Siempre me costó saber qué era lo que me gustaba. Envidiaba a los amigos que a temprana edad descubrían una pasión, que sabían qué hacer y cómo hacerlo. Cuando egresé del colegio me sacaron a empujones y no sabía hacia donde encaminar mis pasos, qué estudiar, qué leer. Veía con envidia como mis amigos y conocidos, primos de mi edad, se afiliaban con entusiasmo a las distintas áreas de estudio, como leyes, pedagogía, ingeniería. Maduré tarde, y me atacó algo así como una edad del pavo extendida y que no se terminaba nunca. No era bueno para las matemáticas, pero si le ponía empeño lo lograba. No era bueno para la química pero si le ponía empeño, sobrevivía. Empeño no me faltó y por eso estudié química. Para leer fui siempre lento y sigo siendo lento, por eso escojo bien lo que deseo leer. Como era tímido era bueno para mirar, o para mironear, y creo que sigo siendo bueno para eso; a lo mejor esa fue mi vocación. Me habría gustado intentarlo todo de nuevo, pero me he quedado sin tiempo, de manera que me muevo por el mundo mirando mucho hacia atrás, hacia lo que hice o lo que no pude hacer, o no me atreví, o no me resultó. Y lo escribo. Siento que al madurar tarde, seguí buscando, seguí abriéndome camino hacia afuera y a continuar en una búsqueda que no se me termina, que no tiene fin. Ya voy en mi último tercio, envejezco, pierdo altura, pero todavía busco.
Qué sinceridad!!