Jugando al Fútbol

La diferencia está en que ahora ya sé y estoy conciente de que me voy a “terminar”. A lo mejor por eso me gusta mirar hacia esos años donde esa posibilidad parecía un imposible porque vivía en un estado de permanente eternidad. Desgraciadamente eso ya se terminó, y quizás por eso trato de mirar hacia esos años, para “desenterarme” de que algún día “eso” también me va a ocurrir a mí; me voy a terminar.

Mirando hacia esos años me doy cuenta que he estado poco preparado para muchas cosas, pero de alguna manera sobreviví. No estaba preparado para ir al colegio, por ejemplo, pero fui al colegio. Sufría cuando tenía que hablar en público en las clases de francés, y frente a mis compañeros apenas me salía el habla -tiritaba de susto- pero no me quedaba más remedio que intentarlo, y lo hice. En esos años se jugaba mucha fútbol en los recreos, y claro, le tenía terror a la pelota; y en este caso no solo temblaba pero arrancaba de los pelotazos. Por eso nunca jugué al fútbol. Salí del colegio porque había que salir. Recuerdo que en nuestra casa sorprendentemente no celebramos nada (?); lo que me gustó. Pero me perdí un lindo crucifijo de bronce que le daban a cada alumno durante la ceremonia de graduación. Después me recibí como licenciado en química de la Universidad de Chile y tampoco fui a ninguna graduación. Ya estaba en USA, pero mi padre me guardó los diplomas y me los entregó en uno de mis viajes.

Y así me ha ocurrido siempre. Los aparentes triunfos que he tenido en este peregrinar por la vida y por los años, la verdad es que me los he tomado como poca cosa, casi cercanos al fracaso. Después obtuve el título de doctor en química, aquí en Cleveland, pero ahí atendí a la ceremonia porque la verdad es que todos los que se graduaban asistían y no tenía otro panorama. Recuerdo que me puse una ropa rara, como disfrazado de algo, y me hicieron caminar por una tarima larga y alfombrada donde al final me dieron la mano y entregaron un diploma. Ya estaba instalado en Cleveland, lejos de Chile y de Santiago. Teníamos amigos gringos así que algo tenemos que haber hecho para celebrar, ya no lo recuerdo bien. Imagino que nos juntamos en nuestro departamento para compartir con hamburguesas y cervezas enlatadas. La verdad es que en ese tiempo nos conformábamos con pocas cosas para sentirnos como verdaderos millonarios. Éramos dueños, eso sí, de lo más importante y poderoso, esa completa ilusión de perpetuidad que nos ayudaba tanto.

Tiempo después de que me ocurre algo importante, re-visito los eventos y me doy cuenta que podría haberme preparado mejor, lo podría haber planeado de manera diferente. Y quizás eso me ha ayudado a no bajar la guardia, a no dormirme frente a los aparentes triunfos y logros; y cuando las cosas no resultan, absorbo el golpe de mejor manera.

Ya se cuela el sol entre las plantas del jardín. Es de madrugada y nace otro día que también terminará. El Copo espera su deliciosa vuelta matinal mientras los gatos esperan su comida. Tengo que terminar esta notita pronto. En el fondo toda mi vida se puede resumir en que he tratado de aprender a jugar fútbol, o he tratado de hablar sin susto frente a mis compañeros de colegio en una clase de francés. Pero como ya estoy demasiado conciente de que me voy a terminar, eso cada vez me importa menos; y lo miro todo como si ya estuviese afuera, es decir no muy diferente a como me sentía en mi sala de clases del colegio hace ya tantos años….

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