Hasta que no quede nada

Todo comenzó de a poco, como empiezan los dramas, los asuntos importantes y los temporales trágicos. Mi madre, con 90 años, sufrió una caída frente al Hotel Hyatt de Santiago de Chile cuando porfiadamente se arrancó, literalmente se arrancó de su departamento para ir a tomarse un café. Por suerte la vieron caer unos mozos que salieron de inmediato a prestarle ayuda. Mi pobre hermana no supo de ella por varias horas. Llamaba a su celular sin muchos resultados. Salió entonces a buscarla en los distintos sitios que ella siempre acostumbra, como el McDonald de avenida Kennedy cerca del Parque Arauco, el Parque Arauco donde a veces come algo, y en su departamento, donde olfateó el baño, y la buscó incluso debajo de la cama; todo sin ningún resultado. A lo mejor, en la desesperación, mi hermana se asomó también por el balcón pensando que se habría caído (siempre conversamos sobre eso; los peligros de un balcón en un piso tan alto). Solo cuando a mi hermana ya no le quedaban escondites por descubrir y toda esa zona ya le parecía más familiar que el patio de su casa, se le ocurrió ir al Hyatt, donde la encontró sentada en una mesa de tres patas, rígida, y con una taza de café fría al frente. Luego de los exámenes de rigor (que pagó mi hermano, Alberto), le encontraron una trizadura en la pelvis. Por suerte nada muy grave, pero estaba claro que necesitaría cama y atenciones especiales por un tiempo largo. Fue ahí, al conversar con mi hermana, que salió el tema del dinero. ¿Cómo afrontar la nueva situación, los gastos? Ella sugirió que sería bueno que conversáramos todos los hermanos para ver como se pagaría. Eso gatilló el siguiente e-mail que removió más nubes y soltó algunos truenos:

 

                                                Diciembre 8, 2017 5:55 PM

Queridos, Alberto, Gonzalo, Mónica y Álvaro (¡Plito!)

Cc: copia a las respectivas parejas (Marlen, Pilar, Aída)

Pareciera que la mamá está llegando al final de su largo camino. Creo que a veces fallecemos muy pronto o demasiado tarde. ¡Yo a veces me engaño pensando que no me tocará! Lo triste es que tengo la impresión que la mamá finalmente está en esos descuentos que se precipitan después de una caída.

…. y claro, ahora vendrán gastos que hay que solventar y prontamente. Siempre me acuerdo que cuando falleció el papá, me parece que fue Alberto el que corrió con todo. Yo no puse un peso para comprar el cajón, por ejemplo.

Sería triste que en esta etapa de la vida siguiéramos el mal ejemplo que nos dieron nuestros padres al pelearse con tanto hermano, hermana y parientes. Espero que eso no ocurra entre nosotros. También creo que los papás han hecho mal al no dejar sus asuntos más arreglados de antemano. ¿Qué se hará con las pocas cosas materiales que han dejado en este mundo, por ejemplo? Sería triste si al toparnos por casualidad en un supermercado del futuro, en un aeropuerto, nos tuviéramos que hacer los lesos y escondernos, doblar el rostro y mirar hacia otro lado para no tener que saludarnos. Creo que para evitar malos entendidos sería bueno saber y conocer que fue lo que decidieron ellos. Y para no seguir con rodeos…sería bueno saber si ellos, por ejemplo, decidieron –y aquí estoy siendo bastante hocicón-, pero sería bueno saber si ellos decidieron no dejarle nada a uno de nosotros. Si ese fuese el caso, creo que lo justo sería que ese alguien no se sienta con la necesidad de contribuir con nada por ahora. Sería lindo poder transparentar entre nosotros eso que ellos desgraciadamente no supieron hacer bien en su momento

Un fuerte abrazo

Cristian

 

Después de una reunión de mis hermanos Alberto, Álvaro y mi hermana Mónica, ella mandó el siguiente e-mail:

 

Diciembre 8, 2017 7:53 PM

Hoy en la mañana quedé de buscar y escanear los documentos que tenga o pueda encontrar de los papás, y enviárselos a cada uno de ustedes.

Me tomará unos días hacerlo, pero imagino que será dentro de la semana.

Que tengan un buen fin de semana. Ya llegué hace poco del departamento de la mamá, y está mejor de cuando partimos hoy en la mañana. Quiso sentarse para comer, y le preparé espinaca con crema y papas cocidas. Se lo comió todo.

Cariños

Mónica

 

El 18 de Diciembre mi hermana Mónica finalmente “encontró” y nos mandó las escrituras de solamente tres departamentos, junto con los testamentos y sobre todo el último testamento, el más importante, el válido, y que firmó mi madre un 8 de Agosto de este año, hace pocas semanas cuando la llevaron en andas para que lo hiciera. Los documentos venían sin ninguna explicación, sin ningún texto. El 19 de Diciembre a las 3:38 PM, después de leer y conversar con un buen amigo, de esos que duran, le mandé el siguiente e-mail a mis hermanos (incluida mi esposa, Pilar):

 

Estoy triste porque finalmente leí el último testamento que hizo la mamá donde beneficia a la Mónica en términos demasiado absolutos. Le deja el departamento de la Calle Cerro la Parva, más el 50% del resto (el 50% de la casa de Algarrobo y el departamento de Manquehue). El otro 50% restante (de la casa de Algarrobo y el departamento de Manquehue) también sigue beneficiando a la Mónica porque hay que dividirlo por 5. Es decir no queda casi nada para el resto….. y considerando que antes ya le habían traspasado otros departamentos a mi hermana. Al menos sé de uno, en la calle Agustinas, porque el papá lo había puesto primero a nombre mío y después me lo pidió.

Por lo general los abogados aconsejan no hacer nunca un testamento tan inclinado hacia un lado, favorecer a un hijo o hija en términos tan absolutos, porque nunca se sabe la suerte que pueden correr estos. Uno puede enfermarse, perder el trabajo, etc. Al menos yo jamás haré algo así con mis hijas.

Encuentro que la mamá estuvo muy mal informada al escribir su último testamento donde tampoco respetó la intención final del papá (su propio testamento).

Copio al menos a Pilar, como la persona extra a este grupo, porque los temas importantes, aunque sean tristes, siempre los converso con ella.

Cristian

 

Mi hermano Gonzalo, que ha sobrevivido a un cáncer desde hace cinco años mandó una breve respuesta desde Canadá, donde vive. El 19 de diciembre, a las 7:28 PM escribió:

 

La realidad supera la fantasía. Las novelas de García Márquez son verídicas.

Buenas noches.

Gonzalo

 

¿Qué puedo decir?

Que me siento más viejo y también más cansado. Cuando leía el nuevo testamento firmado por mi madre hace pocas semanas, pensé que estaba equivocado, que no sabia interpretar los números, que “una cuarta de libre disposición” es el 25%, y que una “cuarta de mejoras” es otro 25%….. y que la suma de los dos no daban un 50%. Pero yo estaba errado. Los testamentos no son documentos que se largan sin preparación previa; sin un estudio detallado.

Ese día martes 8 de agosto de este año, mi madre se debe haber levantado nerviosa porque tenía que ir a firmar. Eso también necesitaba preparación, coordinar con los testigos y juntarse todos frente al notario, a la hora agendada y rápido, “ya firma, firma, firmemos.” Pero mi hermana, por el teléfono, no recordaba detalles de ninguna transacción (?). No entiendo cómo puede ocurrir algo así: a mí me regalan un sándwich y lo celebro como si fuese una fiesta y me acuerdo. Por otro lado, ¿sabían los testigos lo que estaban haciendo, lo que estaban firmando? Lo sabía Paulina Buhler, compañera de colegio de mi hermana, Inés María Angélica Petit Tirapegui, y María del Pilar Aylwin Ostalé, amiga de mi hermana. ¿Sabían que Mónica todavía estaba legalmente casada, pero separada por más de 10 años? ¿Sabían que bajo ciertas condiciones mucho de todo eso puede quedar en las manos de su ex marido? Por teléfono Mónica me insinuaba que iba a quedar la embarrada, todos peleados, cuando “encontrara los papeles”, pero nunca me dio detalles (no se “acordaba”). Lo que finalmente forzó la situación y no quedó más remedio que recordar y mostrar esos papeles firmados pocas semanas atrás (y no cuando mi madre falleciera, como estaba programado), fue la necesidad de dinero para ayudarla ahora, después de esa caída.

Cuando leí el testamento de mi madre creo que me enojé, es cierto, mi hermana tenía razón; pero lo que nunca imaginé fue la pena que me iba a caer encima. Eso ha sido más doloroso. Y ahora me siento como si estuviese de duelo, como si hubiese perdido a una hermana. ¿Cuanto vale eso? ¿Una hermana? ¿Vale un cuarto de departamento amoblado? ¿Vale un departamento completo en Calle Cerro la Parva? ¿La casa de Algarrobo? ¿Vale los departamentos que ni se mencionan? No creo, porque ahora veo que valía un edificio completo, entero… y me lo han robado. Valía una ciudad entera, completa, de la que no queda nada, no me interesa Santiago. ¿Y cuanto valía el recuerdo de mi madre? Ahí creo que perdí menos, no sé cuanto valía, pero creo que ese recuerdo vale muchísimo menos. ¿Valdrá un sofá? ¿Un sillón chino que siempre recuerdo en el living de la casa nuestra, en Santiago, cuando éramos niños? ¿Tendrá más valor que un cuadro pintado al óleo donde sale solamente ella, mi madre, siempre ella? ¿Valdrá más que el estacionamiento del departamento de Calle Cerro la Parva?

A veces pienso que nos estamos portando de la manera en que fuimos programados por nuestros padres; y que desgraciadamente fallamos, no logramos romper el código.

Envejecer es eso, es ir quedándonos paulatinamente más solos. Cada día que pasa nos deja menos recuerdos, menos cosas en común….. hasta que no quede nada.

Un comentario en “Hasta que no quede nada”

  1. ¡ Puchas,..! un excelente relato. Breve, pero de una fuerte carga informativa que no nos deja indiferentes frente al ocaso de nuestros padres… Un abrazo, Hernáns

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