Ernest Yeager (4)

….continuación de Yeager (3).

 

Jueves 6 de Junio de 1991

Yeager se ha pasado varias horas con el teléfono en la mano. Ya ni siquiera aplicando presión contra su oído puede aminorar los temblores del Parkinson maldito que lo acorrala y lo comprime día a día.

Daniel Scherson con la tranquilidad de un príncipe heredero, se toma su tiempo y espera, estudia, observa y espera, y ve como se desarrollan los acontecimientos inapelables. Desgraciadamente todavía cree ver a Yeager como un competidor, y es tanto su empeño que de seguro lo seguirá viendo así, como un antagonista –pese a lo mucho que Yeager ha hecho por él en su carrera- hasta en el servicio fúnebre, al que asistirá con rostro compungido.

Es interesante ver como reacciona la gente frente a los problemas. Algunos siguen pretendiendo que todo sigue igual, que todo está normal, que Yeager está bien y que el mundo de la electroquímica moderna, no podrá continuar sin un tipo como Yeager. Muchos no caen en la cuenta que el mundo seguirá perfectamente bien si alguno de nosotros desaparece –incluso Yeager- y que nuestro mundito es perfectamente imaginable con algunos de nosotros bien ausentes. Siento que caminamos al borde de un despeñadero.

 

Viernes 7 de Junio

Hoy por la mañana Yeager llegó pidiendo ayuda, socorro; necesitaba que alguien le acarreara los dos enormes maletines repletos de trabajos, libros, publicaciones que guardaba en la maleta de su auto, los mismos que se lleva por la tarde a su departamento.

Jim, el secretario del Centro Electroquímico, buscó trabajo de manera urgente y ya tiene una posición asegurada, pero busca el momento preciso para anunciárselo a Yeager y saltar, abandonar el buque para siempre. Tengo familia y no puedo seguir arriesgándolo todo, me dijo hace pocas horas, mientras se preparaba un cafecito y miraba hacia todos lados, preocupado por su confesión. No entiendo por qué tengo que ser yo el que se entera de esas cosas, ¿por qué me lo contó? Y el problema está en que una vez que me he enterado ya no sé qué hacer con el secreto; a lo mejor por eso escribo, lo confieso, lo largo. Me pasa como le ocurrió a mi amigo José Canulo cuando le mostré un cuento que había escrito hacía poco. No era un relato feliz, hay que reconocerlo, y cuando lo leyó me trató de acompañar, me trató de consolar; y al final no se aguantó y mirándome a los ojos me preguntó y ahora qué hago, ¿qué quieres que haga, Cristián? Nada, le dije como pidiéndole disculpas, es simplemente un cuento. José era un posdoctor argentino que también trabajaba en el Fritz Haber en esos años, y que me trataba de ayudar o de entender. Fue un buen amigo, y no sé que será de él ahora. Me dicen que abandonó la electroquímica para administrar la fortuna de su familia.

 

Martes 11 de Junio

Yeager llegó rengueando a su oficina, cree que de todas formas me ofrecerán trabajo en la compañía OttoSensors, pero eso aún no se materializa. Otto me dijo ayer que hoy me llamarían para contarme algo, pero eso todavía no sucede, el teléfono sonó, pero era alguien que buscaba una casa de retiro para ancianos. Hubo también otro llamado donde nos confundían con una Clínica de Urgencia (?).

Veo a Yeager apenas sentado en su silla de respaldo largo y negro, y que me dice que soy un buen investigador, y que en situaciones normales ya tendría varias ofertas a disposición. Continúa con el mismo tono que desgraciadamente no me sube mayormente la moral. Me lo dice mientras se le retuerce el rostro por el dolor de espalda y mientras trata de mover un pie que apenas le responde.

La secretaria del Chairman del Departamento de Química me llamó hace pocas horas para conocer mi nueva dirección. Le dije que era la misma de antes, pero apenas me miró a los ojos y no hizo otras preguntas. Esto de quedarse sin trabajo asusta, la gente tiembla y a uno lo tratan como si tuviera una infección viral muy contagiosa. A lo mejor pensó que como me quedaba sin trabajo ya me había mudado a otro sitio, al lugar donde llegan los caídos en desgracia, los perdedores. Me hubiese gustado hacerle una broma a la secretaria, pero la noté tan poseída en su oficio de administradora, tan seria y diligente inmersa en sus papeles que finalmente no me atreví ha agregarle nada. Era simplemente una carta donde me indicaban que a partir del 30 de Junio me quedaba sin trabajo. Noté que ella firmó el papel sintiendo cierta cosquillita interna, cierto poder y acaso una evidente satisfacción de que algo así no le estaba sucediendo a ella; apenas me retirara de su oficina el mundo se le presentaría nuevamente cálido y rosado, justo, seguro sobre su escritorio.

 

Miércoles 12 de Junio

Todavía no me llaman de OttoSensors, y tampoco han llamado a Yeager. Este llegó hoy día en un estado tan lamentable que no le quise consultar de nada. El dolor a la espalda se le hacía insufrible y lo primero que ha hecho es pedirle ayuda al médico, una hora de emergencia. El rostro se le achica y retuerce, se le congestiona, y el bastón ya no le ayuda para nada. La secretaria, Denisse, cada día más chillona, y todo parece que empieza a caerse en pedazos pequeños y poco organizados; el mundo se hace trizas. Scherson a veces me saluda, pero nada más que para contarme lo difícil que está “su” situación, el poco dinero que le queda para hacer “sus” investigaciones. Gupta espera tranquilamente su jubilación. Y creo que Sandy piensa hundirse con su jefe y todo su peso sin mayor problema; le gustan los Titanics. Una especie de religiosidad enfermiza lo lleva a aceptar el hundimiento como esas grandes tragedias descritas en algunos textos bíblicos. Tribilin sigue preocupado porque solo le quedan 5 años para jubilarse. Cree –lo que es bien probable- que no alcanzará a cumplir esa meta porque el hundimiento se hace inminente y avanza a pasos grandes. Me cuenta que su señora finalmente se compró una casa en Arizona con algún dinero que le llegó de una herencia fantasma y sorpresiva. Estaba contenta porque la casa no tenía termitas. Se quedó preocupado cuando le pregunté si acaso tenía murciélagos en el entretecho. Cree que no, me dijo. Dice que el clima seco le hará bien para combatir la artritis. Me pidió la revista Newsweek para leer sobre las recetas de una dieta sana. Consume mucha fibra, y lástima, me dice, que el brócoli sea ahora tan caro, un dólar treinta la libra cuando antes le costaba solo 65 centavos. No le consulté sobre los huevos duros.

 

Viernes 21 de Junio

Yeager asiste tres veces por semana a un “tratamiento de agua” en una piscina del hospital donde lo guían con ejercicios especiales. En su agenda anota simplemente de 10 a 12: water. Todavía no me resulta nada concreto con la compañía OttoSensors”. Me han dado un magnífico folleto que en la cubierta principal y a todo color se lee, “OttoSensors Corporation: Bringing Sensors to Life.” Adentro y entre los papeles encuentro una carta de presentación, donde Scott Palubiak el Vicepresidente de Marketing y Ventas anuncia que los microsensores pueden medir simultáneamente la temperatura, los niveles de oxígeno, junto a la actividad eléctrica del cerebro. Nuestras conversaciones han terminado solo con buenas intenciones, pero nada seguro, tangible, todavía todo está en el aire y no hay ningún contrato. Scherson se ha hecho humo, recuerdo la seguridad con que me indujo a trabajar en su grupo de investigación a cambio de la residencia (la que obtuve), pero ahora que han salido los problemas se evapora y son pocas las noticias que he tenido de él. Por supuesto continúa con sus sueños grandilocuentes sobre trabajos inmortales, descubrimientos de resonancia mundial, pero en realidad estos son nada más que ruidos y pocas nueces. Felizmente Pilar está bien en su trabajo y su jefe está contento con el progreso y lo que ella hace.

  

Martes 29 de Agosto

Reanudo el diario con bastante retraso. Finalmente las posibilidades de trabajo en OttoSensors se han evaporado y es poco lo que he logrado hacer. Escribí una propuesta para la NASA y la mandé el 8 de agosto. Finalmente estoy sin trabajo pero defendiéndome. Yeager ya no es el Director del Centro Electroquímico; renunció hace pocos días. Por las mañana Sandy le coloca unos electrodos en la espalda para estimular sus músculos. Su asistente, Jim, ahora voló hacia otro edificio donde trabaja para el nuevo director. Denisse es la secretaria fiel que aun le acompaña en sus labores. La situación económica no es buena, no creo que mejore en estos cortos meses.

 

Jueves 14 de Noviembre

Yeager ya renunció a su posición de director del Centro Electroquímico. Continúa trabajando pese a los problemas que cada vez le acorralan más.

 

 

Pareciera que hasta aquí logré escribir ese año, en el 91. A lo mejor las noticias se pusieron decididamente malas, agrias, y simplemente ya no pude continuar, no lo sé, pero claramente no seguí; escribir ya no me ayudaba, y en el subterráneo de mi casa no he encontrado ninguna libretita con algún indicio de lo sucedido. Se que ese año finalmente encontré trabajo en Life Systems, una pequeña empresa que tampoco andaba bien…. pero esa puede ser historia para otra nota.

Aquí convendría recordar que esta serie, esta seguidilla de textos breves sobre Yeager, terminan mejor si uno lee ahora la primera nota que escribí anteriormente: “La Última Conferencia de Ernest Yeager.”

 

Desde Michigan y en este instante, en un 23 de mayo del 2018, viajo hacia el universo virtual de la Internet, y ahí me entero que Otto Prohaska no perdió la vida en el intento. Ahora trabaja como consultor y ha fundado OttoConsulting, donde según él, se especializan en contactar a los inventores con sus potenciales clientes, además de atraer a los inversionistas. Cuenta que él sabe integrar todo eso para construir un negocio exitoso. A lo mejor de eso entiende ahora, finalmente; es como si uno tuviera que fracasar varias veces y bien seguido para dominar un tema. Claro que no dice qué ha logrado integrar, o cuales han sido las noticias felices que han resultado de esos intercambios; pero en todo caso se defiende, o al menos ha sobrevivido. Su sito Internet desgraciadamente no funciona y pareciera que nunca fue completamente implementado. Su antiguo Vicepresidente de Marketing, Scott Palubiak, parece que aterrizó mejor. Según leo en LinkedIn trabaja en PerkinElmer Health Science. Lo vi en Youtube –pero no lo reconocí- donde habla sobre cómo empezar negocios a partir de las buenas ideas que producen las universidades. Me imagino que algo aprendió después de darse tantos costalazos y caídas.

Daniel Scherson, por otro lado, ha hecho una buena carrera en la universidad; pero considerando su capacidad, creo que se quedó corto porque pudo llegar a ser un científico de mucho mayor vuelo, reputación y consecuencia; “famoso”, como le gustaba a él. Creo que lo perjudicó el desperdigarse sobre tantos temas interesantes buscando la huella del dinero, investigando lo que estaba de moda, lo que brillaba, en lugar de apostar a una idea genuinamente suya para jugársela con sangre, hasta la muerte con su idea, como un sueño. A lo mejor soy injusto, pero definitivamente era (y aquí lo escribo como si todos estuviéramos ya muertos), era un tipo con una facilidad matemática elegante, portentosa, y que le brotaba de manera natural. Daniel pudo, Daniel debió haber inspirado mejor ciencia electroquímica. No ocurriría así; desgraciadamente su personalidad tan competitiva lo perjudicó, y fueron muchos los colaboradores que arrancaron despavoridos, como de un incendio, cada vez que interaccionaron con él.

¿Y qué ocurrió con Sandy? Terminó divorciado y viviendo en Japón. ¿Jim? todavía trabaja en el Departamento de Química. ¿Denisse? Desapareció del mapa, no he sabido más de ella. A lo mejor se fue a un lugar distante donde finalmente puede fumar sin que nadie la moleste.

¿Y qué fue de Tribilin? No lo sé, tampoco he sabido más de él. A lo mejor tuvo que jubilarse a contrapelo para terminar mudándose donde vivía su señora, en Arizona. Los imagino a los dos finalmente viviendo juntos, bajo un mismo techo, mientras ella, feliz, observa y aplaude a Tribilin mientras este mata unas devoradoras termitas que aparecieron de improviso ……y sin despertarle alergias químicas.

 

Así es la vida…..a veces…..

 

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Nota: Esta serie sobre mi profesor Ernest Yeager debería terminar con una nota publicada anteriormente titulada: “La Ultima Conferencia de Ernest Yeager”. Léela.

Ernest Yeager (3)

Se sobresaltó y se le empezaron a caer los dientes, a salpicarme con dientes, a escupirme con dientes. Mi hermano siempre me ha dicho que al final me iba a escupir, y así estaba ocurriendo, me escupía pero nunca imaginé que iba ser un escupido de dientes, de dientes carcomidos, de dientes amarillos y carcomidos, una lluvia de dientes….

…….así terminaba un mal sueño que me asaltó hace pocos días. No logré recordarlo completamente así que es mejor continuar con los diarios de esos años, cuando trabajaba para el profesor Ernest Yeager en Cleveland.

 

Me he entretenido leyendo estas cápsulas de tiempo comprimido –que ahora comparto- y que han permanecido escondidas por muchos años en una caja de cartón grande en el subterráneo de mi casa. Es triste, pero había olvidado prácticamente todos los detalles de esa época. De manera que continúo con este diario, anécdotas de mi pasado de Cleveland, unos años donde todavía no encontraba un rumbo cierto, donde no sabía qué hacer, qué atajo tomar para encaminar mis pasos hacia un futuro mejor.

En la nota anterior (Yeager 2) mencionaba que cuando me encuentro en aprietos, cuando me siento acorralado, escribo para salir a flote; es algo bastante cierto y que siempre me ha terminado ayudando. Durante los años de estas notitas, había regresado de Alemania, donde trabajé por un año en el Fritz Haber Institute como posdoctor bajo Jurgen Sass, un Electroquímico prometedor, importante, pero que buscaba tanta ambición y reconocimiento, que simplemente perdió el rumbo y sucumbió, cayó estrepitosamente en el abismo del desorden y el alcohol. Creo que por esos eventos, más otros acontecimientos que también fueron muy importantes en mi vida, me empujaron a buscar una carrera en el mundo de la industria y no el académico. Y creo que escogí bien porque entre mis intereses no estaba el hacerme famoso, ni reconocido académicamente como miembro fuerte en alguna universidad importante. Creo que no solo me faltaba “crema” en el segundo piso, pero también habían (y todavía los hay), tipos muchísimo más capaces. Por suerte lo noté y no seguí invirtiendo más tiempo precioso viajando hacia otros laboratorios, institutos distantes o países lejanos. Pero como decía, leyendo estos pequeños diarios que ahora comparto, y que en realidad son pequeñas confesiones que en su momento me salvaron de algo, noto con claridad que siempre me importó la gente, sus historias, sus dramas y sus problemas. Tribilin, por ejemplo, era un personaje notable. En todos los grupos de investigación existe siempre alguien que no obtiene su doctorado porque simplemente no supo realmente terminar nada, no saben concluir capítulos, es como si sufrieran atención deficitaria, donde todo los distrae, cualquier acontecimiento los descarrila, y por eso mismo entran en una fase de estudiantes eternos, donde los despiden o por necesidad del grupo se incorporan y los contratan porque tienen una buena técnica, saben usar bien un instrumento, ayudan a solucionar problemas. Ese fue el caso de Wess Aldridge, o Tribilin, como le decíamos, porque caminaba igual que ese personaje de Walt Disney. Todas las mañanas llegaba con una bolsa plástica donde acarreaba un sándwich, una banana, y un huevo duro. Gracias a él pude terminar mi doctorado porque sabía preparar los mejores electrodos que usábamos en las celdas de combustible, esas baterías de hidrógeno/oxígeno que se usan en el programa espacial. Era un consumado artista que conocía esos secretos artesanales tan necesarios para coronar con éxito las investigaciones. Venían incluso de la NASA a consultarlo o a verlo trabajar para reproducir unos resultados importantes. Claro que los visitantes se tenían que tragar los dramas y problemas íntimos que Tribilin compartía a gusto cuando se sentía en confianza.

Otro personaje que se menciona bastante en el texto es Daniel Scherson, un electroquímico chileno que en ese tiempo encaminaba sus pasos en el mundo académico. Ha hecho una buena carrera, se hizo conocido y ha llegado a ser presidente de la Electrochemical Society de este país. Él junto a otro profesor le dirigieron la tesis de doctorado a Pilar.

Otto Sensor fue una pequeña compañía de micro-sensores electroquímicos que nunca logró prosperar. Fue fundada por Otto Prohashka, que renunció a su flamante trabajo en el departamento de Ingeniería Biomédica de Case Western Reserve University para lanzarse por esos caminos. No tuvo éxito, fracasó estrepitosamente, y en el intento casi pierde la vida porque se quedó en la calle: sin fama, sin dinero y muy pocos amigos. La última vez que lo vi estaba en los huesos; lo único que le faltó hacer fue estirar el sombrero. Trágico, triste espectáculo. Pero aquí están los diarios:

 

Miércoles 27 de Febrero de 1991

Afuera nieva y corre un viento helado de invierno. Camila está en la casa con Pilar, resfriada y aprovechando la tele.

Tribilin parece que continúa con sus dolores de espalda porque no he sabido nada de él. Me he enterado que un estudiante de Daniel Scherson salió mal en el examen para ser aceptado en el programa de doctorado. A Yeager hoy no lo hemos visto porque está trabajando en las oficinas y laboratorios de Otto Sensor como consultor. A veces, cuando solicito un meeting con él, parece que se relaja tanto que a veces se duerme y la cabeza se le cae hacia un lado. Hoy tuve una reunión con él, donde además de los dolores de espalda y los problemas en el estómago, ahora está resfriado, y tanto, el pobre, que apenas puede toser o sacar el aliento con algo de tranquilidad. Tribilín se ha mejorado, pero esta vez fue su señora la que tuvo problemas. Vive en Arizona, me dijo, y ella está mal. Nos cuenta que la historia empezó cuando en el subterráneo de la casa donde vive su señora, la casa que arrienda, encontraron termitas. El dueño llamó entonces a una compañía exterminadora de insectos que le llenó la casa de químicos, trampas, venenos mortíferos. Y así fue como la pobre terminó con espasmos epilépticos, incontrolables y apenas alcanzó a llamar a Tribilín que no podía hacer nada desde Cleveland. Cuando contestó le tiritaba la mano.

 

Jueves 7 de Marzo

Yeager se mantiene activo repletando su agenda con nuevos meetings y reuniones. El domingo llega un electroquímico soviético al laboratorio. Los soviéticos fueron los que avanzaron mucho en esta área porque descubrieron la importancia que tenía en la electroquímica moderna, la pureza del agua. Pese a su enfermedad, Yeager se mantiene combativo y alerta. A veces, después del almuerzo –que para él son una pocas pasas y galletitas con queso, café, una sopa en polvo- se duerme derretido sobre su enorme silla donde se le abre la boca como una caverna desierta.

 

Martes 25 de Marzo

Yeager organiza un meeting en su oficina para hablar de su Centro Electroquímico, pero muy pocos atienden. En un punto de la reunión, su voz apenas se escucha, pero todos le siguen, le siguen sus gestos, sus manos saltonas por ese Parkinson cruel y sin miramientos que poco a poco se apodera de él. Está tratando de buscar financiamiento para su Centro, pero por el momento hay muy poco dinero y por eso poca la gente en su oficina. Parece como si todo un castillo de naipes, construido con el esfuerzo de años, ahora se le viniera abajo como un pesado ladrillo. A veces levantaba la mano y esta le temblaba, entonces recurría a la otra, y así, unidas, muy firmes, apenas evitaba los temblores claramente visibles.

 

Lunes 1 de Abril

Hsia partió a trabajar a otra universidad. Hace pocos meses terminó su doctorado bajo Yeager y desde ese entonces trabajaba como posdoctor en la detección de L-dopa –el famoso químico relacionado con el Parkinson- usando métodos electroquímicos. Y así, al igual que Yeager, el cual lentamente parece soltarle terreno a la enfermedad, el deterioro, Hsia tuvo que reconocer también que después de mucho trabajo, los métodos electroquímicos no son eficaces para detectar L-dopa en tejidos diológicos y emprendió vuelo. Como un pájaro de mal augurio se acabó el dinero, no encontró nada novedoso en su investigación y tuvo que vaciar el escritorio, archivar sus papeles y partir a buscar nuevos horizontes en otros lugares. El Parkinson y la L-dopa se quedaban aquí, con nosotros.

 

Jueves 9 de Mayo

El imperio de Yeager se derrumba. Después de una conversación donde me dijo que no tenía dinero y que por favor viera donde podría ir a trabajar, partí a Washington en auto para asistir a un Meeting de la Electrochemical Society y conocer de primera mano como está la oferta en otros lugares. Fueron siete horas de manejo desde Cleveland a Washington. Yeager en algún momento pensó asistir, pero la enfermedad y los dolores lo convencieron que quizás lo mejor sería esperar y trabajar desde aquí. Las posibilidades en la Eveready se han esfumado, pese a que el hermano de Yeager trabaja ahí. Jim Ackridge, el tipo que me entrevistó, se movió bastante bien como para asegurarse de que yo no obtuviera la posición. La entrevista fue breve, pocas preguntas, y más bien fue como pasar revista a un libreto que ya estaba escrito. La decisión estaba tomada, pero había que oficializarlo todo con una entrevista de trámite rápido. Ackridge es un tipo muy afirulado, portador de esa sonrisas torcidas donde el esfuerzo que hace lo muestra hasta en las orejas, quizás arrugando la nariz brevemente, cerrando los ojos de manera asimétrica. Unas pocas preguntas y dio por terminada la entrevista después de tan solo 15 minutos. Recuerdo que me preguntó por esos amigos que tengo en Washington y que viven en Chevy Chase; parece que eso le impresionó al muy mediocre. Que lejanos los tiempos de cuando vi llegar al tipo de la IBM al laboratorio preguntando… “¿Y donde está Fierro”? Desgraciadamente no tenía la residencia y tuve que continuar trabajando aquí, en la universidad porque ellos me estaban ayudando.

Tribilin me cuenta de su amigo esquizofrénico mientras me ayuda con un electrodo. Es un veterano de la guerra de Vietnam, me dice, que trabajando en ferrocarriles, le llegó la época de la modernización y empezaron los despidos. Al final quedó trabajando en un turno de noche donde se volvió loco porque no podía dormir. Entretanto su madre falleció en un hospicio, y el hermano le quitó la casa y unos cuantos dólares de herencia al falsificar el testamento. Al final la poca plata que recibía del Social Security (el fondo público de jubilación), un gran porcentaje lo usaba el hermano mayor para comprar vino. Lo mandaba a comprar vino y después lo abusaba físicamente. Al final abandonó esa casa que lentamente se inundaba de botellas vacías para vivir con Tribilin. El hermano del amigo esquizofrénico, que está en permanente tratamiento de drogas, tomó la posición efectiva y le robó unos 200 mil dólares, los que perdió haciéndose pasar por corredor de la bolsa. Su amigo enfermo ahora vive de los intereses que le dan unos 20 mil dólares que logró salvar del hermano. Por otro lado la señora de Tribilin vive en Arizona y gasta casi toda su sueldo llamándolo por teléfono a Cleveland…. no entiendo cómo al pobre Tribilin le resultan tan bien los electrodos….

 

Viernes 31 de Mayo

Yeager cada día aguantando con más dificultad los dolores. Ayer escuché que posiblemente pediría una silla de ruedas para moverse en el futuro. No sé si tendrá que tomar pronto un test para renovar su carnet de manejar; seguro que no lo aprobaría. Arrastra los pies de manera muy notoria y se le nota en el gesto que ya apenas se aguanta. Bien triste.

Denisse, la secretaria, a veces lo abusa verbalmente, le grita y le falta el respeto. Tribilin está bastante asustado porque le faltan 5 años para jubilar y al paso en que todo se está moviendo, puede ser forzado a retirarse antes. Sandy y Gupta (otros dos posdoctores del grupo) siguen escribiendo propuestas, pero ahora ya no las puede firmar Yeager como investigador principal. Klopman, el jefe del departamento, se las firma como un favor. Mientras tanto Scherson toma palco y me parece que espera tranquilamente como se derrumba el imperio para lograr la herencia de algún equipo costoso (de Yeager), más espacio para sus laboratorios, o algún dinero que sobre, o quizás papeles o algunas migajas.

Todavía no han podido encontrar un nuevo director para el Centro. Mike Weber dijo que no; parece que utilizó la oferta que le hicieron como una posibilidad de subir en el escalafón de su actual trabajo. Joe Gordon me parece que tampoco aceptará la oferta. Gordon recientemente obtuvo un buen ascenso en su compañía y creo difícil que se mueva a Cleveland. Le dije eso a Yeager, pero apenas me escuchó, se le caía la sopa de la boca.

Mi contrato vence a fines de Junio, en un mes más, y todavía no tengo nada concreto. He conversado con gente de NASA y con Otto Sensors, pero un trabajo concreto todavía no se materializa. La semana pasada en la General Motors solo fueron malas noticias; no tienen dinero. Los investigadores están haciendo lo más aplicado y punto. En la Eveready la cosa no resultó porque Ackridge se las ingenió para estirar el proceso y así ganar más postulantes y rechazar mi posible posición en la empresa.

 

Lunes 3 de Junio

Mañana viene la doctora Osteryang a dar una charla en el departamento. Es la nueva candidata al cargo de Yeager. Es mujer y por lo tanto es muy querida por la administración. Finalmente una mujer a cargo; no sería una mala idea. Yeager con un bastón acompaña Peter Faguy y lo invita a almorzar. Jim, el secretario del Centro, está buscando trabajo al ver que Yeager se ha quedado seco y sin dinero. Scherson se soba las manos y espera, espera y espera a que la fruta le caiga madura. Yeager creo que lo sabe; pero igualmente lo ayuda y todavía le da consejos y lo apuntala. Mi posible trabajo con Otto Sensor puede cristalizar en cualquier momento. Hablé el sábado con Otto y hoy lunes por teléfono nuevamente. Existe la posibilidad de encontrar algo de dinero a través de la NASA lo que aumenta mis posibilidades. La crisis en la universidad creo que se acentúa. Los salarios son malos y realmente no hay dinero para hacer investigación. Los profesores de contrato permanente circulan con cierta inmunidad y una tranquila displicencia que se les nota al abrir la correspondencia que pasan a recoger a la 10 de la mañana.

Ernest Yeager (2) Padre (X)

En una entrevista que le hicieron a Eduardo Halfon, menciona que para él, “hacer literatura es el ejercicio de querer rellenar los espacios vacíos de la memoria, sabiendo todo el tiempo que no se puede”. Parodiándolo un poco, a lo mejor podría agregar lo mismo, pero reemplazando la palabra literatura por un simplemente “escribir”, es decir: “escribir, para mí, es el ejercicio de querer rellenar los espacios vacíos de la memoria, esos enormes huecos, a veces dolorosos, sabiendo todo el tiempo que no se puede, y que uno se queda corto; pero no importa, con la fe del carbonero uno siempre espera que ocurra un milagro.”

Para eso ayudan mucho los diarios y las cartas, verdaderos comprimidos de memorias, de otros días, otros años, donde uno ya casi no recuerda porque se borronea la diferencia entre la ficción y la no ficción. Lo importante en todo caso es preservar la autenticidad de esos momentos, ser fiel a esos sentimientos, eso es lo que importa. Y así es como escarbando entre los muchos papelitos que he guardado durante estos años encuentro cartas y libretitas con anotaciones, fechas, recordatorios. Creo que lo importante es poder mostrarlas así, tal cual, imaginando que ya a nadie le importan porque estamos todos muertos o al borde del cajón. Mi amigo Ignacio Carrión tenía mucha razón cuando decía que para él era muy importante escribir así, imaginando a todos los partícipes ya fallecidos, incluyendo al que escribe. Siguiéndolo a él, considero que las cartas pierden completamente su valor si uno las censura y les roba esa autenticidad que es tan necesaria e importante. Si uno no se gana la vida en este oficio, ¿para qué mentir? Nadie te conoce, casi nadie te lee, y en el fondo no hay nada que perder con tratar de ser lo más auténtico posible; incluso hasta que duela y sientas que te estás causando daño. Además es una buena muestra de respeto hacia los pocos despistados, que todavía invierten algo de su precioso tiempo leyendo estas notitas.

 

Hurgando entre los papeles y cuadernos, me he dado cuenta que escribo desde hace bastante tiempo. Como decía más arriba, me acompañan libretas desordenadas, papeles, cartas que por ahí se esconden; es decir he sido un aficionado al copucheo constante desde hace bastantes años. Y noto, al fijarme en las fechas, que sobre todo me “pongo las pilas” y escribo cuando paso sustos, aprietos, dificultades, ahí me da por escribir y me largo.

Esto que sigue a continuación lo escribí después de un postdoctorado en el Fritz Haber, en Berlín, y cuando me trataba de reinsertar –¿asustado?- nuevamente en USA. Generosamente Yeager (el mismo de una nota anterior: “La última conferencia de Ernest Yeager”), el profesor bajo el cual obtuve mi doctorado en Case Western Reserve University, me recibió en su laboratorio con sus brazos abiertos mientras yo trataba de encontrar algo más permanente. Es lindo comprobar como muchas veces en la vida te llega esa ayuda tan necesaria de alguien que no tiene ninguna obligación de hacerlo, de ofrecértela, pero lo hace, te ayuda, te extiende una mano y sobre todo te asiste a ganar esa confianza tan necesaria y que tanto necesitas.

 

Miércoles 30 de enero de 1991

Yeager cada día mas golpeado y enfermo. Hace poco se acercó y me dijo que quizás la Eveready tenía algo para mí; pero fue vago, incierto, y pronto se tuvo que sentar porque estaba cansado. La espalda la tiene muy arqueada y los ojos se le esconden adentro de un rostro fatigado.

Denisse, la secretaria, se mueve muy molesta porque alguien le robó un libro, se lo sacaron de su escritorio. Se queja también porque no la dejan fumar.

 

Martes 5 de Febrero

Ayer fui a buscar a Yeager al hospital después de una inyección que le pusieron en la espalda. Siente dolores porque los músculos los tiene tan débiles que la columna vertebral la tiene enrollada como una culebra que le hace zigzag. De la sala de espera fuimos a la cafetería donde probó una sopa, dos galletas y una Coca-Cola barata. Entre los sorbos y respiros que se daba, se tomó dos píldoras . Parece que no podré dejarlas nunca, me dijo. Luego nos levantamos con la esperanza de que los síntomas aminoraran y estuviera mejor para el meeting de las dos y media de la tarde.

 

Viernes 8 de Febrero

Después de leer el cuento, Sur, de Borges, se me ocurrió agregar o mencionar un cuento de Cortazar en “No era la Lectura” (un relato que escribí en esos años), un cuento donde habla sobre antiguas culturas mexicanas.

Ahora Yeager está en Washington presentándose frente a un panel del GRI (Gas Reserach Institute). Partió el día anterior con una buena provisión de píldoras y remedios para camuflar su enfermedad. Ayer por la mañana lo vi destruido encima de su mesa escogiendo las mejores transparencias que pensaba mostrar. Dominic Gervasio, otro posdoctor, sentado a su lado le daba sus sugerencias. La inyección que se puso para aminorar el dolor a la columna no le hizo todo el efecto deseado. Le dolía el pie, la espalda y había dormido poco.

Al comprar un libro de cuentos, la niña que atendía se fijó en los libros y me dijo sin que nadie le preguntara nada: a usted le gustan los cuentos, ¿cierto?. Según me dijo y por experiencia propia, los lectores o leen cuentos o leen novelas; pero no los dos tipos de ficción. Pienso que a lo mejor los lectores de novelas se sienten asustados, abofeteados por la brevedad y el condensamiento que te imponen los cuentos; y quizás sea cierto, muchas veces los relatos cortos golpean duro, y el lector termina abofeteado o pensando. Siento no haberle consultado a ella lo que pensaba, ¿qué creía ella, qué leía?.

 

Miércoles 20 de Febrero

Camila fue al museo de Historia Natural y al ver los dinosaurios que Pilar le mostraba, le corrigió de inmediato haciéndole saber que “those are bones”, “esos son huesos”.

Yeager mejoró bastante con la inyección a la columna. Camina mas derecho y eso le ha dado un respiro para llevar una vida más normal. Ayer parece que se sentía con tantas energías que incluso se ofreció a llevar a Boris Cahan (otro profe) al médico porque parece que se había dañado el ojo.

Yeager continúa la batalla por lograr un centro Electroquímico, por no caer irremediablemente enfermo, incapacitado y no lograr la mantención de su grupo a flote.

Por la TV continua la guerra; ahora también incluyen las predicciones del clima en Arabia Saudita.

Para el almuerzo Yeager acompaño a uno de los candidatos para dirigir el Centro de Electroquímica. Estaba feliz y radiante porque no le dolía la espalda.

 

Viernes 22 de Febrero

Yeager cada vez se parece más al capitán de un barco a la deriva. Por estos días espera respuesta del millonario italiano para saber si puede financiar su Centro Electroquímico.

Pilar y yo pasando susto por el problema de la visa; pocos días atrás le rechazaron el waiver en la USIA. Por suerte su jefe le ofreció toda su ayuda. Me siento trabajando en un grupo que en cualquier momento se desintegra; en todo caso quiero estar presente cuando se produzca la transmisión del mando. Quiero ver a Yeager manejando su posición frente a los nuevos jefes que tomarán las riendas del Centro. Peter nos cuenta que Mike Webber (uno de los candidatos) es un egocéntrico y un paranoico. ¿Se enfrentará a Scherson (otro de los candidatos) en un round de reconocimiento, de olfateo, de mostrarse los dientes? ¿Qué papel jugará Yeager? Está por verse.

 

Miércoles 26 de Febrero

Tribilín (así le decíamos a un fiel técnico del grupo de Yeager) no se apareció ha habla de la guerra, así que tuve que leer el New York Times. Ayer le dolía la espalda, unos dolores que combate tomando aspirinas, durmiendo en cama dura, y sentándose en una silla especial. Un masajista muy bueno que tenía se cambió de hospital y el seguro ya no le paga tantos masajes como antes; así que vive sus días capeando el temporal y añorando esos años en que las manos del experto le aliviaban el dolor.

Yeager cada día más agachado. Cuando verdaderamente se cansa se le ponen las orejas coloradas y escribe sacando los labios hacia fuera, como si buscara besar a alguien.

 

La carta de más abajo me la mandó mi padre cuando yo tenía apenas 34 años de edad. Y cuando todavía no se me escapaba el tiempo como el agua entre los dedos de una mano abierta. Reproduzco su carta más abajo y sin censura (la verdad es que no es necesaria). Leyéndola a la distancia y con los años, noto que mi padre hacia de “goma de pegar” entre nosotros, unía al grupo, a la familia, la mantenía en contacto; creo que ese ha sido su principal legado, el más importante. Considero que esa carta lo refleja bien, pero más que nada cuando estaba solo, porque junto a mi madre cambiaba, era distinto, le costaba poco esfuerzo “subirse al chorro” de las ideas preconcebidas, del juicio lapidario, certero; perdía mucho de su libertad. En todo caso noto con un poco de tristeza que su legado se nos va borrando de a poco, como si cada vez, como si con cada día que pasara, nos costara menos esfuerzo llegar a ser unos extraños entre nosotros. ¿Cual será el legado que yo le dejaré a mis dos hijas? ¿Habrá recriminaciones, desencuentros e interpretaciones cuando me toque “chutear el tarro”, como dicen los gringos?

Aquí va su carta:

 

Querido Cristián, Pilar (esposa) y Camila (hija mayor)  7 de Marzo, 1989

Estamos felices con la noticia que nos dieron respecto al futuro trabajo de Pilar. Por favor escriban dando detalles sobre cómo fue su examen, ¿largo, corto, difícil? ¿Hubo algún profesor que la quiso fregar? ¿Quienes estaban en el examen? Después del examen, ¿qué hicieron? ¿Como fueron los festejos?, etc., etc. Danos también mayores detalles sobre su futuro trabajo en la NASA y como será su trabajo mientras tanto en la universidad.

Acá están disminuyendo los calores, por lo que creo que ustedes ya tendrán mucha nieve y con frío. Una cosa que me interesaría que averiguaras: ¿qué es lo que sería más conveniente hacer si vendiéramos la casa de Suecia que presuntamente nos podrían dar doscientos mil dólares? Nosotros no sabríamos realmente qué hacer con ese dinero en Chile y creo que en USA podría ser invertido en algo que nos diera alguna renta. ¿Departamento a plazo? ¿Acciones? ¿Fondos mutuos? En todo caso esto es solo una probabilidad y a lo mejor no se vende nada, ni se hace nada. La Moniquita (mi hermana) está muy bien y tendrá su guagua a fines de Julio. Álvaro (hermano menor) se casará el viernes 4 de agosto; los casará el padre Fernando Salas. Irá de luna de miel a USA y Canadá. ¿Cuanto salen los pasajes a Canadá? Llama por teléfono a Gonzalito (hermano) para que no se sienta tan solo. La mamá bien de salud y yo trabajando en buenas condiciones en la Clínica Indisa.

Recibe tú, Pilar y Camila un cariñoso abrazo de la mamá, hermanos y mío.

Juan

Fragmentos

Jueves 21 de Abril de 1983

Recuerdo ese camino redondo como panza donde íbamos con los papás y hermanos a la playa, en Chile. Ahí estaban los conejos que se ofrecían al borde del camino y la estación de trenes misteriosa, en Leyda, que cada día tenía menos trenes.

 

Notaba que el mundo se ampliaba, se perdían ligazones, pequeñas puertas, bahías tranquilas donde todo era conocido y familiar. Caminar por las calles y veredas de siempre, respirando el aroma a pasto húmedo, recién cortado, ver llegar al vecino y saludarlo con la reverencia de maestros o fervientes discípulos era lo que hacía comparar los dos mundos, estos dos misterios de semirealidad. Primero había que vencer esa angustia de los kilómetros, las distancias, los distintos climas, algo así como convencerse que la gravedad, la fuerza de la gravedad es siempre la misma en cualquier lugar del mundo. Que todos sentimos y nos extrañamos de igual forma, como Pilar cuando vio nacer a su pequeña hermana, cuando en esos días todos estaba en huelga, incluso los médicos dejaron de atender; fue así como le tocó presenciar el parto y desde esa vez no pudo quitarle nunca mas sus ojos de la cabecera. Siempre, antes de dormirse, presenciaba por horas su cuna, ese misterio que algún día crecería para ser su hermana grande. La cuna, esa guagua tan pequeña, ese bebé.

Me gusta la música que se cuela por mi ventana. Este país todavía me confunde, tiene cosas tan distintas. No solo Chile parece una loca geografía; también este país de playas, cataratas, gente buena, gente rara, repleta de Johnes, de tipos soñadores y otros que sin problema te confiesan…..”quiero ser famoso”, o que antes de preguntarte por tu nombre te consultan sobre cuanta plata tienes. Es un país donde en un principio todos pasan por cuerdos….. hasta que se compruebe lo contrario, es uno de los códigos del “american dream”. Al caminar por la calle te cruzas con cualquiera, un ganador de un premio Nobel u otro que goza de extrañas sensaciones al empujar gente hacia la línea del Metro donde mueren. Caminando por las veredas solo ves autos y grandes carreteras. Todo funciona por medio de las líneas, cables y papeles. De repente sale un beso y te sorprende, entonces no es que cambies tu bandera o tus raíces, sino que todo se te agranda y tu patria, tus lugares, tus amigos, te acompañan para conocer otros lugares.

 

San Francisco amanece con un cielo claro y refrescante. Camino por las calles como en medio de una feria o circo que recién comienza. En una esquina un tipo joven se instala con un piano completamente pintado de distintos colores ubicado en la parte trasera de su camioneta verde. Con un sombrero de copa negro y una rosa fresca, bien remojada en un florero de cristal, interpreta melodías. Crea una atmósfera extraña donde parece un transplantado pero sin complejos; él goza por lo extravagante y nosotros por lo raro de la situación. Son como ocho o diez cuadras que bordean la bahía. Frente al paisaje de la costa uno se topa con todo tipo de gentes y costumbres; una mujer que camina con una serpiente fría y gorda enrollada al cuello, pintores que ofrecen sus óleos y acuarelas a bajo precio, hippies del 60 que al escuchar alguna melodía de los Beatles entran en trance y rejuvenecen, pero no tanto, ese es otro espectáculo pero de los tristes, escaleras repletas de tipos que tocan tambores a ritmos apurados; periódicamente algún gringo que pasea se entusiasma y entra en trance. En el poco rato que estuvimos un tipo canoso y flaco se sacó la camiseta para darle vuelo a su alegría y desinhibición, saltaba anquilosado y sacudía sus huesos. Los artistas artesanales te ofrecen sus trabajos en las veredas. Tiendas de buen gusto y restoranes con productos del mar te distraen en cada esquina. Tipos que corren por las veredas para conservarse bien, jóvenes, autos deportivos, música, discos, colores, tours, así es el embarcadero de San Francisco.

11 de Mayo 2018

…. y la estación de Leyda ya no existe, y creo que ya nadie vende animales muertos a la orilla del camino en esa zona. Eso es lo que ocurre cuando uno ya ha vivido más años en el extranjero que en el país de origen, y donde las calles y las playas que uno se lleva en el bolsillo, en la memoria, a veces crecen en la imaginación, se hacen ruidosas, y uno cree haber visto más de lo que vio, cree haber conseguido más amigos, más familiares de los que verdaderamente tuvo. Todo poquito a poco se te empieza a encoger y no te sacas la polera, no me la puedo sacar para bailar canoso y trasnochado al ritmo de ninguna melodía. Los ruidos ya no están en las veredas, los empiezas a llevar adentro, más callado…..

Las burbujas

Abro el laptop y le mando por e-mail el progreso de estas notas a mi tío Lalo para que me mande su opinión:

-Te reitero, con el baúl de papeles amarillentos que tienes debes escribir tu novela ficción antes de que te falle el cuesco. Me encantó tu correo. Pero tómatelo con calma, aun eres un pendejo, cuando tengas 70 o más años, te encontrarás de pronto que eres un viejo de mierda. Es cuestión de que te mires al espejo, cosa que yo no hago desde hace mucho tiempo.

Siempre me pregunto como debe haber sido vivir en los zapatos de mi padre en esos años, en el período marcado entre los años 1970 al 90, y sobre todo 1973 al 80, o quizás, para ponernos un poco más exquisitos y con más ají, entre septiembre del 73 y pocos días después del golpe militar. Ya anciano y pocos días antes de morir, -y esto ya lo he escrito, pero nuevamente florece y sale en la escritura como pidiendo una nueva versión, una nueva intentona porque lo que ha resultado antes parece no haber alcanzado lo imaginado, como que siempre me he quedado corto frente a las expectativas, me he censurado, no me he atrevido a tocar la carne cruda- pero como decía, cuando mi padre ya estaba anciano, me confesaría con un dejo de tristeza, de años que le dolían:

-Pinochet nos jodió a todos, mijito.

Yo lo miré, y por qué dices eso, papá, has hecho una buena carrera, parece que le dije; pero entonces él me miró como si ya hubiesen pasado muchos años, como si ya estuviésemos todos muertos y enterrados, eternos, y me miró como entendiendo perfectamente que le estaba “vendiendo una pomada”, pero no me lo dijo, y apenas escuchó mis explicaciones mientras yacía en su cama y probaba un poco de jugo de naranjas. Una ventisca fresca se coló por el ventanal del cuarto y nos hizo mirar hacia afuera. Sin encontrarme la razón sobre el destino de su carrera, sobre el éxito o el fracaso de su carrera médica, se sentía anciano y derrotado, al margen del mundo, sin mucho que decir mientras levantaba sus brazos y se acomodaba un almohadón en la cabecera de su cama.

 

En esos años, los años 70, la sociedad chilena estaba tremendamente dividida, y a nuestra familia le ocurrió algo parecido, estábamos fragmentados. Fueron tiempos en que la tensión no se disipaba, simplemente crecía y no tocaba fondo.

Mi padre no fue partidario de Salvador Allende, pero su jefe y mentor, Alfonso Asenjo, si lo fue; fue no solo partidario, pero amigo y compadre de Salvador Allende. De manera que llegado ese 11 de Septiembre de 1973, Asenjo fue removido de su cargo como director del Instituto de Neurocirugía –el Instituto que él había fundado- y mi padre aceptó el puesto, reemplazando así a su jefe y mentor.

Años después, escuchando una entrevista que le hicieron a Leonard Cohen, en un DVD que compré en Barnes & Noble, recordé a mi padre. Es un tributo que le hicieron en el año 2005 (Leonard Cohen: I’m your man), donde artistas y cantantes le rindieron homenaje, cantaron y donde al final lo entrevistaron. Es ahí cuando habla de un general indio que dispuesto a la batalla, divisa en el bando opuesto a parientes, tíos, amigos y además a sus educadores, gente que lo habían formado a él personalmente. Este general le pregunta entonces desolado a Krishna, un representante de la divinidad, qué hacer, qué hacer ahora, maestro. Y este le responde: “tú nunca resuelves las circunstancias que te han llevado a este momento, tú eres un guerrero, tú estás regido por las circunstancias que yo he determinado para ti. Anda y cumple con tu deber: se guerrero.”

Y mi padre así lo hizo, fue guerrero y reemplazó a su mentor sin mayores miramientos mientras muchos médicos le quitaban el saludo por golpista. Imagino la tensión tremenda por la que atravesó mi padre en esos años; para algunos sobreviviendo como un ambivalente, o para sus enemigos declarados como un “chueco”, sin ser realmente de izquierda ni tampoco de derecha, es decir con amigos y enemigos en los dos rincones del espectro. Para otros, a lo mejor se paseaba por el mundo como un desleal y un traidor, o como un amarillo, sin realmente abrasar un compromiso verdadero. Teníamos parientes militarse que llegaron inicialmente a nuestra casa…… y que a veces –cuando salían a la calle- casi se topaban con los “ex” políticos de entonces, amigos de mi padre como Patricio Aylwin y Radomiro Tomic. Recuerdo con cariño que mi padre se preocupó sobre cómo lo veríamos nosotros a futuro, sus hijos, y creo que esa imagen precipitó que a los pocos años, en 1977, renunciara a la dirección del Instituto. Los odios y desencuentros con Asenjo, sin embargo, no dieron nunca tregua. En un congreso de Neurocirugía celebrado en Europa, coincidieron en el mismo Hotel donde se produjo un hecho bochornoso y que solo hace pocos años mi madre me lo confesaría. Estábamos en su departamento hablando de esos años, viendo fotos, cuando sin mucho motivo me preguntó si acaso yo lo sabía. Saber qué, le pregunté. Y ahí fue cuando me dijo que Asenjo, después de hablar con los organizadores del Simposio, los había obligado a mudarse del hotel donde se celebraba la conferencia a otro distante, lejano y periférico. Fue tremendo, me dijo mi madre, cuando ya podía hablar sin rabia. Pero la venganza de mi padre no se hizo esperar porque al llegar de regreso a Chile contactó a periodistas amigos para que divulgaran su participación en esos dos eventos refiriéndose a ellos como un gran éxito nacional. En Septiembre, en el diario Las Ultimas Noticias del jueves 29 de Septiembre de 1977, por ejemplo, se publica una noticia sobre los dos Congresos de Neurocirugía a los que asistió mi padre. Con grandes halagos lo mencionan como el delegado chileno en representación del Ministerio de Salud, que presentó con gran éxito trabajos en el XI Congreso de Hidatidosis celebrado en Atenas, y después en París, en el Congreso de Cirugía de Urgencia. En el titular del periódico se anunciaba lo siguiente: “Importante participación de Chile en dos Congresos Internacionales”.

En el artículo lo mencionan como jefe del Servicio de Urgencia del Instituto. Mi padre ya había renunciado a su dirección, y ese era el otro motivo por el que trataba de promocionarse: lo tenían en la mira porque si alguien no estaba con ellos –con los militares- estaba indudablemente contra ellos, era un contrincante, un enemigo al que había que remover. Había renunciado al cargo para dejar en su lugar al doctor Reinaldo Poblete, y se defendía contra los embates por aniquilarlo que provenían de uno y otro sector político.

Esos fueron años dramáticos, y donde siempre llegaban a la casa gentes de variados rincones del espectro político, de izquierda y de derecha. El común denominador de muchos, fue que parecían vivir sus días y sus horas de manera intensa. Recuerdo que a pocos días de ocurrido el 11 de Septiembre, llegó a visitarnos a nuestra casa, como un escolar cualquiera, René Silva Espejo, el todopoderoso director de el diario El Mercurio en ese entonces. Y pese a todo lo que algunos pudieran imaginar, este hombre de derecha, terrible enemigo de Allende, se portó como un buen tipo, quería saber cómo estábamos nosotros y cómo estaban mis hermanos. En otra ocasión, cuando mi madre lo encontró caminando frente al periódico, y ella hizo un amago de parar el auto para saludarlo, él le advirtió urgentemente, “siga manejando, siga manejando, no se detenga, no pare.” Lo vigilaban a él también, constantemente.

Recuerdo claramente un nombre, el del coronel Parodi, que trabajaba en inteligencia en la Fuerza Aérea. Estaba asignado al Instituto y me parece que fue él quien descubrió un principio de incendio que se produjo en los pisos altos del Instituto donde saltó las rejas de entrada para investigar. Supe que en algún momento no se entendió bien con mi padre porque lo amenazó con detenerlo. Si no me cree, entonces lléveme preso, parece que le dijo mi padre. Fue en esa época que me enteré también por mi amigo Alejandro Parodi que “a tu papá se lo quieren cagar, Cristián”. Así lo dijo, sin rodeos y como haciéndome el favor de amigos contándome la firme mientras estudiábamos química. Imagino que el coronel Parodi tiene que haber sido su pariente, y de los cercanos; en Chile todos estamos relacionados por parentescos, y sobre todo si llevamos el mismo apellido. Decidí no mencionarle a mi padre ese mensaje porque él ya lo conocía; imaginé que era seguir el juego. Y tampoco le dije nada a mi amigo Alejandro, simplemente lo escuché, lo miré, y fue algo así como cuando uno ve que ya se viene la tormenta y es mejor prepararse, tomar nota, protegerse…… o partir de Chile, emprender vuelo, ¿hacia USA?

 

Como decía, en esos años a mi padre le llegaban palos desde muchas direcciones. Había tensión en nuestra casa. Con el paso del tiempo siempre me pregunto, ¿qué habría hecho yo en una encrucijada semejante? Un primo nuestro, que trabajaba en el servicio de inteligencia de Pinochet, por ejemplo, se divertía cuando pasaba a vernos y le servíamos tecito. Ahí, mientras probaba galletitas y se limpiaba la boca con una servilleta blanca, pasaba revista a todas las conversaciones telefónicas que había escuchado de mis padres durante esa semana. “Así que son conocidos de los Aylwin, tía?,” le decía a mi mamá muriéndose de la risa, haciéndose el pícaro, el inteligente, y escupiendo por casualidad restitos de galletas. “Y habla harto con la señora Olaya (Tomic), tía, ¿cierto?….. y para qué decir algunos curas jesuitas.” Y uno lo miraba casi sin creer que eso se pudiera hacer. Me pregunto si yo le habría servido también tecito con galletas a mi primo. No tengo pasta de héroe; y lo más probable es que le habría ofrecido no solo tecito, pero un asado con tecito, torta con tecito, lo que tuviera a mano con tecito. Imagino que lo dejábamos entrar más que nada para conocer los peligros, o lo que nos podría suceder en el futuro.   Un día después de sus continuos comentarios sobre las llamadas telefónicas a la casa de Aylwin, mi madre le sugirió, “diles que yo soy su amante”. La idea le pareció brillante. En efecto, los asuntos del sexo nada tenían que ver con la política.  Y así fue como mi madre quedaría catalogada en los archivos como “la amante” no solo de Aylwin, pero de varios renombrados políticos de oposición y no la molestaron más. Mi madre incluso se lo contó a su amiga Leonor Aylwin (ya convertida en primera dama) tiempo después…..  parece que lo consideró seriamente y no le causó ninguna gracia.

Creo que mi padre se libró y nos libró a todos nosotros de una tragedia grande. Siempre me he preguntado cómo lo hizo, cómo sobrevivió siendo un tipo tan conflictivo para las autoridades de turno. Imagino que notó flaquezas en el otro bando, personajes que también miraban descontentos hacia otros horizontes pese a formar parte de las autoridades de turno. Sé de un coronel que le decía derechamente a mi padre que formaban un buen “team”, como insinuando yo te ayudo ahora para que tú me ayudes después. Creo que mi padre lo ayudaron también los fuertes contactos que tenía con la embajada de USA en Chile y sus servicios de inteligencia. Todo comenzó cuando atendió a la esposa de un funcionario de la embajada después de un tremendo accidente de autos; pero ese es tema para otra nota.

 

Poco antes de que mi padre falleciera, no supe ver con suficiente claridad los motivos por los que me pedía con urgencia que le arreglara un texto que me había mandado por cartas, y donde escribía sobre su desarrollo como neurocirujano y sobre su especialidad. El neurocirujano Pablo Donoso, su colega y hermano del escritor José Donoso, ya había publicado una especie de Historia de la Neurocirugía en Chile, en la Revista Chilena de Neurocirugía. A su vez, el doctor Gustavo Díaz ya estaba escribiendo su propio libro (Historia de la Neurocirugía en Chile), que publicó hace pocos años. Mi padre pretendía escribir su versión de cómo había ocurrido todo, pero no me lo dijo claramente. Recientemente me enteré que poco tiempo antes, en el año 1996, el doctor Reinaldo Poblete, que mi padre había escogido para reemplazarlo como director del Instituto en el año 1977, había sido nombrado Maestro de la Neurocirugía Chilena….. pero no él, no mi padre……. Creo que por esos motivos él trataba de escribir su propia versión de cómo había ocurrido todo, pero desgraciadamente lo que yo alcancé a escribir no resultó (“Historia de la Neurocirugía en Chile y una Despedida”, en Amazon), y no funcionó porque el tono de lo escrito no fue académico, y estuvo encausado más bien hacia la autobiografía y la novela que hacia esos textos áridos y sin sabor que enfatizan lo técnico, lo impersonal, o la noticia autorreferente…… pero que es justamente la que se publica en círculos académicos y que no lee nadie.

 

En el sitio Internet del Instituto, se menciona que “el impulso que Asenjo le dio a la neurocirugía chilena se vio interrumpida en septiembre de 1973, cuando fue exiliado a Panamá. Desde entonces se posó en Chile un estancamiento en su desarrollo, para transformarse hoy en una especialidad más de la medicina y su instituto ha sobrevivido angustiosamente durante muchos años.” Y como se escribe en la editorial de la Revista Chilena de Neurocirugía (Vol 1, No 1, 2012 pagina 10) Asenjo fallecería el 29 de Mayo de 1980, “sin volver a pisar los cimientos de su amado Instituto de Neurocirugía e Investigaciones Cerebrales”.

 

Recuerdo la última vez que vi al doctor Asenjo. Había acompañado a mi padre al Instituto y me quedé esperándolo en el auto, frente al edificio en el estacionamiento. Y estaba en eso, esperando, cuando llegó el doctor Asenjo para revisar su auto; al menos eso creo porque lo recorrió mirándole las ruedas, y pronto regresó hacia el Instituto. No lo saludé y él tampoco dijo nada, pero me miró y yo lo miré atentamente. Ya faltaban pocos días para el golpe militar. Una vez que se produjo y volaron los aviones, siempre lo recuerdo mirando las ruedas de su auto, o inspeccionándome a mi, el hijo de Juan Fierro, o las ruedas del auto del papá. Recuerdo que cuando el doctor Asenjo falleció, ya de regreso en Chile y después de varios años de exilio, muchos médicos llamaron a mi padre pidiéndole que por favor asistiera a su funeral. Fue una seguidilla de llamadas telefónicas de último minuto, urgentes…… y mi padre, sin titubeos, -urgentemente también- a cada uno de ellos les dijo que no, hasta último momento se negó y no asistió a su funeral. Todavía recuerdo ese teléfono, el clic de ese teléfono amarillo, la mano de mi padre levantando el fono, y después su rostro, inmutable, cuando volvía a contestar que no…

 

¿Quién fue mi padre? Cuesta dar una respuesta clara y completa cuando uno se refiera a los padres, pero siempre me he topado con amigos y conocidos que lo recuerdan como un buen médico. Mi querido amigo, Mauricio Valdivia, por ejemplo, ex compañero de colegio, me lo cuenta por e-mail. Es un mensaje simpático explicando que él, Mauricio, nunca ha sido médico, como yo había creído inicialmente:

“El vínculo de “matasano” que me asociaste es bien simple, Cristián, mi madre, (QEPD), trabajó como Dama de Rojo en el Instituto de Neurocirugía por más de 35 años. Oír hablar de la eminencia del Dr. Juan Fierro y sus aciertos, era un clásico y una costumbre en mi casa, a extremos  que mi padre miraba y escuchaba casi sospechosamente.”

Y continúa:

“Una vez que me pegué un “conchazo” de esos grandes en la cabeza, fui a dar donde tu padre, quién cariñosa y paternalmente le bajó el perfil, una radiografía, TEC de cuidado, dormir de por vida con almohada de plumas y un comentario silencioso: cabro: lo de huevón no se te va pasar nunca, no es culpa del golpe.”

 

Pero intentándolo nuevamente: ¿quién fue mi padre? ¿Quién fue tu padre, Cristián? Creo que los padres serán siempre un misterio porque pertenecen a un universo paralelo donde a veces y solo en contadas ocasiones nos tocamos. Por eso al fallecer ellos, uno como que continua el diálogo, como que sigue en comunicación porque nuestra burbuja sigue ahí; pero ya no existen los contactos locales, los roces, las conversaciones, y solo queda ese misterio que se mueve adentro de nuestra propia burbuja que se queda inútilmente esperando a que la toquen. A lo mejor escribir y recordar es un intento fallido por intentar recrear esa otra burbuja que se fue. Como escribe Eduardo Halfon …..”al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomás, muy cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin duda, lo olvidamos.” Desgraciadamente algo así ocurre con mi padre. Todavía veo su burbuja, la imagino, la trato de tocar, casi la toco, muy cerca, pero siempre, sin duda, se me esconde.