Autoficción 52: ¿De qué hablaremos?

Estabas en la librería Barnes & Noble cuando un muchacho joven te pregunta si acaso habías leído a Nietzsche, y te muestra el libro, te lo levanta frente a tus ojos: Así Habló Zaratustra. Nunca habías visto a ese muchacho que ahora te interrogaba frente a una estantería de libros. Le dijiste que no, que no habías leído nada de él, y ocultaste tu sorpresa; y lo hiciste para que no se diera cuenta de que estabas pasmado, extrañado de que un tipo de la edad de tu hija te preguntara algo así. La verdad, Cristián, es que nuevamente te dio la impresión de que las circunstancias te habían sobrepasado y no supiste cómo enfrentarla; ocurrió todo muy rápido, incluso él se disculpo al interrumpirte. Pero tu pretendías que todo era normal, la pregunta, la situación, el libro, tu entorno.

Al final, cuando se fue, te dejó flotando en un océano de interrogantes. Lo buscaste por las estanterías, en el café, pero se había esfumado, no estaba por ninguna parte y se había llevado el libro para leerlo en algún rincón distante. Al día siguiente fuiste al mismo lugar de la estantería y ahí estaba, ahí encontraste el libro. Lo abriste y te diste cuenta que el día anterior, para aparentar que todo estaba bien, corriente, no te atreviste a preguntarle más. Recuerdas que al menos lograste averiguar que no estudiaba filosofía. Te respondió que no, pero, ¿qué estudiaba? No continuaste y nunca lo podrás saber. Ahora notas que a lo mejor, por la época que transitamos, un tiempo donde leer un mensaje-texto ya parece demasiado largo, donde lo único que se lee es la frase corta, el Tweet, te sorprendió esa intromisión del extraño, y el tema. Notas que le podrías haber preguntado por qué leía eso, o qué estudiaba, si no era filosofía, qué estudiaba. Recuerdas que tenía una correa de llavero que leía Harvard colgándole del cuello, pero, ¿era realmente de Harvard, era realmente un estudiante de Harvard? Dejaste el libro en la estantería y notaste que no habías estado a la altura de las circunstancias, reiteradamente te comportas como un sorprendido que no mostró sus cartas, Cristián. Y finalmente fuiste tú el que salió arrancando de esa librería; y tozudamente, cada vez que la visitas, regresas al mismo sitio, tomas el mismo libro y tratas de leer algo distinto; aunque ya no haya nadie preguntando nada. Notas nuevamente ese destiempo, Cristián, ese saludo no correspondido, ese abrazo, esa conversación truncada. Algo te faltó, siempre te falta algo, ¿cierto?

En numerosas notas o autoficciones anteriores te has referido a tu hermano, Álvaro, y su nueva empresa. Hubo una carta que se te traspapeló y que todavía no has incluido, y donde él te habla de su trabajo. Ahí menciona las distintos capotas que tiene que usar en su nueva empresa para salir adelante; de Junior, de Ingeniero, arquitecto, secretario, lo que venga:

 

“…..me piden que les mande un empleado a que les vea el sitio, o un técnico que les resuelva algún problema con la instalación del alcantarillado, o un ingeniero para que les analice si el sitio es apropiado para fundaciones, etc…, yo tengo que decirles que sí y paso a ser experto en todo…”

 

Te cuenta que el trabajo es intenso, y que desgraciadamente por eso no puede seguir escribiendo, y que ha tenido que dejar por un tiempo sus queridos aforismos (leer autoficción 36 y 37, por ejemplo):

 

“…..con respecto a escribir estoy en receso. El trabajo me seca cualquier intención de hacerlo. No sé qué hacer con los aforismos. Espero terminarlos luego, pero así como voy tengo para rato….”

 

Firmó tres contratos:

 

“…..firmé contrato con tres personas a las que les voy a construir casas de 34 mt2. Espero poder firmar más….”

 

Y le golpea la dura realidad del trabajo y te cuenta la firme:

 

“…..estoy algo asustado, no me siento totalmente seguro de lo que sé….”

 

 

Stgo, Viernes 29 de Mayo de 1987

 Querido Cristián y Pilar

 Les pido que por favor me disculpen por no haberles escrito antes, soy un ingrato, incapaz de terminar una carta. Espero poder hacerlo con esta. Desde ayer estoy leyendo el cuento, voy solo en el tercer capitulo. Espero poder tener tranquilidad para terminarlo luego. ¿Ustedes cómo están? Allá debe estar empezando el verano. Aquí el invierno está medio tímido, habrá llovido unas dos veces. Hoy amaneció nublado, con frío, dan ganas de acostarse…o estar ante una chimenea….

 En mi trabajo las cosas siguen su curso. Firmé contrato con tres personas a las que les voy a construir casas de 34 mt2. Espero poder firmar más. A veces me tengo que quedar una tarde completa esperando a que lleguen clientes. Al final del próximo mes espero comenzar con la construcción de mi primera casa. Estoy algo asustado, no me siento totalmente seguro de lo que sé. En la empresa yo soy el gerente, arquitecto, junior, etc. la gente se imagina que tiene más personal, y me piden que les mande un empleado a que les vea el sitio, o un técnico que les resuelva algún problema con la instalación del alcantarillado, o un ingeniero para que les analice si el sitio es apropiado para fundaciones, etc…, yo tengo que decirles que sí y paso a ser experto en todo…

 Con respecto a escribir estoy en receso. El trabajo me seca cualquier intención de hacerlo. No sé qué hacer con los aforismos. Espero terminarlos luego, pero así como voy tengo para rato.

 Espero que se encuentren bien, y les mando esta carta al tiro. El papá se la está llevando.

 Álvaro

 

 

Claramente los celulares todavía no habían sido inventados por nadie, de manera que tu madre, desde Algarrobo, llamaba por teléfono haciendo una cola larga para después meterse adentro de unas cabinas estrechas y sin ventilación para poder hablar contigo unos minutos. Al entrar se sumergía en un aire espeso, sobrecargado de vidas privadas, confidencias, y saludos distantes, ocultos. Cuando la comunicación no era óptima, se escuchaban gritos:

 

“….tuve que llamarte esta semana. A las siete de la mañana, hora en que los teléfonos con fichas están sin gente, salí temprano…”

 

Así es, ahora lees otra de las tantas cartas que te mandó tu madre en esos años. ¿Te sorprendieron? Aquí te menciona las remodelaciones a las que estaba sometiendo la mítica casa de Algarrobo, la misma casa que nunca dejó de remodelarse, de cambiar, de sufrir accidentes, y que nunca, tampoco, pese a todos los arreglos, ha dejado de lloverse. Había un cuarto pequeño, con una linda vista a la quebrada y que ocupó un lugar importante en tu familia. Era la pieza de Teilhard de Chardin, y donde contra la pared, se podían ver los libros publicados por ese jesuita después de muerto…… porque en vida le prohibieron publicar. Fue científico, escritor, paleontólogo, filósofo y variedad de otros oficios. Se podía ver también un cuadro de él, con fotos y recortes pegados como imitando un puzzle. Recuerdas una foto en particular, en la que estaba sentado, serio, de rostro afilado, mirando hacia su copa de coñac. ¿Dónde estará ahora ese cuadro?

Corría el año 62 (siete años después de su muerte) cuando el Vaticano, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, emitió un Monitum o “peligro” al referirse a sus escritos. Recién ahora, en el 2019, el Papa Francisco está considerando terminar con esa medida. Tu madre empujaba ese culto por Teilhard, y le celebraba especialmente un texto muy bien escrito, “La Misa sobre el Mundo”, una oración poética, y que al leerla se respira autenticidad, nostalgia, soledad; no se necesita ser creyente para disfrutarla. La escribió cuando estaba en el desierto de Odos, en una expedición científica y sin ningún implemento para celebrar la eucaristía. La primera sección empieza así:

 

 El Ofertorio

 No tengo ni pan, ni vino, ni altar. Otra vez, Señor, no ya en los bosques de Aisne, sino en las espetas de Asia. Por lo cual trascenderé los símbolos para sumergirme en la pura majestad de lo Real, y yo, tu sacerdote, te ofrecerá el trabajo y la aflicción del mundo sobre el altar de la tierra entera……

 

Te cuenta como había quedado la distribución de ese cuarto:

 

“….la pieza de Teilhard se cerró con una puerta a la terraza, y bajo la ventana un sofá cama. Todo beige y alfombra gris-celeste y paredes y techo de genero verde con otro tapiz….

 

Y te cuenta como había reaccionado tu padre con la remodelación, sobre todo cuando le ensuciaban la alfombra:

 

“….Juan está chocho. La dificultad empieza cuando dejan algo tirado o ensucian la alfombra. Entonces el viejo saca escobillas y limpia con gran alharaca…”

 

Tu madre ya se había enterado que tu hermano, Gonzalo y con toda su familia, emigraban hacia Canadá. Pero esta vez no llamó al Cónsul para evitar que le dieran una Visa (leer autoficción anterior):

 

“….Anita volvió del sur. Ahora dicen que emigran a Canadá. En UNICEF la jefa está de acuerdo en guardarle el puesto mientras Gonzalo aprovechaba para seguir de Colombia (a donde va por un Congreso) a Canadá….”

 

Y aquí llegamos, Cristian, a una sección de la carta que a ti te gustaría saltarte, o no mencionar, o no decir nada, como te ha ocurrido en otras ocasiones. Pero no queda más remedio que decirlo tal como tú lo crees haber visto, vivido, algo que ahora recuerdas pero a medias. Te acuerdas que en tu casa se apreciaba la inteligencia, el tener carrera, un título, para así respirar tranquilo y decir que has aportado y puedes ganarte la vida. Anita, la esposa de tu hermano en ese entonces, desgraciadamente cuando terminó las secundarias no continuó con estudios superiores. Era de Frutillar, había nacido ahí, en el “campo”, en el sur de Chile, un mundo familiar para tu madre pero que ella ahora apenas recordaba o rechazaba. En autoficción XVII tu madre menciona a la mamá de Anita. Ese día la tenía invitada a almorzar, y con una sola pregunta te muestra donde está el problema, toda la tensión, todos los malos entendidos que a veces ocurren en las familias y se acumulan y se perpetúan con los años:

 

…”¿De qué hablaremos? Quiero que sea útil, trataré que me instruya sobre algo de vacas para escribir un cuento….”

 

Siempre, cuando te mencionan el nombre de Anita, hay algo que te duele, Cristián. A lo mejor tú también creías que era “una mujercita” venida del sur, “del campo”, de las vacas, de un mundo donde la gente usaba nada más que las manos para ganarse la vida. ¿Y qué malo había en eso, en esa manera de trabajar, con las manos? ¿Acaso tu padre, como cirujano, no las usaba? ¿Nuevamente no estabas preparado, Cristián? ¿A ti, todo hay que anunciártelo con antelación?, ¿pedir hora? A la madre de Anita la recuerdas con cariño. Recuerdas que después de la muerte de Anita, ella sintió una necesidad muy grande de asistir a misa. Fueron a una Iglesia hispana en los alrededores de Toronto que estaba atestada de gente, de hispanos sudorosos, pero ella, la mamá de Anita, se veía vacía, desolada, sin nadie; acompañaba solamente de un atado de sufrimientos. Fue valiente. Anita no logró nunca un título, ningún de esos papeles que logran a veces los que conocen bien el sistema. Pero sientes que con esa manera tan corajuda de partir -a patadas contra el cáncer- se ganó varios títulos y doctorados. Creo que te acordarás de ella cuando te llegue la hora, Cristián, cuando te llegue tu fecha de vencimiento:

No cabe duda que tu hermano Gonzalo, en esos años, navegaba por un océano de incertidumbres. No le fue fácil. Tu madre siempre ubicó y reubicó a Anita en el campo:

 

“….Anita no se cultiva para ser una interlocutora válida, pero es una excelente mamá, demasiada influida por teleseries (como Dallas) en que se vive en lujosos interiores con pozos petroleros como en Dinastía…”

 

Por otro lado, Pato, el marido de tu hermana Mónica, recién llegados de Europa, se las arreglaban con algo temporal para conseguirse algunos pesos:

 

“…..Pato ha venido los fines de semana porque está remodelando el viejo departamento de Jorge Alessandri (ex presidente de Chile, fallecido en el año 86) en Plaza de Armas. Ahora en Febrero se dedicará con Mónica a fabricar sillas de plástico con un modelo que trajeron de Italia, especial para intemperies….”

 

Y nuevamente llegamos a los cuentos y la escritura. Uno de ellos fue publicado en la revista Análisis de ese entonces, dirigida por tu querido amigo Juan Pablo Cárdenas. Tu sobrino, Fernando, hijo mayor de Juan Alberto, lo disfrutó. Tu madre te lo cuenta:

 

“….Fernandito saltaba de gusto con la revista de tus cuentos. ¿Somos una familia famosa? Gritaba feliz. Lamentaba que no fuera tu fotografía en la revista….”

 

¿Y qué ocurría con los políticos en la mítica casa de Algarrobo?

Tu madre cuenta que tenían invitado a Bernardo Leighton ese fin de semana, el sobreviviente de un atentado terrorista en Roma, donde lo balearon en la cabeza mientras cruzaba una calle. Tu padre lo atendió una vez que Pinochet lo dejó entrar al país:

 

“…..esta semana viene a Algarrobo mi amiga Nelly Terrazas y Bernardo y Anita Leighton, pero Bernardo está con problemas y le harán hoy una rectoscopía. Así que quizás me quede solo con Nelly….”

 

Y para terminar, más libros. Te habla de la señora de José Donoso que recién había publicado uno:

 

“….dime qué libros tienes firmados por José Donoso para enviarte los que faltan. Pilar sacó un libro autobiografía (tipo revista de corazón) de los personajes que ha conocido, con buen éxito de crítica…..”

 

 

Stgo, 1º Febrero 88

 Cristiancito querido

 Y han ido pasando los meses y el culpable es el teléfono, con dos llamadas al mes escuchando tu voz me quedo más tranquila, excepto estas dos últimas semanas por tu quiste. Tuve que llamarte esta semana. A las siete de la mañana, hora en que los teléfonos con fichas están sin gente, salí temprano, supe por tu papá que era algo de grasa, pero no le creí bien y esperé que abrieran la telefónica (ahora dada en concesión a un particular aquí en Algarrobo) y a las 8:45 me dieron contigo (el mínimo $2,490 y no aceptan cheques) por eso y porque ya había gente y aire viciado es que tuve que llamarte cortito.

 Estoy feliz de que sea algo benigno, pero de todas maneras que lo manden a examinar, ¡no lo olvides!

 Este fue un año de harto trabajo. Desde Agosto arreglando esta casa. Quedó pasable, ya la puedo mirar sin pensar “debería hacer….” Las camas de ustedes con cajones se ampliaron a 1.5 (fue divertido cortar y pegar colchones), quedando matrimoniales, una en cada pieza grande, y abajo una encima de la otra como cuando chicos. La pieza de Teilhard se cerró con una puerta a la terraza, y bajo la ventana un sofá cama. Todo beige y alfombra gris-celeste y paredes y techo de genero verde con otro tapiz. También ayer agrandamos la mesa y pusimos el refrigerador en la cocina. Modificamos la ubicación de la cocina y etc., etc. Juan está chocho. La dificultad empieza cuando dejan algo tirado o ensucian la alfombra. Entonces el viejo saca escobillas y limpia con gran alharaca…Aída pidió la casa del 20 de Diciembre al 15 de Enero. Antes estuvieron una semana Anita con guaguas y empleada y no pudo irse Pascua y Año Nuevo al sur por la piedra a los riñones de Gonzalito, que estuvo un mes con la espada sobre la cabeza hasta que hubo que operarlo, entonces Anita volvió del sur. Ahora dicen que emigran a Canadá. En UNICEF la jefa está de acuerdo en guardarle el puesto mientras Gonzalo aprovechaba para seguir de Colombia (a donde va por un Congreso) a Canadá. Ahora resulta que si va a Canadá ese gobierno le exige sea con toda su familia. Son tantos y tan variados los proyectos que han tenido en estos tres últimos años que prefiero confiar en lo que veo. Gonzalo está contento en UNICEF, no tanto en su matrimonio. Anita la he visto llorar por el mal genio con que despierta Gonzalo. La escucho pero no opino. Ellos son los que solitos tienen que arreglar sus problemas. Así es que en el año habré ido para cumpleaños y cuando nos invitan especialmente. Para mi, capote, pienso que Anita no se cultiva para ser una interlocutora válida, pero es una excelente mamá, demasiada influida por teleseries (como Dallas) en que se vive en lujosos interiores con pozos petroleros como en Dinastía…

 Así es que Alberto y Aída y niños se quedaron hasta el 30 de Enero porque Anita volvió al sur…y ese es el miedo de Gonzalo, ser parqueado allá y trabajar en el sur.

 Dejé Enero a Juan Alberto, entonces, con una empleada hasta las 3 PM. Una mujer como para escribir una novela sobre su esforzada vida. Encontré todo impecable al volver, y a los niños vivos. Álvaro solo le puso baranditas a la terraza de la quebrada, ya los veía reventados al caer….Juan Alberto con un bote plástico, grande, salía hasta mar adentro con los niños mientras Aída vigilaba desde la playa. Fue bueno no ponerle motor (porque algún susto pasaron….). Me alegro haber arreglado la casa para este verano. Fue bien aprovechada. Pato ha venido los fines de semana porque está remodelando el viejo departamento de Jorge Alessandri (ex presidente de Chile, fallecido en el año 86) en Plaza de Armas. Ahora en Febrero se dedicará con Mónica a fabricar sillas de plástico con un modelo que trajeron de Italia, especial para intemperies.

 Mónica ha vuelto como otra persona. Alegre, metódica y ordenada, encontrando todo regalado de barato en Chile. Ahora –en minutos- dispone una comida, arregla su pieza y valora todo lo que hay. De tiendas quiere que me compre ropa, zapatos, y ya de eso no me interesa más que ver su gusto en los ojos.

 Fernandito saltaba de gusto con la revista de tus cuentos. ¡Somos una familia famosa!, gritaba feliz. Lamentaba que no fuera tu fotografía en la revista. Mónica decía que a tu papá había que ponerle pesas en los pies para que volviera de su orgullo. A mí todo me parece de lo mas natural. Tienes talento.

 Esta semana viene a Algarrobo mi amiga Nelly Terrazas y Bernardo y Anita Leighton, pero Bernardo (político chileno baleado en Italia por agentes de Pinochet) está con problemas y le harán hoy una rectoscopía. Así que quizás me quede solo con Nelly. El 8 llegan como 4 o 6 mujeres y la tercera y cuarta semana espero que puedan venir Álvaro y Marlene, y quizás Juan, Mónica y Pato. Me he dejado Febrero sin nietos para descansar, solo gente grande.

 Te envío recortes de concursos de cuentos, aunque no muy buenos los jurados. En España dicen se edita un libro con los concursos de cada año. Parece que cada pueblo tiene su concurso literario. Averigua y házmelo saber, ¿quieres?

 Son las 12:30 y quiero ponerte esta al correo. Anoche dormí mal soñando que te operaban…y en la noche Alvarito sueña con muertes y yo vivo entonces como en la Casa de los Espíritus.

 Dime qué libros tienes firmados por José Donoso para enviarte los que faltan. Pilar sacó un libro autobiografía (tipo revista de corazón) de los personajes que ha conocido, con buen éxito de crítica. Te la enviaré desde Santiago.

 Cariños a los tres

 Ximena

 

 

Regresas a librería Barnes & Noble. No encuentras a nadie frente a las estanterías donde estaba el libro. Afuera llueve y está oscuro. Haces antesala, esperas, imaginas que algo va a ocurrir, quieres prepararte, quieres poder responder sin mostrar muchos titubeos; sientes que después de tantos años ya no te debería suceder lo mismo. ¿Será cierto?

Un comentario en “Autoficción 52: ¿De qué hablaremos?”

  1. Querido Cristian, he disfrutado leerte y alternar esa lectura con el libro que me recomendaste de Juan Carlos Hernandez que me ha interesado mucho . Que tal estáis? Yo hoy sola en casa leyendo porque he tenido una semana de mucho trabajo y nietos. Se han ido todos a la playa pero he preferido quedarme. Leer tus textos es como si te conociera de siempre. Un abrazo

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