Autoficción 49: Fue a invitar al Cardenal Fresno. Tuvo la sensación de un personaje de Fellini….

-¿Tienes hambre? –te pregunta la Pili.

 

Le dices que no, todavía no tanto. Y recuerdas a tu padre cuando llegaba del trabajo hambriento, con la capacidad de devorarse un gran plato de arroz con carne y huevos fritos después del trabajo de hospital. Apúrese con la comida, mijita, que llegó don Juan, escuchábamos.

 

Y regresas a las cartas, esas que escribió tu madre muy seguidas, una detrás de otra, como metralletas. Te molestas porque una se te traspapeló. Costaba darse cuenta del año en que fue escrita porque la fecha venía con un 7 tipiado sobre un 6, lo que hacía difícil saber si había sido escrita en el 86 o en el año 87. Apostaste por el 87 y te equivocaste porque al leerla, por las noticias que anunciaba tu madre, se nota claramente que el año fue el 86. Cuenta claramente que el departamento de diálisis de tu hermano Alberto todavía no había sido inaugurado, por ejemplo, y eso ocurría en el año 86. En todo caso ese traspapeleo todavía resulta, todavía funciona porque ofrece un buen contraste al compararla con una carta del año 87, justo un año después, donde tu madre cuenta lo esforzado, lo difícil que le resultó a tu hermano Juan Alberto salir adelante con su departamento de diálisis. Cuenta también algo relacionado con tu tío Daniel Frías, algo legal que ya no recuerdas:

 

Stgo 8 de Mayo 87

 Cristiancito querido

 Recién te escribo un poco apresuradamente, sin releer. Creo que a Daniel le pidas como a tío que arregle ese asunto legal. Es más o menos nada para él. Además ha atendido a Danielito cuando Daniel se lo ha pedido…es solo vuelta de mano. Aquí se le pone más interés en ver asuntos a lo amigo, a lo pariente, que por $.

 Por favor Cristiancito trata de ser bien amigo de Juan Alberto. Lo necesita. Como dice Gonzalo, sigue siendo un exiliado. Yo creo que no es vida pasarse 10 horas dializando gente terminal, con muy pocas posibilidades de un trasplante de riñón porque no hay donantes. Juan Alberto me decía que a él le pagan para eso, para mantenerlos con vida, y se angustia. Las 10 máquinas tienen que estar funcionando perfectamente todos los días. Dice que le cuesta cerrar los problemas al llegar a sus niños, a su casa.

 Aída va dos o tres veces a la semana a un policlínico en gran avenida. Hace siquiatría a gente pobre por $7,000 pesos al mes. Deja el auto lejos y llega en Metro o micro. Eso es para oscurecer cualquier día de sol. Es un centro médico de Cavala (a quien llamaron a interrogatorio a principios de año). A Juan Alberto le falta vivir más suelto, sin críticas, sin analizar. Gozar las cosas más simples, hacer deportes, vivir más al día “su” vida.

 ¿Qué harías tú en mi caso por él ahora?

 Te quiero mucho

 Ximena

 …Álvaro dice que no son más hermanables con Juan Alberto porque nosotros, durante muchos años, no hablamos bien de él. ¿Tendrá razón?

 

 

…pero interrumpes el papeleo porque necesitas inyectarle fluidos a la gata (Alegría) que tuvo una infección a los riñones. No es tu gata preferida, pero te impresiona ver como las enfermedades nos acercan, nos aglutinan, sobre todo cuando notas que esa gata puede fallecer. Se ve tan vulnerable, la pobre, que repentinamente todo empieza a girar en torno a ella, a ella y su posible muerte, su posible fecha de vencimiento. Esperas que salga adelante. Eso anhelas, eso anhelan todos en tu casa.

Al poco rato regresas al libro de Miguel Ángel Hernández (El Dolor de los Demás, Anagrama, 2018) donde cuenta sus impresiones al visitar su pueblo natal después de muchos años, Los Ramos, que dejó por las oportunidades que le ofreció la gran ciudad. Se da cuenta por los comentarios que le hacen, por las preguntas, la razones por las que partió:

 

-Y los hijos, ¿para cuando? Se os va a pasar el arroz.

-¿Esta es tu mujer? A tu marido lo conocí así de chiquitito, cuando no era tan grande y gordo.

-¿Y cómo te va por la capital? Qué pena da ver la casa de tu madre caerse a pedazos. ¿Cuando la vas a arreglar y vas a volver a tu sitio?”

 

Por esos comentarios se dio cuenta que….

 

“….en realidad, de eso era de lo que había huido. De ese control, de esa pulsión de chisme, de esa especie de derecho que parecen tener los otros a preguntar y a ordenar la vida ajena, y sobre todo de esa necesidad de justificación constante de las cosas que uno hace. Ahora cuando escribo esto y miro de reojo mi perfil de Instagram y mis tuits, sé que no he escapado del todo, que sigo controlado, que continúo dando explicaciones de mis viajes, mis cenas, mis lecturas, mis acciones…que aquel sistema de vigilancia se ha convertido en algo mucho más extremo. La única diferencia es que ahora soy yo quien se expone directamente a los demás. Ya no es necesario que pregunten. Yo soy mi propio centinela….”

 

Notas que a lo mejor a ti te ha sucedido algo parecido, Cristián. Que tú te fuiste del país, de Chile, por un motivo análogo, para evitar las sugerencias no solicitadas, ofrecidas con muy buenas intenciones por tus padres y parientes, por cierto, pero no solicitadas, arrancando de ese orden que te querían imponer. Y ahora, leyendo las cartas de esos años, escudriñas sobre ese pasado para averiguar nuevamente sobre ese orden, ese aparente orden o caos de tu familia, sobre sus opiniones. Ahora que ya estás grande, crecido, viviendo el último tercio de tu vida, te has envalentonado y quieres participar, ahora quieres jugar, ahora que te sientes fuerte quieres que te digan lo que te conviene hacer, lo que es bueno para ti, Cristián; pero ya están casi todos muertos, o están casi todos débiles, desperdigados como palitroques, en tu entorno ya no queda casi nadie que te pudiera dar un consejo no solicitado. Pareciera que ahora ocurre todo lo contrario, es a ti al que a veces le preguntan, ahora te ha llegado el turno a ti pese a que no lo has buscado; pero notas que te has quedado mudo, Cristián, te rehusas, no te salen las palabras, a lo mejor por terror a equivocarte te niegas a participar, te niegas a soltar los dados. Así es la vida, sientes que todo ocurre a un tiempo para el cual no estabas preparado, y sientes que así te seguirá ocurriendo hasta que te llegue la fecha de vencimiento. Como que nunca estuviste preparado para nada, Cristián; a lo mejor, ya tarde, te convendría finalmente acostumbrarte a eso.

Y ahora lees las cartas, nuevamente las lees como caminando sobre un territorio que ya está finalmente en paz. Tu madre te cuenta del hijo mayor de Román Cabezón. Tú lo recuerdas bien, buena pinta, fortacho, todo un triunfador. Se cayó el avión pequeño en el que viajaba por el norte de Chile. Lo rescataron, iba con vida, pero entonces la ambulancia se volcó y ahí simplemente le llegó la fecha de vencimiento, ahí partió dejando tres niños menores de seis años. En una de tus visitas a Chile, hace pocos años, ibas con tu hermana Mónica y quisiste recorrer esa fatídica parroquia El Bosque (esa misma, la de Karadima). Para sorpresa tuya velaban a Román Cabezón, a tu “tío Román”. Te acercaste como en un túnel del tiempo a saludar a sus hijos. No los conocías, pero los reconociste porque eran copias de él, de Lucho Cabezón, el padre fallecido a temprana edad. La misma sonrisa, la misma manera de caminar, los mismos modales. Los saludaste titubeando, como si te movieras adentro de un museo de cera. Igual a tu padre, le dijiste a uno, igual a tu padre. Se te cerraba otra persiana Cristián, otro vivencia pasaba a ser solo un recuerdo.

Pero ahora te resulta difícil reescribir tanto consejo que se menciona en esta carta de tu madre, sobre todo después de leer a Miguel Ángel Hernández.  Tu hermana Mónica con Pato tratando de salir adelante, por ejemplo. Tu hermano Gonzalo iniciaba su trabajo en la Unicef (antes había sido una pesquera) mientras elucubraba numerosos planes para arrancar de Chile, o a lo mejor para arrancar “de ese control, de esa pulsión de chisme, de esa especie de derecho que parecen tener los otros a preguntar y a ordenar la vida ajena, y sobre todo de esa necesidad de justificación constante de las cosas que uno hace.” No lo sé.

Lees comentarios sobre tu padre:

 

“….pasan los años y aún no creo conocerlo, a veces parece tan maquiavélico, y en otras tan simple como un niño. Me da ternura…”

 

Y aquí va la carta, te resulta difícil repetir tanto consejo, tanto comentario; te llega a doler tanta “pulsación”. Tu madre sigue participando de la cosa pública. Organiza un meeting para Gabriel Valdez, el mismo que ayudó a obtener la beca de tu hermana Mónica:

 

“….me he lucido con la blusa roja. Me la puse cuando vinieron unas treinta mujeres y Gabriel Valdés, el Presidente de la Democracia Cristiana….”

 

Se inaugura el departamento de diálisis en la Clínica Indisa donde trabajaría tu hermano Alberto. Tu padre invita al Cardenal Fresno:

 

“….ayer Juan fue con otro médico a invitar a Fresno. Tuvo la sensación de un personaje de Fellini. Así lo interpreté yo…”

 

Finalmente la carta:

 

 

Stgo., 15 de Mayo 1986 (___7)

 Cristiancito amor del mundo

 Me molesta escribir con teclas sucias. Primero limpié la “a”, y no sé cómo dejar las otras más claras….

 Son las 9 de la mañana. Álvaro (hermano menor) partió a su primer día de trabajo en una empresa constructora de un sobrino de Román Cabezón. ¿Sabías que el hijo mayor de Román y Ester murió en un accidente automovilístico el año pasado? Aún no pueden aceptar la realidad de no volver a verlo. Dejó viuda y tres niños menores de seis años; ella es parvularia. (Definitivamente voy a despreocuparme de esta cinta nueva que ensucia las letras….).

 Ayer sentí que me subía la sangre a la cara, al escuchar que le regateaban 5 mil pesos más o menos al mes (US$25). Le pagarán $55 mil son horario, lo cual significa trabajar de la mañana a la noche en lo que sea. Desde tramitar papeles en las municipalidades, tratar con obreros, vigilar la o las obras, etc., (lo que hizo Pato hasta que la sociedad que lo contrató por 40 lucas se disolvió). Pero peor era el trabajo de Gonzalo (hermano que finalmente emigraría a Canadá) en la pesquera, entre siúticos mal pagados que vivían para las dos horas en que en lugar de almorzar visitaban striptiseras del centro…y también peor han sido estos meses para Álvaro (hermano menor), sin ninguna perspectiva los dedicó a leer y escribir; esto último lo hace muy bien, algo entre verso y prosa geométrica, algo cerebral, inteligente y computarizado (ver autoficción 36 y 37). Aún no quiere que los muestre, son frases cortas, precisas, lapidarias y hermosas. Mientras escribo estoy rogando que no lo maltraten como sucedía con Mónica en la oficina de Fernando Castillo. Hay aquí un placer entre los pobretones en aplastar a alguien para así no sentir su propia pequeñez moral.

 Y bueno, como hace un buen tiempo que no te escribo te contaré de cada uno un poco de lo que yo veo.. algo así como querer saber el gusto de una fruta por su color….empiezo el pelambre por “migo”…

 Todo bien, excepto cada órgano en particular….ya demasiado trajinados, o sea, debo estar contenta por estar viva. Mi gran placer es comer, para no tener vinagrera con tanto ácido ascórbico….así que estoy gorda como chorizo…pero lo paso bien. Camino unas ocho cuadras al día y leo harto en la biblioteca de Providencia y de francés. Apenas compramos revistas, es como que todas las cosas se repiten. Protestas, arrestos, declaraciones…y nada cambia…

 Juan está contento, envejece con lentitud. Tiene un buen manejo de su trabajo con su equipo, las responsabilidades se comparten. Pasan los años y aún no creo conocerlo, a veces parece tan maquiavélico, y en otras tan simple como un niño. Me da ternura.

 Juan Alberto trabaja como chino. Muda guagua, atiende enfermos graves, va a buscar niños al colegio. Vive en una vorágine de obligaciones. Para el día de la madre cortó en madera gruesa unos lindos corazones, le colocó una flores secas y algo de colgar, vi varios, uno me lo regaló a mí. Trata de darse tiempo para todos menos para él. Temo que de repente tenga cincuenta años y no ha tenido tiempo para vivir su vida, tiene ese mismo temperamento de Juan, fijarse metas y correr tras ellas sin detenerse. Aída trabaja desde la mañana hasta las tres o cinco de la tarde en distintos servicios para convalidar el título de médico. Hace tres horas diarias de micros, no se queda con el auto porque Juan Alberto lo ocupa en ir a dejar y buscar niños a Vitacura donde está el colegio alemán. Cuando salen a distinta hora voy yo o Adela a buscar al rezagado. Hoy, más tarde, iré por Francisca a su casa, y Juan Alberto traerá a los dos niños desde el colegio a las 1:30 porque hoy sale la empleada ….pero Aída y Alberto se sienten en un mundo más de ellos, no solamente aceptados así, así como en Alemania. La casa nueva es re-contra húmeda y la empleada que les dejé me da remordimiento porque tiene cara de tisis, pero es buena y están contentos. Cuando llegó me dijo no tener familia, a los 15 días supe que tenía dos. La semana pasada habló de otro más. Aquí en la casa tengo a Guillermina quien me pidió volver, creo que te lo conté. La pobre está sola a cargo de las dos chicas y un sobrino, pero creo que tiene un tipo que las niñas llaman tío y que será el dueño del lugar en que arriendan piezas. Así es que le regalo cosas de comida todas las semanas y le pago 10 lucas al mes más micros, etc., y seguros etc., es justo que se lleve un 10% de lo se gasta en comer.

 Gonzalo sigue en su departamento porque no encuentran algo mejor. Anita quisiera algo con jardín para tener un perro y más espacio. Están pagando 30 mil al mes así que los 100 mil de sueldo se le hacen bien poco. Pero no tiene angustia de que Unicef se achicará. Gonzalo dice que él sale a la calle a vender lo que sea. Tengo la remota esperanza de que su jefe se lo lleve con él a Lima, donde él va ascendido. Chile ya no es prioridad en ayuda a la infancia. También está postulando a emigrar a Canadá. Llamé a Montreal a Angélica Duran (hija de Julio Durán. Conocido político de esos años) (¿La recuerdas?). Viajó en la Tour pololeando y con una tía, los dos son médicos allá. Aceptó encantada dar su nombre como referencia de gente conocida allá. Su madre y Juan fueron compañeros en medicina y Juan atendió a la abuela hasta que se murió hace pocos meses.

 La guagua de Anita y Gonzalo es muy amorosa, con el temperamento tímido y quieto de Anita. Anita es una estupenda mamá, realmente tierna y dedicada. Ahora está siguiendo unos cursos, creo que de macramé o bordados en el Instituto Las Condes. Tienen una muy buena empleada, a seis lucas, del sur. Gonzalo sigue con su temperamento entusiasta, un tanto más moderado en gastar. Puchas que me da pena lo que hace la experiencia….ahora, desde que chocó o lo chocaron tiene un cuidado extremo en las esquinas (tuvo que pagar parte del arreglo del auto…).

 Mónica (hermana) bien amargada a ratos. También que debe ser incómodo estar todo el santo día con la misma persona, sin trabajo los dos, y ella lavando y cocinando. Me gusta que vengan todos los días a almorzar para levantarles el ánimo. Porque la beca aún no sale y quizás ni resulte la beca. Han tratado de fabricar unas sillas buenas para la columna, también unos carteles de acrílicos pero no han resultado. Quizás le salga un trabajo en Curicó, dato de su papá, así es que bien poco posible. Su padre le ofreció que se fuera a Viña por cuarenta mil al mes, pero dejar su departamento aquí y con eso no alcanzan a vivir allá, además la tajada del león se la lleva él. La mamá de Pato está cada día meas dedicada al trago. Quitty y su niña vive con ellos. Enterrarse ahí sería atroz para Mónica. Prefiero que sigan aquí, tienen el departamento y la renta (38 mil) del departamento de Huérfanos, y como son bien programados viven al justo. Han sido difíciles para Mónica estos tiempos, Pato como que está más acostumbrado a los problemas después de vivir en Reñaca. Dicen que se gana construyendo esas casuchas para el gobierno o para empresas, algo están viendo. Trato de influenciarlos, a Mónica, en que no tome la vida tan gravemente en serio que en lo importante a ellos les va bien, lo demás es pasajero.

 Este fin de semana Juan y yo vamos al Miramar, llevaremos a Mónica y Pato, lástima que ellos tengan que alojar en Reñaca, pero sus papás podrían sentirse y a nosotros desajustarnos el gasto, pero saldremos a almorzar a algún lugar…hay que ser bien conscientes de que solo contamos con esta vida…

 No te cuento de nuestro panorama político, porque en los recortes veo que sabemos lo mismo.

 Son las diez de la mañana, tengo que vestirme, ir al correo a poner esta, porque no quiero que me pase como con la última que se añejó en mi cartera, y cuando la releí no te la mandé.

 Me alegro tanto por ti y por Pilar que estén en un lugar donde hay la posibilidad de trabajar. Y ya estamos contando el poco tiempo que falta para que vengan. Les tengo reservado Algarrobo para que Pilar invite a su familia si quiere. Aquí tienen lista tu pieza. A Álvaro le compré un catre de dos plazas para que le sirva cuando se case. Marlene es un amor de niña. ¿De qué le irá a servir estudiar agronomía si no tiene tierra?

 Me he lucido con la blusa roja. Me la puse cuando vinieron unas treinta mujeres y Gabriel Valdés, el Presidente de la Democracia Cristiana. También un domingo de sol, con falda negra y cinturón ancho. Estoy floja, el día está nublado. Esta tarde voy a un homenaje a S. de Beauvoir con Francoise; resfrío seguro y dolor de garganta si no estoy en casa en cama a las nueve de la noche. Todavía vivimos en un país sin calefacción….pero no me voy a quedar encerrada por eso. Mañana me meto más vit. C.

 He tenido que sacar más de quince copias de los papeles que te enviaron de Linus Pauling porque quien se entera, quiere saber más sobre vitamina C. Lo mejor es el libro de él, el nuevo que me enviaste, ahora lo tiene Olaya (Tomic), ojalá lo devuelva luego, se lo encargué como oro, es reconfortante leerlo. He agregado otra vitamina a mi dieta y también eso me hace engordar. Ahora tengo un hambre feroz, seguro que después de pasar seis horas de hambre compraré pasteles para los niños y yo también me rellenaré.

 El domingo llevé a los tres niños porque Francisca se porta como grande, al Parque Intercomunal de la Reina. Anduvieron en ponys, en autos con motor y un tren que a ratos había que empujarlo; te reirás cuando lo conozcas.

 No creas que al leer tantas cosas sobre desempleo, que esto es trágico. No te preocupes, aquí todo el mundo está por el estilo así que nos conformamos.

 Luego se inaugura el Centro de Diálisis que ya está en funcionamiento (las máquinas se las pagarán a lo largo de cinco años). Ya Albertito ha tenido consultas y tendrá porcentaje con la Clínica. Por estos meses le pagan 100 mil al mes por ver las instalaciones y mientras se completan los estudios de costos. Tiene una estupenda enfermera y le arreglaron sus máquinas en el primer piso con vista al río (ocho millones con botar tabiques e implementar). Ayer Juan fue con otro médico a invitar a Fresno. Tuvo la sensación de un personaje de Fellini. Así lo interpreté yo.

 Bueno mi amor, ni releo para que esta salga. Así que perdona los motes.

 Estoy programando una “nouvelle” con la vida de una doméstica.

 Chao amor

 Ximena

 

-sabes que lo más difícil es estar viviendo los problemas y no saber qué hacer (sino poner buen humor). La gente que uno conoce tampoco sabe y el “poder” está en otros.

 -Pilar, mándame fotos de ustedes y escribe

 -Juan Alberto ya está aceptando las cosas como son y no como él cree deberían ser. Y le gusta paguen las diálisis y consultas.

 -Temo que este país se está nivelando con Paraguay

 -No me gusta la idea de que te de pena leer esta carta. Lo que pasa es que todos están dando los primeros pasos y eso es difícil.

 Escribe. Cariños a Pilar

 Ximena

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