Autoficción 19. Chile en los 80

Los problemas económicos en el Chile de esos años, en los 80, fueron serios. Como contaba en notas anteriores, mi tía Oriana se libró de perder una porción grande de sus ahorros porque alguien le pasó el soplo (mi tía Mónica) y le alcanzaron a salvar la plata moviéndosela a otras inversiones. Como cuenta mi amigo Alejandro Parodi, en la carta de más abajo, él no tuvo similar suerte y perdió bastante; nadie le pasó ninguna noticia con antelación. Mi amigo me cuenta sobre una refinería de cobre que casi resultó en Santiago. Fue algo que nació en la Universidad Católica, bajo la dirección de don Rafael Gana, en el Instituto de Química. Ahí yo hice mi tesis de licenciatura en química. La idea consistió en usar unos canastillos de titanio, rellenos con chatarra de cobre, para electroquímicamente disolver ese cobre y redepositarlo en el otro electrodo y obtener nuevamente cobre electrolítico. La idea fue buena, pero como ocurre tantas veces en el mundo real, se necesita más que eso para que las cosas resulten.

Recuerdo que don Rafa tenía buenos contactos. Poco antes de partir de Chile visitó el laboratorio Andrés Zaldívar (político y futuro Presidente del Senado) junto a su hermano Adolfo. Ya empezaban a idearse esas lucrativas juntas de mezclar el servicio público y los negocios; grandes puertas giratorias que han terminado corrompiendo tanto a la política. En ese laboratorio conocí a variados caracteres. Por las mañana, nos juntábamos alrededor de una mesa grande donde todos compartíamos, y donde se largaban chistes, comentarios, bromas, y muchas risas. La Pochi, por ejemplo, una química muy simpática siempre le preparaba el café a don Rafa. Poco antes de partir de Chile ya estaba con una gran panza, embarazada, y seguía siendo bien simpática y empeñada en prepararle el cafecito mañanero. Con el tiempo, y ya en USA, me enteré que don Rafa había dejado a su señora por la Pochi. Así es la vida, pensé, repleta de juegos, de cafés y chistes. Me la imaginé preparándole el café y los almuerzos, y planificando vacaciones.

Recuerdo que en el laboratorio trabajaba también don Jorge, un hombre muy metódico y de pocas palabras, serio, el perfecto químico. Un día me enteré que tenía un hijo enfermo, aquejado con “algo” grave al cerebro. Le dije y le hablé de mi padre, el médico, el fabuloso médico, y que lo fuera a ver. Y me parece que lo fue a ver a su consulta, pero de ahí para adelante ya no supe más; todo se volvió bien misterioso, demasiado oculto. Yo le preguntaba a don Jorge sobre la visita, sobre la consulta, pero notaba que casi le dolía dar una respuesta; y que claro, lo habían ido a ver, me decía mientras lavaba su taza de café, y no decía nada más mientras le corría el agua helada sobre sus manos. Le preguntaba entonces a mi padre, en la casa, al final del día, y él tampoco me decía mucho (aunque no lavara ni una taza), y que claro, que lo habían ido a ver, me decía. Y nuevamente los silencios; un misterio total. Con el tiempo me enteré, cuando ya estaba en USA, lejos de esa mesa cuadrada y sin tomar café con nadie, sin escuchar ningún chiste y sin ver a la Pochi, que su hijo había muerto de un cáncer cerebral….. y que ya no había que hacer nada. A los pocos años moriría también don Jorge, su padre, a temprana edad. Pero ahí no le pregunté a nadie sobre los detalles, sobre médicos o consultas; lo encontré bien lógico, natural, muy explicable; de seguro tenía deseos de morir, pensé.

 

Santiago 18 de Abril, 1983

Querido Cristián:

Te escribo después de mucho tiempo, pues como debes de suponer se acumulan las cosas y los problemas y uno no se hace el tiempo para escribirle a los amigos.

Mira, acá la cosa sigue igual de confusa, hasta la fecha la refinería, como consecuencia de la situación económica chilena, se encuentra en el mismo pie, pero lo importante es que aún flota. (así son los milagros).

Cristián, como quizás debes saber, la buena vida de las cosas importadas acá se acabó, los precios ya se reajustaron de acuerdo al dólar y son prohibitivos. Es claro que esto ayudará a la reactivación de la industria nacional (el plazo es lo que nunca se supo) y como decía un amigo mío….el costo social ha sido inmenso…

Además para colmo de los colmos yo tenía plata en los fondos mutuos (Cooperativa Vitalicia), repentinamente quebraron y hemos perdido el 50% de los depósitos (más o menos $300.000) imagínate el incentivo para los ahorrantes. Así como nosotros también perdieron su platita jubilados y gente modesta a los que les será muy difícil o imposible recuperar lo perdido. ¿Cómo lo encuentras?

En la UC sigue la cosa igual que siempre con la diferencia que hubo una expansión tremenda del Depto de Electroquímica, ahora abarca incluso las instalaciones que antiguamente eran de macromoléculas. En su puesto de Decano, don Rafael ha logrado hacer muchos cambios buenos y reestructurado la Facultad de Química (ya no es Instituto), algún día será conocido creo yo y esto servirá para el prestigio de los químicos que hasta ahora se reciben y nadie los conoce.

Pronto te volveré a escribir y ojalá que sean unas líneas más alegres y optimistas.

Saludos te manda Marcia y mis dos hijos.

Tu amigo

Alejandro

PD …..si es posible me puedes averiguar el valor en US$ de una buena maquina fotográfica Canon AE-1, AL-1 o Nikon u otro del mismo tipo y calidad

2 comentarios en “Autoficción 19. Chile en los 80”

  1. Hola Cristián, me parece que editaste un poco la carta de Alejandro, el “Querido Cristián”, como que no me calza…

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