Autoficción 54: Precavido, Juan firmaba los comunicados médicos sobre el estado de salud del Cardenal Silva Henríquez después del especialista en medicina interna, el Dr. Luchini.

Chile ese año, en el 88, navegaba sobre estaciones menos tormentosas. Después de muchas protestas y violencia, la situación política del país se encauzaba finalmente por rutas más pacíficas al convocarse a un plebiscito nacional que se realizaría el miércoles 5 de Octubre de ese año. Ahí se decidiría si Augusto Pinochet seguía o no en el poder por diez años más, hasta el 11 de Marzo de 1997. Del total de votos escrutados el “Sí” a Pinochet obtuvo el 43% y el “No” el 54.7%. La victoria del No marcaría el fin de la dictadura, ya que después de un año hubo elección de presidente y parlamentarios. Como presidente saldría elegido don Patricio Aylwin, amigo de tu padre.

Fue en los meses previos al plebiscito, cuando el Cardenal Silva Henríquez sufre un accidente que lo deja en malas condiciones. Tu madre te lo cuenta así:

 

“…quizás no sepas que hace una semana el Cardenal volvía de Melipilla , creo, de celebrar una misa y esperaba comer liebre donde el Dr. Luchini esa noche, cuando su chofer, manejando el auto de una sobrina del Cardenal, porque su auto estaba en día de restricción, al patinar por la lluvia chocó a otro auto y se hundió su motor, con suerte el Cardenal sólo estuvo 20 minutos inconsciente, al chocar desde el asiento trasero con el espejo retrovisor. Le salió un feroz moretón el la frente y en varias partes del cuerpo….”

 

Tu padre sale en la prensa escrita y la televisión. En esos años él trataba de promover su especialidad en la Clínica Indisa. Tener pacientes como el Cardenal, lo ayudaron en la tarea de divulgarlo por la prensa y otros medios de comunicación….aunque el Cardenal, finalmente, decide irse a su casa:

 

“….Juan ha estado muy famoso saliendo en TV, hasta que el Cardenal, haciendo uso de su derecho a la vida, decidió volver a su casa. Tiene 81 años y la aorta así no más…..”

 

Pero cauteloso, tu padre trata de evitar –en caso de que el Cardenal falleciera- la etiqueta de llegar a ser el último médico en atender al Cardenal…….. o el que lo llevó a la tumba:

 

“….precavido, Juan firmaba los comunicados después del especialista en medicina interna, el Dr. Luchini, y ahora va todos los días a verlo….”

 

Y a lo mejor, como estaban almorzando en la misma mesa donde tu madre tenía sus Talleres literarios junto a Martín Cerda, ella te cuenta de manera libre, como si estuviera hilvanando un relato breve o una novela, que el Cardenal a lo mejor se muere. Lo imagina muerto y abriendo de esa manera una oportunidad para hablar sobre los derechos humanos que fue el gran tema del Cardenal en esos años. Si así ocurría, tu madre especula, el No ganaría el plebiscito:

 

“…si se muere, me gustaría que coincidiera con el plebiscito, y con una buena promoción de sus problemas a favor de los derechos humanos. Ganaría el No, y tendríamos Pinochetismo por solo un año más…”

 

Y lo dice mientras estaban sentados en esa mesa coja que tenían en el comedor de tu casa en ese entonces, ubicada en avenida Suecia 1521, y en presencia del entonces sacerdote Renato Hevia S.J. director de la revista Mensaje (hoy ex sacerdote después de contraer matrimonio). En esos años Mensaje se movía en una línea parecida a la del Cardenal, es decir promoviendo los derechos humanos y haciendo oposición a Pinochet. Tu padre, al escuchar a tu madre, se molesta, y le dice que le parece inmoral lo que sugiere, pero no la contradice, no menciona que esa fuera una idea muy descabellada, el Cardenal había quedado seriamente herido y morir era una posibilidad muy cierta:

 

“….a Juan le parece inmoral y casi me comió por decírselo a medias al sobrino de Hernán Larrain, Renato Hevia S. J.

 

Y para continuar con el argumento del relato que tu madre imaginaba mentalmente, termina de manera bien rotunda:

 

“…sería una muerte útil….”

 

Sin embargo, el Cardenal, pese a la gravedad de sus lesiones, sobrevive, y no fue necesario que tu padre lo operara, y tampoco fue necesario que muriera para que triunfara el No. Sobrevivió a base de reposo y medicamentos:

 

“….el Cardenal Silva Henríquez sobrevive a la cantidad de antiinflamatorios y calmantes que le administran….”

 

Y como ayuda colateral a tu padre, todo lo ocurrido con el Cardenal lo ayudó para promover el reciente centro neuroquirúrgico que había organizado con un grupo de médicos en la Clínica Indisa. El centro sale divulgado en los periódicos y en la televisión por las continuas entrevistas, aunque ya no fueran sobre el Cardenal. En una oportunidad le preguntan sobre otro célebre accidentado, Sergio Silva, un distinguido locutor de radio y televisión en ese entonces, pero que no llegaría a ser un paciente suyo:

 

“…Ya te puse al correo….. páginas del diario con una entrevista a Juan a propósito de que en la Clínica Reñaca dejaron descerebrado a Sergio Silva al darle un medicamento para las taquicardias….”

 

 

Al final de esta autoficción transcribes como, Reynaldo Sapag, vivió el accidente de su amigo, el Cardenal Silva Henríquez (Mi Amigo El Cardenal, Ediciones Copygraph, 1996). Pero por ahora, regresaremos a la carta de tu madre, donde te habla de otro sacerdote, de Fernando Salas S. J., que oficiaría el servicio religioso en el matrimonio de un amigo de tu hermano, Álvaro. Posteriormente casaría también a tu hermano.

En los archivos de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional de Pinochet), hallados por el Diario La Nación y publicados el sábado 10 de Junio de 2006, se menciona que ese sacerdote, Fernando Salas, “…..vive en Santa Mónica 2938, fono 94161, y se dedica a la protección de extremistas buscados por la justicia militar. Es el enlace de Fernando Ariztía y prepara la falsificación de documentos. Se hace inocente. Es un cura joven, rubio y cabezón.”

Y era cierto, en ese tiempo Fernando era “joven, rubio y bastante cabezón”. Recuerdas que cuando lo buscaba la DINA para interrogarlo, él se escondió en vuestra mítica casa de Algarrobo, la que estuvo siempre en construcción. Imaginas que encendió la chimenea de la casa y se dejó llevar por su silencio y los pájaros, y por la ventisca fresca que llegaba de la costa. O quizás no tocó la chimenea para que nadie viera salir humo. A lo mejor leyó también un poco de Teilhard de Chardin, buscando entre los libros que tu madre guardaba en un cuarto especial, frente a la quebrada. Por intermedio de Patricio Aylwin (que también tenía casa en Algarrobo y que sabía lo que ocurría en vuestra casa) tus padres se enteraban, en tiempo real, que la DINA había olfateado algo, porque don Patricio había divisado varias camionetas celestes circulando a baja velocidad por las calles del balneario, cerca de tu casa. A Fernando lo recuerdas con cariño, aunque después se distanciaron y no lo viste nunca más.

Definitivamente ese año el gobierno estaba abriendo las compuertas y dejaba, o fue forzado, a que la prensa informara un poco más. Permitió, por ejemplo, que se transmitiera una entrevista que el ex presidente Frei Montalva había grabado para ser vista después de fallecido:

 

“….ayer vimos el ‘De Profundis’ de Frei, que antes estaba prohibido. Muy bueno. Frei habla con toda naturalidad de su vida y de sus esperanzas. Básicamente, quiso como todos los gobiernos anteriores a este, educar. Habló de la interrelación entre lo económico y lo social. Esta noche lo grabaremos, porque lo transmiten de nuevo en canal 5….”

 

Y tu madre continuaba inmiscuyéndose en la actividad política:

 

“…mañana hay un té a Wilma Saavedra en casa cedida por Lucy de Blanco (esposa del escritor Guillermo Blanco). Llevaré bebidas, y al poco rato tendré que emigrar al Taller de Guillermo…”

 

Menciona también lo ocurrido en el partido conservador de ese entonces, el partido nacional:

 

“…ha habido muy divertidas peleas entre gentes del mismo partido. Fue divertido ver al presidente del partido nacional en pijama, y en su escritorio, dando una conferencia de prensa. Perdieron los que entre ellos querían votar por el No….”

 

Santiago, 21 Agosto 88

 Cristián querido

 ¿Qué tiene el teléfono que al despedirnos hace poco rato, tú, Álvaro y yo nos sentíamos desazonados…? Así es como primero puse el TV cable, deportes y películas añejas y a Piazzolla. Juan odia ese tipo de tango. Apagué la TV y decidí mejor escribirte. Te enviaré mañana las páginas literarias del Mercurio. Hoy apareció hasta con foto el compañero del taller, ¿lo conociste tú? En su vida nunca vio algo de él publicado. Recuerdo su cuento de las baldosas, medio neurótico el personaje de ese cuento. Y murió de allegado en casa de una amiga en el fondo del patio, me imagino una pieza helada….quizás por eso también estoy desajustada.

 Hoy tuvimos un “brunch” para que Fernando Salas y Ricardo Ceardi, compañero de Álvaro en el Nido de Águilas, se conocieran. Fuimos siete en la mesa , con Álvaro, Marlene, la novia de Ricardo, y Juan. Pusimos en la mesa algo de todo, y en la sartén eléctrica tocinos con huevos y chorizillos, y chorizos y vienesas. A las 11 y media en punto llegaron los novios y cerca de las doce, Fernando. Los casará en Diciembre en Nuestra Señora de Los Ángeles del Golf. Después de la comilona, me acorde de Pilar y casi me atraganté con un dulce chileno, porque me hubiera gustado que ella los probara…). Juan y yo dejamos a los jóvenes solos con Fernando y nos recostamos a descansar. Después fui a comprar una cinta nueva de video (parece que fueron muy usadas las tres pobres cintas).

 Ayer vimos el ‘De Profundis’ de Frei, que antes estaba prohibido. Muy bueno. Frei habla con toda naturalidad de su vida y de sus esperanzas. Básicamente, quiso como todos los gobiernos anteriores a este, educar. Habló de la interrelación entre lo económico y lo social. Esta noche lo grabaremos, porque lo transmiten de nuevo en canal 5. ¿Hay alguien conocido con Betamax? ¿Te lo puedo mandar con alguien?

 Ha habido muy divertidas peleas entre gentes del mismo partido. Fue divertido ver al presidente del partido nacional en pijama, y en su escritorio, dando una conferencia de prensa. Perdieron los que entre ellos querían votar por el No.

 -Parece que cerca de medianoche habrá 15 minutos para la campaña por el No.

 -Ayer almorzamos donde los Pareto (ex diputado demócrata cristiano). A la Corita (su señora enferma de cáncer) le sale una voz rara, y está redonda de cortisona. Nos tenían prieta que me gustan tanto.

 -Mónica (hermana) y Pato fueron a Reñaca este fin de semana

 -Alberto (hermano mayor) quería que fuéramos a una “feiojada” mejicana, ahora jura con su especialidad

 -El Cardenal Silva Henríquez sobrevive a la cantidad de antiinflamatorios y calmantes que le administran.

 -Quizás no sepas que hace una semana el Cardenal volvía de Melipilla , creo, de celebrar una misa y esperaba comer liebre donde el Dr. Luchini esa noche, cuando su chofer, manejando el auto de una sobrina del Cardenal, porque su auto estaba en día de restricción, al patinar por la lluvia chocó a otro auto y se hundió su motor, con suerte el Cardenal sólo estuvo 20 minutos inconciente, al chocar desde el asiento trasero con el espejo retrovisor. Le salió un feroz moretón en la frente y en varias partes del cuerpo. Juan ha estado muy famoso saliendo en TV, hasta que el Cardenal, haciendo uso de su derecho a la vida, decidió volver a su casa. Tiene 81 años y la aorta así no más. Precavido, Juan firmaba los comunicados después del especialista en medicina interna Dr. Luchini, y ahora va todos los días a verlo. Sí se muere, me gustaría que coincidiera con el plebiscito, y con una buena promoción de sus problemas a favor de los derechos humanos. Ganaría el No, y tendríamos Pinochetismo por solo un año más. A Juan le parece inmoral y casi me comió por decírselo a medias al sobrino de Hernán Larrain, Renato Hevia S. J. Sería una muerte útil. Creo que la campaña por el Sí es tan abrumadora y la gente tan inconciente….Máximo Pacheco estuvo muy bien en el foro de TV. Sólo tocó los derechos humanos y la justicia que no puede cumplir su rol.

 -El aire está limpio con la lluvia.

 -Álvaro (hermano menor) y Marlen me alegran con su pololeo.

 -Alberto (hermano mayor) está muy bien arranchado y contento.

 -Juan se fue a dormir siesta a la primera pieza porque le molesta la máquina de escribir.

 -Mañana hay un té a Wilma Saavedra en casa cedida por Lucy de Blanco (esposa del escritor Guillermo Blanco). Llevaré bebidas, y al poco rato tendré que emigrar al Taller de Guillermo.

 -El sábado para olvidarme de la gripe fui a la peluquería de moda, “Rizos”. Vi salir a una vieja, con pelos volados, y ese mismo peinado exigí para mí. Así que salí tarde y con los pelos tiesos. Todavía no logro desenredarme las mechas, y pagué 10 dólares por todo, incluyendo ver los peinados de las chicas de canal 13. Harto más lindas sin maquillaje.

 Son las 4 y media de la tarde y todavía tengo la sensación de apenas haberte sentido cerca. Por eso no llamo a Gonzalo (tu otro hermano que vive en Canadá).

 -Es raro lo cariñoso que está ahora J. Alberto (hermano mayor). Recién llamó invitando a su casa, pero le tengo miedo al frío de la vuelta. Parece que el estar viendo con sus ojos la vida de aquí le ha reconciliado con su familia.

 -No me gustó el cuento premiado por El Mercurio…siento como inmoral, ese rasguñar a la embarazada….

 -El gato Garfield está pegado a la puerta del video mirándome furioso…

 -Tendré que hacerle sabanitas a Camila, no hay de 070 por 090. ¿Son esas las medidas, Pilar?

 -Dile a Clara que no tengo el teléfono de su hija, venía en el sobre que vino a buscar. Dile que me lo envíe.

 -Y ya me cansé de escribir sentada en la cama y tengo sueño. Me levanté a las 8 a preparar el brunch…

 -Mañana pongo esta al correo y escriban, cuenten las gracias de Camila y si les resulta el horno y cualquier cosa más.

 Un gran abrazo a los dos

 Ximena

 

…te escribo desde una cafetería de Plaza Lyon. Ya te puse al correo el Hoy último con un librito sobre los partidos políticos chilenos y páginas del diario con una entrevista a Juan a propósito de que en la Clínica Reñaca dejaron descerebrado a Sergio Silva al darle un medicamento para las taquicardias….

Hoy hace calor y sol, ¡rico!

 Un abrazo

 Ximena

 

 

 

Hubiese sido interesante que tu padre te contara más de sus actividades, pero era un médico reservado, no le gustaba hablar mucho de su profesión. En todo caso, al menos, quedan algunos recuerdos de alguien que lo conoció, como Reynaldo Sapag, amigo personal del Cardenal. Recuerdas que compraste un libro de él en Chile, en la Librería José Miguel Carrera, sucursal Apumanque, en una de tus visitas. Nunca lo comentaste con tu padre, y él tampoco nunca mencionó nada de ese texto. Lo que sigue a continuación es una transcripción casi completa del capítulo titulado “La Patente Diplomática”, donde Reynaldo Sapag explica los detalles del accidente sufrido por el Cardenal y menciona, también, cariñosamente a tu padre:

 

 

“…siguiendo con este anecdotario que me ha absorbido buena parte del tiempo libre del viaje, quisiera relatar un episodio que entristeció enormemente al señor Cardenal y que finalmente estuvo a punto de quitarle la vida.

Desde que Chile tiene Cardenal con Monseñor José María Caro, el gobierno decidió otorgar al vehículo de tan alto dignatario una placa patente del Cuerpo Diplomático. Esto, en virtud que los Cardenales son príncipes de la Iglesia y obtienen por este hecho la ciudadanía vaticana. En la práctica nadie nace en el pequeño país denominado Vaticano; los Cardenales lo son. Don Raúl me ha mostrado su pasaporte emitido por la Santa Sede, el que normalmente utiliza en sus viajes al exterior, lo que permite un trato especial.

Todos los gobiernos chilenos han reconocido la calidad diplomática de los Cardenales, razón por la cual desde los masones radicales hasta el marxista Allende, todas las administraciones que han gobernado el país desde que Chile tiene Cardenal, les han otorgado patente diplomática para circular en sus vehículos, lo que implica un reconocimiento público de su calidad de dignatarios de la Iglesia Católica. Esto hasta la administración de Pinochet, o mejor dicho hasta que Jaime del Valle Alliende asume por la dictadura, el cargo de Ministro de relaciones Exteriores el 19 de Diciembre de 1983. El año 1985, cuando el fiel Osvaldo Fica, chofer de don Raúl, va inocentemente en el mes de marzo a retirar la placa No 2 del Cuerpo Diplomático en el Ministerio de Relaciones Exteriores (la No 1 estaba reservada al Nuncio Apostólico de Su Santidad, que tradicionalmente es también el decano del Cuerpo Diplomático acreditado en Chile), se le comunica por un funcionario subalterno que el Gobierno ha decidido cancelar ese derecho y por lo tanto el señor Cardenal debe pagar el permiso de circulación por su vehículo como cualquier otro ciudadano y adquirir así la placa en el lugar correspondiente. Duro golpe para don Raúl, quien siempre ha creído que la medida constituyó una pequeñez y una venganza por su decidida denuncia de la brutal violación a los derechos humanos que durante tantos años ejerciera el Gobierno Militar. A pesar de que nadie dijo en esa oportunidad que la orden provenía de Jaime del Valle y probablemente conversada con Pinochet, el señor Cardenal siempre ha identificado al Ministro de la época con la medida adoptada. Al menos, señala don Raúl, no es posible que una decisión de esa importancia no estuviese en su conocimiento y aprobada por él. El hecho de que fuera un hombre católico, vinculado a la Universidad Católica, donde fue Decano de Derecho y Pro Rector, el partícipe directo o cómplice de esa pequeñez, le dolió aún más. Don Raúl siempre ha estimado a la familia del Valle y, de hecho, dos hermanos de Jaime ocupan hasta la actualidad cargos de confianza de don Raúl y de la Congregación. En efecto, la Gerencia General de la Editorial Salesiana la ejerce Gonzalo del Valle y en el directorio de la Aldea S.O.S. de Punta de Tralca, por él creada, está otro hermano, Alfredo del Valle Alliende.

Cuando Osvaldo Fica regresó a casa del señor Cardenal y le comunicó que no le darían patente diplomática, don Raúl decidió no hacer publico este hecho y ordenó que se adquiriera el permiso de circulación en la Municipalidad de Ñuñoa, como lo hace cualquier persona.

A finales de Julio de 1988 el señor Cardenal se había comprometido a decir misa de 50 años del Hermano del Sagrado Corazón Gratien Tremblay en el Puerto de San Antonio. Yo también deseaba ir, puesto que el Hermano Gratien había sido uno de mis profesores jefes cuando yo estudiaba en el Instituto del Puerto. Ese día, como es habitual en los inviernos en Chile, había restricción vehicular por la contaminación ambiental, razón por la cual el número terminal de la placa patente del Volvo de don Raúl, tenía impedimento de circular.

El señor Cardenal intenta infructuosamente ubicarme esa tarde. Había que partir a más tardar a las 16:30 horas, ya que la misa empezaba a las 18:30. En vista de lo cual llama a su sobrina Florence Hudson y le pide prestado su automóvil, un japonés pequeño. Osvaldo, el chofer de don Raúl, va a buscar el auto y parten a San Antonio. Cuando llamé a casa del señor Cardenal para ir a buscarlo en mi propio auto, no lo encontré; había partido momentos antes. Decidí entonces no ir a San Antonio, puesto que mi deseo había sido el de acompañar al señor Cardenal, además de rendirle un homenaje a un hombre canadiense, hoy fallecido, que hizo tanto por la formación de la juventud chilena.

La Santa Misa se desarrolló con magnificencia y solemnidad como me lo diría cuatro días más tarde el propio Hermano Gratien, cuando el sábado de esa semana asistí a otra misa que en su homenaje se hizo en la Iglesia de Barrancas en San Antonio, acompañado de Silvia y dos de mis hijos. Le conté además como había evolucionado don Raúl del terrible accidente que vivió de retorno de la misa de 50 años a la entrada de Santiago. En efecto, de vuelta a Santiago, cuando ya eran las 21 horas y don Raúl se dirigía desde San Antonio a la casa del Dr. Alberto Luchini –médico personal en esa fecha y muy amigo de don Raúl- para cenar con él y con el Dr. Juan Fierro, sobreviene un accidente de proporciones a causa de la fragilidad del vehículo, puesto que nada hubiese ocurrido si hubiese estado en su Volvo que dispone de modernos sistemas de seguridad.

Recién había comenzado a llover en Santiago. El pavimento se encontraba resbaladizo, producto del polvo y el agua antes de que las calles se laven con la propia lluvia. Al tomar la curva cercana al matadero Lo Valledor, el pequeño automóvil comienza a patinar. Osvaldo Fica pierde totalmente el control del volante. El auto daba vueltas y se desvía incontrolablemente al carril contrario, donde es impactado frontalmente por una camioneta americana tipo pick up. El impacto fue fuertísimo, puesto que los vehículos avanzaban ambos a velocidades cercanas a los 70 kms. Don Raúl dormitaba en el asiento trasero, el automóvil no tenía cinturones de seguridad en la parte posterior. Su cuerpo, por la fuerza del impacto, tiende a salir hacia delante. Se golpea con fuerza en el espejo retrovisor y rompe con su cabeza el vidrio delantero. Pierde el conocimiento. Su cuerpo se hallaba entrampado entre los asientos delanteros. El automóvil quedó completamente destrozado. Entremedio de los fierros retorcidos, se encontraba el cuerpo pálido y sin sentido de este hombre maravilloso.

Osvaldo Fica, aún cuando sangraba copiosamente, producto de los vidrios que rompieron su rostro, salió como pudo del pequeño vehículo y de inmediato comenzó a gritar:

-Es el Cardenal. El Cardenal Silva es el que está en el auto. Por favor llamen a una ambulancia. Soy el chofer del Cardenal Silva.

En su desesperación y a pesar de sus propias heridas, la única preocupación para el buen Fica era don Raúl. Su propia salud y su vida no importaban, sólo el Cardenal era para él importante en esos momentos.

Todos colaboraron al saber quien era el ilustre accidentado. Llega la ambulancia que lo lleva rápidamente al Hospital Ramón Barros Luco de la Gran Avenida.

Mientras esta dramática situación ocurría, yo me encontraba cenando en mi casa. Había invitado a comer a Jorge Awad y a José Luis Zabala Ponce. Alrededor de las 10 de la noche recibo un llamado telefónico del Diario La Época; una periodista llamó para consultarme qué sabía de don Raúl. Le cuento lo de su viaje a San Antonio y a su vez le pregunto la razón de su llamada. Me responde diciéndome que había recibido la noticia del accidente y que querían saber más detalles de lo ocurrido. Inmensamente preocupado le digo que llamaría de inmediato a la casa de don Raúl y que ella me llamara más tarde. Marco el número privado de la casa de Los Pescadores y me responde la Tere, quien me dice que efectivamente el señor Cardenal sufrió un accidente y que lo han llevado al Hospital Ramón Barros Luco. De ahí lo trasladarían a la Clínica Indisa. Los médicos con los que cenaría esa noche ya estaban al tanto de la situación y se habían preocupado de los detalles del traslado a fin de hacerle los exámenes correspondientes. Corté apresuradamente la comunicación y comuniqué a mis amigos lo acontecido. Les pedí disculpas por el término tan abrupto de la cena, ya que decidí trasladarme de inmediato a la Clínica Indisa. Jorge Awad me dijo que me acompañaría, así que partimos de inmediato. Cuando llegamos vimos a la señora Clementina (hermana del Cardenal), quien nos dio mayor información del accidente y nos comunicó que el señor Cardenal aún no se encontraba allí y que una ambulancia venía en camino. Resolvimos esperar en la Clínica hasta la llegada de don Raúl, preocupándonos de averiguar por donde llegaría a fin de poder verle. Al rato, en una camilla, aparece don Raúl, con una cara magullada por la fuerza del impacto. Sus ojos se encontraban cerrados y aparentaba estar sin sentido. Los médicos nos comunicaron que de inmediato se le llevaría al pabellón a fin de hacerle un riguroso y completo examen y así determinar la gravedad de su accidente. Nos señalaron que necesitarían algunas horas para efectuar un diagnóstico correcto y que los resultados sólo se tendrían al día siguiente en la mañana, razón por la cual la espera era inútil. Llegamos de vuelta a mi casa pasada la medianoche, con la angustia de no saber cual era la real dimensión y gravedad del estado de salud de don Raúl.

A la mañana siguiente, a primera hora, volví a la Clínica. Conversé con mi buen amigo el Dr. Juan Fierro, una eminencia médica reconocida en Chile y en el extranjero. Hombre bondadoso, afectivo, inteligente y comprometido con la causa social. De tiempo en tiempo nos juntamos buscando formulas viables que hagan posible en nuestro país una medicina más humana y menos comprometida con el dinero y el lucro. Después de saludarme con el afecto de siempre me dice:

-Mira, los exámenes indican un TEC con contusión y edema cerebral grave y fractura en el cráneo, magulladuras múltiples y hematomas. No tiene fracturas en el resto del cuerpo, con excepción de dos costillas. No se le podrá visitar sino hasta dentro de algunos días. Afortunadamente ha recuperado el conocimiento.

Después en un gesto muy característico en él, me toma del brazo y paseándonos por los pasillos de la Clínica, me cuenta en detalle el resultado de los exámenes. Después me diría:

-Un golpe de esta magnitud en una persona de casi 81 años es muy complicado. Un niño es capaz de restablecerse rápidamente, pero en la ancianidad se produce un deterioro de difícil recuperación. Con el tiempo se produce un descalabro en las neuronas que se van deteriorando implacablemente.

El año del accidente se desarrollaría en Chile el plebiscito, que finalmente hizo posible la salida de Pinochet del gobierno. Al año siguiente se realizaron las elecciones y en Marzo de 1990 tendríamos a Patricio Aylwin en La Moneda. Después de los festejos de la primera semana, llamé a la Presidencia de la Republica, quise hablar con el Presidente para contarle los hechos relatados en los párrafos anteriores con el objeto de que le devolvieran al señor Cardenal la patente diplomática. Conversé con sus eficientes secretarias Claudia y María Paz, quienes me señalaron que le explicarían la razón de mi llamada a don Patricio Aylwin. Este, al conocer los hechos, pidió al Ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Silva Cimma, que resolviese de inmediato el problema. Y así fue: antes de 48 horas Osvaldo Fica estaba colocando en el Volvo de don Raúl la patente oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores que lleva el número 21.

Termino de escribir estos recuerdos a bordo de un avión Lan Chile. Un sobrino del Cardenal e hijo de la señora Clementina, Richard Hudson, es el representante en Europa de la línea aérea, por lo que cuando es necesario, abuso de su buena voluntad para las reservas de pasajes. Esta vez no ha sido necesario. Son cerca de la una de la madrugada, hora de Europa. Salimos de Frankfurt puntualmente a las 19:55 horas. Hicimos una escala en Madrid, donde aproveché de comprar en el Free Shop, una botella de “agüita de cebada” para llevársela de regalo a don Raúl.”

Notas:

Don Osvaldo Fica falleció en Santiago en Diciembre de 1994

El doctor Alberto Luchini falleció en Santiago en Marzo de 1996

El Cardenal Silva Henríquez falleció en Abril de 1999 a los 91 años

Tu padre fallecería en Enero del año 2003

Solo te cabe preguntar:

¿Cómo lo habría contado tu padre?

¿Cómo lo habrías leído tú, donde estás ahora, en un verano de Michigan y después de tantos años, en el 2019?

¿Habrías logrado escuchar nuevamente el crujir de las patas de las sillas sobre el suelo de greda en el comedor de tu casa, en la calle Suecia 1521?

¿Habrías vuelto a oír a alguien que llamaba a través de la escalera, que subía hacia el segundo piso de tu casa, buscando a tu padre para que bajara pronto a atender una emergencia?

¿Te habrías asomado para ver quién era?

¿Te habrías quedado mirando fijamente por la ventana del segundo piso -pese a que ahora estás en Michigan- para ver como se alejaba el auto?

¿Lo habrías visto tomar del brazo a don Reynaldo Sapag -pese a que ahora estás en Michigan- mientras le hablaba de la salud del Cardenal?

¿Habrías imaginado a Fernando mientras se escondía en la casa de Algarrobo?

¿Se habrá arrepentido de ser sacerdote mientras se escondía?

¿Divisó también las camionetas celestes de la DINA pasar a poca velocidad frente a tu casa?

¿Habrá sentido susto, miedo? ¿Le dio temor?

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