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Todos seremos personajes

Julio 20 14

Era el primer San Juan que le celebrábamos a mi padre después del golpe militar ocurrido el 11 de Septiembre del 73, en Chile. En mi casa se celebraban pocas fiestas y con la parentela pasábamos peleados; siempre había algo malo que decir sobre ellos, abusos ancestrales, odios antiguos, aprovechamientos que periódicamente florecían en un ambiente rarificado. Con el tío Pepe, por ponerle un nombre, el hermano de mi madre, era casi divertido. Mi papá, cuando estábamos solos y con la ausencia de mi madre, me decía de manera poco generosa: “ese es un huevón”. Y todo porque el pobre se creía personaje, y como todo personaje de esos años, le pedía a la compañía telefónica que no publicara su número en la guía de teléfonos que en ese tiempo era un libro gordo que salía cada año. Recuerdo que uno de los ritos de niño grande era aprender a usar la guía telefónica, encontrar un número y la dirección. Una vez pregunté con cara de despistado por qué el tío Pepe hacía eso. “Porque se cree personaje, mijito, pero es un huevón.” Esa era la respuesta. Y era divertido porque cuando llegaba a la casa nadie le decía que era realmente un huevón, y eso parecía extraño. Pero uno entonces empezaba a fijarse más, y notaba que el tío Pepe tenía actitudes de divo, grandilocuentes, donde largaba opiniones que a mi padre le molestaban y casi lo hacía callar. Pero lo interesante es que no se iba de la casa, y aceptaba una patadita por aquí y otra por allá, como si estuviésemos todos en un jardín infantil …. aunque recordándolo mejor, en varias ocasiones se fue bien apurado. Era radioaficionado, y ahí era donde se sentía realmente a sus anchas, donde conversaba con conocidos de latitudes lejanas en medio de una estática que le daba un ambiente heroico a las conversaciones. Eso lo encontrábamos de lo más interesante y muy poco huevón.

…….pero al principio de esta notita decía que esa día era el primer San Juan que celebrábamos después del golpe y llegaron a la casa conocidos de bandos opuestos, irreconciliables. En mi casa siempre hubo esa tensión, ese cuchillo que a veces cortaba relaciones. En Chile y en Santiago ya estaba prohibida la política, así que mucho se hacía y se hablaba en las casas particulares y de manera bien poco oficial. Esa noche llegaba gente, y mi padre, a lo mejor ingenuamente pensó que todavía se podía soñar una vía cívica pacífica donde se pudiera generar un entendimiento más amplio entre tanto chileno dividido. Primero llegó Tomic (el excandidato presidencial de la DC, que perdió en las elecciones del 70 donde salió elegido Salvador allende) junto a su señora y se sentaron frente a un bow window, rodeado de gente que le hacían preguntas. El largaba cifras, datos, y realmente concitaba la atención de la audiencia. Recuerdo que le ofrecí algo de tomar y me pidió agua mineral. Al poco rato llegó un General, pariente nuestro, sobre todo de mi madre, el General Ramírez Pineda. Lo divertido es que hubo algo de conmoción y apuros. ¡La incógnita era donde sentarlo si estaba Radomiro Tomic en la casa!, podía quedar la gran cagada y armarse una trifulca peor que los odios de niño chico que se armaban con mi tío Pepe. Al final parece que se optó por llevarlo una sección del living que estaba un poco separada; la famosa pieza de las plantas, y donde las plantas se morían porque nadie nunca les echó una sola gota de agua. Ahí se sentó el General, y pese a que se saludaron con Tomic, nada positivo ocurrió después de ese encuentro. Tomic siguió tomando agua mineral y largando cifras contundentes, mientras el General parecía disfrutar de la conmoción y notoriedad que le regalaba esa época y su rango, sus gorras brillantes y su uniforme forrado de condecoraciones. Nunca más se volverían a ver con Tomic, y creo que el General no vino nunca más a casa. Con el tiempo fue asesor de Pinochet, y ha sido asociado con violaciones a los derechos humanos. Tiene un hijo que se hizo cura jesuita. La última vez que supe de él ya estaba en Santiago, después de una larga detención forzada en Argentina. Ahora debe tener como 90 años.

¿Y que ocurrió con mi querido tío Pepe? Falleció hace como 20 años, todavía joven y de manera bien valiente; le vino un cáncer a los riñones que después se le expandió, y que él aceptó estoicamente sorprendiendo a muchos. Fue alegre y siempre se interesó por nosotros, aunque a veces nos hacía bromas pelotudas, donde se congraciaba haciéndose pasar por jovencito. Recuerdo que una vez le pregunté por el asunto de la guía telefónica. Ahí se puso serio, tan serio que realmente me apareció que era todo un personaje. Poco antes de fallecer fue a la casa de su hija y se tomó una foto con su nieto y con la cámara automática. Su hija la encontró semanas después de fallecido cuando fue a desarrollar el film. Loreto me mostró la foto; era claramente una foto de despedida, donde los dos miraban fijamente hacia la cámara, y él, de manera bien heroica, todavía sonreía.

Radomiro Tomic no logró llegar al año 2000, que era lo que más deseaba; pero al menos murió de muerte natural, un cáncer que lo fulminó. Pocos meses antes de fallecer llamó a los conocidos y amigos para compartir su biblioteca. Ahí tenía metódicamente organizados todos sus libros y en los distintos temas que concitaron todo su interés en las distintas etapas de su vida. En un sector estaban los volúmenes sobre humanismo cristiano, socialismo comunitario, memorias, que sus amigos podían llevarse tranquilamente a casa. A los pocos meses fallecía.

Pero ahora me despierto, me sacudo estos recuerdos que siempre me acompañan y que cuido como si fueran pequeños tesoros, joyas que atesoro en algún rincón de la memoria. Estamos en el 2014 de un veinte de Julio a las 11 de la mañana, donde termino mi café, en Northville, Michigan, para salir a caminar con mi amigo el Copo que me espera pacientemente afuera. Arriba va la foto, es todo un personaje, la verdad es que todos somos grandes personajes….

Julio 20 14

Cual es tu Pac-Man?

Julio 4 14

Nuestro perro, Copo, soportando el verano.

Esto fue ayer:

Hoy se celebra la independencia de este país, USA, y tendremos dos partidos de fútbol memorables, Alemania-Francia y a las 4 de la tarde Brasil-Colombia. Nuestra hija, Camila, que está en Cartagena, Colombia, puede llegar a tener un gran día; veremos que pasa.

Esto es ahora:

Pasó y pasó mucho. Colombia quedó desclasificada. Camila nos cuenta que todos lloraban en Colombia, lloraban en la calle, lloraban frente a la tele donde estaba ella, y lloraba también el goleadeor James Rodríguez (de pena) y Neymar (de dolor físico por la lesión). Los dos nos recuerdan que los hombres también lloran. ¿Se estará poniendo de moda todo eso? No tiene nada de raro, pero sería triste si ahora las mujeres dejaran de hacerlo, dejaran de llorar. “Las mujeres no lloran”, se podría decir.

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En el trabajo, esta semana, recuerdo a Gabriel Benet que todavía vive; al menos eso es lo que escucho de sus amigos y conocidos. Años atrás, cuando nos vino a ver le pregunté cómo estaba.

-Bien, todavía bien, pero ocurre como en los Pac-Man. ¿Conoces ese jueguito? ¿Donde uno siempre pierde, Cristián?

Gabriel es químico, refugiado cubano, y me contestó con esa ironía sarcástica y ácida que ha sido siempre su sello. Padece la temible “esclerosis lateral amiotrófica”, comúnmente conocida como la enfermedad de Lou Gehring, donde las neuronas encargadas de trasmitir el comando para mover los músculos se mueren, se atrofian, hasta que al final el paciente no se mueve ……. ni tampoco puede respirar; se asfixia. Es decir, finalmente ganan los Pac-Man, y el juego se completa, llega a su fin, la aventura se termina.

La penúltima vez que lo vi fue hace varios años, cuando visitó nuestra fábrica ubicada aquí en Michigan como despidiéndose de este mundo activo que él había conocido toda su vida. El día era de un sol radiante, y llegó bien temprano por la mañana. Caminaba solo y se ayudaba de un bastón. Recorrió las instalaciones y largaba feliz un par de palabrotas que nos hacían reír de buen gusto. Pero en esta última ocasión, hace cuatro años, estaba nublado, era tarde, y llegó acompañado de su señora en un mini-van blanco, y donde la parte trasera la habían transformado en una gran cama blanda para que él pudiera tenderse a sus anchas en el largo trayecto que va desde aquí hasta Florida; se iban donde vivía su hijo. Ella había sido operada hacía poco del cerebro, pero se veía bien, manejaba y cuidaba a Gabriel. Y él ya no caminaba apoyándose en un bastón de madera para moverse apenas, ahora usaba un carrito eléctrico que lo trasladaba a gran velocidad -como un muñequito de trapo-, por los distintos rincones de la fábrica. A veces se detenía y miraba nostálgico el proceso que habíamos diseñado con su ayuda. Al frente teníamos las columnas de fibra de vidrio repletas de pellets de níkel metálico, listas para ser procesadas. Gabriel las miró con cariño, casi acariciándolas con la vista, mostrándoselas a su señora, despidiéndose, y pronto agregó:

-Lástima no habernos conocido antes, habríamos podido hacer tantas cosas……

Me habría gustado hacerle la pregunta, esa que muchos nos hacemos una vez que conocemos la enfermedad que sufre Gabriel. Pero uno se queda callado, habla poco, y prefiere imaginar que esas enfermedades no existen, o le ocurren al vecino lejano, a un pariente distante. En cualquier momento lo puedo llamar para conversar, pensé en ese entonces. Pero ahora estábamos en Mayo del 2014 y no he sabido nada de él.

Hace pocas semanas, un chofer que todavía trabaja en la compañía donde trabajó Gabriel antes, tuvo problemas con el camión que nos traía níkel. Me llamaron para que viera lo que estaba ocurriendo. Una vez que terminó de revisar unas conexiones en sus mangueras, unas válvulas, le pregunté por Gabriel. ¿Ha sabido algo de él?

-Esta vivo, pero ya no se mueve. Cuando hablé por teléfono hace como un año me contó que meaba con una felicidad tremenda –me cuenta, Isidro, chofer mejicano.

-Y su señora murió –agregó- tenía un cáncer a la cabeza. Parece que ahora lo cuida su hijo.

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Y en este sábado radiante, de un 5 de Julio, Argentina está a punto de jugar con Bélgica para ver si pasa a las semifinales. Los gatos disfrutan en su jaula de afuera, en el jardín, el Copo se pasea feliz y sin mucho calor. Y sentado aquí en Michigan, tecleando en el computador, me pregunto, ¿cual será mi Pac-Man? A lo mejor por eso no he llamado a Gabriel. Isidro me dejó su número telefónico; se lo pedí con la esperanza de que no lo encontraría por ningún lado. Pero revisó su celular y ahí estaba……. algún día, muy pronto, lo llamaré antes de que sea ya muy tarde. ¿Cual será mi Pac-Man?

                                                                                                            Julio 5 2014

Una Confesión

 

Junio 14 14

Aquí tienen a Esperanza, nuestra gata pianista.

En ese tiempo Rita Pavone causaba a furor en las radioemisoras chilenas con su popular “Ay, muchacho, si no cambias pronto…” mientras Marie Laforet cantaba “Ven, Ven, todo está dispuesto, ven …..Y en los recreos del colegio, Patricio Walker (el “Galeno” Walker) nos deleitaba con la música proveniente de unos platillos de vinilo que el organizaba desde una oficina de olor insoportable gracias a una combinación mortífera de cigarrillos y ventanas clausuradas. “El Galeno” Walker luchaba y se entretenía combatiendo la electrónica de esos tocadiscos que a veces lo dejaban “marcando ocupado”. Y en el patio, Bustamante nos vendía unos sándwiches de jamón-palta deliciosos y que él, transpirado y bañado en sudor, nos entregaba frente al griterío de manos hambrientas que lo asaltaban pidiéndole bebidas, dulces y más sándwiches. Por supuesto que no había mucha higiene, y con los mismos dedos salpicados con palta y mayonesa te pasaba los billetes arrugados y las monedas sucias.

A veces, en los recreos y en ocasiones especiales, veíamos a Milon, el profe de matemáticas, sentado a pleno sol jugando una partida de ajedrez con un despistado que lo había desafiado sin saber quien era. Y ahí también fumaba otro poquito, hundiendo su cabeza debajo de su mano derecha y rebalsando humo por todos los rincones. Recuerdo que una vez le pedí ayuda en matemáticas, que para mí resultaba indescifrable, y él, sin problemas, me ayudó, se sentó a mi lado y en una hoja de papel y con trazos precisos me explicó pacientemente lo que todavía parecía chino. Lo triste fue que en otra ocasión le pedí ayuda a otro profe, y Milon se molestó (?). En esos años recién me iniciaba en las convenciones adultas, en las alianzas de grupos y que en ese entonces entendía todavía menos que las matemáticas ….. solo con el paso del tiempo noto que aprendo un poco más. (……. y aquí alguien podrá decir que me está escaseando el tiempo!). En todo caso, así somos a veces, un poco melodramáticos y dispuestos a sacar conclusiones fáciles, a cerrar las puertas de portazo cuando a veces las podríamos haber dejado entreabierta hacia otras posibilidades. Bueno, lo tremendo fue que en un día fatídico le vino un tremendo ataque cerebral a Milon, y que lo dejó agónico por varios días hasta que finalmente murió. Durante esos días de agonía, me llamó su señora. Yo era su alumno, él había sido mi profe, ¿podría mi padre, médico, hacer algo, “salvarlo”? No le supe contestar, mi padre ya lo sabía y trato de hacer algo (creo!), pero estaba en manos de otro médico y en ese preciso instante no le supe contestar, o no supe qué decirle. Ella colgó el fono y siempre me quedé con la sensación de que mi pobre respuesta quedó registrada como una venganza, una cruel retribución. Recuerdo que a los pocos días fui a la capilla del colegio, donde lo velaban. Estaba sólo, y al poco rato llegó otro profe de matemáticas, “el Lagarto” como le decíamos. Me senté un rato y después me fui…….. pero esa llamada y esos recuerdos no se quedaron simplemente ahí, y me acompañan siempre.

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Nuestro ex-compañero de curso, Juan Pablo Molestina, a empujones, me está enseñando a apreciar los objetos funcionales, y a entender de donde sale esa belleza estética que uno la percibe de manera general y borrosa, pero que no entiende y no sabe de donde realmente proviene. Como lo demuestra Juan Pablo, analizando bien el objeto, uno finalmente puede ver o entender mejor de donde viene, de donde florece esa belleza estética…… y por lo general –y como ocurre siempre- viene del estudio, esfuerzo y dedicación:

Tu radio: Si te fijas, la parte abrible de tu radio es un cuadrado, la radio en su totalidad de fachada es la golden section (sección áurea?) de ese cuadrado. El cuadrado está dividido en dos franjas iguales, una obscura y una clara, que en sí son también dos cuadrados. En la franja clara la posición de los botones (círculos) enfatiza el cuadrado izquierdo. En la foto de Rams, el buscador de ondas también está colocado de manera que un cuadrado sea visible en la parte obscura. El cuadrado y el número cuatro están representados en todos los botones, a veces como una repetición de cuatro botones idénticos, a veces como tres botones idénticos y uno parecido. Este ultimo conecta visualmente con otros grupos de cuatro Es divertido si te fijas bien, es como música visual!

Es divertido que esa época que idealizaba los primeros aparatos técnicos de uso domestico (como tu radio) en manos de Rams convierta éstos en objetos platónicos, metafísicos. Gracias a un cuidado obsesivo en el diseño se comunican dos calidades casi opuestas: pasión y disciplina. La consideración al usuario, a la persona, se nota en el uso de materiales funcionales y formas redondeadas, sin esquinas abruptas que puedan ser desagradables al tacto. Pero las proporciones implacables, los juegos de números y sus transparencias, los colores nobles y los materiales en el mismo tono, ponen a este objeto cotidiano en un plano sublime: la radio es casi un objeto místico (un altar para quien?) Por eso me encanta Rams. Que suerte que tengas una de sus radios!

Tengo la impresión que Steve Jobs conocía a Rams, o al menos conocía el trabajo de Rams. Cuando uno mira los productos Apple, nota sin dificultad ese cuidado obsesivo, esa pasión por el diseño que nos menciona Juan Pablo, y el uso de “materiales funcionales y formas redondeadas”, incluso tengo la impresión que la aleación que Rams usó en la radio, y el lustre de su superficie metálica, es casi idéntico al que podemos encontrar -y que fue entonces copiada- en muchos computadores Apple. Y Steve Jobs definitivamente comunicó esa pasión y disciplina, que nos menciona Juan Pablo. ……. ¿un Apple como un nuevo objeto místico, Juan Pablo? Claro qué Steve Jobs empujó el sistema hacia otros horizontes. Sí uno recuerda como Jobs anunciaba sus nuevos productos, por ejemplo, es fácil ver que estos eran programados como servicios religiosos, donde incluso la vestimenta que él usaba tenía un especial significado, como fueron su polera negra y jeans, que fueron siempre iguales (para la ceremonia y que él incluso usaba como vestimenta de sacerdote, es decir todo el tiempo). Y los nuevos productos los anunciaba frente a unos fervorosos seguidores que lo admiraban extasiados….

Junio 14 2014

Una radio con recuerdos

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        Nuevamente salimos en hacia una caminata larga por el barrio junto a nuestro perro Copo. Nuestro vecino, ya viejo y solitario, ha logrado entablar una amistad bien correspondida por el Copo. Apenas pasamos por su casa, Copo tira de la correa, olfatea, tira nuevamente y se mete sin permiso a su garaje para saludarlo y exigirle el pequeño regalito que él siempre le tiene por ahí escondido. A esta hora de la mañana él ya está instalado frente a una improvisada mesa destartalada, junto a su café, y en espera de ese nuevo día donde probablemente es poco lo que hará aparte de hundirse en recuerdos y conversaciones ya olvidadas. Hoy esperaba a Copo con una bolsita de galletas que este le aceptó gustoso. Por un momento se saludan, -Copo le mueve la cola, mientras él le mueve y le sacude el rostro- y por un momento los dos se encierran en su propia burbujita hermética que uno respeta con cuidado para no romperla. Nos despedimos, mientras él le sigue mandando piropos a la lejanía.

            Pronto parto nuevamente hacia Alemania por asuntos de trabajo. Luego nos tomaremos una semana de vacaciones con Pilar que vendrá de Detroit, junto a Sofía que vendrá de Vermont, y Camila desde Nueva York. Después de mi trabajo nos quedaremos una semana extra donde visitaremos Colonia, Berlín y Praga; todavía nos falta arrendar el auto. Y en un experimento que no habíamos intentado nunca nos juntaremos con un excompañero de colegio, Juan Pablo Molestina, en Colonia. Desde mi época de los 70, más de 40 años, que no nos vemos. Será como un viaje “atemporal” a las cavernas de otro tiempo, hacia una época que ya se fue y que tanto nos marcó. Por lo general creo que recuerdo poco, soy débil para recordar nombres, apellidos, pero repentinamente, mientras lavo un vaso de vidrio, ordeno mi oficina, tropiezo con una radio antigua que me sorprende con la melodía de una canción añeja, o una foto del patio de mi casa de esos años, saltan los recuerdos como si se rompieran una represa. Para mí los 70, fueron años de tensión, sobre todo para un niño (?), un joven (?), mirón, tímido, y que se despaliba lentamente para entrar a regañadientes al mundo adulto.

            Al poco rato de llegar del paseo junto a Copo, bajé al subterráneo de la casa donde me topé con esa radio de la foto, y que me abrió las compuertas del recuerdo. Por las noches chilenas, cuando ya se hacía tarde y me acostaba rendido sobre la cama junto a mi gato regalón, encendía esa radio onda corta y sintonizaba el programa que llegaba de Moscú, Escucha Chile. La recepción no era buena porque los servicios de inteligencia interferían la señal para que no la pudiera escuchar nadie. La radio era una Grundig que le compré al padre adoptivo de otro amigo de colegio, Luis Nieto. Ahora es una reliquia que todavía sobrevive a los años y los cambios de continentes, pero en esos años la recepción de ondas lejanas era excelente. Es una radio que me acompaña fielmente a través de mis trasteos por el mundo. Recuerdo claramente esa noche en nuestra casa de Santiago. Ya casi todos dormían cuando por la Grundig y en le programa Escucha Chile, nombraron a mi padre por algo relacionado con el Instituto de Neurocirugía de Santiago. Me levanté al baño donde me topé con mi papá que caminaba a paso lento por el pasillo de la casa. Ahí le conté nerviosamente lo que había oído por la radio, y que mencionaron su nombre y lo insultaban. Se quedó callado, silencioso, y como estaba oscuro no le pude ver el rostro para descifrar alguna huella, algún dolor, alguna rabia, y no me dijo mucho; más que nada me escuchó pero sin decir nada. La noche me pareció entonces más pesada que antes, silenciosa, algo que solo interrumpió la tranquilidad de mi gato que se movía frente a nuestros pies. Al poco rato, y después de tratar de escuchar la radio nuevamente, nos fuimos a la cama; la onda radial ya se había evaporado y solo nos llegaba el ruido de la estática como si nos invadieran los marcianos. Afuera, Santiago se sumía en la tranquilidad del toque de queda, y la noche se hacía silenciosa y oscura, y cubría los sustos y sobresaltos con la ventisca fresca que barría el smog diario.

            Como contaba, en esos años a mi padre le llegaban palos desde muchas direcciones. Había tensión en nuestra casa. Y ahora con el paso del tiempo siempre me pregunto, ¿qué habría hecho yo en una encrucijada semejante? Un primo nuestro, que trabajaba en el servicio de inteligencia, se divertía cuando pasaba a nuestra casa y le servíamos tecito. Ahí, mientras probaba galletitas y se limpiaba la boca con una servilleta blanca, pasaba revista a todas las conversaciones telefónicas que había escuchado de mis padres durante esa semana. “Así que son conocidos de los Aylwin, tía?,” le decía a mi mamá muriéndose de la risa, haciéndose el pícaro, el inteligente, y escupiendo por casualidad restitos de galletas. “Y habla harto con la señora Olaya (Tomic), tía, ¿cierto?….. y para qué decir algunos curas jesuitas.” Y uno lo miraba casi sin creer que eso se pudiera hacer. En el año 2014 -en el ahora- me pregunto si yo le habría servido también tecito con galletas a mi primo. No tengo pasta de héroe; y lo más probable es que le habría ofrecido no solo tecito, pero un asado con tecito, torta con tecito, lo que venga. Imagino que lo dejábamos entrar más que nada para conocer qué era lo que nos podría ocurrir en el futuro.

Y ahí tiene la foto de la radio, algunos años, y los futuros planes de una corta vacación.

¡Feliz día a las mamás!

Una noche en Detroit

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Aquí nos tienen junto a Bill Clinton que nos visitó ayer, en una comida del partido Demócrata de Michigan para recolectar fondos. Fue una comida en el Cobo Center, en el centro de Detroit…… tratamos, en lo posible, de contrarrestar a los fundamentalistas del Tea Party.

         Siempre nos ocurre que cuando nos topamos con asuntos relacionados con Clinton nos acordamos de ese lejano día de Cleveland, en el año 1992, cuando pasó junto a Al Gore y sus respectivas señoras cerca de nuestra casa (en ese tiempo en Cleveland). Recorrían en bus el país poco antes de las elecciones presidenciales que él posteriormente ganó. Recuerdo que estábamos en la calle, ahí en la vereda, cuando el pasó frente a donde estábamos parados, vio a nuestra hija Camila de pocos años y de inmediato nos pidió que se la pasáramos para tomarse una foto con ella……. pero desgraciadamente fue tanto el bullicio y la batahola que la pobre Camila se puso a llorar a gritos, se asustó tanto que al final no terminó en los brazos de Clinton.

         Ayer casi le di la mano (¿tendremos que esperar a Hillary?), pero estaba más interesado en tomar estas fotos que nuestra hija Sofía estaba esperando. Lo tuve al frente, y atrás se pueden ver los tipos del servicio secreto que lo vigilaban. Lo divertido es que estos tipos estaban camuflados por todos lados, aunque uno no los notara. Yo tomaba las fotos con mi celular en la mano derecha, mientras la mano izquierda la tenía escondida en el bolsillo del pantalón. Estaba en eso, feliz retratándolo, cuando después de tomar la instantánea de arriba, un tipo del servicio secreto se me materializó al lado mío y me dijo al oído de manera bien perentoria: “saque su mano del bolsillo izquierdo”. ….. (Plop!) aparentemente el tipo creía que por ahí uno podía tener un pistolón de los suculentos, escondido en el bolsillo del pantalón. De más está decir que no solo saqué la mano con la velocidad de un rayo, pero la levanté bien arriba y abierta…… tanto que casi se me cae el IPhone sobre la cabeza de Clinton. Casi le pregunto por su mano derecha y donde la tenía ubicada….

         En todo caso Clinton es un mago para comunicarse con el público y la audiencia. No solo saluda, pero te pone la otra mano en el hombro como en la foto de más abajo. Todas las conversaciones parecen íntimas y especiales. Se recorrió todo el escenario dando la mano. No se de donde saca tanta energía.

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En esos años

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Luca, el gato hondureño de nuestra hija Camila, me acompaña mientras escribo esta notita.        

         En esos años –Máximo hijo o junior- era un joven alegre, juguetón y recién casado que junto a todos sus hermanos y hermanas –nueve en total-a veces iban a pasar unos días a nuestra casa de Algarrobo, en la playa. Escaseaba el dinero pero ellos vivían felices y achoclonados, se reían y bromeaban cuando nos sentábamos a la mesa durante las horas de comida. Su padre, Máximo Pacheco, había sido ministro de educación en el gobierno de Eduardo Frei Montalva en los años 60. En los 90, cuando iba a nuestra casa, estábamos en la época de Pinochet y él simplemente sobrevivía –me imagino que con un salario bien estrecho- como profesor en la Escuela de Derecho, en la U de Chile. Tenía un fuerte espíritu de educador. Recuerdo un día en especial, cuando llegó temprano a nuestra casa de Santiago y mientras esta se llenaba de humo –nuestra chimenea nunca funcionó, siempre habían cosas más importantes que hacer o que arreglar- me empezó a recomendar Films de importancia que me podrían servir y educar. Recuerdo que a nuestra casa de Algarrobo nunca fue, ahí largaba a su inmensa tribu mientras él con su señora se quedaban en Santiago tomando unas verdaderas vacaciones. Recuerdo a uno de los hermanos menores de Máximo junior, y las bromas que hacía cuando durante las noches estrelladas de Algarrobo, se acurrucaba afuera del cuarto de su hermano mayor para ver si lograba escuchar algún quejido que brotara del amor. Recuerdo que al escuchar esas bromas en la mesa mi imaginación simplemente reventaba. Años después, en una visita a Chile, recuerdo que caminando por la playa de Algarrobo divisé al hermano menor y nos saludamos. Bromeaba menos, se veía serio, pero parecía tener un gran futuro. Desgraciadamente a los pocos años me enteré que se había suicidado largándose al vacío desde un edificio alto y largo.

         Y siguen pasando los años y ahora me entero que Máximo junior está de ministro de energía en el gabinete del nuevo gobierno de Michelle Bachelet. Y las noticias también cuentan que ahora es millonario, y que tiene un patrimonio acumulado de más de 20 millones de dólares. En todas partes del mundo la política ha cambiado. Pareciera que ahora hay que tener dinero, y mucho, para inmiscuirse en el servicio público. Años antes era distinto, y participar en política era prácticamente un apostolado donde muchas veces los presidentes, al terminar su mandato, como Alessandri o Frei, volvían a la misma casita que tenían antes. Nostálgicamente miro hacia el pasado y me gusta recordar a Bernardo Leighton, -el “hermano” Bernardo, como le decían- otro ex ministro de Eduardo Frei Montalva, que cuando asumió el primer gobierno democrático, en los 90, entre sus amigos le regalaron anónimamente un flamante terno oscuro para que se viera bien en las celebraciones iniciales del nuevo gobierno.

         Miro hacia el pasado y lo prefiero. Tengo la impresión –y aquí puedo equivocarme- que Máximo junior no tiene la menor idea, no conoce nada de energías alternativas, a lo sumo conoce que la energía “solar” viene del “sol”, pero no conoce nada más. Y lo triste es que quizás eso sea suficiente. Vivimos en una época donde lo importante son las percepciones, la imagen, los brillos. Por eso me quedo con esas risas en la casa de la playa, donde las imágenes nos importaban un carajo.

         A veces, cuando vuelvo de visita a Santiago de Chile, camino por la capital, veo las tremendas construcciones del progreso y me pregunto por el edificio que escogió, ¿cuan alto era?, ¿le costaría entrar?, ¿lo visitó varias veces?, ¿cuantas veces se asomó?…. ¿tuvo susto?

                                                                                                                                                                         Abril 12, 2014

Mironeando desde una escalera

 

Marzo 28 14

Un elefante huérfano –le mataron a los padres para robarle el marfil- sale a recibir cariñosamente a su cuidador.

Era una escalera que subía como un caracol hacia el segundo piso de mi casa. Los peldaños de ladrillo rojo eran cortos, pero continuaban con otros de madera largos y altos. Daba gusto correr y saltarse varios peldaños a la vez, brincar, colgarse de las paredes para ir a ver quien tocaba el timbre en la puerta de entrada. Muchas veces fue mi padre y corríamos a saludarlo al final del día. Ahora que ya tengo los años que el tenía en ese entonces, veo que esas carreras tienen que haberle gustado mucho. Otras veces nos asomábamos sin correr, y simplemente lo hacíamos para ver quien llegaba. Una noche, ya tarde, cuando estábamos todos en la cama, acostados, sonó el  teléfono y luego el timbre de la casa. Corrí en pijamas para ver quien llegaba, pero no bajé. Era nuestro pariente, el Tatín, (Agustín Ramírez Zepeda) que venía a buscar a mi padre, médico, porque habían atropellado a su papá, el hermano de mi abuela, el tío Pepe.  Me acuerdo bien por la cara de angustia de Tatín, la manera en que apoyaba su mano en la baranda de la escalera, afirmándose fuerte, protegiéndose de todo lo que se le venia encima. Con los años, todavía veo ese rostro de angustia y de esperanza que afloraba cuando hablaba con mi padre; habían atropellado al tío Pepe y lo venía a buscar para ver si se podía hacer algo, salvarlo.

Al  tío Pepe lo recuerdo como uno de los pocos adultos que frente a uno se portó sin susto de parecer abuelo, se reía frente a un pendejo tan chico como uno y me hacía magia con sus manos. Pero esa noche mi padre no pudo hacer mucho y el tío Pepe desgraciadamente falleció, dejó de hacer magia, chuteo el tarro y partió hacia otro lado. En la bruma de los recuerdos, lo guardo como un hombre cariñoso que siempre trató de entablar una conexión amistosa con un niño chico como uno y que nada sabía de la vida. Después, con el tiempo, ya viviendo en USA, nos enteramos que a Tatín, el primo de mi madre, lo habían acusado de abusos sexuales unas actrices de apellido Prieto, sus hijastras.

“¿Y abusó?” Le pregunté un día a mi madre. Y ella dándose vueltas como una cuncunita me explicó que los viejos a veces se “ponen” verdes, y que ese es un tema que se habla poco entre la familia…… de manera que lo más probable es que todo fue cierto, le gustaban jovencitas y bien tiernas. Abusó, les tocó las pechugas, y a lo mejor hasta bailó con ellas como si hubiesen sido sus pololas.  Parece que Tatín todavía está en la cárcel, y ni siquiera los problemas al corazón le han permitido librarse de ese encierro. Dicen que uno que otro pariente lo visita, los más fieles (a lo mejor se acuerdan del tío Pepe y por eso lo visitan). Yo siempre lo recuerdo cuando leo algo de Tatín en el diario electrónico que me trae la Internet desde Santiago, Chile, y escriben que está pidiendo una rebaja, o que le han aumentado la condena.

Y pasan los años y sigo mirando, pero no desde la escalera de mi casa; ya la demolieron. Estamos en el año 2014 y cuando llego del trabajo el único que corre a recibirme es el Copo, nuestro perro patagónico (las dos hijas ya abandonaron este nido). Como siempre no hablo mucho. Pasan los años y pese a todos los disfraces, los títulos, los éxitos, las derrotas, los fracasos, -sobre todo los fracasos-, creo que uno sigue siendo el mismo, sigo mironeando, pero desde otras escaleras….

Marzo 28 14

Un desayuno bien conversado

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No se si a ti, que estás leyendo, te ha ocurrido lo mismo; pero a mí muchas veces me pasa que las semanas y meses, incluso las estaciones del verano y los inviernos, se me consumen como si fueran miserables días de pocas horas, casi minutos, como en la vida de esa mosca que revolotea en el ventanal de mi casa. Y así fue que hoy por la mañana, tratando de parar y detener esa vorágine de acontecimientos y fechas, obligaciones, me fui a tomar un desayuno reposado y tranquilo a un restorán olvidado, el Northville Crossing-Home Coking, ubicado a pocas cuadras, al lado de la línea del tren y vecino a una lavandería de autos (ver la foto de arriba). Me gusta el restarán porque los parroquianos entran y se saludan como si fueran vecinos o parientes cercanos. Se tutean y se conocen los nombres como si fueran miembros de un club con tradición. Entro como el único forastero que no ha sido formalmente invitado –algo que ocurre más a menudo de lo que uno deseara- para sentarme en una mesa, al lado de una ventana con persianas de plástico. Se acerca una señora de edad que me atiende con una cuadernillo de papel arrugado donde lo anota todo. Le pido dos huevos fritos, mientras recuerdo a nuestra hija, Sofía, que cuando niña jugaba a dárselas de mesonera con una libretita parecida, y donde tomaba notas con un lapicero tan grande como su mano.

-¿Y cómo los quiere?

-Frito por los dos lados, con torrejas de corned beef y tostadas con mantequilla.

-¿Coffee?

-Yes, coffee, please.

Mientras tanto llegan más parroquianos con sus periódicos del día, sus bultos, a leer, a conversar y claro, a tomar desayuno. Se sacuden ruidosamente la nieve de sus abrigos y comentan las inclemencias del tiempo y el frío, antes de escoger y sentarse a la mesa. Lo complicado es que cuando se sientan, conversan despacio y cuesta escuchar lo que se hablan; pero en sus gestos noto que muchas veces son sabrosos comentarios sobre algunos amigos y familiares. Ella le dice algo bien seria y él, mientras prueba el café y se quema la boca, escucha y se queda quieto. Al poco rato, cuando ya ha dejado la taza sobre el plato, le contesta, pero con algo de resignación y una espera distante. Desde un parlante embutido en el cielo se escucha una melodía de Roy Orbison, pero también muy quieta, y simplemente se mezcla con el ruido del lavado de platos que llega de la cocinería. Los comensales se pasan el periódico unos a otros como si fuera una carta con buenas noticias. Una vecina de jeans y polera blanca se levanta y le ofrece el suplemento del sábado a un conocido que acaba de llegar, y a quien saluda de nombre: John. John se sienta, acepta el periódico y le pide a la camarera de edad que le traiga “lo de siempre”.

Me levanto de la mesa para cancelar mi desayuno y ahí arranca la conversa que estaba extrañando. Ella me hace sentir como invitado al gran banquete importante, finalmente aceptado. Antes de pasarme la cuenta me pregunta por mi nombre. Cristián, le contesto. Y usted, ¿de donde es? De Chile, le contesto. Claro, como no , un país bien largo, me repite. Y sin darnos cuenta, empezamos a conversar largo y tendido. Vemos pasar a los clientes, desfile de nuevos parroquianos, pero seguimos inmutablemente involucrados con nuestras preguntas y respuestas. Y no lo van a creer, pero como ocurre en los relatos malos, tontos, de coincidencias fáciles –pero este no es un relato, así que todo está permitido-, me contó que su madre había trabajado para “Paulo Nerruda”, cuando este había estado a cargo del consulado chileno en Rangún. Por eso conocía mucho de Chile; pero a su mamá no le cayó nunca bien ese “Nerruda,” lo consideraba un glotón, demasiado bueno para comer y tomar vino con sus amigos. Notamos que a veces oscurecía, pero pronto aclaraba y salía nuevamente el sol. Se nos ocurrió que a lo mejor habíamos estado conversando por semanas, pero no nos sentíamos cansados, no nos dolían los pies. A veces, al interrumpir la conversación, notábamos que ya nadie entraba sacudiéndose la nieve. Incluso una señora se molestó cuando le dije que cómo se vestía de esa manera en un día de invierno.
Pero al salir a la calle, un calor de verano furioso me abofeteó el rostro. Y al instante me piteó el celular con urgencia. Era Pilar, la Pili que perentoriamente me decía que me apurara, Camila y Sofía, nuestras dos hijas, ya estaban por llegar en una visita de verano…….

Silencié el celular asustado; nuevamente me había ocurrido, el tiempo y las horas, semanas y meses, se me habían comprimido como en la vida de esa mosca en el ventanal de mi casa.

Febrero 22 14

MexicanTown, Detroit

Marzo 8 14

En el restarán “Parrilladas Patagonia” ubicado en Vernon Street en el corazón mismo del Mexican Town, en Detroit. Este cliente está comprando cuatro empanadas (que se ven envueltas en ese plástico). El es uno de los artistas del Mexican Town. Sus cuadros se pueden ver colgados sobre las murallas del restorán. Son dibujos pintados sobre género y sobre poleras.
Mientras manejaba por la autopista I-75, hacia el sur, llamé a Álvaro por teléfono para que me tuviera listas una docena de empanadas –a cuatro dólares cada una. “Las tuve que suprimir” me confidenció al poco rato en su restorán – y un arrollado “a la chilena” por $20. Eran las 5 de la tarde de un día Martes y no había casi nadie en el restarán, el lugar estaba completamente vacío. Me demoré en pagarle porque ya no aceptaba tarjeta de crédito. “Le tengo que pagar como 120 dólares al mes al banco si quiero aceptar tarjetas de crédito. Una estafa. Lo mismo me pasa con estas maquinitas para las bebidas. No vale la pena.”
-¿Y qué pasó con tu mamá que te vino a ayudar desde Chile? –le pregunté
-No me digas nada. Partió de regreso, me espantaba a los clientes. Imagínate, me vas a creer que un día llegó este mexicano, amigo, chorreado de espuelas, botas, sombrero enorme, y mi madre, mi pobre madre, se le planta al frente, se le cruza de brazos, y le dice que aquí no se sirve comida mexicana (!). Me lo contaba y yo no lo podía creer. Y él es el dueño del mejor restarán mejicano que tenemos aquí.
Y Álvaro me lo repetía sujetándose la cabeza con las dos manos.
-Y las empanadas son el negocio del “oso”, -me dijo- yo se las vendo y nada más, es demasiado trabajo. Ahora le hago a lo mejicano. Fíjate que tenía un amigo que a cada rato me decía “contrata a la señora Lucia, contrata a la señora Lucia”. Y uno, el muy pelotudo, el muy huevón no lo escuchaba. Y no lo escuchaba porque todavía insistía que mi restorán tenía que ser un restarán chileno y que vendiera solo comida chilena….. pero aquí estamos en el Mexican Town; ……pero si soy muy pelotudo. Y sentémonos, a conversar, compadre, aquí tengo una Coca-Cola abierta, aquí tienes un vasito- y como te contaba, así es como uno aprende, cagándola y dándose de cabezazos contra una muralla. “Contrata a la señora, Lucía. Contrata a la señora, Lucía,” me decía mi amigo. Y como te contaba, yo no lo escuchaba. Pero como te contaba, se fue mi querida madre….. si me escuchara, la pobre, pero tuve que cerrar el restorán como por tres semanas para que ella se fuera, -imagínate- para que ella se diera cuenta que esto ya se había terminado y no había más restorán y se fuera con tu su ayuda a Chile. ¡Si me escuchara, mi querida madre! Bueno, pero cuando partió, contraté finalmente a la señora, Lucía, y santo remedio, me trajo a toda la clientela mejicana del Mexican Town y ahora no estoy en el rojo. Y comen puras huevadas, todos se las arreglan con las famosas salsitas. Por eso te digo que las empanadas son complicadas, mucho trabajo, pero las sigo vendiendo, aunque ese es el negocio del “oso”. Y se me llena bastante el lugar, al almuerzo tengo como 7 mesas repletas. Y cuando llegan yo me escondo, fíjate, me voy para atrás y la dejo a ella solita que maneje todo el asunto. A ellos no les gusta verme con esta facha de chileno como la tuya o la mía, se asustan, así que yo me voy para atrás a barrer o a limpiar platos, mientras ella los recibe y los atiende. Y cocina muy rico.
-Oye, pero si quieres nos vamos atrás, yo también se barrer –le insinúo.
-No, como se te ocurre, si ahora no hay nadie. ¿Más Coca-Cola?
Marzo 9 14

Viejos que se hablan y se saludan

Febrero 22 2014
Aquí todavía estamos soportando los fríos polares. En la foto de arriba se ve el “jet stream” que podría explicar lo que nos está ocurriendo con el clima. Debido al cambio climático, ese jet stream se hace más ondulado, generando esas lengüetas que suben y bajan, alcanzando así las zonas meridionales. Esa distorsión explicaría la nieve tan al sur que hemos tenido recientemente en USA, alcanzando incluso zonas tan sureñas como Atlanta…. Y para qué decir, Michigan, donde pese a que estamos acostumbrados a los fríos del invierno, nos hemos congelado. Se postula, que cuando las diferencias de temperatura, entre el ártico y las zonas meridionales, disminuye (el ártico lentamente se está calentando) el “jet stream” se hace más ondulado y penetra las zonas meridionales (es decir esas lengüetas frías crecen y se extienden hacia el ecuador). El problema se hace incluso más latente y peligroso porque esa especie de corona que vemos en la foto (el jet stream), rota sobre la tierra, pero rota proporcionalmente a la diferencia en las temperaturas del ártico y las zonas meridionales. Y como ese gap en las temperaturas disminuye (la temperatura en el ártico está subiendo y se acerca a las del trópico) esa “corona” se mueve menos y se estanca; y los que han quedado debajo sufren el calor o el frío. En nuestro caso, en Michigan, esa lengüeta del jet stream se ha quedado detenida sobre nuestras cabezas; por eso el largo invierno y fríos polares. En California ocurre todo lo contrario, es una zona que ahora soporta una de las peores sequías de este siglo…….
Esas son las cosas que tristemente me preocupan y quitan el sueño por ahora. Para aliviarme un poco regresé temporalmente a esos primeros amores de cuentos y relatos breves. Me tropecé gratamente con “Me Alquilo para Soñar,” un cuento de García Márquez que aparece en su colección “Doce Cuentos Peregrinos”. Me gustó sentir como el autor me lleva de la mano y sin titubeos hasta el final del relato. Nada se me hizo cuesta arriba. Una frase seguía a la otra como sujetada por un entramado de ritmo casi tropical en una lectura fácil y entretenida. Me encantó, también, ver como García Márquez introdujo a Neruda describiéndolo de manera gráfica y colorida. Aquí lo copio y lo escribo para disfrutarlo un poco más:
“……Se movía por entre la gente como un elefante invalido, con un interés infantil en el mecanismo interno de cada cosa, pues el mundo le parecía un inmenso juguete de cuerda con el cual se inventaba la vida.
No he conocido a nadie más parecido a la idea que uno tiene de un Papa renacentista: glotón y refinado. Aun contra su voluntad, siempre era él quien presidía la mesa. Matilde, su esposa, le ponía un babero que parecía más de peluquería que de comedor, pero era la única manera de impedir que se bañara en salsas. Aquel día en Carvalleiras fue ejemplar. Se comió tres langostas enteras descuartizándolas con una maestría de cirujano, y al mismo tiempo devoraba con la vista los platos de todos, e iba picando un poco de cada uno, con un deleite que contagiaba las ganas de comer: las almejas de Galicia, los percebes del cantábrico, las cigalas de Alicante, las espardenyas de la Costa Brava. Mientras tanto, como los franceses, sólo hablaba de otras exquisiteces de cocina, y en especial de los mariscos prehistóricos de Chile que llevaba en el corazón.”

Esos viejos que se hablan y saludan en el Northville Crossing

No se si les habrá ocurrido algo parecido, pero muchas veces me pasa que las semanas y meses, incluso las estaciones del verano y los inviernos, se me consumen como si fueran miserables días de horas restringidas, como en la vida de una mosca. Y así fue que hoy por la mañana, tratando de parar y detener esa vorágine de acontecimientos, fechas y obligaciones, me fui a tomar un desayuno reposado y tranquilo a un restorán olvidado, el Northville Crossing-Home Coking, ubicado a pocas cuadras de la casa, al lado de la línea del tren y vecino a una lavandería de autos. Me gusta porque los parroquianos entran y se saludan como si fueran vecinos o parientes cercanos. Se tutean y se conocen los nombres como si fueran miembros de un club de mucha tradición. Entro como el único forastero que no ha sido formalmente invitado –algo que ocurre más a menudo de lo deseado- para sentarme en una mesa, al lado de una ventana con persianas de plástico. Se acerca una señora de edad que me atiende con una cuadernillo de papel arrugado donde lo anota todo. Le pido dos huevos fritos, mientras recuerdo a nuestra hija, Sofía, que cuando niña jugaba a dárselas de mesonera con una libretita parecida, y donde tomaba notas con un lapicero tan grande como su mano.
-¿Y cómo los quiere?
-Frito por los dos lados, con torrejas de corned beef y tostadas con mantequilla.
-¿Coffee?
-Yes, coffee, please.
Mientras tanto llegan más parroquianos con sus periódicos del día, sus bultos, a leer, a conversar y claro, a tomar su desayuno. Se sacuden ruidosamente la nieve de sus abrigos y comentan las inclemencias del tiempo y el frío, antes de sentarse a la mesa. Lo complicado es que cuando se sientan, conversan muy despacio y cuesta escuchar lo que se hablan; pero en sus gestos noto que muchas veces son sabrosos comentarios sobre algunos amigos y familiares. Ella le dice algo bien seria y él, mientras prueba el café, escucha y se queda quietecito. Al poco rato, cuando ya ha dejado la taza sobre el plato, le contesta, pero con algo de resignación y espera. Desde un parlante embutido en el cielo se escucha una radioemisora, pero también muy quieta, y simplemente se mezcla con el ruido del lavado de platos que llega de la cocinería. Los comensales se pasan el periódico unos a otros. Una vecina de jeans y polera blanca se levanta y le ofrece el suplemento del sábado a un conocido que acaba de llegar, y a quien saluda de nombre: John. John se sienta, acepta el periódico y le pide a la camarera de edad que le traiga “lo de siempre”.
Me levanto de la mesa para cancelar mi desayuno y ahí arranca la conversa. Me siento como invitado a un gran banquete, finalmente aceptado. Antes de pasarme la cuenta me pregunta por mi nombre. Cristián, le contesto. Y usted, ¿de donde es? De Chile, le contesto. Claro, como no , un país bien largo, me repite. Y sin darnos cuenta, empezamos a conversar largo y tendido. Vemos pasar a los clientes, desfile de nuevos parroquianos, pero seguimos inmutablemente involucrados con nuestras preguntas y respuestas. Y no lo van a creer, pero como ocurre en los relatos malos, tontos, de coincidencias fáciles –pero este no es un relato, así que todo está permitido-, me contó que su madre había trabajado para “Paulo Nerruda”, cuando este había estado a cargo del consulado chileno en Rangún. Por eso conocía mucho de Chile; pero a su mamá no le cayó nunca bien, “Nerruda,” lo consideraba un glotón. Notamos que a veces oscurecía, pero pronto aclaraba y salía nuevamente el sol. Se nos ocurrió que a lo mejor habíamos estado conversando por semanas, pero no nos sentíamos cansados. A veces, al interrumpir la conversación, notábamos que ya nadie entraba sacudiéndose la nieve.
Al salir a la calle, un calor de verano me abofeteó el rostro. Al instante me suena el celular. Es Pilar, la Pili que perentoriamente me dice que me apure, Camila y Sofía ya están por llegar en una visita de verano……. nuevamente se me había comprimido el tiempo como en la vida de una mosca.

Febrero 22 14
¡Felicitaciones a nuestro sobrino, Fernando, que acaba de ser papi!