Ser desheredado es más de lo mismo (IX). No lo sé. ¿Lo sabe usted?

Aquí van dos nuevas cartas de esos años, 1982. Una que mi padre le mandó a mi mamá mientras ella estaba en Palma, y que ella después me mandó escribiendo su propia carta en el reverso. Fijándome en las fechas (1982) noto que mi padre tenía 65 años en ese tiempo y jubilaba; pero, sin embargo, se matriculó en una nueva iniciativa, la consulta que organizó en una oficina ubicada en el centro de Santiago. A lo mejor por los aprietos que sufrió cuando fue niño -de “padres separados”, como lo tarjetea mi madre en las cartas anteriores- por esos apuros económicos y emocionales que pudo haber sufrido, creo que se esforzó hasta en sus últimos momentos de “salpicarnos”, de prestarnos continuamente ayuda porque para él eso fue siempre de importancia primordial; se esforzó para que nosotros no pasáramos por los apuros y humillaciones que probablemente sufrió él. Trabajaba y trabajaba mucho; por eso no pudo o no supo jubilar. Gustos onerosos no le conocí ninguno; más bien era de gastos restringidos y poco rimbombantes. Para las navidades o festejos era un cliente fácil, y nunca quiso ni pidió nada de valor. Lo único que logré regalarle varias veces fueron corbatas, que felizmente no las podía o no sabía rechazar. Recuerdo claramente una excepción, cuando trató de darse un gusto final, cuando ya era un poco tarde y a pocos meses de morir. Lo describí en una nota anterior hace ya varios años; aquí transcribo la sección que muestra el aparente lujo con que mi padre soñó antes de partir:

 

En mi excursión de fin de semana paso por la librería Barnes & Noble (como se puede ver cambio poco, soy un tipo previsible) a hojear algunos libros y a tratar de no tentarme. Sucumbí frente a un libro de cuentos de una desconocida escritora afroamericana, pero me tenté con otro de relatos de Tess Gallagher, la viuda del cuentista y poeta Raymond Carver (últimamente me está gustando mucho su poesía). Hace pocos días leí una entrevista que le hicieron en un diario local. Ahí describe con nostalgia los últimos días de Carver, que murió de cáncer al pulmón y al cerebro, a los 50 años de edad, 30 años atrás. Tocó la gloria sólo al final de su vida, cuando ya había dejado de alcoholizarse, y cuando ya había dejado de darse de bofetadas con su ex y se establecía como una gran figura en el relato breve de este país. Poco antes de fallecer fue en bata de levantarse y con pantuflas a comprarse un Mercedes Benz, el más caro del mercado, como simbolizando que después de vivir bajo tantas pellejerías y miserias, había logrado una posición sólida en este mundo y en la sociedad, en la literatura. Había llegado a ser finalmente “alguien”.

Su viuda cuenta que todavía usa el mismo auto y que cuando lo estaciona por las calles de su pueblo, sus lectores le dejan papelitos con mensajes cariñosos ofreciéndole comprar el auto. Algo parecido le ocurrió a mi padre, pero con otro Mercedes más barato, más pequeño, cuando poco antes de fallecer también se compró un Mercedes Benz que después, tristemente, tuvo que devolver…… claro que él fue a la distribuidora de cuello y corbata y sin pantuflas. Nunca consulté cómo lo hicieron para que lo devolviera; no quise conocer esos detalles.

Ahora vemos en la televisión un show donde cantan Simon and Garfunkel en un concierto reciente. La voz de ellos felizmente es la misma, el mismo ritmo que me lleva a mis días en Santiago, cuando los escuchaba en esos discos como platillos negros en un tocadiscos de aguja, en la supuesta pieza de las plantas, pero que en ese entonces ya no tenía ninguna planta. Ahí, a veces, estudiaba antes de un examen. Prefiero escucharlos y escribir esta nota sin mirar hacia la pantalla, pues están pelados y viejos, demasiado distantes de los tiempos de esa pieza de las plantas.

Y la pregunta de los cincuenta dólares, como dicen los gringos, cuándo me llegue la hora, poco antes de partir, poco antes de chutear el tarro, ¿me compraré un Mercedes Benz, como mi padre?

 

Las dos cartas que siguen a continuación hablan por si solas, no es necesario un comentario extra. Esta vez no bajé al subterráneo para leerlas, o lo hice pero brevemente porque he querido leer las cartas al sol, a todo sol junto a los gatos, y también junto al Copo, que en pocos meses más a lo mejor nos sorprenderá leyendo, o también investigando cartas. Como verán, estas no creo que tengan valor literario, pero nos muestran una época, otra forma de vida que poco a poco ya olvidamos. Por eso las transcribo, para que algo sobreviva, para que algo, porfiadamente, dure un poco más. ¿Cierto, Ignacio Carrión, amigo de siempre?

Mi padre tenía 65 años en ese entonces, en el año 82, (mi madre unos 56) y recuerdo que yo lo percibía como un viejo de miéchica…. pese a que ahora, en el 2018, tengo prácticamente la misma edad de él (solo dos años menos). Por eso, con esfuerzo, trataré de sentirme como el viejo de miéchica que percibía en mi padre en ese entonces, nacido hace 63 o 65 años atrás; con dolores a la espalda, o con molestares a la “guata” después de probar un plato de porotos o lentejas. ¿Indigestión, molestias?

Mi padre nació un primero de Agosto del año 1917, pero nunca le celebramos un cumpleaños; él prefería celebrarse para el día de San Juan, le tenía terror a los números. A lo mejor por eso escogió su santo porque ahí nadie le tocaba el tema de los años, la edad, la vejez y el consiguiente deterioro. Recuerdo con claridad que durante su último año de vida, tuve la intención de llamarlo por teléfono para desearle un feliz día para su cumpleaños. Corría el año 2001 pero no lo supe recordar y ese primero de agosto simplemente se me fue, se me quemó. Y después me quedé corto, o sin tiempo, porque el 14 de Enero del 2002, al año siguiente, a los 85 años de edad, falleció y nunca más pude celebrarle nada. Lo tenía planificado para el 2002; pero no me resultó, o no nos resultó. Pero aquí van las dos cartas, desgraciadamente repletas de muchos Cristiancitos; es mejor cambiar de tema. Aquí va la primera:

 

Querida Ximenita                           Santiago, 18 de Octubre de 1982

Tuve gran alegría de recibir tu carta que fue bien noticiosa. Me gustó mucho saber que el viaje en primera te fuera cómodo; así al regreso podrás viajar más tranquila. Saca las cuentas cuando regresarás para no tener problemas de reserva. A Cristiancito le reservé New York-Santiago para el 20 de Diciembre. Conversé con él por teléfono y me dijo que había hablado contigo, que estaba muy bien. Me asustó que hayas estado resfriada; cuídate mucho para que puedas disfrutar algo de ese magnífico clima. Por lo que me cuentas las cosas han subido en España, pero aún así siguen siendo más baratas que en Chile. Precioso el Hotelito de Bendirrat. La casa que me hablas y que se vende debe ser muy linda, una mansión. Me contagié de tu entusiasmo y me he puesto en campaña otra vez para ver si se puede vender Algarrobo. Aquí las cosas siguen iguales; aún el clima que continúa nublado. El sábado 16 llovió todo el día torrencialmente. Las cosas en la casa todo bien. La Guillermina muy contenta con tus saludos, se porta en general bien y si no lo hace mejor es porque no le da más su cabeza. La consulta regular, como todas las cosas económicas. Creo que la organización definitiva se la daré cuando tú llegues. En la Facultad de Medicina las cosas van encaminadas para que haga clases y asesoría neuroquirúrgica en el Hospital J. J. Aguirre. Allí pasan 200 estudiantes e internos al año. En el J. J. Aguirre hay más estudiantes que en las otras tres sedes juntas.

Álvaro se había enojado con la Valeria (polola antes de Marlen, su actual esposa) pero parece que ahora están bien. La Moniquita muy bien con Pato (futuro esposo y ahora separados). Este fin de semana vino Pato a Santiago y estuvieron muy contentos. Yo no fui a Algarrobo porque tuve molestias a la guata por unos porotos y lentejas que comí; pero ahora estoy bien. Escribe más seguido. Estoy preocupado de no mandarte más dólares. El desahucio lo pagarán el 17 de Noviembre. Otros enfermos me han cancelado, pero con cheques y letras; en todo caso no hay problemas, excepto que quisiera tener más para que estés más cómoda. En todo caso si tienes problemas mándame decir que yo podré mandarte más dólares. Quiero que esta carta salga hoy y por eso me despido. Cariños de las (no se entiende) y beso y abrazo mío.

Juan

Cristiancito                                     Palma, 24 de Octubre de 1982

Ayer me llegó esta carta de tu papá (reproducida arriba). Esas líneas que subrayé de la segunda página, me hacen pensar que tiene problemas con sus ayudantes (doctores Palma y Hoyser… no sé cómo se escribe este último). Tengo desde hace tiempo la impresión que “sobrevuelan” esperando quedarse con la “clientela” (entiéndase “carnada”) que Juan debería dejar. Pero sucede que Juan se ha ido poniendo cada vez mejor con la libertad de tiempo que dispone ahora. A ellos les gustaría amarrarla con cláusulas, con estatutos. Pienso que quien más pone (oficina, secretaria, clientela) es Juan, así que no le conviene amarrarse por ahora, hasta que no vea funcionando la maquinaria por un tiempo. Conocerlos más a fondo en estas nuevas experiencias, por algún tiempo. Ya verá más adelante. Así es que creo que debo ir a Chile. Hoy en la mañana reservé vuelo Madrid-Frankfurt para el 11 de Noviembre (en LAN) y Frankfurt – Santiago para el 22 de Noviembre. ¡Así es, Cristiancito, que nos veremos en Chile en Diciembre! Y llamé a Juan. Estaba feliz de que volviera el 23 a Chile. Pero se me hizo tarde para llamarte a ti. Había dos horas de demora a los EEUU. En Bielefeld llegaré al Hotel que voy siempre. ¡Voy a gozar a los nietos!

El otro día llamé a Juan Albertito (mi hermano mayor). Me invitó mucho. En Noviembre (a fines) le entregan un departamento arriba del de ellos. Lo dejarán para que jueguen los niños. Me propone arreglarlo para mí. Prefiero el Hotel. Me contó que los papás de Aída terminaron con sus asuntos de Chile y estarán indefinidamente con ellos. Por ahora pensaban viajar por unas islas griegas. Así que siento que debo volver a casa. Me siento obligada a ayudar a Juan en los comienzos de su vejez. Y aquí, en España, la cuestión política está como que vuelven a los años 40. Hay mucha inestabilidad. Dicen que si gana el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) no duraría mucho. La otra noche, en el Palacio del Rey, se dio alerta general por un convoy militar que se acercó mucho. Han tomado preso (arrestos domiciliarios) a algunos oficiales y a otros los han trasladado (a uno de Madrid a Canarias, por ejemplo). Te escribo en esta carta al no haber podido llamarte temprano.

Siento que se quede en nada mi ilusión de verte en Mallorca.

¿Recibiste una carta agradeciendo tu regalo? (pero anulé el cheque; tú necesitas más la $). Eres un amor. Te quiero un montón. Escríbeme a la dirección de Albertito, aunque si lo haces al tiro me alcanzaría a llegar aquí.

Un gran abrazo

Ximena

….te escribo de pie en el mesón del correo. Sorry el desorden.

 

 

Siempre me he preguntado cómo lo hizo mi padre para comprarse ese Mercedes. ¿Esperó otro viaje de mi madre? ¿Salió escondido? ¿Le mintió? ¿Le tenía susto?

¿Y cómo terminar esta nota? ¿Con un feliz cumpleaños aunque sea a destiempo, absurdo, sentimental?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s