Las cartas al crítico Alone

Qué chico el mundo, me repite un amigo. Y tiene razón, pareciera que todos de alguna manera estamos relacionados, y que casi no necesitamos ser parientes porque buscando siempre encontramos algo que nos relaciona. Un buen amigo me comentó por e-mail que había leído el libro de Ágata Gligo que mencioné en la nota pasada, uno sobre María Luisa Bombal, y me dice que le gustó mucho, y que incluso asistió a su funeral.

Otro buen amigo me comentó lo sanguinario que podía llegar a ser Alone cuando criticaba. Por e-mail me escribió lo siguiente:

 

“A propósito de Alone y del Topaze, famoso semanario por décadas, una vez escribió, con ese estilo mordaz, irónico, agudo, refiriéndose a Conrado Ríos Gallardo, quien era vecino nuestro:

Viendo a Conrado humbardo,

su impresión así escribía,

si a esto llaman gallardo,

me cago en la gallardía.

 

En otra oportunidad se refirió a Malaquías Concha:

 

Hay conchas que son de perla

y conchas que son de mar,

pero esta concha de Malaquías,

es concha de pura mierda”.

 

Recuerdo que varias veces Alone le regaló a mi madre enormes cajas de cartón repletas con esos libros que le llegaban buscando su crítica, implorando su apoyo, aunque sea una palabrita. Muchos de ellos terminaron en nuestra casa de Algarrobo, en una escalera que bajaba hacia un primer piso, de donde después salieron donados a la Biblioteca Nacional cuando el padre de mi compañero de curso, Andrés Hübner, era su director. Siempre intrusé esos libros porque me sentía parte de ese grupito, muchos de ellos seres anónimos, periféricos, desconocidos, y me impresionaba ver la manera tan deferente con que esos autores le pedían comentarios a Alone con unas dedicatorias breves escritas en las primeras páginas del libro y después en extensas cartas escondidas entre sus páginas; me costaba entender esa manera con que le imploraban unas palabras al venerable crítico. Me gustaba encontrar y leer esos libros, muchos de ellos de poca calidad literaria, porque me identificaba con esos autores, me gustaban esos hombres y mujeres que escribían con tanto esfuerzo, que lo intentan casi sin medios, para casi inevitablemente caerse, fracasar, darse de costalazos; pero los leía guardando siempre la secreta esperanza de que pronto progresarían, de que finalmente les iría bien porque usaban casi el único método que uno conoce para aprender: embarrándola, cometiendo errores, cayéndose del décimo piso. Muchos aprenden a sacudirse esas humillaciones, esas caídas, y logran pararse como un monito porfiado; pero creo que uno de los problemas con ese método de aprendizaje, es que cuando uno finalmente aprende algo, cuando lo domina, mira para el lado porque todavía sientes que no sabes nada, y te sorprendes genuinamente cuando alguien te dice que has logrado algo, que has hecho algo importante.

Cuando me vine a USA, o en una de mis visitas a Chile, me traje uno de esos libros, el de una poetisa, Eliana Godoy Godoy. Me impresionó esa desesperación por conseguir aunque sea una palabrita de ese legendario crítico. En la contratapa le escribió lo siguiente:

 

“A Alone con aprecio y admiración:

He aquí el comienzo de una tarea que con paciencia y tesón puede dar frutos positivos y para esta HUMILDE OBRA, en forma especial ruego comentario. En ella está latente el milagro de la unión en común de ideales y su valor reside en eso; cuando reina la envidia, el egoísmo y la fatuidad, nada se obtiene.

Actualmente se me encomendó una antología internacional de asociados que estoy preparando.

Eliana Godoy 29/III/1960″

El libro venía con una bastante carta, donde Eliana Godoy Godoy se extendía rogando un comentario que parece nunca le llegó. Empieza así:

 

“Distinguido y respetable crítico:

Hoy, por un impulso superior y para quedar en paz con mi conciencia, golpeo a su puerta de hombre responsable para suplicar LEA, Guirnaldas de Luciernagas y Cascada Lirica, ambas obritas que necesita un venerable comentario…..

……Perdóneme; pero tengo fé, una fe tremenda en su justicia. No entrego maravillas; aun no he llegado a la meta, me falta mucho….. Lo sé y estoy dispuesta a seguir con tesón. Esos títulos que figuran en Cascada Lirica , no son para darme ínfulas, sino se publicaron tras divulgación de entidades que me han honrado con su estímulo, además el poemario llegará a Europa, surcará las Américas y en todas partes hay colegas.

Felicito a usted, por su tarea de tremenda responsabilidad, y al despedirme confío en que esos dos libros que a simple vista son pobres, pero que han costado enormes sacrificios no caerán al vacío. QUE AMARGO es eso. ¿Verdad?

Reciba un respetuoso saludo, junto con los mejores anhelos. Su desde ya altamente agradecida.

Eliana Godoy Godoy

Casilla 1894 Concepción, Chile.”

 

Busco en la Internet, en Michigan, ya en el año 2018 y veo que Eliana Godoy Godoy falleció hace pocos años, y que no se vaporizó por completo, al menos la encuentro en ese mundo virtual donde veo que figuró en algo, escondida en un pueblo pequeño de provincia, y que siguió porfiadamente escribiendo. Por lo que leo, aparentemente siguió empujando su poesía desde el sur de un Chile lejano, pero desgraciadamente sin florecer como ella anhelaba. Leo alguno de sus poemas y me parece que su poesía no alcanzó a tomar vuelo, pero admiro el empuje que tuvo durante toda su vida, donde no se amilanó por completo; encuentro que ahí también hay poesía, ahí también existió algo. Por otro lado creo que en pocos años más nadie se acordará de Alone …….de la misma manera que ahora nadie sabe quien fue Eliana Godoy Godoy.

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