Asesinato de Eduardo Frei Montalva ex Presidente de la República de Chile

Al escribir la nota anterior quedaste con los deseos grandes de levantar una alfombra más, o de remover una alfombra vieja, añosa, para que esos pobres pájaros de la memoria emprendan vuelo y salgan, vivan, respiren aire fresco.

Todo comenzó cuando leíste en la Internet un artículo que apareció en la revista  Economía y Sociedad (Abril – Junio 2019). Ahí Alvaro Covarrubias Risopatrón, abogado y profesor universitario, contaba su versión de como había fallecido en la Clínica Santa María don Eduardo Frei Montalva, ex Presidente de Chile. Según la versión de Alvaro Covarrubias, Eduardo Frei deseaba operarse en la Clinica Indisa, donde tu padre era el Presidente del Directorio:

 

“Don Eduardo tenía 70 años y sufría de una enfermedad conocida como hernia al hiato, que le impedía hacer una vida normal. Muy molesto por esa dolencia, supo que había un famoso médico cirujano, llamado Augusto Larraín Orrego, quien operaba a los pacientes de esa dolencia, logrando erradicar definitivamente el mal. Desesperado por esta molestia, don Eduardo decidió operarse con ese doctor, poniendo como condición, que la intervención quirúrgica debería efectuarse en la Clínica Indisa.

Presumo que la desición de elegir esta clínica para la operación, fue que en esa época, en ella tenía gran influencia el Cardenal Raúl Silva Henríquez. La clínica era dirigida por los doctores: Juan Fierro Morales (Presidente del Directorio y médico personal de don Patricio Aylwin), Alberto Lucchini Albertalli (Vicepresidente del Directorio y médico personal del Cardenal Silva) y Hugo Salvestrini Ricci (Director Médico); todos profesores universitarios de excelencia, de sobra conocidos de don Eduardo. Estos dos últimos habían sido recientemente exonerados de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, por no ser incondicionales al régimen del General Pinochet.

La razón por la que se tomó esa decisión, que se le comunicó al cirujano, fue que dicha operación era de alto riesgo, por lo que la Clínica -velando por su prestigio- no quería exponerse a la posibilidad de que en ella se muriera un ex Presidente de la República. La explicación técnica que me dio personalmente el Dr. Salvestrini acerca del riesgo de la operación, es que ese tipo de cirugía requería mucha manipulación en una gran zona del abdomen, por lo tanto la posibilidad de infección es muy alta. Entiendo que desde hace muchos años, esa operación ya no se realiza.

Recibida la notificación de rechazo, el Dr. Larraín procedió a reservar pabellón quirúrgico en la Clínica Santa María, donde se realizó la operación el día 18 de Noviembre de 1981.”

 

Nunca te enteraste sobre esa negativa de la Clínica Indisa (y de tu padre) en aceptar como candidato a esa cirugía al ex Presidente Frei Montalva. Temas de ese tipo, tu padre no los trató jamás en su casa, sobre todo viviendo en dictadura donde ustedes podrían correr riesgo al conocer esos detalles. Sin embargo consideras que esa negativa pudo ser cierta, pero no debido a lo difícil, inusual o riesgosa de esa operación. Tu padre participó de esa decisión probablemente porque vio el peligro, el gran riesgo que podía correr Frei frente a una oportunidad ideal que le estarían presentando a los servicios secretos de la dictadura, que podían tratar de asesinarlo como finalmente ocurrió. ¿Pero cómo alertar a Frei y su entorno de que algo así podía suceder? Imaginas que una manera de hacerlo pudo haber sido exagerando los peligros de esa operación, porque si tu padre hubiese explicado claramente sus sospechas, sus temores, los servicios secretos se habrían enterado y tu padre, con toda seguridad, habría sido acusado de esparcir rumores, de culpar a los servicios de inteligencia del dictador sin ninguna evidencia clara. Crees que al menos los médicos trataron de hacer algo, incluido tu padre, trataron de retrasar la operación, o ponerle cortapisas, como declarar que era una operación muy riesgosa, o peligrosa, asunto que no tenía ningún asidero técnico o científico.

Tu padre en esa época ya conocía los métodos que utilizaba la dictadura para eliminar opositores, sabía que los ajusticiamientos y muertes misteriosas realmente ocurrían. Tristemente el ex Presidente pecó de ingenuidad o simplemente jamás imaginó que los métodos para eliminar opositores al régimen, hubiesen alcanzado niveles de sofisticación tan elevados, de calidad científica y mucho menos sanguinarios y evidentes que los métodos utilizados previamente para eliminar a opositores como a Orlando Letelier, con una bomba en Washington, o a Bernardo Leighton, a balazos en Italia. Imaginas que por ese motivo, cuando Pinochet se operó de la espalda, no lo hizo en Chile; sabía que le podía ocurrir algo parecido, enemigos no le faltaban….y por experiencia propia él ya conocía el uso creativo que se le podían dar a un quirófano, como el asesinato. Por ese motivo partió  a Londres, donde lo tomaron preso por un tiempo.

Una hernia al hiato no se considera, y nunca ha sido calificada como “una enfermedad,” donde se necesite de una intervención quirúrgica riesgosa, y ejecutada por un “famoso cirujano” para “curarse del mal”. Una apendicitis y sobre todo si se la retrasa, es más riesgosa que una hernia al hiato. Recuerdas claramente la extrañeza de tu padre al enterarse de la complicaciones postoperatorias que le confidenciaba el doctor Goic: simplemente no lo podía creer.

Lo que menciona finalmente Alvaro Covarrubias sobre ese procedimiento tampoco es cierto:

 

“….entiendo que desde hace muchos años, esa operación ya no se realiza…” 

 

Seguramente, en el 2020, se utiliza una técnica quirúrgica más avanzada, pero ciertamente se opera. Ese carácter de peligrosidad que le atribuye, Alvaro Covarrubias, a una simple hernia al hiato no es real.

 

Recuerdas claramente la época y sobre todo el ambiente que se respiraba en ese entonces. Era de noche y el doctor Goic, médico y amigo de tu padre y también de Eduardo Frei Montalva,  llegaba a tu casa por la noche para conversar. Desgraciadamente nunca estuviste presente (no te dejaban, tu padre te protegía), pero notabas que ocurría algo importante y grave. Y esto lo has escrito o lo has tratado de escribir en otras oportunidades, en borradores traspapelados, notas, sueños, pesadillas de otro tiempo, de manera que a lo mejor este texto sale repetido o regurgitado; pero como mencionabas antes, a veces tratas de correr alfombras, de moverlas, pero estas se niegan y vuelven a caer, se rebelan y vuelven a tapar la herida, la hendidura, a cubrirla, y entonces nada vuela.

Como decías, era de noche y transcurría el año 81, cuando lo primero que escuchabas era una llamada telefónica, y que sí, te espero, le decía tu padre, no es ningún problema, le decía tu padre, ven y conversamos. Y clic-clic, colgaba el fono de plástico, ruidoso y nuevamente regresaba la noche, la penumbra, el silencio. Al poco rato aparecía el doctor Goic que venía de la Clínica Santa María donde atendían a Eduardo Frei Montalva. Todavía no  fallecía de una septicemia aguda, inexplicable, misteriosa, pero que con los años sería identificada como un envenenamiento paulatino. Conversaban, pero en medio del sigilo, casi callados, casi mirando las palabras que se repetían y volaban sobre esa soledad de la noche. Afuera, en la calle Las Violetas, había siempre un auto estacionado donde una pareja parecía trabajar en sus cariños, sus besos, en sus falsedades, porque más que nada vigilaban, miraban y tomaban nota sobre los que llegaban y los que se iban de tu casa. A lo mejor fueron “compañeros de trabajo” de ese primo tuyo, que también fue de la DINA (el servicio de inteligencia organizado por Pinochet).

 

Al ver a tu padre recibiendo al doctor Goic por la noche, palpaste la soledad con que a veces se enfrentan las circunstancias de la vida, esa soledad que solo se puede fragmentar con el uso de una navaja filuda porque se ve sólida, pesada. Como lo cuenta Anne Lemott en un tweet reciente, los mayores, esos de los cuales se confía cuando se es pequeño, nunca contaron que la vida iba incluir a veces una soledad tan grande. Primero el doctor Goic tocaba el timbre, y tu corrías a abrirle la puerta, donde notabas el mundo exterior callado y silencioso, donde incluso los autos parecían desaparecer, o parecían moverse pero sin motor, sin ruido. Al poco rato entraba y se quedaba conversando en el living de la casa con tu padre, mientras tú te ibas al segundo piso a descansar, era de noche, había que callar.

 

Años después a tu padre no le quedarían dudas: Frei Montalva había sido envenenado, había sido asesinado en la Clínica Santa María. Incluso ese convencimiento lo ayudó a sortear con éxito otro envenenamiento posterior, cuando tiempo después, en la Clínica Indisa, él operaría a la hija de Frei Montalva, Mónica Frei, una mujer que nunca se metió en la vida pública del país, pero que aparentemente también había sido escogida como víctima. Ahí tu padre enfrentó en carne propia un misterio parecido, y que él notó se trataba de un envenenamiento cuyas semejanzas con el anterior le resultaban familiares. A tu padre nunca le había ocurrido algo parecido, tan raro, donde después de una intervención quirúrgica inocua a la columna, se desarrollara una infección tremenda que la tuvo al borde de la muerte. Tiempo después te enteraste, por tu madre, que tu padre le había confesado….”quieren amedrentar a los Frei, a la familia Frei, para que nunca más se metan en política”. En este nuevo caso, y debido al envenenamiento anterior de Eduardo Frei, tu padre sospechó algo raro y se preparó mejor, había aprendido la lección y logró salvarle la vida a Mónica. No sabes cómo lo hizo finalmente, cómo se defendió, y nunca se lo preguntaste en tus viajes de visita a Chile, pero imaginas que fue algo significativo, como ubicarle un guardia a la entrada de su cuarto, o a lo mejor administrarle el mismo los medicamentos. Lo triste es que pese a que Mónica Frei salvó con vida, quedó indignada, molesta con tu padre, y no sospechó nunca nada criminal, ninguna mala intención de nadie, más bien creyó en la incompetencia de tu padre o de la Clínica Indisa como los responsables de haberla empujado al borde de la muerte. Algo parecido le ocurrió a tu padre años después, cuando atendió a Jorge Lavandero después de una paliza que le dieron en la calle por investigar los movimientos de dinero de Augusto Pinochet. Recuerdas que le colocó guardias en el cuarto de la Clínica Indisa, y a lo mejor le controló muy bien los medicamentos que le administraba para que no lo fueran a matar.

 

Sientes nostalgia cuando escribes esto, y también pena, cobardía, tristeza. ¿Por qué cuesta tanto retirar alfombras? ¿Por qué cuesta tanto ayudar a que los pájaros emprendan vuelo? No lo sabes. A lo mejor es parecido a como evolucionan los traumas, donde lentamente, con sigilo, acaso con algo de temor salen a la luz pero con lentitud.

 

Intentémoslo de nuevo; acompáñame, siéntete solo, sola por un rato, no te asustes. Imagína lo siguiente: era de noche y se respiraba soledad y casi abandono. El aire se notaba quieto y lleno de interrogantes filudas, dolorosas, de esas que muchas veces preferimos no tocar. Sonaba el timbre de la calle que se activaba al presionar un botón de bronce redondo y salías a abrir la puerta de la entrada. En la calle Las Violetas está el auto que vigila de costumbre. Estás solo y ves al doctor Goic que llega también solo. Le abres la puerta y lo dejas entrar así, solo y lleno de fantasmas. Lo saludas, pero lo notas apesadumbrado, cargando pesadas piedras sobre su espalda aunque no se le veían. Y después escuchas los pasos de tu padre que baja también solo del segundo piso de la casa –ya era tarde- para conversar callados, solos, y para decir eso que no se podía confesar: ¿Sería posible? ¿Sería posible que una simple operación inocua haya degenerado en algo así, una infección tan grave y que mataba a Eduardo Frei Montalva hora a hora, minuto a minuto? ¿Acusar a quién y cómo, del envenenamiento? ¿Conseguir pruebas de dónde y cómo del envenenamiento? ¿Mencionar algo en la prensa? ¿Una entrevista sobre el envenenamiento, para después ser acusado de médico incompetente, de tratar de encubrir los errores personales, propios, acusando a las honorables autoridades de ese entonces sin ninguna prueba? ¿Y por qué cuesta tanto decir algo ahora, o encontrar testigos? ¿Por qué no decirlo después de tantos años y claramente, anunciar que al menos ocurrió algo inexplicable, y decir que sí, que muchos médicos tuvieron dudas? Esa alternativa tampoco parece funcionar; al hacerlo habría que reconocer que se tuvo miedo, mucho susto, temor a decir algo y que por eso se calló, se guardo silencio: ¿Cobardía? ¿Espanto?

 

Felizmente tu padre no estuvo entre los médicos tratantes, esa no fue su especialidad (como la del prestigioso doctor Augusto Larraín que terminó liquidado y con su carrera totalmente arruinada), pero se había convencido -sobre todo con el paso de los años- de que Frei había sido envenenado, había sido asesinado. Claro que nuevamente el caso se complica porque nunca tuvo pruebas; solo tenía a su familia, hijos, hija a los que había que proteger porque “les podría pasar algo”…… como le ocurría a la familia Frei, que tristemente fue agredida de manera tan cobarde. Pero ese silencio no se justifica con el paso de los años donde, ya sin Pinochet, se podría haber contado más…..pero hubo y hay silencio y cobardía. Hubo también mucha ingenuidad entre los políticos de esa época porque es justamente en la carrera de un político donde el asesinato, el crimen calculado, es ciertamente el riesgo que está siempre ahí, presente, sobre todo si se vive en dictadura.

Recuerdas que te enteraste de la muerte de Frei Montalva cuando caminabas por la Euclid Avenue, frente a la Universidad de Case Western Reserve, en Cleveland, y lo leíste en primera plana. Era un 23 de Enero del año 82 y hacía un frío intenso en Cleveland. Habías llegado hacía muy poco días de Chile. Cruzaste la calle porque por un cambio de horario, la clase de química orgánica a la que tenías que asistir se daría en otro edificio, detrás de la biblioteca principal. En ese tiempo todavía no reconocías bien las calles, esas que pronto formarían parte de tu nueva realidad, tu nuevo entorno. En el titular del The New York Times, que leíste detenido en la vereda, adentro de una vitrina de metal y a través de unas ventanas de vidrio, anunciaban que Eduardo Frei Montalva había fallecido el día anterior. Te sentiste mal, sentiste cobardía, y recordaste claramente la noche en que regresaban de Algarrobo con el doctor Goic cuando tu padre te preguntó sobre qué pensaba la juventud sobre Eduardo Frei Montalva. Por la manera en que te lo preguntó, notaste que era un pregunta con “chanfle”, y de interés para el doctor Goic, amigo de Frei Montalva. De seguro Frei recolectaba opiniones apoyándose de sus conocidos, sus amigos, para calcular sus próximas movidas. Le dijiste que tus amigos y tú notaban mucho silencio de su parte, poco compromiso, sin realmente enfrentar al régimen, sin golpearlo fuerte. De seguro esa era la opinión de muchos porque pocas semanas después Frei organizaría un gran evento en el Teatro Caupolicán (que sería recordado como el Caupolicanazo) donde claramente enfrentó a Pinochet con esa oratoria consumada de sus mejores tiempos. Son muchos los que han dicho que ahí Frei selló su suerte. Poco tiempo después sería eliminado.

 

 

A pocas semanas de su muerte te llegaría una carta de tu padre contándote lo que había sucedido. Claro que sin interpretaciones médicas sospechosas de ningún tipo porque el correo estaba interceptado. Decía así:

 

 

 26 de Enero, 1982

Cristiancito,

“Acá, como habrás sabido, el acontecimiento que ha impactado al país es el fallecimiento de Eduardo Frei Montalva. Realmente todo pasó como en una pesadilla. Cuando tú estabas en Chile, antes de partir a los Estados unidos, fue operado de una hernia del hiatos, que después se complicó en una serie de cosas increíbles y que terminaron por matarlo. A la distancia las cosas se ven más tranquilas, quizás en su verdadera dimensión, pero la repercusión que ha tenido su muerte aquí en Chile ha sido brutal. Eso de escuchar “murió Frei”, y oírlo bruscamente el viernes 22 a las 5 de la tarde, fue algo así como cuando escuchamos murió Kennedy. Yo no me di cuenta cuan hondo era su presencia entre todos los chilenos. Eso de ver y oír a un hombre en la plenitud de sus facultades físicas e intelectuales y de repente que deje de existir, da una sensación de caos y de incredulidad. Creo que todo el país se normalizó y se puso de pie y alerta. Incluso aquellos que días antes no cesaban de llamarlo un “político demagogo”, “ambicioso de poder”, “débil de carácter”, etc. No sé si sinceramente o hipócritamente decretaron tres días de duelo nacional; pero eso no impidió que todas las estaciones de televisión continuaran transmitiendo canciones y programas triviales; los goles de Cazelli tuvieron más difusión. La esposa de Frei, doña María y toda su familia, se portaron extraordinariamente bien. Nada de lágrimas. Cuando el gobierno negó el permiso para que Jaime Castillo, Fuentealba, Zaldívar y un diputado estuvieran presentes en los funerales, toda la familia le pidió a Pinochet que no se hiciera presente, que no fuera a la misa. Pero Pinochet sin una pizca de dignidad, asistió con todo el gabinete a su responso. No había nadie de la familia, excepto un hijo que lo hizo por respeto al cuerpo diplomático. La juventud debió ser convencida por el Cardenal Silva Henríquez para que durante el responso los restos no fueran sacados de la urna y llevados al Sagrario, para que no estuviera mientras Pinochet estaba en la Catedral. Los funerales se realizaron el Lunes 25 a las 16 horas. Cientos de miles de personas asistieron; durante tres días una cola de personas desfilaron frente al ataúd de Frei. A pesar de su calidad de ex-presidente constitucional la familia pidió que no se le rindieran honores militares. En fin, Cristián, querido, con los Mercurios que te mandó la mamá, te podrás dar una idea de lo que pasó. Podrás observar que en la primera página de ese diario del día 24, un poquito más abajo del anuncio de la muerte de Frei, está el anuncio de la clasificación del corredor Salazar en una carrera de autos. La mamá y todos tus hermanos te mandan saludos……”

 Juan

Tu madre también te lo anunció brevemente en otra carta:

 

28 Enero, 1982

“…..aquí casi no pasa nada; la gente llenó la Catedral y sus alrededores para ver a Frei y/o sentirse en grupo, en masa (estoy leyendo a Canetti, fascinante). Tú papá más viejo y regañón; escribe.”

 

¿Y con los años qué ocurrió con el amigo de tu padre, el doctor Goic? Parece que lo cubrió todo con escritos, con sus libros, con sus premios, como el Premio Nacional de Medicina del año 2006. A lo mejor esa fue su alfombra, aunque de todas maneras, tristemente, todos terminaríamos salpicados por el barro –y por qué no decirlo ahora, después de tantos años- salpicados con barro, ¿y qué más?, con barro, ¿y qué más? Sangre, o sangre y légamo, o sangre con sangre y mucha vergüenza. Pero, ¿se podría haber hecho algo diferente? Crees que sí, pero el efecto sorpresa y la audacia de los asesinos fue muy grande. Las traiciones, de incluso médicos amigos de Frei, como Patricio Silva, o médicos de la Universidad Católica donde Frei había estudiado, como Helman Rosenberg y Sergio González Bombardiere que le hicieron una “autopsia” completamente fuera de protocolo, totalmente fuera de lugar, colgándolo de una escalera, de los pies, para robarle sus entrañas y borrar las pruebas del asesinato, jugarían un papel muy importante. Ocurrió algo parecido a lo que sucede en el abuso sexual, o con una violación, donde la víctima en un principio cree que sueña, cree que eso no es posible, que está fantaseando y que eso no le está ocurriendo de verdad, es inventado, o que es otra realidad que se desplaza en un mundo alternativo, paralelo. Pero así ocurrió, ocurrió tal cual……y todavía lo ves, todavía lo tocas: primero llegaba el doctor Goic solitariamente a tu casa, entraba, se sentaba en el sofá café ubicado en el living de tu casa y trataban –solos, siempre los dos solos- inútilmente de encajar con una buena cara en ese puzzle de muerte y de sangre, de traiciones y cobardía, pero no les resultaba, ni a tu padre ni tampoco al doctor Goic.

Y notas que retiras la alfombra, la levantas otro tanto desde Michigan y donde vives ahora, en una madrugada del año 2020 pero se te cae nuevamente, se te suelta de las manos y atrapas y encierras nuevamente a esos pájaros que trataban de volar. Pero al menos logras verte a ti, ves tu sigilo, tus dudas, tus sustos, tus temores, y tocas tu propia cobardía y la de muchos otros…..y compruebas que podría haberse hecho algo diferente, como llevárselo fuera del país ante la primera emergencia médica, ante los primeros signos de infección, y sin necesidad de proclamar un envenenamiento todavía, pero no guardar tanto silencio. Ese silencio, esa inacción, esa parálisis fue una cobardía.  Tristemente piensas que tú, a lo mejor, habrías hecho algo parecido, guardar silencio (del que tú también participaste), o escribir mucho, demasiado, para cubrirlo con una alfombra de escritura y libros y concursos literarios, y notitas semanales que después mandas para colgar en la Internet…..

….. o a lo mejor te habrías ido del país.

 

 

2 comentarios en “Asesinato de Eduardo Frei Montalva ex Presidente de la República de Chile”

  1. Gracias querido amigo, Antonio.

    Me dolió escribir el texto, pero muchas veces cuando me ocurre eso es porque a lo mejor algo funcionó en el relato.

    El asesinato de Eduardo Frei Montalva fue algo monstruoso….

    Un fuerte abrazo

    Cristian

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