y tus próximos diarios sigan por buen camino. De seguro que Egidio quedó dolido, pero qué esperaba si él mismo no te daba fecha y empezó a correrse (!). Pero triste darse cuenta lo mucho que interesaba el dinero…

Aquí te mando noticias de este lado…

Un fuerte abrazo y no te olvides de mandar tus noticias.

Cristian

Afuera llueve como en esas lluvias tristonas de los inviernos de Chile. Por la ventana, aquí en Michigan, podemos ver a unas ardillas mojadas comiendo raudamente las semillas que tenemos para los pájaros. Recuerdo esa agua que mojaba las calles y veredas del Santiago de esos años mientras nosotros íbamos sentados en el asiento de un auto de cola larga junto esa calefacción ruidosa que tiraba un tufo de calor húmedo y aroma a tetera con agua estancada. En esos años uno lo absorbía todo como una esponjita. Me molestaba ese olor, no me gustaba, pero ahora lo recuerdo con gusto.

         Afuera los transeúntes esquivaban las cortinas de agua que les largaban los autos como los de uno. Pronto bajábamos del auto sin saber donde pisar firme porque los charcos de agua escondían los pozos profundos provocados por los pastelones ausentes de las veredas. Entrábamos a la casa con los zapatos mojados para dejarlos por ahí, cerca de una estufa que también largaba su aroma. Pero el frío continuaba. Las puertas y ventanales no calzaban bien, cerraban a medias y dejaban entrar libremente el viento y el frío de las tormentas. Los ladrillos de las paredes permanecían helados y los rincones oscuros de la casa adquirían un carácter de abandono que no me gustaba… pero que ahora también recuerdo con gusto.

         En ese tiempo teníamos “empleadas” en la casa. Esa era el nombre que usábamos para referirnos a ellas porque ahora les dicen “nanas”. Estaban siempre al pie del cañón y nos servían la comida a cualquier hora; los horarios de su trabajo apenas los respetábamos. Recuerdo que los días domingo se arreglaban con ropas de muchos colores, perfumes, zapatos nuevos porque era el día de salida. Lloviera o no lloviera salían de todas maneras. A veces nunca llegaban de regreso y entonces mi madre tenía que salir a buscar otras. Y todo eso lo recuerdo ahora que llueve; pero lo hago con menos gusto.

         Me imagino que unos años más, recordaré lo que ahora me preocupa, como la incertidumbre de las hijas buscando trabajo, la salud de un amigo, el medio ambiente, el sistema político y sus elecciones y a lo mejor, (¡espero!), poder recordar todo eso con gusto y cariño….

Marzo 13, 2016

4:13 PM

Me ha gustado mucho tu escrito sensorial tan entrañable de tus recuerdos de Chile. Sigue. La nostalgia es un sendero invisible a la creación.

Un abrazo

Ignacio

Marzo 13, 2016

4:24 PM

Olvidé, creo, enviarte el artículo.

Aquí va.

Ignacio

Plaza

(La mirada escribe)

MI RADIO NO ES DE ESTE MUNDO

Mi radio no insulta como la de Jiménez Losantos. No sermonea como la de los obispos. No manipula como RNE. Tampoco gana pasta con los anuncios publicitarios como la SER.

Mi radio no es de este mundo. Emite en otra frecuencia. Mi radio se llama radioterapia. Está en el IVO (Instituto Valenciano de Oncología) que es –y lo digo por experiencia- una joya médica de la corona del Reino.

Mientras mi pulmón izquierdo, sellado por el cáncer como una caja B del PP, recibe las descargas necesarias para destruir el atrincheramiento de las células malignas y permitir el paso al oxígeno, mi memoria viaja tres décadas al pasado: estoy sano, soy un reportero del diario El País que ha venido  a Houston para escribir sobre el célebre Anderson Cancer Center y el medio centenar de médicos españoles que trabajan aquí. No tenemos prisa. Sabemos que será un reportaje duro. El fotógrafo que me acompaña, Francisco Ontañón, se confiesa hipocondríaco. Lo pasará mal cuando tenga que captar la imagen de un paciente con el rostro cubierto por una careta parecida a las que usan en los torneos de esgrima.

Los médicos explicaron cuanto necesitábamos saber y estaban autorizados a revelar. Numerosos pacientes españoles estaban siendo tratados en el Centro, algunos artistas famosos y en general todos muy ricos. Una mujer maravillosa empleada en el Consulado de España en Houston, Sira Pardo, ayudaba a sus compatriotas en toda clase de gestiones pero, sobre todo, en esa difícil gestión de dar ánimos a quienes los precisaban. Merecidamente se le concedió una alta condecoración. 

Una pariente mía viajaba regularmente a Houston para controlar e ir matando los distintos tumores malignos que reaparecían. Alquiló un apartamento cerca del hospital. Y una noche me invitó a cenar. La acompañaba su marido quien de pronto le ordenó con aparente espontaneidad: “¡Vamos, quítate la peluca para que vea Nacho lo guapa que estás calva!”. No recuerdo si ella obedeció, creo que no. Pero aquella estúpida ocurrencia del marido me dejó helado.

Regresamos a Madrid. Entregamos nuestro trabajo. La dirección decidió que el reportaje apareciera en la portada del Semanal. Y que la imagen fuera la más impactante: la careta o máscara cubriendo el rostro del enfermo.

Y ahora he regresado al presente. Y a mi radio particular -la máquina enorme y basculante- alejándose de mi cuerpo para liberarme de ella. Para que, una vez más, me arrastre hasta mi habitación en la silla de ruedas el hábil celador por estos pasillos de la zona nuclear del IVO donde otros pacientes aguardan silenciosos su turno. Cruzamos una mirada. Y a veces una sonrisa. Es solo un gesto de ánimo y de esperanza.

Marzo 13, 2016

5:02 PM

¡Me ha encantado el artículo, Ignacio! Dejas mudo al lector mientras cuentas y nos presentas tu enfermedad. Y ese comentario de tu pariente al pedirle a su esposa que se saque la peluca para “que vea Nacho lo guapa que estás calva” encaja justo. Todos tenemos parientes así…y lo triste es que somos así (!). Le das un buen empujón al lector, y esa crítica inicial contra Jimenez Losantos, contra el sermoneo de los obispos resuena nuevamente y se agranda.

¡Muy Bueno! Gracias.

Cristian

Marzo 15, 2016

11:00 AM

Q. Cristian: muy breve. El pulmón que estaba cerrado ha empezado a funcionar…

Un abrazo

Ignacio

Marzo 15, 2016

11:47 AM

¡Qué buena noticia, Ignacio! A lo mejor puedes empezar a negociar con tus fuerzas de manera más favorable. ¡En estos últimos años has sido tremendamente productivo!  Espero leer tu último diario y el libro sobre el dinero; pero por favor no te molestes en mandarlo por correo. Yo lo podré comprar por Amazon.

Un fuerte abrazo

Cristian

Luca y su lado derecho

Cada día que pasa la cosa política se pone mas complicada. Nunca imaginé esa guerra civil en la que están metidos los del partido republicano. Mientras más se esmeran en costarle el camino a Trump, este más se afirma y lo aman sus partidarios. Y lo divertido es que Trump parece vivir y gozar el reality show más importante de su vida: mientras más dinero gastan sus contrincantes con comerciales negativos sobre su vida y sus empresas, este se mueve con más entusiasmo y parece ganar energías nuevas. Incluso la semana pasada, simplemente se dio el lujo de cancelar otro debate presidencial dejando al canal de televisión que lo organizaba –el Fox News, que es bastante conservador- con los crespos hechos y lamiéndose las heridas por el alto rating (y por lo tanto las ganancias) que se les arrancaba de las manos.

         Trump es un muy buen actor, y posee un gran dominio de escena. Por eso es un enemigo formidable, pero los republicanos tradicionales no le ven buenas chances en una presidencial a nivel nacional donde se ha dado el gusto de insultar a tantas minorías. Por eso un grupo grande de ellos lo quieren frenar, descarrilar, para que no termine dañando de manera irreversible la “marca” republicana. Están en una verdadera guerra civil.

         En el trabajo, en nuestra empresa, estamos bien, pero nunca me he acostumbrado completamente. Nuestra compañía es bastante grande, y periódicamente se organizan meetings donde nos hablan desde algún lugar del mundo a través del computador. Ahí nos sermonean sobre cómo andan las finanzas, la economía en general, y al final un “hermano mayor” nos tratan como si fuéramos una gran familia y nos manda un fuerte abrazo fraternal. Claro que pronto ocurren algunos desaguisados que se contradicen con esa imagen de familia y amistad, como sucedió hace pocas semanas cuando despidieron a un tipo de manera quirúrgica. Pese a que lo hicieron de manera limpia y rápida, igual resultó difícil evitar el salpicado de sangre sobre paredes, los pasillos y los grandes ventanales. El proceso es bastante rápido: al condenado primero lo llaman por los parlantes a una pieza cerrada y de pocas sillas donde se le comunican los cargos. Sin derecho a defensa se le da a entender que ya todo está decidido, que ya no tiene escapatoria, y de ahí, lo levantan de la silla y sale raudamente escoltado por dos guardias de seguridad, unos matones fortachones que ya han sido previamente alertados. Todo eso ocurrió en una fabrica que tenemos en Cleveland. El tipo era bueno, pero desgraciadamente se creyó indispensable y empezó a hacer “gallitos” con su jefe. Más encima propagó la noticia de que estaba buscando trabajo en la misma compañía, pero en otra división. El tipo cometió errores, no cabe duda, pero de igual modo la despedida resulta chocante. A los pocos días, y después de manguerear los pasillos y limpiar la sangre de los ventanales, ya nadie lo recuerda. La vida reanuda su ciclo, “la familia” recupera su orden….. el orden de las familias. 

         Y ahora tengo que terminar, porque nuestro querido gato hondureño, el Luca, se acuesta frente a mi laptop. Cuando se acomoda sobre su lado izquierdo me deja escribir sin problemas; pero cuando se acomoda sobre su lado derecho exige atención y me ataca….. así que por ahora no tengo alternativa, se acomodó sobre su lado derecho (!).

Marzo 20, 2016

12:53 PM

Querido Cristian:

Te mando un fuerte abrazo y esta versión que he escrito en la cama del hospital, mientras quimio y radioterapia van asesinando las células cancerígenas…

Veo al gato Luca, apoltronado junto al ordenador portátil -lado derecho- y advierto que de un momento a otro se dispone a sermonear a los empleados de la factoría. Es un ritual. Imita desde las alturas del atril invisible al candidato a las elecciones presidenciales Donald Trump. Hace advertencias, recomendaciones y detalla extractos de los resultados económicos de la corporación. Nadie sabe si está viviendo momentos de espanto o de carcajadas reprimidas. El lugar es inmenso. Parece un campo de batalla.

Solo hay una criatura con rasgos de haber pasado por los estudios Disney pero lo cierto es que pertenece al universo de Kafka, un mundo que sigue tan vivo afuera como adentro de su obra de ficción. Su ficción es realidad.

Y en este caso se trata de un empleado rebelde cuyas aspiraciones laborales fueron rechazadas. Y no se le permite defender sus argumentos. Los matones intervienen. Lo aíslan en una habitación cuyas paredes (también los pasillos de acceso) fueron manchados con pintura acrílica roja que cualquiera diría que es sangre. ¿Le habrán propinado una paliza? Quien sabe. Lo arrastraron hasta las puertas de la fábrica o, lo que es lo mismo, de la Penitenciaría donde se muestran aparatos y accesorios con el sello y garantía de sumisión que hizo famosa a la fabrica. Un leve empujón y a la calle. Este y no otro -recuerda, le dicen- es tu destino”.

Marzo 20, 2016

1:20 PM

¡Bueno tu texto, Ignacio! Descubriste el mecanismo secreto por el cual vive y se mueve nuestro gran gato Luca….que como dices tú, es muy amigo de Kafka, vienen del mismo lugar. El Luca sabe perfectamente de que se trata el texto que ve en la pantalla…y me lo hace saber recostándose de distintas maneras. Te podrás imaginar que ahora justamente se me ha echado encima, pero hacia su lado izquierdo, de manera que me deja escribirte tranquilo, sabe que es para ti, que estás en ese hospital de Valencia.

Lindo y misterioso tu texto. Tiene que terminar en un cuento, en esa ficción que es realidad…

Un fuerte abrazo

Cristian

Marzo 22, 2016

1:46 PM

Querido Cristian:

Adjunto la cubierta y solapa del libro de mis diarios.

Espero que te guste. Pedí sencillez al editor. Y ha cumplido.

¿Todo bien por ahí?

Los médicos están preparando “mi organismo” para dejarme ir a casa la semana próxima. Tengo ganas.

Bueno, es todo por hoy.

Un abrazo

Ignacio

Marzo 22, 2016

¡Quedó muy buena, Ignacio! Me ha gustado mucho esa foto tuya en blanco y negro; al mirarla uno no sabe si Carrión está usando una pluma o un bisturí. Y quedó bien todo lo que se dice de ti porque la realidad demostró y sigue demostrando que tus comentarios incisivos, directos, incluso pueden haber sido blandos cuando uno los compara con esa realidad y lo que ha ocurrido en España y el mundo…con “estadistas” y personajes de juguete. Y que manera de ser productivo para publicar en los años siguientes…como si alguien te hubiese aconsejado hacerlo en esos momentos, todavía bien sano y con tantas energías. ¡No entiendo cómo te las arreglaste para terminar este último volumen!

¡Un fuerte abrazo y gracias por compartirlo!

Cristian

Abril 1, 2016

8:22 AM

Querido, Ignacio

¿Lograste salir del hospital? Me imagino que lo más difícil es combatir la fatiga.

Un fuerte abrazo

Cristian

Abril 1, 2016

2:52 PM

Hola Cristian, soy Chus. No solo no ha salido del hospital, sino que lo han puesto en cuidados intensivos y no puede mirar su portátil ni su móvil. Me pide que te conteste yo. La cuestión es que ha pillado una infección en su pulmón derecho que es el que está bien. Neumonía, y los médicos han considerado que era mejor estar en la UCI de cara a este largo fin de semana (el lunes es fiesta aquí). Vengo de verle y está animado, aunque el lugar es muy lúgubre. Pero ya lo conoces, y en los malos momentos saca lo mejor de él mismo. Está monitorizado y con una enfermera todo el rato pendiente. Animado y dispuesto a luchar. La enfermera dice que es muy bien paciente. Mañana volveré a verle. ¡Solo puedo ir dos veces al día por media hora! Te mando un abrazo fuerte de su parte y todo mi cariño. Se lo bien que os entendéis los dos. Te informaré de su evolución.

Gracias por tu interés.

Chus

Abril 1, 2016

3:23 PM

Que complicado todo querida, Chus. Y perdona que te tutee, pero pareciera que te conozco de toda la vida. Gracias por las noticias, me parecía que algo no andaba bien. Si por ahí tienes tiempo dime cómo sigue Ignacio y dale un abrazo bien grande desde Michigan, con nuestros gatos y perro incluidos.

Un fuerte abrazo y mucha fuerza.

Cristian

Abril 3, 2016

12:14 PM

Cristian, esta mañana estaba un poco mejor. He hablado con el médico que me ha corroborado la mejoría. Quieren, el martes, hacerle un lavado pulmonar que no se muy bien en que consiste. Como para limpiarle los pulmones, sobretodo el de la neumonía introduciéndole una cánula, como cuando le hicieron la broncoscopía. Lo hacen con sedación, pero sin anestesia. Lo hacen los cirujanos. Sigue nervioso pero esta noche ha dormido mejor. Le he dado muchos abrazos de vuestra parte. Te iré informando.

Un beso

Chus

Abril 3, 2016

12:49 PM

¡Gracias por las noticias, querida Chus! Gracias por tomarte tu tiempo en estas difíciles circunstancias. Un abrazo bien grande a ustedes dos mientras recuerdo a Ignacio en la librería Barnes&Noble donde estoy ahora.

Cristian

Abril 6, 2016

1:48 AM

Cristian, Nacho sigue en intensivos con una mejoría discreta, pero animado. Mañana te daré nuevas noticias porque hoy le van a hacer un lavado alveolar y sacar nuevas muestras.

Un abrazo

Chus

Abril 6, 2016

5:44 AM

Muchas gracias, querida Chus. Qué difícil debe ser todo esto para ustedes. Gracias por las noticias.

Un fuerte abrazo y mucha fuerza

Cristian

Abril 9, 2016

4:40 AM

Cristian, parece que la neumonía está mejor, aunque aun continuamos en intensivos. Te manda un enorme abrazo para todos y yo también.

Chus

Abril 9, 2016

7:56 AM

Muchas gracias nuevamente, Chus. Gracias por las noticias.

¡Un fuerte abrazo a los dos!

Cristian

Abril 16, 2016

10:31 AM

Querido, ya hemos salido de la Unidad de Cuidados Intensivos. Ya parece que la neumonía está superada. Ahora tiene que reponerse un poco ya que está muy flojito, y luego seguir con la quimio. Os manda a todos un abrazo enorme y yo también.

Chus

Abril 16, 2016

11:03 AM

¡Un fuerte abrazo a los dos, Chus! Me imagino que ahora lo obligarán a moverse, lo que no debe ser para nada fácil.

Gracias por las noticias. Por aquí estamos aprovechando el sol de un sábado por la mañana junto a nuestro perro Copo.

Cristian

Abril 24, 2016

10:40 AM

Con un fuerte abrazo, Ignacio, Chus. Aquí van las noticias de este lado.

Cristian

Pinochet nos jodió a todos, mijito

Me llama mi hermano Gonzalo por teléfono para preguntarme si me he enterado de la noticia. Sí, le digo, murió Patricio Aylwin. Al día siguiente hablo con mi hermana, Mónica. Me dice que tratará de ir a alguna de las ceremonias. Me acuerdo del papá, le digo. Yo también, me dice.

…..y es como si nuestro propio padre continuara muriéndose poquito a poco, una etapa más, otro año más y otro amigo, un contemporáneo, que también desaparece. Veo homenajes y recuerdos por la radio y los periódicos, pero siento que Aylwin también será olvidado. Lo pienso, pero no lo digo. Al poco rato florecen los recuerdos, los momentos de otros años que la memoria todavía guarda de manera selectiva.  Ese día era un fin de semana veraniego y la ocasión no era especial. Simplemente la intención era similar a las otras; juntarse periódicamente los fines de semana para hablar sobre lo que sucedía en el Chile de ese entonces. Uno, al oírlos conversar, los imaginaba practicando la oratoria, argumentos que pronto usarían en los debates públicos porque este solo era un receso temporal, un paréntesis en la actividad política tradicional porque en cualquier momento todo volvería a ser igual que antes, y los volverían a llamar para ocupar un cargo público. Por supuesto que eso no sucedería así de fácil, pero ellos todavía se lo imaginaban, y no sabían que tendrían que pasar largos años para que algo así ocurriera. Muchos de ellos todavía anidaban esa esperanza; un regreso rápido a la vida política chilensis que antes habíamos conocido con tanta naturalidad.

         Creo que a mi padre le gustaban esas juntas de fin de semana en la playa, porque ellos, esos políticos amigos, hacían cosas tan distintas a las de él. Recuerdo un fin de semana particular donde, frente a la chimenea de nuestra casa en Algarrobo, Patricio Aylwin, Lucho Pareto y otros ‘políticos en receso’, recordaban a Salvador Allende, que también había tenido una casa en el balneario. Todavía estaba fresca la tragedia y resonaba el fuego, el humo, y el bombardeo a La Moneda, y a lo mejor, sin poder convencerse de que su antiguo colega, ese Salvador Allende que ellos habían conocido durante tantos años de chuchoqueo político había entrado ya en los libros de historia, conversaban sobre él y comentaban episodios de su vida junto a anécdotas sabrosas; como que no querían convencerse de que ya no estaba ahí con ellos. En un momento le tocó la palabra a Óscar Valenzuela Valderrama, que hasta hacia poco había sido Senador. Mientras me dormía entre esas sábanas impregnadas con la humedad de la costa, -ya era tarde-, contó que Allende había sido un político hábil y rápido. Recordó́ cómo en una ocasión, cuando se encontró́ con él en los pasillos del Senado (todavía no llegaba a ser presidente de la República) le recomendó́ un libro que recién había leído y que le había gustado mucho, indicándole un poco la trama y el desenlace del relato. Cuan seria la sorpresa de Valderrama, cuando esa misma tarde, a las pocas horas, Allende se largó con un florido discurso donde citó el libro, y trató al autor del relato como si hubiese sido su compadre o uno de sus autores entrañables (!).

         Como decía, en esos años uno los veía hablar y conversar sin imaginar jamás que uno de ellos llegaría a ser nuevamente una figura relevante en el futuro de Chile. “Voy a ver a Patricio”, me decía mi papá. O de repente era Patricio que llegaba a verlos con su señora. Sin entender mucho de la vida, uno los percibía como perdedores, con algo de linaje y un poco de historia, pero unos fracasados, sin futuro. Recuerdo claramente el día en que me encontré con Patricio Aylwin en la verdulería de Algarrobo, y recuerdo que hicimos cola juntos, antes de pagar. Por timidez no lo saludé y no le di mucha pelota, pero él me miraba intrigado. La verdad es que no sabía cómo saludarlo, “hola, tío” o “cómo está, don Patricio”. El tenía un billetito arrugado en su mano igual al mío.

         Pero dentro de todo ese ambiente de “políticos retirados” ocurrían hechos esporádicos que insinuaban un potencial cambio en el “status” de estos aparentes fracasados. Recuerdo, por ejemplo, cuando un amigo de mi padre, un gringo del Servicio Exterior de USA (amigo de Ken Gaunther, un antiguo paciente de mi padre) lo llamó por teléfono porque estaba de paso en Chile y quería conversar con “políticos”. “¿Conocía a alguien, con que le pudiera conversar, para informarse mejor de la realidad chilena?”  Y así fue como llegó Patricio Aylwin a la casa a conversar con el gringo. No recuerdo su nombre. Mi padre simplemente los dejó conversar por varias horas solos en el living….. de manera que desgraciadamente tampoco me pude enterar sobre lo conversado.

         Y así fue como Aylwin continuó siendo y portándose como siempre, incluso cuando ya era presidente. En uno de mis viajes a Chile, recuerdo que era noviembre del 92, fuimos por el día a Algarrobo. Siempre me ha gustado ver o caminar por esos lugares que un día tanto conocí para compararlo con lo actual. Ese día en Algarrobo estaba casi todo vacío, era un día de semana, y esas calles de arcilla, los eucaliptos, la Iglesia, los boliches del pueblo se parecían a lo de antes, a lo mejor por el efecto de la poca gente de ese día. Y ahí fue cuando manejando por esas calles pasamos a ver la casa de “Patricio”……. y como estaba abierta, entramos. Afuera había solo un auto de carabineros. Era el día de su cumpleaños y estaba celebrándolo con su señora, alejados del ajetreo de la Moneda. Me dejó filmarlo con una cámara de video, pero fui yo el que me puse nervioso y no supe qué decirle. Ni siquiera le deseé feliz cumpleaños…. pero al menos, esta vez lo saludé. Pocos días después mi padre me diría: “Con Patricio, mijito, Chile saldrá del subdesarrollo,” recuerdo que me lo volvió a repetir mientras caminábamos por la vereda vacía. Ya se había cruzado el chaquetón y yo lo seguía a su lado. Casi le creí cuando lo escuché, o tuve grandes deseos de creerle. Tiempo después supe que su amigo, Aylwin, lo pensaba nombrar ministro de salud, algo que no ocurriría porque fue vetado por el partido socialista y por la responsabilidad que le atribuyeron por el trato dado al doctor Asenjo, su antiguo mentor y jefe, al ser despedido con una patada en el trasero el 11 de Septiembre del 73. Años después, en el ocaso de su vida, y mientras Chile continuaba construyéndose trabajosamente un futuro promisorio, mi padre confesaría con tristeza:

         – ¡Pinochet nos jodió a todos, mijito!

         Recuerdo que cuando Aylwin ya había terminado su mandato, llamaba como un ciudadano cualquiera a mi padre, sin intermediarios de secretarias o ayudantes. Muchas veces le contestó un despistado que cuando escuchaba que un tal Patricio Aylwin llamaba por teléfono, simplemente le cortaba después de largarle una pachotada graciosa ….. y a veces insultante.

         He recordado esos años ahora que murió Aylwin. ¿Qué es lo que aprendí de todo eso que me tocó vivir? Entre muchas otras cosas prendí y comprobé en carne propia “las vueltas que nos da la vida”.  Lo importante que es saludar y darle la mano a alguien sin fijarse en los cargos, en su importancia o rango. Lo importante que es conversar y genuinamente interesarse en esos aparentes fracasados de turno, a los que aparentemente viven en los márgenes, a los poco exitosos que uno se topa en los trajines de la vida…….. como me ocurriría a mí en esa tarde veraniega de Algarrobo, en una verdulería vacía y desamparada. En cada uno de ellos hay un poco de Aylwin escondido.

Abril 24, 2016

11:19 AM

Querido Cristian, es la historia más conmovedora, siempre bajo tu control emocional que acabo de leerle a Ignacio y a ambos nos ha gustado muchísimo. Se ve el escenario, se ve a ti y -lo más importante- se ve uno mismo como lector. ¿Qué más se puede pedir? Tu texto hay que guardarlo, como vengo haciendo y lo hace Chus para volver a el en cualquier momento.

Gracias por enviarlo y un fuerte abrazo

Nacho

Abril 24, 2016

11:41 AM

¡Gracias, Ignacio, gracias, Chus! Que bueno que les gustara el texto….desde aquí me parece verlos en una cama de hospital. El texto contiene simplemente recuerdos de otras vidas que me ha tocado conocer.

Espero que poquito a poco vayas venciendo la fatiga, Ignacio.

Un fuerte abrazo desde Michigan y mucha fuerza

Cristian

Mayo 8, 2016

1:42 PM

Querido Cristian.

Gracias por tus cartas que me gusta tanto recibir. Aquí ha entrado una maldita bacteria y quienes tienen que entrar a mi habitación deben hacerlo con bata y guantes…

Se identifica como Klepesieia. Lee, pero ya la están bombardeando.

Y están a la venta mis Diarios 2010-2015 y no voy a poder enviártelos por correo.

Creo que Amazon será más rápido.

Hoy me fallan las fuerzas. Te escribiré pronto.

El editor es Renacimiento. Cuesta 20 euros. Supongo que portes aparte. Tú apareces mucho en el triste episodio de R que si llegan a sus manos, V tal vez se moleste.

Ya me dirás.

Un abrazo y otro de Chus.

Ignacio

Mayo 8, 2016

3:17 PM

¡Gracias, Ignacio! Que complicadas son todas estas cosas médicas, un verdadero puzle donde al final los médicos trabajan como en una oficina del FBI. Me imagino lo débil que debes llegar a sentirte ya por el solo hecho de estar postrado en una cama de hospital en Valencia. Creo que la publicación de tus diarios es un poco de aire fresco que te comunica con el mundo y que dejan que entren otras vidas a tu habitación. Compraremos el libro a través del tío Amazon; por favor no te molestes. Creo que tus diarios acrecentarán su valor a medida que pase el tiempo.

En las horas inmediatas a la publicación alguien se podrá molestar, asustar, pero con el tiempo y los años se irán dando cuenta que le achuntaste, y que de verdad te tomas muy seriamente tu trabajo…casi una obligación sagrada, un deber que no puedes enfrentar de otra manera. Con R, por ejemplo, fuiste desgraciadamente profético, supiste ver con mucha claridad el tsunami que se nos venía encima.

Te escribo con el Luca tendido frente al teclado; pero me deja hacerlo sin problemas, se ha recostado hacia el lado izquierdo.

Un fuerte abrazo y fuerza. Muchos saludos a Chus.

Cristian

Mayo 8, 2016

1:48 PM

Cristian, la bacteria se llama Klebsiella blee.

Un abrazo

Ignacio

Junio 5, 2016

9:30 AM

¡Con un fuerte abrazo, Ignacio! Aquí va la notita semanal. Espero que estés en tu departamento, disfrutando tus rincones, Chus y Blues.

Cristian

Dick y su amigo el Copo

Nuevamente otro domingo y otro día que como siempre pasará muy rápido. Afuera está todo verde y el verano y los calores comienzan a mostrar su cara. Por el momento todos duermen, incluso los gatos y nuestro famoso perro patagónico, el Copo. Del jardín se escucha el rumor de pájaros, felices en su trabajo de empezar un nuevo día. Sobre las estanterías de nuestra casa se ven fotos de otros años, de nuestras hijas, padres y otros seres queridos que ya no nos acompañan. La pintura de los muros se ve nueva, reciente, como si el tiempo no pasara. Recuerdo que cuando nos tomamos esas fotos, incluso llegamos a pensar que era una perdida de tiempo, para qué congelar esos recuerdos si después vendrían tantos otros y mejores. O para qué justo ahora, en ese preciso instante, si después, más adelante, podríamos planearlo mejor y sacarnos ese retrato ideal, con una ropa más presentable, o sin esa cara de cansados. Lo triste es que esos momentos ideales nunca llegaron. Creemos escoger, creemos ser dueños de esa libertad, pero la verdad es que son solamente apariencias alegres. El Copo se revuelca a mis pies feliz de imaginar su caminata que le llegará en pocos minutos como si todo estuviese predispuesto de manera inmutable. Ahí nos toparemos con Dick, que probando su primer café del día, espera al Copo -sentado en una silla adentro de su garaje que da a la calle- como si el Copo fuera su mejor amigo. Todo parece predispuesto, organizado, como si nos moviéramos en un orden que nos hace felices.

         Entonces abro el ordenador y leo y releo la nota, como si fuera la primera vez que la leyera, la de mi amigo español que continua su batalla contra las enfermedades en Valencia. Sin engañarse, en su blog nos cuenta de su vida de manera gráfica y descarnada, y lo acompaña con una foto que nos muestra a un toro muerto, que después de su última batalla, arrastran sobre una arena amarillenta: “no quiero ser ese toro ya muerto”, nos dice, “al que llevan sobre la arena para desaparecer del público.”

         Y releo esta nota breve pensando que está horriblemente escrita, pensando que mi amigo la leerá también en Valencia, y que por eso mismo, a lo mejor, sería conveniente esperar otro momento donde quizás todo saldrá mejor expresado y no tan breve; pero para qué engañarse, ese tiempo, ese regalo, puede no llegar….. y Dick a lo mejor hoy día no podrá esperar al Copo, se enfermó, y probablemente arriba nadie duerme, están todos desvelados esperando a que salga el sol para levantarse de la cama….

Junio 7, 2016

5:05 AM

Querido Cristian,

Te agradezco mucho que sigas escribiéndome y, sobre todo, en ese tono tan ajustado entre aquello que es profundamente sincero y al mismo tiempo un regalo literario. Eres un magnífico articulista y confío que esto, aunque solo sea entre nuestro pequeño grupo de amigos y conocidos, se te reconozca porque otra cosa me parecería un absurdo.

Mi enfermedad va ahora acompañada, espero que por muy poco tiempo, por una fisura anal tan dolorosa que el cirujano no quiere dejar pasar más días sin intervenir. Me dice que es sencilla y rápida la operación, con anestesia epidural y un postoperatorio muy soportable. Por lo que sea este dolor que no había sufrido nunca vino a complicar la terapia del cáncer, ya en su recta final. Pero bueno, esto pasará y vendrán mejores tiempos.

Te mando un fuerte abrazo y muchos recuerdos de Chus para ti y toda tu familia.

Hasta pronto,

Ignacio

Junio 7, 2016

8:47 PM

¡Gracias, Ignacio por tus palabras! Para mí son muy importantes…

Espero que pronto se te solucione ese último problema que te afecta. Realmente increíble todo lo que te ha ocurrido. Espero que todo te salga bien.

La próxima semana voy a Chile nuevamente. Será interesante ver y sentir ese reencuentro. Parto el martes. Trataré de mantener todas las antenas, ojos y olfato desplegados.

Un fuerte abrazo y saludos a Chus y Blues.

Cristian

Junio 12, 2016

7:13 AM

Querido Ignacio

Parto el martes hacia Chile. Aquí te mando la breve nota donde hablo del viaje.

Espero que poco a poco, al estar nuevamente en tu departamento junto al verano de Valencia te ayuden a sentirte mejor.

…de V no hemos sabido nada últimamente. Pronto le mandaré un mensaje texto para saber de ella.

Un fuerte abrazo

Cristian

         Todavía todo está por verse en las elecciones de este país. Trump continúa siendo Trump y parece no aceptar los consejos de su partido. Incluso algunos dicen que podría no ser el candidato definitivo, aunque no creo que eso ocurra. Me parece que Hillary Clinton será la favorecida, sobre todo porque Trump no cambia su tono y continúa con sus insultos…. de manera que no creo nos manden a construir ningún murallón frente a México. Por otro lado la prensa está ejerciendo un mayor escrutinio en las cosas que dice Trump.

         …… y cambiando de tema. El martes parto nuevamente en un viaje hacia Chile. Ahora es invierno en esos lugares y será rico poder visitar Santiago durante esa estación de fríos y con un poco de lluvia (…pero sin inundaciones. ¡Espero!). La mayoría de los viajes anteriores los hemos hecho en verano; pero ahora quiero ver una lluvia triste, y si fuera posible, divisar los picos blancos y nevados de la cordillera una vez que se ha despejado el mal tiempo….. al menos eso no debe haber cambiado mucho en Santiago. Quiero visitar una botillería oscura, de barrio, donde se note la pesadez de la tarde y se puedan escuchar las conversaciones de extraños, las confidencias de los parroquianos. Veré también a algunos amigos que me encontrarán más viejo, pero en todo lo otro mas o menos el mismo de siempre (¡espero!). En Santiago quiero ver si todavía me puedo aburrir; y para eso espero poder sentarme por unas horas en un café para imaginar como hubiese sido mi vida en esos lugares, en Santiago. ¿Me equivoqué al mudarme a los Estados Unidos? Es raro comprobar la ligereza con que a veces tomamos las decisiones, “echándole para adelante” y aparentemente sin mucho escrutinio. Es lo que uno hace cuando se es joven; porque ahora, con los años, todo lo someto a un escrutinio más riguroso y menos espontáneo. Con el transcurso del tiempo me he puesto más cauto; a lo mejor por la percepción de que ese reloj de arena se hace cada vez más liviano en la parte superior, donde un patinazo, una caída, ya puede ser decisiva….. En ese café tendré que sentarme en una mesa al lado de otras mesas vecinas, y junto a la gente que conversa animadamente, farsanteándose de la vida, riéndose y a veces quedándose calladitos, como si les hubiese pasado algo triste. Quiero visitar una librería ubicada en Pocuro al llegar a Tobalaba donde parece que venden solo libros de autores chilenos. Quiero también hacer cosas sin importancia, como poder moverme por esos lugares que un día me fueron tan familiares, pero caminando de manera anónima, como un extranjero, como si me hubiese muerto, pero sintiendo todavía las fragancias, incluso los malos olores y el frío, el agua de lluvia en los pies, los ruidos de la ciudad. Quiero ver a una pareja besándose en la calle; hace tiempo que no veo algo así. Y quiero poder hacerle cariño a un perro feliz corriendo por una vereda.

Junio 15, 2016

3:11 PM

¡En la foto te muestro una casa que sufre, Ignacio! ¿Quienes viven ahí?

Un fuerte abrazo

Cristian

Junio 17, 2016

5:56 AM

En mi caso soy casa y ocupante.

¿Todo bien en Chile?

¿Pudiste conseguir mi diario? Me interesa mucho que lo leas. Sobre todo, las páginas en las que apareces a raíz del suicidio de R. Puedo enviarte un ejemplar el lunes.

Ignacio

Junio 17, 2016

8:05 AM

¡Por aquí todo bien, Ignacio! Ha sido bueno el que yo viniera. He visto a mi madre y hermana y hermanos. He recorrido librerías, calles y cafés.

Por favor no te molestes en salir para mandarme tu diario. Ya lo pondrán en Amazon, como los otros libros tuyos, donde lo podré comprar sin problemas. Pero por el momento no lo han hecho. Creo que es bueno para el libro el que yo lo compre. No te molestes, y apenas lo lea te cuento. De seguro debe estar entretenido, y lo más impresionante ha sido lo profético que fuiste en lo referente a R.

Un fuerte abrazo

Cristian

Julio 3, 2016

6:51 AM

Querido Ignacio

Aquí te mando estos apuntes tomados un poco al lote que resumen un poco mi viaje a Chile. Como siempre, son simplemente noticias de este lado.

¡Espero que estés soportando los calores valencianos!

¡Un fuerte abrazo a ti y Chus!

Cristian

Siete a Cero

Fuimos de visita a Chile en compañía de la nona, mi suegra, que regresaba a Chile después de asistir a las graduaciones de nuestras dos hijas aquí en USA. En el vuelo de Detroit a Atlanta nos topamos con un a tormenta tremenda así que llegamos atrasados, pero en buen estado. De vecino en el avión nos tocó un estudiante que recién había terminado sus secundarias en Ohio, y llegaba a Atlanta para participar en un entrenamiento militar. El contrato que tenía con el ejercito consiste en que este le paga los cuatro años de universidad, pero él a cambio, una vez terminado sus estudios, puede ser llamado al servicio si lo necesitan en cualquier lugar del mundo. Me dio pena al imaginar su futuro, porque pese a su juventud, a sus cortos años, por breves momentos lo imaginé en el campo de batalla y muriendo por ideales discutibles, como le ha ocurrido a tantos otros en Irak. Por momentos lo sentí genuinamente muerto, pero sentado y todavía caminando al lado mío, y le dije que yo también tenia hijas de su misma edad. Él bajó la vista y me dijo que también tenía hermanos. Imaginé a sus padres en Ohio, y como en esas películas de horror y de personajes poseídos, por momentos lo vi completamente muerto, pero un muerto joven, que probaba una bebida y que todavía conversaba al lado mío. Le desee suerte cuando nos despedimos. Me dijo que aproximadamente el uno por ciento de los estudiantes se mete en ese programa con la army.

         Al poco rato ya estábamos en otro asunto, sentados en el restorán Jekill Island del aeropuerto de Atlanta con la nona. Durante la espera, de nuestro vuelo Delta hacia Santiago, nos topamos con chilenos viajeros, algunos bien fantoches hablaban de sus hazañas económicas, familiares, como si alguien los empujara a trabajar de vendedores ambulantes, en el marketing de sus propias vidas.

         Tocamos tierra en Santiago con dos horas de retraso. Y como siempre ahí nos esperaba mi hermana Mónica, que perpetuamente está dispuesta a tendernos una mano cuando llegamos de visita. Dejamos a la nona en el bus con destino a Talca para seguir pronto hacia la casa de mi hermana. Al llegar, reconozco los mismos objetos que parecen desafiar el paso del tiempo. Sobre una cómoda están esas monedas antiguas que nos recuerdan hechos heroicos o importantes de alguna institución chilena. En una esquina del living se apoya una puerta frágil y destartalada que antes había estado en la casa de mis padres. Se ven también cerámicas, una palmatoria, unas planchas a carbón y algunos libros añosos que ya nadie lee desde hace muchos años. Por la mañana, en la cocina de mi hermana, nos terminamos de despertar junto el noticiero de la tele, mi sobrino Ignacio (el “Igna”) que sale a su colegio y Ximena (la “Xime”) que parte hacia la universidad. Cuchuflí, el perro regalón de mi sobrina, nos sigue por la casa buscando compañía. En la tele nos enteramos que hay muy poca visibilidad en el aeropuerto de Pudahuel; por suerte habíamos llegado ayer. Nos enteramos también de las emergencias pre-ambientales por la mala calidad del aire donde no todos los autos pueden circular durante el día. Al poco rato y después de varios llamados telefónicos quedamos de juntarnos con nuestra madre en un McDonald cercano al mall Parque Arauco y al departamento donde vive ella. Con sus 89 años, que arrastra de manera solitaria y arrugada, vive y llega sola a tomarse el cafecito. Camina ayudándose con un bastón, pero con lentitud y esfuerzo, como empujando los años y esa edad que ya le pesa. Prueba algo, un pancito azucarado con un sorbo del café, pero como si fuera un pajarito, lo hace picando el plato y ofreciendo el resto a sus vecinos. Todavía vive sola; pero sería imposible obligarla a vivir de otra manera. Es triste comprobar la vejez de ella, sus pasos lentos, titubeantes, como tratando de no cometer errores porque una distracción puede costarle una caída, un tropiezo que puede resultar fatal.

         Al día siguiente fuimos a la librería Que Leo, ubicada en República de Cuba con Avenida El Bosque. Su dueño, Francisco Mouat, conocía a la Xime y mientras escarbábamos entre los libros, de pasadita le tiraba flores hablando de ella. Me encontré con un libro de José Donoso donde al final se pueden leer unos extractos de sus diarios. Es triste recordar toda esa tragedia, esa intimidad descarnada que nos mostró Donoso y que se hizo realidad.  Sobre todo, después de conocer esa tragedia que se desencadenó sobre su familia; como el suicidio de su hija, y que él mismo imaginó en un esbozo de relato en uno de sus diarios. Mouat nos hizo unos descuentos mientras recordaba a la Xime con un aprecio genuino. Pronto nos detuvimos en el café vecino, en la esquina misma, donde fue lindo escuchar las conversaciones que provenían de una mesa contigua. Un tipo ya maduro, que no usaba bastón –un dinosaurio como dice nuestro tío Lalo- le hablaba a sus amigos como si estuvieran en una sala de clases. Era como una charla que inspiraba y que le daba ánimos a esos amigotes que le escuchaban como si todavía cursaran las secundarias. Antes de partir, los saludamos y hablamos por unos minutos. Uno de ellos había sido compañero de curso, en el liceo, de Pato Varela, un biólogo chileno bien conocido y que falleció a temprana edad debido a un cáncer fulminante. Se notaban felices con la interrupción de un extraño como uno para saludarlos, contentos de alguien reconociera algún valor en lo que hablaban. Estaban todos retirados y se juntaban los jueves, nos dijeron. Los cuatro ya habían combatido cánceres y enfermedades y hablaban de la muerte como si fuera algo presente y real. Días después nos juntaríamos con mi tío Lalo y su grupo de “dinosaurios” que también saben llevar los años de retiro como algo que todavía se puede celebrar y no como una carga amarga y triste. Qué distinto a lo que uno percibe con mi madre. Con él nos juntaríamos en otro Jumbo, donde nos tomamos un cafecito tempranero, para continuar con un almuerzo en un restarán chino ubicado en una esquina. Lo disfrutamos; todos lo pasamos bien, los “dinosaurios” y los que van en camino a “dinosaurio”….

         En una de esas tardes santiaguinas, nos juntamos también con mi primo Nicolás (el “Nico”) a “tomar once”, pero donde probé una ensalada de camarones. La cafetería, “Peluquería Francesa”, está ubicada en el barrio Yungay, en el cruce de la calle Compañía con Libertad. Conversamos y en algún momento, Nico me pregunta si iba a poner algo de lo hablado en estas notas semanales que reciben los amigos y parientes. Por supuesto que no, le contesté….. pero ya lo ves querido Nico, esa promesa te la hice en Santiago, y ahora estoy en Michigan y donde parecen existir otras reglas, o donde a lo mejor me siento lejos, de manera que no he podido cumplir esa promesa. Pero la verdad es que no hubo mayores secretos. Hablamos de nuestros padres y familia, y concordamos que con el tiempo nos vamos quedando más solos, desperdigados, tomado cada uno de nosotros un camino único, solitario, independiente, y con menos amigos con los cuales se pueda compartir. Al final fuimos a visitar la calle donde vivieron diferentes abuelos. Una quedaba en Antonia López de Bello, y donde ahora funcionaba un bar llamado Mística, pero que recién abría sus puertas a las nueve de la noche.

         Otro día y paseando por la una feria semanal de Bilbao, le mando a Pilar, por mensaje texto, lo que le escuché a un vendedor de verduras:

¡Saque lo que quiera mi reina, usted aquí manda igual que en la casa!”.

…..pero la Pili se molestó por lo sexista del comentario.

         Hace ya bastantes años, al caminar por las calles de Cleveland, y cuando la Pili esperaba a Camila y después a Sofía, veíamos por todos lados a mujeres embarazadas; pero lentamente y poco a poco, todo eso se terminó, se nos evaporó la fase de los embarazos. Y ahora en Santiago me he dado cuenta que preferentemente me fijo selectivamente en otros, en los ancianos, en gente ya mayor que usa bastones y que se mueven con dificultad. Como ocurre con mi madre, donde percibo el cansancio, la lucha por vivir, por sobrevivir otro día más arrastrándose otro poquito. Picotea con desgano sus platos de comida, y ya no le brotan nuevos temas, más que nada hablamos de la comida que tenemos al frente, si está caliente o fría, si deseo probar lo que ella ya no puede consumir, o hablamos sobre el pan que está tan rico pero que ella apenas toca. Me pregunto si percibirá todavía algún aroma, algún sabor de ese plato de charquicán caliente que tiene al frente suyo. Nuevamente trato de fijarme en los vecinos, buscar y ver señoras embarazadas, pero ellas no se materializan; a menudo son nuevos bastones, sillas de rueda, cojos, los que nos sorprenden en el horizonte de los malles y las veredas. Recuerdo que en una oportunidad pasó un ciego cerca nuestro, al que interrogué con la vista porque me costaba creer que fuera realmente un ciego. Parecía casi imposible que alguien sin vista, sin ojos funcionales, pudiera moverse en medio de Avenida Providencia. ¿Se estaría haciendo el ciego?

         “Are you in the list?” Leo en un anuncio publicitario de Almacenes Paris, al lado del Zara, Rypley y donde por ahí florece también un Dunkin Donuts. Frente a la librería Antártica del Parque Arauco visitamos otra vez más libros mientras espero a mi hermana, Mónica. Parejas jóvenes, abuelos con sus nietos son algunos de los que entran y la visitan. Por lo visto pareciera que los libros todavía venden; el problema, a lo mejor, es que nadie se hace millonario en ese rubro.

         Almorzamos en un supermercado Jumbo –sí nuevamente la comida- que tenía un enorme restorán. Los platos son sabrosos, pero mi madre apenas prueba el charquicán que le sirven en un plato de greda roja. Al lado nuestro se sienta un señor calvo, casi sin dientes y sin ningún plato de comida al frente. Repentinamente parece resucitar y nos grita que Chile le ganará también por 7 goles al próximo contrincante en las finales de la Copa América, que se jugará en Nueva Jersey en pocos días más. Como si probara un “bife a lo pobre”, se le ilumina el rostro al recordar los 7 goles……. pese a que al frente suyo no tiene ni quiera un plato de sopa con fideos; simplemente permanece ahí sentado y mira hacia sus alrededores. Habíamos llegado a ese Jumbo porque el otro restorán que buscaba mi madre no estaba accesible debido a la anunciada marcha estudiantil de ese día. Nos retiramos del restorán al poco rato; después que nuestra madre tocara apenas su plato de comida.

         Starbucks me transmite la tranquilidad de lo conocido, del café que puedo consumir muy cerca de mi casa, en Northville. Es algo como si viviéramos en la misma aldea, Starbucks nos transmite el mismo sabor, el mismo aroma, independiente del país y las ciudades. Los palitos para revolver, las servilletas, los sobres de azúcar son también los mismos que uno encuentra en Northville. Lo mismo ocurre con los sofás y la decoración del local, que son muy parecidas a las que uno ve por aquí o en cualquier lugar del mundo.

         En pocos minutos más participaremos de la marcha estudiantil que saldrá de la Escuela de Derecho de la Chile hacia la estación Mapocho. Veremos que sucede. Por el momento tenemos pre-emergencia, pero de la otra, la ambiental. Por la calle ya veo a los familiares perros callejeros, las palomas y los vendedores ambulantes.

         Cuando creía que ya solo me quedaban las cenizas de algún sueño, la Xime me invitó a la marcha estudiantil donde comprobé porfiadamente que todavía es posible, todavía se puede: “sí, se puede”. Los carabineros sin motivo alguno, al final de la marcha nos atacaron desde el sur empujándonos hacia el costado del río Mapocho; usaron el zorrillo y el guanaco. Alguien nos alivia rociándonos el rostro con un spray que contiene bicarbonato. Pese a todos esos inconvenientes me encantó la marcha, imagino que cuando definitivamente no me gusten más estas caminatas, estas protestas, cuando formar parte de ese mar humano me sea indiferente, creo que ahí definitivamente tendré que reconocer que he cambiado, que soy otro, no peor o mejor, pero distinto, diferente.

         A los pocos días nuevamente nos encontramos con mi madre. La pasamos a buscar antes de lo prometido porque para ella el tiempo transcurre de otro modo, todo rápido y acelerado, algo que contrasta con la lentitud de los movimientos de ella. Al sentarnos noto que con mi madre ahora hay más silencios que antes y menos condenas estridentes, drásticas; se le nota esa fuerte lucha que mantiene por conservar su independencia, una batalla que sin embargo está condenada al fracaso. A las pocas horas recorremos Santiago para ir a probar “machas a la parmesana”.  En un póster pegado en un muro nos enteramos que Paul Anka visitará Chile próximamente para darnos un concierto.  Pero en su caso pareciera que el tiempo no se consumiera como nos ocurre a nosotros, más mortales. En ese póster Paul Anka se ve joven, pese a que ya podría estar momificado.

         Por las ventanas del auto se pasea toda una ciudad que le produce a mi madre toda suerte de recuerdos, de negocios que no prosperaron, departamentos que nunca se compró, o que nunca se atrevió a comprar pero que después, con los años, reventaron en una gran oportunidad que ella no supo aprovechar.

         -Aquí en la Avenida Andrés Bello -nos cuenta- pensé comprarme un departamento muy lindo, pero no me lo compré porque se podía inundar. Y aquí antes había casas muy bonitas. Antes todo esto era de tierra, en los tiempos cuando tú eras una guagua, Cristián. Pero dicen que no se han podido arrendar las oficinas. Ya toda la gente que he conocido está muerta. Aquí estaba la casa de esa costurera que lo trabajaba todo tan bien, la Laura Rivas. Al principio le fue muy mal, pero después, poco a poco, le fue yendo mejor; trabajaba mucho. Y aquí me acuerdo que vine una vez a almorzar con el cura Chago Marshall, aquí en las Parrilladas Argentinas, y él a cada rato me preguntaba que cuanto había costado su plato de comida, y todo porque quería invitar al hermano de Benito Baranda, uno que no es cura. Y yo que no entendía por qué me preguntaba tanto, fíjate. –guarda silencio y continúa- En Santiago, la gente que he conocido están todos muertos.

         – ¿Y cómo está tu amiga Carmen Machado?

         -La pobre Carmen Machado que se quedó sin trabajo porque Emilio Filippi no la contrató como directora de la revista, esa que salía antes de la revista Paula. Emilio quería una del Opus Dei en la dirección y no la contrató. A lo mejor la otra fue la amante de Emilio, quien sabe.

         – ¿Y nunca ha querido escribir sus memorias? Ella es la sobrina del poeta Antonio Machado -le asevero.

         -No, nada, para nada. Ella quiere vivir tranquila nomás. Fue todo eso tan increíble, lo que le ocurrió a la pobre, que nadie le creería.

         Y así es como he llegado a mi último día santiaguino. En el aeropuerto leo en una pantalla del pasillo:

         “Desde el desierto más árido del mundo, hasta los glaciares eternos de Chile, esperamos que haya disfrutado de su estadía en el país.”

         Y es cierto, lo pasé bien, aunque a veces abusé de la generosidad de los amigos y mi hermana, Mónica. Camino por los pasillos del aeropuerto donde me topo con el “Punto Musical”, al lado del bar “Patagonia café, The Last Pisco Sour”.

         -Y vio el partido -me pregunta la vendedora que se muestra bien amistosa.

         -Sí, claro -le contesto.

         -Y usted, ¿vive en los Estados Unidos, entonces?

         -Sí, y desde hace muchos años.

         – ¿Y hace cuanto tiempo se fue? Y ya tiene hijos allá, ¿cierto?

         Y persistentemente me larga nuevas preguntas sobre mi vida y mis hijas. Incluso me habla de uno de sus hijos como empujándome a que le contara más detalles. Me dice que el suyo ya tiene 21 años y que no tiene intención de casarse.

         -Es tan difícil aconsejar o decir algo acerca de eso -le digo-. Muchas veces no confío en mi propio juicio. Yo me equivoco -le repito- me equivoco.

         Me mira feliz, como reconociéndose un poquito en esa respuesta.

         -Aquí está mal la cosa -me dice-, pero en el fútbol nos va bien. Pan y circo es algo, al menos. ¿Y va a ver el partido, la final con Argentina este domingo? – Le digo que sí, y al mismo tiempo recuerdo al parroquiano sin comida que celebraba el 7 a 0 en el restarán del Jumbo……. pero ella al menos tiene dientes.

         Me pone un video en la pantalla de la tienda, y al notar el rostro desgastado de uno de los integrantes del Illapu, agrega:

         -Pasan los años, ¿cierto?

         -Pasan –le repito. Y le compro el DVD.

         -No se pierda el partido –me grita desde lejos.

         -De seguro que no –le digo- 7 a cero –le grito- 7 a cero.

         Entro a un baño donde me topo con un argentino angustiado que con cara de circunstancia se prepara un “mate” sobre el lavamanos.

         Y regreso…… y regreso también a esa pregunta que leí en un letrerito publicitario de Almacenes París:

         –Are you in the list? (¿Estás en la lista?)

         Creo que ya no estoy en lista alguna, ni en un listado chileno o gringo, en ninguno, de ningún país; me he quedado sin un territorio propio. Los pájaros chilenos, esos que vimos en la casa de mi hermano, Alberto, en El Totoral, me parecen tan lindos como los que puedo ver ahora desde mi ventana en Northville. Se me ha encogido el mundo, y el listado me parece cada vez mas irrelevante, sin importancia, de otra época.

Julio 4, 2016

8:36 AM

Querido Cristian,

Nuestros emails se cruzan el Atlántico… Te mando un artículo.

Un abrazo

Ignacio

Posdata (sábado 2 de Julio 2016)

Abelardo Muñoz

Escritor y periodista

Un escritor se abre en canal y su franqueza desarmada. Una arqueología del acontecer de sus días y noches. Una descontrucción del yo a partir de la puntual observación de lo impredecible, lo casual, lo insignificante, lo nimio. Despojarse del pasado, contándolo, y quedar de esa manera libre para siempre de los malos rollos. Y sin embargo, pese a los afanes del diarista, el pasado y el presente se funden y forman un círculo incesante y arrollador; es el crisol de una escritura mordaz, sarcástica, irónica, descreída y humorística.

Es el estilo inconfundible del escritor Ignacio Carrión (San Sebastián, 1938), que con esta cuarta entrega de sus diarios abarca una década de su existencia y la de su país. Porque el autor no se limita a contar sus cuitas diarias -pasear a su querido perro Blue o dar un beso apasionado a su inseparable esposa- sino que escribe toda una constelación de comentarios políticos, históricos, y al tiempo, despliega su sofisticada batería de gustos estéticos, artísticos y literarios.

Es la ventaja que da escribir un diario, se puede hablar de todo un poco. Así, el libro de Carrión es una suerte de vademécum de los eventos que han marcado no solo la vida del autor sino las nuestras, testigos atónitos de los últimos años del laberinto español.

En esta ocasión es la ciudad de Valencia, sus paisajes, calles, plazas y paisanajes, la protagonista principal de la antropofagia de Carrión, de su insaciable voracidad por escribir lo que ve y siente, sin filigranas prosísticas ni rodeos. Un libro que es la cumbre de su brillante estilo, y de su capacidad de observación y penetración literarias.

No escribe el autor de Cruzar el Danubio para la posteridad, sino para sí mismo, exactamente como uno de sus novelistas fetiche, Franz Kafka. Un periodista sin muchas servidumbres que avivar, despojado para siempre de la autocensura, así que se permite el lujo de no dejar títere sin cabeza.

Y se le puede aplicar lo que escribe el traductor Hernández Arias sobre el escritor checo: “En Kafka se cumple el mandamiento nietzschiano de ‘escribir con sangre’. Todo lo que obstruía o impedía su dedicación plena a la literatura fue considerado un estorbo. Kafka consideraba la literatura como su forma de existencia natural…”. Así Ignacio Carrión, grafómano ilustrado que nos lleva por las calles de Valencia, desde que aterrizó en ella de nuevo, tras su exilio profesional, hasta el año pasado, días antes de tener que internarse en lo que llamó “el hotel IVO”, para combatir un cáncer sorpresa.

Y ese final con suspense, la historia se interrumpe en diciembre de 2015 (el escritor, por fortuna, se encuentra tras ardua lucha, fuera de peligro y en su casa) no es más que la culminación de sus reflexiones sobre la enfermedad, la muerte y la vejez. Como un discurso magistral frente a sus contemporáneos, sin duda y una vez más, un ajuste de cuentas. Pero eso es una ilusión, Carrión se engaña a sí mismo de nuevo, con su pesimismo de veterano de vuelta de todo, a postas, pues sabe en el fondo que continuará escribiendo hasta el final. Ese oficio endiablado…

“Nada me presiona a escribir o no escribir. De manera que ahora puedo decir que escribo por gusto, porque quiero, para leer escribiendo lo que pienso. Esto es, un juego de palabras interminable, incompleto y totalmente inútil”.

Liberado de las ataduras del periodista, que siempre debe ser correcto, Carrión desvela en este último libro su talante beatnik, alternativo, antisistema; de viejo rebelde, a contracorriente de todas las corrientes.

Las apariencias engañan, siempre.

“Pero aquí estoy. Todo igual. Como un sueño. La pesadilla interminable”. El diarista es muchas personas a la vez. El hijo, el padre, el esposo, el abuelo, el hombre sin atributos, en el escenario familiar, el comentarista impúdico, el agudo analista de los acontecimientos que le rodean, el profiler de personajes que se encuentra en sus paseos por una ciudad recuperada; si ciudad de adopción donde montó una librería el siglo pasado que se llamaba Lope de Vega.

El índice onomástico, al final del volumen, descubre un auténtico desfile de personajes de la vida política el intelectual indígena. El autor, con trazo visual, los clava como a coleópteros en su galería de raros. En algunos casos con ternura y simpatía, en otros, con sarcasmo cruel.

De manera que el lector no tiene tiempo de aburrirse con ese incesante transcurso de fechas, años y días, pues Carrión demuestra cómo un diario puede contener la mejor literatura. Aquí hay anécdotas y relatos dentro de la historia. Como los círculos concéntricos de un zigurat.

El escritor analiza sus sueños imposibles y cada sueño en un cuento; y también hay cuentos reales, historias divertidas y espeluznantes, como la crónica de un suicidio al inicio del año 2014. Aquí no hay solo un diarista sino un narrador maestro.

“Uno jamás escribe la felicidad que lo acompaña. Yo he escrito casi siempre desde el fondo del resentimiento, de la memoria y de la desdicha. Incluso del rencor, en algún momento.” Y pese a todo, las notas de Carrión destilan humanidad y amor al mundo. Carrión, viejo zorro, posee un olfato especial para detectar la estupidez ajena, incluso la propia. Sus comentarios sobre personajes de la cultura y el periodismo local y nacional no tienen desperdicio.

“No se trata de escribir cualquier cosa sino escribir para no tener que escribir sobre la única cosa que debería ser importante y ser finalmente escrita”.

El autor se habla a sí mismo, pero de rondón siempre lúcidas y progresistas visiones del mundo; como un ser de la anticipación. En ocasiones, asombra por su capacidad de predicción. Por ejemplo, escribe en 2012, algo que se demostró con creces tiempo después y que incluso fue eslogan de la izquierda joven: “La política española no se entiende a menos que se vea bajo la luz de la delincuencia organizada. No tenemos políticos sino gánsteres. La criminología explica mejor la política española que la politología”.

Tras La Hierba Crece Despacio (2007) y Molestia Aparte I y II (2014), la editorial Renacimiento ha editado de manera primorosa este último tomo de Carrión. Incluye un álbum familiar y dibujos del autor. Y es una caja de sorpresas sobre la pomada indígena, pues el escritor, por no estar en absoluto en ella, posee una visión de lince para desenmascarar hipocresías. La historia concluye en diciembre de 2015, cuando Carrión aun estaba ingresado en el IVO y con un futuro incierto. El cáncer no ha podido con él, así que es de esperar que el incorregible Carrión continúe cogiendo la pluma para contar sin tapujos sus cosas, como diarista contumaz que es.

Julio 4, 2016

12:03 PM

¡Gracias, Ignacio! Lindo artículo. Y parece que la sección del libro donde hablas sobre el suicidio de R salió bien, honesta. El autor del artículo no pudo dejar de mencionarlo. Lo que yo encuentro más increíble fue tu ojo para diagnosticar ese triste drama.

Un fuerte abrazo

Cristian

Julio 4, 2016

1:35 PM

Cristian:

Acabo de ver en Amazon España los Diarios ya en venta…

Si no se puede conseguir desde USA, por favor dímelo y te envío un ejemplar directamente por correo a tu dirección. Me interesa que leas el episodio -son bastantes páginas- del suicidio de R.

Te mando el link

Abrazos

Ignacio

Julio 4, 2016

9:52 PM

¡Gracias, Ignacio! Problema solucionado. Ya lo encargué.

Un fuerte abrazo

Cristian

Julio 6, 2016

8:41 PM

¡Me dicen que el libro me llega a finales de mes, Ignacio! Ahí te cuento, que ganas de leerlo, me pican las manos, los ojos. Parece que se ha vendido porque quedan solo dos para comprar.

Te mando aquí el comentario de mi primo, Nicolás, sobre la ultima nota relacionada con mi visita a Chile. El es psiquiatra y se dedica al psicoanálisis. Encuentro sus comentarios bien interesantes, iluminadores. Un fuerte abrazo. El me dijo que lo mandara sin problemas.

Cristian

Tu nota no está nada de desordenada, primo. ¡Absolutamente hilada!

Paso a explicarme: 

Tu texto me parece que se acerca mucho a un cuento. 

Como muchos escritos tuyos, tiene coherencia interna, que es lo que yo creo que conmueve. Quiero decir que haces un relato en que las imágenes (emocionales) se relacionan entre si. 

¿Qué es esto? A mi me resonó, como línea argumental, la imagen de la “puerta frágil y destartalada que antes había estado en la casa de mis padres”. 

Esta imagen retrata “una” versión de “la casa” de tus padres: frágil y destartalada. Pero la “casa” de tus padres son también tus padres. Y como hablas de LA casa (en femenino) que por definición contiene dentro a sus habitantes, como la mujer a los hijos, la casa destartalada y frágil es también tu madre, lo que es coherente con la descripción que sigue de ella. 

Es decir: vienes a Chile y te encuentras con lo frágil y destartalado de tu madre, que es una imagen interna tuya también, es decir de ti mismo (narrado en la imagen de ya no estar en ninguna lista, por ejemplo).

Más ampliamente, aludes a lo frágil de la existencia, por ejemplo en ese estudiante-soldado que muere en el frente. Podrías estar hablando de la muerte de las ilusiones juveniles o más bien infantiles, de que los padres son invulnerables. 

Ahora, hay una observación ahí de que es el mismo ser humano el “atacante”, al generar las guerras entre pares. (Esto lo dejamos enunciado no más por ahora).

Todo esto en el contexto de tu viaje, del viaje de la nona, del viaje del estudiante. Aludes de algún modo a la migración. A tu propia migración, como queda manifiesto casi al final del texto (“Y usted, ¿vive en los Estados Unidos, entonces?”).

Por eso digo que se asemeja a un cuento: el conflicto planteado sería que con la migración (a su vez, cualquier viaje, el desarrollo en la vida), inevitablemente algo se deteriora, queda ad-portas de la muerte (los padres, la madre y uno mismo en cierta forma), pero que también algo se puede hacer con eso (ahí está tu búsqueda en Chile). 

A mi juicio el clímax está en la marcha de los estudiantes, en la que te encuentras con tu vitalidad (“todavía se puede”), gracias a “la Xime”, tu sobrina homónima de tu madre, que de algún modo es  -diríamos- la versión joven, vital, de tu mamá, en contraste con la moribunda.

Entonces te vas más tranquilo. El desenlace es que recuperas la confianza, ya no estás tan solo y lleno de estas figuras “destartaladas” sino buscando y encontrando una mujer (la Xime y la vendedora: una versión “reparada” de tu madre) con quien estableces un diálogo en el que, si bien se puede ver el paso del tiempo (el rostro desgastado del Illapu-papá-mamá-familia-tú mismo), también está la esperanza del triunfo, jugando un poco con la omnipotencia del 7 a 0, pero viendo la realidad de que es tan valioso lo que tienes como lo que tuviste o lo que tienen otros (los pájaros chilenos son tan lindos como los de Northville).

En suma: puedes dejar de sufrir innecesariamente por no estar en tu país idealizado de antaño, para estar en y disfrutar de tu realidad actual lejos de eso, pudiendo concurrir a visitarlo.

Un fuerte abrazo.

Nico

Julio 16, 2016

8:40 AM

Querido Ignacio

Me costó volverme a parar, probar un vaso de agua, mirar por la ventana hacia los pájaros después de leer tu última nota sobre el cáncer; pero el cáncer sin adornos, sin dejarlo de nombrar como lo que es, con todas sus interrogantes que te dejan tan cerca del vacío, de un vacío helado. No sé, Ignacio, tu texto me dejó helado, interrogándome sobre el vacío, sobre los libros, sobre la importancia que tiene la palabra escrita, la escritura…en fin…

Como siempre aquí te mando noticias de este lado…

Un fuerte abrazo

Cristian

Mi hermano, Gonzalo, comenta por teléfono la nota de la semana pasada. Dice que ese día, cuando entró campante la amante de Stan a su oficina –cuando entró como una diosa robusta, grande, que me dejaba sin aire, que se robaba todo el oxígeno de la oficina para dejarme transformado en una lagartija sin cola- y justo cuando yo la denunciaba como incompetente, él me cuenta lo siguiente:

         – ¡Te perdonaron la vida, huevón! –y se sacude la risa por la línea- ¡Y te la perdonaron, huevón, por despistado! Porque en el fondo les demostraste que no estabas en conocimiento de esa relación que había entre ellos, les mostraste que no participabas del ruido y la chamuchina que esa relación tiene que haber causado en algunos grupos y círculos de la empresa; y eso les gustó.

         Tiene sentido ese argumento, algo de eso tiene que haber ocurrido porque al día siguiente Stan encontró una oportunidad para visitar el laboratorio y soplarme al oído que no me preocupara, que no tenía que temer por mi trabajo. ¡Así de simple!

         A veces se pone interesante esto de las notitas semanales. Recuerdo que el 18 de marzo pasado escribí sobre la expulsión de un colega que ahora puede tener otra explicación:

En el trabajo, en nuestra empresa, estamos bien, pero nunca me he acostumbrado completamente. Nuestra compañía es bastante grande, y periódicamente se organizan meetings donde nos hablan desde algún lugar del mundo a través del computador. Ahí nos sermonean sobre cómo andan las finanzas, la economía en general, y al final un “hermano mayor” nos tratan como si fuéramos una gran familia y nos manda un fuerte abrazo fraternal. Claro que pronto ocurren algunos desaguisados que se contradicen con esa imagen de familia y amistad, como sucedió hace pocas semanas cuando despidieron a un tipo de manera quirúrgica. Pese a que lo hicieron de manera limpia y rápida, igual resultó difícil evitar el salpicado de sangre sobre paredes, los pasillos y los grandes ventanales. El proceso es bastante rápido: al condenado primero lo llaman por los parlantes a una pieza cerrada y de pocas sillas donde se le comunican los cargos. Sin derecho a defensa se le da a entender que ya todo está decidido, que ya no tiene escapatoria, y de ahí, lo levantan de la silla y sale raudamente escoltado por dos guardias de seguridad, unos matones fortachones que ya han sido previamente alertados. Todo eso ocurrió en una fabrica que tenemos en Cleveland. El tipo era bueno, pero desgraciadamente se creyó indispensable y empezó a hacer “gallitos” con su jefe. Más encima propagó la noticia de que estaba buscando trabajo en la misma compañía, pero en otra división. El tipo cometió errores, no cabe duda, pero de igual modo la despedida resulta chocante. A los pocos días, y después de manguerear los pasillos y limpiar la sangre de los ventanales, ya nadie lo recuerda. La vida reanuda su ciclo, “la familia” recupera su orden….. el orden de las familias. 

         Y ahora tengo que terminar, porque nuestro querido gato hondureño, el Luca, se acuesta frente a mi laptop. Cuando se acomoda sobre su lado izquierdo me deja escribir sin problemas; pero cuando se acomoda sobre su lado derecho exige atención y me ataca….. así que por ahora no tengo alternativa, se acomodó sobre su lado derecho (!).

Continúo. Luca cambió de orientación:

         A la luz de los nuevos desarrollos la explicación sobre por qué eliminaron quirúrgicamente a mi amigo ahora es diferente. Lo echaron porque no solo estaba buscando trabajo en otros rincones, pero sobre todo porque había empezado a trabajar, como consultor, para este amigo que formó su propia compañía. Por LinkedIn se sabe mucho. En ese entonces nadie sospechaba de este sorpresivo vuelco en los acontecimientos que podía explicar tamaña “injusticia”: la expulsión sin miramientos.  Sucedió también que pocas semanas después de esa eliminación, otro amigo, que está en una posición bastante alta en nuestra división, me llamó por teléfono para conversar. Estaba cerca de Detroit y no le costaba para nada pasar a verme, ¿tenía algún inconveniente? Por supuesto que no, le dije, pasa y conversamos, y por ahí comemos algo. Y la verdad es que era una oportunidad importante para hacerle algunas consultas sobre el caso. Y así fue como en el living de nuestra casa, y mientras probábamos un salmón con ensalada, le pregunté qué había ocurrido, ¿qué sucedió con Steve? Lo que pasó, me dijo, “es que tomó demasiadas responsabilidades, más de las que podía cumplir y comenzó a cometer errores, sobre todo con algunos clientes importantes”. La explicación parecía extraña, rara, injusta; pero no insistimos con más interrogantes. Fue mejor seguir con el póker y hasta ahí llegó todo. Sin embargo, ahora se aclara un poco más el panorama. Este amigo probablemente venía en una misión especial para ver hasta qué punto estaba uno también involucrado. ¿Me habían pololeado para actuar como consultor? ¿Cuanto sabía yo de ese asunto? ¿Me comunicaba con Steve?, ¿sabía algo de él? Y si sabía algo, ¿sería posible que yo los estuviera informando sobre potenciales medidas, acciones legales, que mi compañía estaba tomando en contra de ellos? Eso explicaría el silencio con que se ha tratado el caso en mi compañía, donde nada se nos ha mencionado sobre el tema. 

Conversando con mi hermano, Gonzalo, se aclara otro poco el panorama:

         – ¡De nuevo te salvaste, huevón! –me dice por teléfono- fue bueno que no supieras nada inicialmente. Cualquier conocimiento que hubieses demostrado sobre los verdaderos motivos de esa expulsión te compromete. De ahí para adelante se te habría puesto complicada la pista al tener que demostrar consistentemente que nunca, realmente nunca, te contactaron para que te subieras al bus de la traición. Y la verdad es que difícil simular, simular continuamente de que no sabías nada.

         A lo mejor mi hermano tiene razón. Si antes me salvé al quedar como un despistado frente a Stan, a lo mejor ahora algo parecido me salvó.

Julio 17, 2016

1:04 PM

Querido Cristian, lamento que ese pedazo de escritura te produjera malestar, pero pasee gran parte de mi vida escribiendo para huir de la vida y ocurre que, ahora, soy yo mismo el que huye de mi propia escritura. Y no tengo realmente nada, salvo una enfermedad.

Ignacio

Julio 17, 2016

1:53 PM

¡Para nada, Ignacio! No me molestó tu texto, lo que sucede es que lo encontré muy valiente, nombrando las cosas como son. Recuerdo que cuando mi madre tuvo cáncer, lo nombraba como CA, como esquivándolo, nombrándolo de otra manera. ¡Si uno le cambia el nombre no existe! Tu texto está muy bien logrado; trasmites emociones que por supuesto no pueden ser felices, y le llegan al lector con fuerza.

Un fuerte abrazo y continúa. ¡A tu texto no le sobra una sola palabra!

Un fuerte abrazo

Cristian

Julio 17, 2016

8:14 PM

¿Y cómo estás, Ignacio? ¿Qué te dice el médico? ¿Cómo te sientes? ¿Estás muy fatigado?

Un abrazo

Cristian

Julio 23, 2016

8:12 AM

Querido Ignacio

¡Ayer me llegó tu libro, tus diarios 2011-2015! Y gracias al índice onomástico, que fue lo primero que consulté, pude recorrer los pasajes donde tratas el caso de R, V y todos nosotros. Encuentro que lo muestras tal como ocurrió. Encuentro que esa tragedia está cuidadosamente bien representada, la muestras como lo que fue, un drama triste que se anunciaba poco a poco y que tu interpretaste tan claramente adelantándote a los hechos, a los acontecimientos. A veces da la impresión de estar asistiendo a una obra de teatro donde alguien hizo trampa y te sopló el desenlace. Siento que fuimos todos unos actores donde a veces nos regalaron unos pequeños intermedios donde nos dejaron reflexionar, hacer un alto en el camino para mirarnos la cara, oler el café caliente que teníamos en la mano, acariciar a nuestro perro, nuestro cariñoso gato, para luego continuar con esa marcha de la vida….y que también, al final, y pese a que no nos guste hablar de eso, nos conduce también hacia la muerte. Así fue como le tocó a R en esa obra donde imaginaste el desenlace y el final.

Tu libro es un libro que con los años crecerá en importancia. Personalmente me veo abriéndolo al azar en unos años más, frente a una playa, en un viaje, para desaparecer por unos minutos y conectarme con otra burbuja, con ese otro mundo que fue el tuyo. Alguien me preguntará curioso sobre lo que leo, ¿qué lees con tanta atención, Cristian? Ahí saldré de mi burbuja, miraré hacia ese preguntón y le diré: estaba en la casa de un amigo, el tiempo y las distancias ya no importan. Me dejará entonces tranquilo, pensará que soy un tipo medio raro, pero pese al bullicio de la playa, de las risas que se sienten en la tertulia del café, me podré introducir nuevamente en tu burbuja, en esa pompa de jabón. Veo también a tus hijos, Ignacio, ya más preparados para la vida, maduros por los años, leyéndolo también en un café de Barcelona para compartir contigo por un tiempo breve, efímero, pero algo al menos; otra pompa de jabón.

Adelantándome también a los acontecimientos, se que en un día no muy lejano visitaré varias veces la universidad donde guardan tus diarios para introducirme en mi propia burbuja. Ahí tocaré con mis manos el papel, tu letra, y estoy seguro que al hacer eso, al mover mis manos sobre la superficie del papel, al tocarlo, al hundir mis narices para olfatear los pliegues del cuaderno, veré brotar de todos los rincones de ese cuarto tus burbujas, tus pompas de jabón….

Un fuerte abrazo

Cristian

Julio 23, 2016

1:40 PM

Muchas gracias, Cristián, por tus comentarios del Diario 2011-2015 que acabas de recibir.

Estoy pasando unos días malos. La quimio es la causante de bastantes molestias de todo tipo. Dicen que su efecto es acumulativo. Y he perdido no solo el cabello sino la vista, el apetito y los sabores.

Paciencia. El pasado jueves fue especialmente duro -9 horas interminables en el IVO- quimio y dos transfusiones de sangre para combatir la anemia…

¡Quién iba a decirme que este sería el epílogo -por dilatado que sea- de una vida tan activa como ha sido la mía! La ayuda y compañía de Chus es fundamental. Mi ánimo sufre altibajos, sobre todo bajos, y me veo privado de la lectura por culpa de la pérdida de visión y mi escritura del Diario, que tú sabes lo importante que es para mí, también queda muy limitada, aunque procuro no abandonarlo: si dejo de escribir aquello que vivo y siento, cesa mi vida y se apagan mis sentimientos.

De manera que la perspectiva de la publicación en septiembre-octubre de Ingleses, un libro inédito que escribí en 1984 me ilusiona como si fuera un principiante…

Vendrán mejores tiempos, pero no tendrán nada que ver con los buenos tiempos pasados que tanto añoro. Y debo aceptarlo cada día..

De buena mañana me digo, “un día más” pero sin expectativas de nada. La nada se confunde con la enfermedad y la enfermedad no abandona ni un minuto mi conciencia.

Pues es todo, querido amigo. Chus me manda saludos para ti, y para tu mujer. Os conoce por lo mucho que le he hablado de vosotros. Lástima este distanciamiento de V. ¿Hice algo mal con ella? ¿Crees que en esta situación actual pueda hacer algo por recuperar su afecto? La vida la golpeó duro. Lo sabemos todos. Y me gustaría que le hicieras saber nuestro cariño. Supongo que por ti estará al tanto de mi enfermedad. Y de que un cáncer con metástasis y no operable no es fácil de sobrellevar y el afecto de los buenos amigos (pocos, pero de verdad) es una protección en momentos de desánimo, que son tan frecuentes.

Cuídate, y ahí va mi abrazo y agradecimiento por tus comentarios sobre el Diario.

Ignacio

Agosto 13, 2016

8:39 AM

Hola Ignacio

Aquí te mando un texto sobre las elecciones en este país…o como se ve todo lo que ocurre desde nuestra casita en Northville.

Un fuerte abrazo

Cristian

Las elecciones en Estados Unidos

Las primarias

         La batalla por la Casa Blanca ya está absolutamente definida. Después de las primarias han quedado principalmente dos candidatos, Donald Trump y Hillary Clinton que presentan estilos diferentes, junto a sus personalidades y tendencias. El primero sorprendió a muchos este año al detectar tempranamente y al saber capitalizar el descontento generalizado que existe principalmente entre los hombres de raza blanca, sin educación universitaria, que no han logrado salir a flote después del desastre económico del año 2008. En esos años, los Bancos y Wall Street salieron rápidamente a flote al recibir una pronta ayuda fiscal, mientras en la periferia, millones de familias endeudadas, luchaban en el desamparo y continuaban pagando por sus casas que perdían rápidamente su valor. La realidad mostró que la ayuda destinada a ellos fue mínima. Es cierto que el gobierno puso en práctica algunos programas de ayuda financiera, pero más que nada para mostrar que algo se hacía. Se implementaron unos programas gubernamentales donde los Bancos, teóricamente, estaban obligados a ayudar a estas familias a refinanciar su deuda (basado en el nuevo valor que estaba adquiriendo la propiedad), pero había que vencer obstáculos burocráticos tremendos para que las gestiones resultaran exitosas. En ese sentido, Obama, al principio de su mandato, descuidó a esa clase media que había sido tremendamente afectada por el descalabro económico. A lo mejor siempre tuvo como misión ayudar a esa población de endeudados, y simplemente se concentró primero en la ayuda hacia sistema financiero imaginando que después tendría tiempo para ayudar a los demás; pero esa estrategia no se implementó. No tuvo éxito porque a los dos años de su mandato, Obama, perdió la mayoría en la Cámara de Representantes y también en el Senado donde, desde ese momento, cada iniciativa suya fue detenida sin miramientos por una oposición intransigente y feroz…. en el fondo todo lo que viniera de un presidente “Blackenstein” (Black o negro + Frankenstein) había que pararlo en seco y dejarlo sin alternativas. Esa oposición exagerada a sus políticas presentadas al Senado y sobre todo a la Cámara de Representantes, tuvo y todavía tienen, una fuerte componente racista, donde incluso antes de que esas iniciativas fueran discutidas, estas fueron (y todavía lo son, como se ha demostrado con la negativa a considerar al nuevo candidato al Tribunal Supremo propuesto por Obama recientemente) desestimadas de antemano porque el objetivo era (y es) en transformar a Obama en un presidente fracasado, un perdedor.

         Algunos economistas mencionan también otra posibilidad que explicaría esa inacción frente a una clase media endeudada y en apuros. Mencionan que Obama, inicialmente, demoró su ayuda no porque hubiese estado completamente en el bolsillo de Wall Street, pero porque sufrió de un “prejuicio cognitivo” (cognitive bias), donde debido a la ayuda financiera que recibió de Wall Street durante su campaña presidencial simplemente les dio atención preferencial a ellos.

Las políticas de obstrucción y sus consecuencias

         Lo paradojal es que los republicanos también han sido perjudicados al implementar esa política de obstrucción total hacia las políticas de Obama. Al actuar de esa manera han terminado perjudicando también a su propia base, a esos hombres y mujeres de raza blanca, sin educación universitaria, que se han visto abandonados y sin poder avanzar desde la gran recesión del año 2008. Justamente de ahí ha nacido Trump y sus seguidores; él fue uno de los primeros en percibir ese descontento en la población, tomándole la delantera a políticos sazonados, de mucha experiencia, y adueñándose de la agenda política de su partido. Y así es como en la actualidad, los líderes tradicionales del partido republicano, la élite, ha quedado patéticamente a la orilla del camino. Jeb Bush, por ejemplo, pese a que empujó a su madre en silla de ruedas para que lo ayudara en su campaña, fue rápidamente despachado y sin miramientos por un Donald Trump que sembró el desconcierto y generó un terremoto político.

La elección presidencial

         Increíblemente Trump no ha sabido y no ha entendido que las primarias de su partido ya se terminaron y que él triunfó. No ha sabido adaptarse a una elección que ahora adquiere otro carácter, que es distinta, y donde tiene que conseguir el apoyo de los independientes e indecisos. Ya terminó el proceso de las primarias, donde cada elector registrado en sus respectivos partidos escogía a su representante. Trump ganó las primarias de manera arrolladora y sorpresiva, dirigiéndose, y a lo mejor descubriendo, a esos hombres y mujeres mayoritariamente blancos que sienten que han perdido el rumbo, que han sido perjudicados frente a la globalización y al inmigrante de otro color y otra cultura. Antes, en las primarias de su partido, simplemente tenía que dirigirse a ese público republicano ubicado en el extremo político, casi fundamentalista, para que lo apoyaran. Esos seguidores suyos le han sido inmensamente leales, tanto que Trump llegó a exclamar –y con bastante razón- que él incluso podía disparar y matar a alguien en plena calle de Nueva York y sus partidarios seguirían apoyándolo. Lo triste es que desgraciadamente está en lo cierto. Pero ahora la elección es diferente, la elección finalmente es presidencial, donde gentes de todas las tendencias, incluyendo a los independientes, tienen que escogerlo…… y principalmente ahora, Trump tiene que hablarles a ellos, a estos últimos, que pertenecen a un grupo menos fundamentalista y que de ninguna manera lo elegirían si le dispara a alguien en una avenida de Nueva York. El problema que se le presenta es que ya no existen suficientes hombres blancos, insatisfechos, que solos, con el apoyo de ellos solamente, se pueda triunfar en una elección presidencial de esta naturaleza. Por eso –y esto no es nuevo o un descubrimiento reciente- los candidatos -republicano y demócrata- no solo se esfuerzan por asegurarse su base de apoyo tradicional pero también se esmeran por atraer a los indecisos y los independientes.

         En el año 2012, al perder las elecciones presidenciales y después de una fuerte autocrítica, el partido republicano concluyó que en el futuro tenía que transformarse en un partido más inclusivo, más diverso, si aspiraban tener éxitos electorales en los años venideros. Proponían que era fundamental atraer sobre todo a los hispanos, y a los negros, los asiáticos, y a los hombres y mujeres de todos los colores. Pero como Trump no necesitó de ellos para triunfar en las primarias, parece que ese concepto no lo consideró o simplemente no le importa. Él ve un estadio repleto en sus eventos y cree que eso es suficiente, y desgraciadamente -para él-, se sigue comportando como si todavía estuviera compitiendo en la primarias. Y últimamente también se las ha arreglado para alienar a muchos políticos importantes de su propio partido, como John McCain, Paul Ryan y el candidato presidencial republicano del año 2012, Mitt Romney. Los ha insultado tratándolos de perdedores, como si todavía estuvieran participando en su show mediático de la TV que tanto éxito tuvo hace algunos años (The Aprentice). Trump no ha sabido, y ahora creo que simplemente no puede, -no sabe cómo hacerlo-, conquistar a gentes de tendencia más moderadas. Él simplemente goza desparramando insultos en sus eventos, y frente a unos seguidores delirantes que lo aplauden a rabiar como ocurriría en un reality show cualquiera. Felizmente todavía no le ha disparado a nadie en Nueva York, pero ha hecho algo parecido al enredarse a bofetadas contra los padres musulmanes, Khizr y Ghazala Khan, padres de un hijo muerto en la guerra de Irak. Al atacarlos cruzó una línea que pocos le perdonan, exceptuando por supuesto a sus empedernidos seguidores que le perdonan eso y mucho más.  Ya anteriormente había insultado a los hispanos, a las mujeres, y al Papa. Es difícil entender cómo Trump piensa ganar el estado de Florida, por ejemplo, un estado crítico en cualquier elección presidencial, despreciando a los hispanos, un grupo que abarca a más del 10% de la población. Cuesta entender cómo Trump no registra esa realidad que le puede resultar fatal. 

         En medio de este remolino, Hillary Clinton prácticamente no ha tenido que hacer nada extraordinario para encaminarse, una vez finalizada la convención demócrata, como la candidata favorita a ganar la presidencia; simplemente le instala palitos a Donald Trump –para que este los pise y se tropiece (como ocurrió con la familia Khan)- y luego le ofrece suficiente soga para que este también se ahorque, solo y delirante, frente a toda la nación y al mundo. Ante esa serie de vergonzosos espectáculos, cincuenta prominentes republicanos, muchos de ellos ligados a la seguridad y defensa nacional y que trabajaron en administraciones republicanas anteriores, han expresado en una carta pública (8 de agosto) que Trump es un peligro para los Estados Unidos, y que carece del temperamento adecuado para ser presidente. Frente a estos bochornos, se ha hecho evidente que ya son muchos los republicanos que están entrando en un estado de pánico y zozobra porque perciben que la derrota electoral puede ser aplastante; tanto, que incluso pueden llegar a perder la precaria mayoría que ahora tienen en el Senado. Hay que recordar que en noviembre, además de la elección presidencial, se renueva también un tercio del Senado y la Cámara de Representantes, y se anticipa que muchos republicanos tradicionales, desencantados con Trump, aburridos de su conducta y su temperamento, pueden abstenerse y simplemente no votar, dándole así una gran ventaja a los demócratas.

         En pocas semanas se decidirá esta contienda electoral. Mientras tanto son muchos los líderes mundiales que la presencian desde lejos y con preocupación al imaginar a un Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. ¿Podría ocurrir un fenómeno parecido en Chile, un “momento Trump”, donde políticos tradicionales queden a la deriva frente a un líder populista y comunicador?

Agosto 21, 2016

10:02 PM

Me encantó, Ignacio, tu última nota sobre el operario de tu librería. Muy buena, con una mirada de amigo. Aquí te mando dos notitas semanales.

Un fuerte abrazo

Cristian

Los fines de semana es cuando tratamos de recuperar terreno para terminar todo lo que no alcanzamos a hacer, leer y de comer durante la semana de trabajo. Es ahí cuando muchas veces terminamos donde el peluquero que cuando resulta bueno, es como encontrase con un buen amigo al que tú escuchas mientras él te escucha a ti también. Encontramos una en Plymouth, una ciudad chica que esta como a diez kilómetros al sur de donde vivimos. La peluquería parecía una picada de camioneros, estaba mal ubicada y alejada de todo el ruido glamoroso de los malles o los pequeños downtowns con sus tiendas y boutiques. La peluquería no la habían renovado desde hacía 40 años y al entrar, los cuadros, la radio destartalada, los sillones manoseados y antiguos, indicaban que uno se asomaba hacia otra época. El peluquero cojeaba y se veía añoso, en mal estado, y cuando hablaba lo hacía con un fuerte acento polaco. Un cliente asiático se levantaba feliz del asiento y le agradecía al peluquero diciéndole que el corte estaba mejor que en San Francisco, donde él vivía. Estaba de paso en Michigan por un matrimonio al que lo habían invitado. Cuando ya se retiraba el asiático, le expliqué al peluquero que me gustaba el pelo corto, bien corto, pero en la parte de arriba plana, y le dije que por lo general tenía problemas porque no encontraba a nadie que me cortara el pelo así. Se le iluminaron los ojos y me añadió: “a la antigua, ¿cierto?” Y como en ocasiones parecidas, donde da susto desilusionar, sin entender mucho le dije que sí, “a la antigua”, pero bien cortito, le agregué. Conversando me explicó que tenía vendas en una pierna porque se había tropezado en una escalera de su casa. Por qué no se sienta, descanse un poco y después me corta el pelo, le dije. Mire, me contestó, lo que pasa es que en esos años, los 70, todos empezaron a usar el pelo largo, eran otros tiempos, de música y protestas, y la verdad es que en las academias se dejó de enseñar ese corte de pelo. Por eso ahora casi nadie lo sabe hacer; los puros viejos como uno todavía lo hacemos.

         A la media hora, salí feliz de la peluquería y envuelto en aires de otros años. Creí que me iba a encontrar también con autos viejos, de otro tiempo, un Chevrolet aletudo del 60, por ejemplo, pero casi me atropella un BMW último modelo manejado por un lolo de 60, y que iba acompañado por una mujer despampanante de la edad de mi hija. Me sentí viviendo en un chiste de Condorito.

——

Ya se nos vienen las elecciones y la TV y los comentaristas están que arden.  El verano todavía está encima nuestro y la gente se muestra amigable y los vecinos son más visibles. El vienes fuimos a un cumpleaños de un vecino donde cooperamos con un pisco sour. Por aquí cerca compramos un pisco Capel por solo catorce dólares. El único problema es que los gringos creen que es limonada y se sirven unos feroces vasos que después se tragan como refresco; al final algunos terminaron como malabaristas de circo.  En el futuro tendremos que planificarlo mejor, llevar vasitos chicos y ofrecer personalmente los pisquitos.

         La semana pasada fuimos a la casa de un profe de la Universidad de Michigan, Steve Forest, que es bien conocido y famoso por una variedad de celdas solares que ha inventado. Era la despedida de un estudiante que había trabajado para él. Ahí les cooperamos también con el pisquito sour que Forest conocía porque el año pasado había visitado Machu Pichu con su familia. Me gustan esas rejuntas en las casas de los profesores. En mi trabajo casi no me topo con estudiantes, mientras que en estas fiestas uno se encuentra con hombres y mujeres jóvenes repletos de futuro, planes y proyectos. Las dudas y los obstáculos se ven difíciles y se conversan, pero a los estudiantes no se les nota el miedo, las trabas son simplemente barreras que hay que vencer. Me encantan.

         La despida era por un post doctor que se iba contratado como faculty a la Universidad de Virginia. Le pregunté si le había costado mucho encontrar trabajo. Me dijo que nada, que incluso lo habían llamado para ofrecerle la posición.  La verdad es que esas son las ventajas de trabajar para un tipo reconocido en su especialidad, como Forest.  Los estudiantes en su grupo trabajan duro, publican, avanzan (algunos dicen que son explotados), pero al final distintas universidades y la misma industria se los pelean. El post doctor que estábamos despidiendo, por ejemplo, había llegado como estudiante de Corea del Sur hace ya varios años. Una vez que terminó su doctorado se quedó como post doctor trabajando por tres años más. En la casa estaba todo el grupo de Forest, un total de veinte personas. Muchos de ellos eran estudiantes de China y otros pocos de Corea del Sur; sabían mucho de fútbol y ahí me enteré que siguen con regularidad los partidos. Por ahí se veía uno que otro gringo perdido entre las mesas, los burgers y la cerveza. Encuentro que esos son los “bonos”, los “regalos” que recibe este país al aceptar tipos de calidad, trabajadores, ya prácticamente educados y en los cuales prácticamente este país no ha invertido nada de dinero. Algo así nos ocurrió a nosotros también cuando llegamos a esta tierra. 

         Por la casa veíamos circular a un gato blanco entre los estudiantes, su señora, y Forest, que no dejaba de saborear el pisquito pero que sabía probar porque no terminó como un equilibrista.

Agosto 22, 2016

12:44 PM

Querido Cristian:

Muy ameno tu encuentro con el peluquero de los 70. Una narración con ritmo, sencilla, suelta.

El otro escrito me gusta porque, aunque el lector advierte que viene de la misma pluma encuentra en el tema y el tratamiento un “corte de pelo” diferente.

Por aquí, monotonía de la enfermedad. Decaído. Mi ánimo, como mi apetito, se extraviaron. Los sabores huyeron del paladar. Las fuerzas físicas y psíquicas acusan el deterioro que produce la quimio.

Mañana me hacen un TAC y no puedo dejar de imaginar, por mucho que quiera distraerme un resultado (¿qué aparecerá?, me pregunto) desalentador. Y la verdad es que deseo un poco de esperanza, una mejoría que me devuelva, aunque sea en parte a la normalidad…

Creo que suelen tardar 10 días en tener el informe, las imágenes van más rápidas, y si la metástasis ha invadido otros órganos ya se verá ese avance. Ojalá no sea así.

Chus, que es mi salvación, me saca una o dos veces al día a la calle en la silla de ruedas. Hacemos distintos recorridos por la ciudad. Me fatigo pronto. Y pienso que hago una especie de city tour en un bus rojo para turistas…y te confieso que es una especie de despedida de lugares de mi infancia y juventud. Cuando vuelvo a mi cuaderno anoto. Qué otra cosa puedo hacer. Dejar algo. Alguna imagen del pasado suspendida en la memoria. Un recuerdo que se apodera del resto.

Mañana, de vuelta del TAC, colgaré algo en mi web.

Ahí va un fuerte abrazo,

Ignacio

Agosto 27, 2016

2:21 PM

Con un fuerte abrazo, Ignacio. Más recuerdos de otros años…

Cristian

Bombas atómicas en el trabajo. A veces siento que tengo que moverme con una frazada para apagar incendios. Noto que cuando escribimos un email somos demasiado rápidos y nos cuesta poco iniciar una pelea, un conflicto; es como si los dedos se movieran demasiado rápido y peleadores. Al final no es nada muy importante, pero cada día se me hace más evidente que trabajo en un gran jardín infantil. Antes tenía la esperanza de que solo sería cosa de encontrar otro trabajo, pero cuando converso con amigos que hacen cosas muy distintas a las mías, noto que les ocurre algo parecido; a veces caminan sobre cáscaras de huevo donde tienen que aprender todo tipo de convenciones y leyes no escritas.

         Esta puede ser una visión un poco pesimista del mundo, pero tengo la impresión que son pocos, muy pocos, los seres realmente capaces y que se merecen toda esa bulla y reconocimiento del éxito oficial.  Hace poco leía una entrevista a un escritor joven, Francisco Díaz Klaassen, que dice que muchos de los escritores son simplemente malos, y que se las arreglan para sacar un libro que después a nadie le interesa. Creo que algo parecido ocurre en mi área, en la ciencia. Y algo parecido puede ocurrir en la medicina, el periodismo, las finanzas.

         Todavía recuerdo mis primeros años en la universidad de Case Western Reserve, en Cleveland, Ohio. Ahí conocí a un chileno que también hacía su doctorado, pero en el área de química teórica bajo un tipo de manos delicadas, medianamente conocido, Gilles Klopman. Corría el año 82 y justamente en ese año le concedieron el premio Nobel de química a Hoffmann y Fukui por una teoría bien elegante donde después de muchos cálculos mecánico-cuánticos, teóricos, estos investigadores se dieron cuenta que estudiando las moléculas, estudiando como los electrones se distribuían alrededor de los átomos, se podían explicar las reacciones químicas. Ellos descubrieron que la nube de electrones que tenían las moléculas adquiría simetrías bien interesantes y definidas, y que permitían predecir y explicar ciertas reacciones químicas. Lo realmente novedoso es que después descubrieron leyes simples, donde muchas veces no era necesario hacer cálculos teóricos complejos para desentrañar como dos moléculas interaccionarían entre sí cuando entraban en contacto. Simplemente estudiando la simetría de la nube electrónica, alrededor de las moléculas, de sus átomos, se podía predecir si estas reaccionaban de cierta manera o no. Cuando ciertas nubes electrónicas de dos moléculas coincidían, es decir tenían la misma simetría al asumir una determinada configuración de contacto, la reacción era posible y llegaba a un termino feliz, formaban otra molécula, o el producto de las dos. Postularon leyes de simetría que permitían predecir el resultado de las reacciones químicas sin hacer esos engorrosos cálculos teóricos. Fue un descubrimiento realmente novedoso, elegante, casi artístico, donde la simetría de las moléculas, su representación, su dibujo en el papel, jugaba y juega un rol fundamental.  

         Resulta que Klopman conocía a Fukui, habían trabajado juntos, pero hasta ahí había llegado esa colaboración; Klopman no había sido el descubridor de esas “leyes de simetría” que mencionaban en el premio. Sin embargo, esa mañana, cuando habló con nosotros en referencia al Nobel, tenía un rostro de niño amurrado por la injusticia del mundo; cómo era posible que no lo hubiesen considerado a él también para ese premio.

         En esos años Klopman trabajaba en teorías parecidas, que trataban de predecir la efectividad de ciertas drogas para tratar distintas enfermedades. Había diseñado un programa computacional para estudiar ese tópico y para predecir también el potencial cancerígeno de ciertas moléculas. El programa no era completamente teórico porque él le agregaba o “mejoraba,” agregándole ciertos parámetros empíricos que forzaban los resultados. La idea era “parchar” o arreglar el programa computacional, para que diera los resultados correctos (por ejemplo, predecir la actividad cancerígena de un compuesto ya conocido), para ver si era posible entonces predecir lo que podría ocurrir con compuestos o moléculas nuevas y poco estudiadas.  Lo raro es que solamente Klopman tenía la contraseña para meterse en su programa y modificar ciertos parámetros, y esa llave maestra no se la daba absolutamente a nadie. Es aquí donde llegó un chileno, un estudiante como nosotros, Héctor, que como gato de campo, no se tragó con facilidad las historietas del famoso profesor Klopman.  Fue así como en una reunión del grupo, Héctor le contó a Klopman que el programa fallaba y predecía erróneamente algo que ya se conocía. Parece que predecía que una molécula específica no era cancerígena, cuando en realidad lo era. Klopman se mostró turbado, que no podía ser, le dijo, y que iba a revisar el programa, que le diera tiempo. Al día siguiente, cuenta Héctor, Klopman lo estaba esperando muy temprano en la mañana, anunciándole que el programa estaba bien, y que ahora predecía todo correctamente. Confirmó esas aseveraciones con argumentos teóricos de alto vuelo y elegantes. Y eso fue lo que le molestó a Héctor, porque no le tincaba esa elegancia; pero de todas maneras felicitó a Klopman por su programa. Sin embargo, cuando nadie lo vigilaba, se metió en el computador para ver que había sucedido. No me contó cómo lo hizo, cómo se consiguió la contraseña para poder meterse en el programa, pero me contó desilusionado que Klopman simplemente había cambiado burdamente un parámetro empírico para forzar los resultados. Y entonces, ¿tú que hiciste?, le pregunté. Mira me dijo, -y aquí tengo que agregar que es muy cierto eso de que uno recuerda mejor los hechos que tienen una fuerte componente emocional- mira me dijo, como tú sabes mi polola es una polaca que trabaja haciendo el aseo en las oficinas del departamento de química. Sí, claro, le contesté sin entender mucho. Bueno, me dijo con un rostro de satisfacción muy grande:

         -Me la tiré encima del escritorio de Klopman –y después agregó con una sonrisa que me dejó fuertemente perturbado- ¡Y no limpiamos nada!

         Hasta el día de hoy recuerdo el horror que me causó esa confesión de Héctor, y que después remachó con esas palabras que parecen decir tanto: y no limpiamos nada. Ni siquiera me atreví a preguntarle más detalles; definitivamente se había vengado, pensé. Creo que mi horror se debió a ese último detalle que contrastaba demasiado con la pulcritud de Klopman, ese químico teórico de manos casi femeninas, pulcras, y de uñas bien cuidadas, que imaginé –y que a pesar de los años todavía imagino- sentándose pesadamente en su escritorio, rozando con sus manos la superficie del escritorio, tocándose después el rostro (con sus manos), tocándose después sus labios (con sus manos), para empezar un flamante día de trabajo donde nuevamente modificaría otro parámetro empírico sin contarle a nadie.

Septiembre 4, 2016

12:21 PM

Aquí va el semanal, querido Ignacio. Como siempre nada nuevo. Quizás algo de intriga.

Con un fuerte abrazo

Cristian

Esto es lo que me está pasando: desde hace varios días, Dennis Corrigan, me ha llamado por teléfono y texteado insistentemente porque necesita mi ayuda. Me cuenta que ahora trabaja como consultor para una compañía en Colorado, donde necesitarían una recomendación para contratar a Avi Zallen.  La compañía no es ninguna cosa extraordinaria, es simplemente un startup en el área de la energía, es decir puede ser otro esquema de la pirámide, pero aplicado al área tecnológica, y específicamente en baterías. En el mensaje texto me dice que acaba de almorzar con Avi y que él estaría dispuesto a trabajar a tiempo completo, pero que necesita recomendaciones. Las vueltas que nos da la vida. El problema que tengo con Avi es que ya lo conozco demasiado, y por eso mismo estoy convencido que las mañas las tiene grabadas de manera permanente en el cerebro, ya está irrecuperable.  He dejado de contestar los llamados de Dennis o de cualquier número que no reconozco.

         Con Avi fuimos colegas por más de treinta años, lo conozco bien. Recuerdo que Stan Ovshinky, el emperador sin ropa de ese entonces y que era nuestro jefe supremo, nos puso a competir en grupos diferentes, pero compartiendo idénticos objetivos: crear un proceso químico para producir el componente activo del cátodo de una batería. Nuestro grupo triunfó, pero como muchas veces nos ha ocurrido, salimos victoriosos no por brillantes o geniales, sino que simplemente porque conversamos con la gente y conseguimos buena información. Ocurrió que justamente en ese tiempo –cuando empezábamos a competir- tuvimos de visita una delegación de coreanos donde uno de ellos, un químico, había hecho su tesis en un proceso casi idéntico. Walter, el tipo que trabajaba para mí, se enteró tomando cervezas con el tipo. Al poco rato y después de otras cervezas se consiguió la tesis de este visitante; y la entregó al grupo igual a como lo hace un gato cuando se echa a un lado, se recuesta, para mostrar un ratoncito recién muerto. Así fue como triunfamos, y logramos salir adelante con un proceso químico que dio buenos resultados.

         Lo divertido es que a los pocos días, los perdedores de la contienda pululaban por la compañía buscando otro proyecto. Así fue como Avi se presentó con la cola entre las piernas y le perdonamos la vida, lo aceptamos en el grupo. Sin embargo, con el tiempo agarró vuelo nuevamente y parece que se creyó la historia de que él también había sido uno de los inventores del proceso. Cuando nuestra división fue adquirida por una compañía química bien grande, BASF, él se postuló para dirigir la expansión del proceso, y al lado de su nombre se colgó todo tipo de títulos sonoros y de mucha estirpe. Sufrió también una transformación casi divertida donde se compró ropa flamante, de estilo, y llegaba a visitarnos como si fuera el patrón del fundo. Nosotros nos quedábamos callados haciendo lo que habíamos hecho siempre y bien: trabajar en lo nuestro y sin buscar muchas luces y brillos. El problema para nuestro colega es que esa fabulosa expansión se canceló, y nuevamente Avi se quedó colgando de un hilito. Pululó por nuestros pasillos, pero esta vez no le dimos cabida. Pese a que se cambió de ropa y trató de cultivar una imagen de menos brillos y colores, ni siquiera le prestamos una linterna para que se le iluminara la salida. A los pocos meses la compañía le ofreció un trabajo en otra división, pero él, que ya estaba preparado para los grandes cargos no aceptó; según él era demasiado poco, un simple traslado paralelo. A los pocos meses prefirió desligarse de la compañía para intentar un negocio propio, un startup, su propia empresa donde quiso hacer lo mismo que estamos haciendo nosotros ahora….. y que justamente es lo que no se puede hacer. No se puede hacer porque en la compañía todos hemos firmado un contrato donde por lo menos durante dos años nos comprometemos a no trabajar para la competencia, no podemos usar nuestros secretos aprendidos aquí para competir contra nuestra antigua empresa. Avi simplemente no escuchó o se hizo el desentendido porque a los pocos meses de abandonar nuestra compañía fundó su startup donde hasta hace poco ofrecía sus servicios, todos relacionados con lo que había aprendido con nosotros. Estoy seguro que nuestra empresa le hizo llegar una carta donde le recuerdan el contrato firmado por él y donde también lo amenazan con acciones legales si no se detiene y desiste. Eso es algo que usa mucho aquí y que básicamente obliga al infractor a contratar abogados y empezar a gastar como país en guerra para defenderse. La idea es perseguirlo hasta que este quede famélico, asfixiado y sin un peso en sus bolsillos.

         No sé, lo que le ha ocurrido a nuestro colega no es simple mala suerte. Se le subieron los humos a la cabeza y simplemente perdió el rumbo. El problema es que no solo se compró ropa nueva, pero una casa nueva, un palacio, que ahora no sé como lo paga. ¿Ayudarlo? De ninguna manera; incluso nos podemos meter en líos legales si hacemos eso.

…….. hasta aquí llegamos por ahora. Suena el teléfono, es temprano, casi de madrugada y Pilar se puede despertar. ¿Qué hago? ¿Contesto el teléfono? ¿Le pego con un palo? ¿Qué harías tú?

Septiembre 9, 2016

4:08 PM

¡Mira que interesante este sitio, Ignacio! Son cuentos para escuchar.

http://www.audiocuento.com.ar/

Escucha el relato de Samantha Schweblin, es bien interesante. Es una argentina trasplantada en Berlín.

Un abrazo

Cristian

….mi querido gato hondureño, el Luca, no me deja seguir escribiendo.

Septiembre 10, 2016

8:09 PM

Querido, Ignacio

Espero no te moleste, pero me tomé la libertad de copiar un email tuyo en la nota semanal…

Un fuerte abrazo a ti y a Chus

Cristian

Regreso desde el trabajo hacia mi casa. Detenido en un semáforo con luz roja, veo sobre el pavimento una ardilla totalmente aplastada debajo de una rueda de auto, triturada y con sus tripas rojas desparramadas sobre el cemento plomo. Parado sobre una rama de un árbol verde veo a un cuervo negro esperando a que pasemos para darse un gran festín con esas tripas de colores, sobre todo antes de que las aplastemos nuevamente.  A mi todavía no me gusta comer tripas; a lo mejor más adelante, uno cambia, uno nunca se sabe….

         Cuesta esfuerzo ver tanta carnicería por todos los lugares donde uno se mueve. En otras ocasiones es un oposum, un conejo, o un mapache. Es cierto que a veces nos deslumbran con noticias científicas sobre las maravillas tecnológicas que están por salir en el mercado; un nuevo celular, un nuevo tratamiento médico, o qué tomar para vivir más años. A veces me entusiasmo y les creo, pero a los pocos minutos trato de averiguar donde está la estafa, quien le estará robando a quien. 

         Mi amigo español, Ignacio, el que está enfermo, me manda un email. A él también le mando estas notitas semanales (como pienso mandarle esta también). Me cuenta que le gustó una de las anteriores:

“…el encuentro con el peluquero de los 70. Una narración con ritmo, sencilla, suelta.

El otro escrito me gusta porque aunque el lector advierte que viene de la misma pluma encuentra en el tema y el tratamiento ‘un corte de pelo’ diferente.

Por aquí, monotonía de la enfermedad. Decaído. Mi ánimo, como mi apetito, se extraviaron. Los sabores huyeron del paladar. Las fuerzas –físicas y psíquicas acusan ya el deterioro que produce la quimio.

Mañana me hacen un TAC y no puedo dejar de imaginar, por mucho quiera distraerme un resultado (¿qué aparecerá?, me pregunto) desalentador. Y la verdad es que deseo un poco de esperanza, una mejoría que me devuelva aunque sea en parte la normalidad….

Creo que suelen tardar 10 días en tener el informe, las imágenes van más rápidas, horas, y si la metástasis ha invadido otros órganos ya se verá ese avance. Ojalá no sea así. Chus es mi salvación. Me saca una o dos veces al día a la calle en la silla de ruedas. Hacemos distintos recorridos por la ciudad. Me fatigo pronto. Y pienso que hago una especie de City tour en un bus rojo para turistas….. y te confieso que es una especie de despedida de lugares de mi infancia y juventud. Cuando vuelvo a mi cuaderno anoto. Qué otra cosa puedo hacer. Dejar algo. Alguna imagen del pasado suspendida en la memoria. Un recuerdo que se apodera del resto.”

         Me dan la luz verde, acelero, y simplemente no veo, no logro ver a esa ardilla nueva, joven, recién nacida, que confiando en su velocidad suprema cruza la calle enfrente a mi auto. Apenas siento algo en las ruedas, veo por el retrovisor que un manchón cafecito, diminuto, levanta una colita en estertores y fallece, muere. No me detengo, sigo mi camino y pienso en otra cosa, en el trabajo, en las llamadas telefónicas de mi colega pidiendo recomendaciones, en lo poco que ha llovido, o en lo mucho que me gustaría escuchar una canción del recuerdo, antigua, de otros años, y sigo mi camino.

Septiembre 12, 2016

6:07 PM

Aquí te presentamos el oposum, Ignacio, que se nos metió en la casa y sobrevivió al peligro de los gatos, el perro y que solo sabíamos de él por las píldoras de caca que dejaba en los lugares más inesperados por la noche. El pobre es feo, pero muy lindo, es un marsupial. Al principio asusta, su cola da temor y uno lo asocia con las ratas, pero es un animal muy sabio y que al final uno termina encontrándolo bello y hermoso. Un tío de Pilar, a quien aprecio mucho, me comentó tu texto.

“Tu amigo español es un sabio. Eso del sabio se potencializa con los años y se agudiza cuando se aproxima el fin. Tus comentarios de la ardilla aplastada van en el mismo sentido. ¿Qué mierda es un oposum?

Un abrazo, Lalo”.

Cristian

Septiembre 18, 2016

3:11 PM

¡Esta vez salió un cuentito, querido Ignacio!

Un fuerte abrazo

Cristian

Ahí me di cuenta

         Mi amigo me dice que sí, pero que le da vergüenza, le molesta aparecer tan tontorrón, tan despistado.  Me cuenta que ahora él ya no es así, que ha cambiado. Le contesto que no se preocupe, y le pregunto si puedo hacer una pequeña nota con su experiencia, a lo mejor a todos nos sirve, le digo. Para ayudarlo a que me diga que sí, le digo que yo he sido igual, y que no tenemos de qué avergonzarnos, “tu historia se parece mucho a la mía”, le repito. Uno se cree tan único, pero al final no lo es, somos muy parecidos. Es que no me di cuenta, me dice, y me sigue contando como diciendo que sí, que lo escribiera sin problemas, y entonces me cuenta.

….. “ella se las arreglaba para llegar al mismo lugar y en el momento preciso, a veces era a la biblioteca donde yo estudiaba o a la cafetería; pero yo no me daba cuenta, o no me quería dar cuenta.  Sus amigas se daban cuenta y creo que conversaban y la ayudaban para que nos encontráramos como si fuese todo casual, pero yo no me daba cuenta, Cristián. Me contó que su padre le había escrito preguntando qué cuando se regresaba a Chile, que la extrañaban. Incluso me mostró la carta donde la trataba como “muñeca”. ¿Y cuando regresas, ‘muñeca’? Me mostró la nota, y yo la leí como intruseando en su vida; pero no supe darme cuenta, no lo noté.  No se quería regresar, quería estar conmigo, pero yo no me daba cuenta. Salíamos juntos, inventábamos cosas para hacer juntos en Nueva York, y solo ahora, con los años y la distancia, me he dado cuenta. Ese día recorrimos Central Park en bicicleta y pasamos varias veces frente al departamento donde había vivido John Lennon. Le gustaban los pájaros y siempre se acompañaba de un catalejo y un librito chiquito donde tomaba notas. Pero llegaron otras semanas, y ella al final partió, no le quedó más remedio que hacerlo. Recuerdo claramente el día, era un sábado por la mañana temprano y me desperté contento, pero asustado por un canto de pájaros en esa avenida enorme de Nueva York, y que se veía brumosa desde mi departamento. Me despabilé y me di cuenta que los sentidos me estaban haciendo trampa; afuera, sobre una terraza lejana, solo pude ver dos pájaros famélicos, pero que parecían cantar como si fuera un estadio lleno, repleto de pájaros de distintos colores y tonos, una gran sinfonía. Y ahí te prometo que la vi, Cristián, y me di cuenta, ahí lo supe con mucha certeza, pero ya había partido.

         Me acordé también de mi padre que nunca se celebraba sus cumpleaños porque lo hacía para su santo; pero ese año me hice el firme propósito de llamarlo el 1 de agosto, el día de su cumpleaños. Pero tampoco me di cuenta cuando con una rapidez inusitada se quemó el calendario y no lo llamé. El próximo año, me dije, ahí me acuerdo y lo llamo, esto no puede volver a suceder  …….pero ese año nunca llegó, Cristián, o mejor dicho llegó pero sin él junto a nosotros, porque a los pocos meses fallecería. Llegó ese 1 de agosto, y ahí me di cuenta que ya no estaba.

         – ¿Y tú, Cristián, eres bueno para darte cuenta?

Septiembre 22, 2016

7:23 PM

¡Congratulations, Ignacio! Veo que salió tu libro, Ingleses. Lo voy a comprar apenas salga en Amazon.es.

Por aquí estamos bien. El fin de semana estuvieron las hijas aquí con nosotros y fue muy rico. Lo divertido es que cuando partieron también fue bien rico.

Un fuerte abrazo

Cristian

Septiembre 23, 2016

7:57 AM

Espero querido Cristian que te interese el libro Ingleses, escrito hace 34 años y mantenido inédito en formol.

Aquí se va a vender por 18 euros lo cual me parece barato si el lector se ríe.

Keep in touch

Ignacio

Octubre 1, 2016

8:42 AM

¡Nuevamente con noticias de este lado, querido Ignacio!…simplemente rodeándome de sillas vacías.

Un fuerte abrazo a ti, Chus y Blues

Cristian

                                            Sillas Vacías

Y entonces, ¿fue todo, una mentira, Cristián?

         Me resonó esa interrogante de mi hermano por la línea telefónica. La mentira tiene fuerza, la farsa tiene su carácter, un poder muy grande.  Y no es también tu experiencia –tú que estás leyendo- comprobar que los buenos muchas veces pierden, que el mundo de los ganadores pertenece a los tramposos, a los que conocen las artimañas del sistema, la letra chica de la leyes….

         ¿Fue todo, una farsa? Y pasa el tiempo, y uno se va quedando cada vez más solo, con menos amigos, donde los familiares y conocidos van raleando, y esa pregunta crece y acompaña. Los que conocieron a Eduardo Rodríguez ya también se están muriendo. A lo mejor ocurre que cuando uno se va quedando solo y cuando ya nadie lo recuerda o habla de él, esa pregunta te empuja a no olvidarlo. ¿Se suicidó? ¿Lo mataron? ¿Se suicidó o lo suicidaron? Pero como te decía, uno cada vez se va quedando más solo, acompañado de silla vacías, de chimeneas sin leña, y una casa silenciosa y grande y que emite cada vez menos ruido, y empiezas a hacerte esa pregunta con renovado vigor como si todavía todos ellos estuvieran contigo, y ocupando sillas. Ves o imaginas nuevamente esa chimenea con leña y brasas tibias, las sillas están todas ocupadas, y sientes las voces y las risas de los que ya no te acompañan.  Y entonces, a las horas más disparatadas intentas una respuesta mientras silenciosamente te preparas un café caliente, acaricias a tu perro, enciendes la tele y te distraes.  Los que ahora te rodean ni siquiera saben de qué estás hablando, o a quien tratas de recordar; estás en otro tiempo y te han cambiado la escenografía. A veces te llega una foto por el celular, una que te mandó tu hermana, donde te pregunta, ¿te acuerdas de él, Cristián? La dejas como fondo de pantalla hasta que alguien te pregunta, y ese, ¿quién es?, ¿eres gay? Y entonces remueves la foto de Eduardo y pones una con globos de colores felices; lo dejas todo para más adelante.  Buscas entretenciones, pero solo te resulta por un tiempo breve porque ya te cuesta más esfuerzo concentrarte, y como te decía, asoma la pregunta y tratas de convencerte de que a lo mejor te has equivocado, todos se han equivocado; de seguro Eduardo no era ese gran tipo que muchos imaginaban conocer, todo fue una buena farsa.

         Es curioso comprobar que cuando un hecho es demasiado trágico, siniestro, ese horror no se toca, no se habla, hasta que te vas quedando cada vez más solo y te preguntas si a lo mejor te equivocaste, si a lo mejor fue todo un lío de faldas, o un escándalo incluso más sabroso, y te imaginas a Eduardo como el cura que era, pero con una mujer secreta, o como un cura gay, un desarrollo que simplemente lo desbastó y lo empujó al suicidio. Por suerte están las entretenciones que te distraen y te empujan a seguir pensando en otra cosa. Pero entonces recuerdas esos años, a esos amigos y conocidos, que al igual que tú no les queda más remedio que seguir moviéndose, seguir ocupando sillas para después dejarlas vacías nuevamente, silenciosas.

         Y a ti, ¿te ocurre algo parecido?, ¿te rodeas de sillas vacías que repentinamente parecen ocuparse de conocidos y familiares que inocentemente y con persistencia te interrogan, te preguntan: ¿fue todo, una gran mentira?

Octubre 8, 2016

5:15 PM

¡Un fuerte abrazo, Ignacio!

Aquí estamos todos locos

Cristian

Octubre 10, 2016

12:24 AM

Cristian, lamento decirte que Nacho murió el sábado por la noche. Su estado físico y su sufrimiento moral sabiendo que el final llegaba decidió a la doctora considerar sedarlo. Ha sufrido mucho y como sabes peleó hasta el último momento. Tú sabes lo que te quería y yo sin conocerte también. Estábamos todos con él.

Un abrazo enorme.

Chus

Octubre 10, 2016

8:48AM

Muchas gracias, querida Chus, por contestarme tan rápido. Qué pena más grande. Me imaginaba que ya estaba bien mal, pero de todas maneras le mandaba esas noticias nuestras. Te pasaremos a ver en el futuro.

Ignacio, querida Chus, me mostró el gran poder de la palabra escrita, y esa libertad tremenda que se encuentra por ahí escondida en ese mundo. Lo recordaremos siempre con mucho cariño en sus frases, en sus libros y en esa escritura tan personal y tan a flor de piel que el nos regaló generosamente.

Un abrazo bien apretado a ti y a Blues

Cristian

La pecera de Ignacio Carrión. Adiós a un periodista

Carlos G. Santa Cecilia

Frontera Digital, octubre 10, 2016

Ignacio Carrión era un periodista de raza, uno de los mejores de aquella gran época que vivió el periodismo durante la Transición. Comenzó, sin embargo, como librero en Valencia. El día que inauguró la librería Lope de Vega fue uno de los tres más felices de su vida, según escribe en sus diarios.

El 6 de octubre de 2016, dos días antes de su muerte, Ignacio Carrión publicó en su página web un post titulado ‘Obsolescencia humana’. Una antigua motocicleta Guzi-Hispania, expuesta en el escaparate de una tienda, le evoca sus correrías por las calles de Valencia. Ampliando la fotografía puede atisbarse el reflejo de su imagen, en silla de ruedas, pero que parece montar una moto de la que nunca se hubiera bajado. El 7 de octubre recibí un correo electrónico de su hija María en el que me preguntaba de parte de su padre por el proyecto de edición de una antología de su obra periodística: “Si tienes alguna duda o pregunta que se quedó pendiente, hoy es el momento de preguntar, no le queda mucho tiempo de estar consciente”.

Conocí a Ignacio Carrión, aunque le había visto deambular por la redacción de El País con el aura de una estrella, cuando nos encargaron cubrir juntos, en octubre de 1989, la campaña electoral siguiendo a Adolfo Suárez y su partido político, Centro Democrático y Social (CDS), en la que habría de ser la última aventura política del “artífice de la Transición”.  Yo era un joven redactor de la sección Cultura llamado para reforzar la cobertura electoral, Carrión un veterano y consagrado corresponsal, un verso suelto en el periódico a la busca de grandes reportajes, y Suárez una figura en declive con más ribetes literarios que políticos…..

Para leer el texto completo ir a la página web de Frontera Digital:

Un sitio WordPress.com de diarios personales…. casi íntimos