Ser desheredado es más de lo mismo (VII). No lo sé. ¿Lo sabe usted?

Otra vez desciendo al subterráneo de la casa acompañado de los gatos que felices me cortejan. Bajo y me dirijo como un autómata hacia esa carta de mi madre que no me había atrevido a largar antes. Escucho truenos, ¿los estaré imaginando? Leo nuevamente la carta, la dejo sobre la mesa, al lado de los gatos, y escucho ecos, me mareo, pierdo un poco la noción del tiempo y vuelvo a escuchar el portazo tan característico de nuestra antigua casa en avenida Suecia 1521, en Santiago de Chile. Es mi padre que llega al final del día, y yo todavía tengo la carta entre mis manos. La escondo, otro portazo, ¿se fue? Los gatos parece que saltan asustados…. como si hubiesen escuchado o leído, o como si alguien les hubiese hablado de esos años y esos portazos de la puerta de entrada, el “portazo seco y campanilleo de la chapa suelta”.   Subo corriendo al primer piso, pero en la casa actual, aquí en Michigan, después de muchos años y transcribo la carta, la leo y la repaso, dejo que entre el aire fresco, aunque sea aire de tormenta y truenos.

No estoy de acuerdo con mi madre cuando en la carta se refiere al pasado como algo muerto. El pasado y nuestra historia no están muertos, y lo que hemos hecho durante ese pasado es de suma importancia y vive, está vivo. Aquí va un poco de ese pasado vivo, ya no me lo aguanto, no lo soporto, quema, es como una confesión, ¿son así las confesiones? Y aquí me acuerdo de mi amigo Ignacio. En poco tiempo más vamos a estar todos muertos, decía, y por eso él lo escribía todo y sin concesiones, sin tomar prisioneros, sin callar. Hay que confesarse, hay que escribirlo, hay que contarlo, como lo cuentan las nuevas generaciones que son mucho más honestas, auténticas, directas y transparentes para vivir su vida, para contarnos sobre sus vidas y su pasado….

 

Palma, Lunes. No se que fecha, 18 -creo- de Octubre de 1982

Cristiancito

Después de poner tres cartas al correo a ti, a tu papá y a Anita, pasé a American Express y encontré la tuya.

Te escribo en la terraza del café Miami (de americano no tiene nada) donde pasan turistas, se escuchan trinar los pajaritos en los antiguos árboles mientras un pianista toca música de principios de siglo. Me emocionaste tato , Cristiancito, que tuve que pedir un chocolate caliente (tan espeso que la cuchara se para en la taza).

Me emocionó tu cheque. Ya lo anulé, ¡pero lo guardaré para siempre de recuerdo! Bueno el artículo que me enviaste, y verdadero. En Santiago vivimos un clima pre-enfermedad. No hay culpa de nadie, todos somos un poco el resultado de las más tempranas vivencias. Por eso yo no quise darle a Juan Alberto la vida triste que tuvo su padre (hijo de padres separados). Estaba embarazada de siete meses cuando supe del “forro” en que me había metido. En esos tiempos creía que la ternura podía curar a Juan, y cuando Albertito tenía poco más de un año lo dejé con mi mamá para acompañar a Juan en el año de estudios en París. No recuerdo haber sufrido tanto como ese año, aunque lo tapaba estudiando francés y su civilización. Entonces empecé a tener fiebres. Me sentía muy sola. Por favor rompe esto. Estas cosas no se las había contado a nadie. Además el pasado es lo más muerto que hay, solo existe el presente y hasta ahora me siento harto realizada con ustedes cinco, y Juan es y ha sido harto más feliz que antes de conocerme.

Por eso me da pena Albertito, elegir por quizás qué razón (¿genética?) a Aída (actual esposa de mi hermano), tan parecida a Juan en su necesidad de “absorber” a los demás y en su incapacidad de “querer” verdaderamente.

Pero quédate tranquilo por mí, Cristiancito. Estoy más contenta aquí que en Chile. Gozo nadando. Me gusta tanto la playa a la sombra, que apenas sí escribo cartas. Tampoco estoy necesitada de dinero. Hago uso de la tarjeta American Express que aquí funciona por todos lados. Y de Chile traje 1.500 dólares. Por el departamento que arrendé pago 16.000 pesetas al mes, amoblado, y como hay buses, desde la puerta del edificio al centro de Palma cada 20 minutos, he devuelto el auto (además me costaba estacionarlo aquí en Palma), aunque tampoco es caro arrendar. A mí me hacen precio especial, con todos los seguros 1.000 pesetas al día (110 pesetas el dólar). Cuando haga frío arrendaré de nuevo el auto.

Cuando des el examen y estés libre de preocupaciones ven por unos días a Palma en esos charter (¿Air Florida?) usando la tarjeta American Express. ¿O te lo compro yo y te envío los pasajes en carta certificada? Piensa qué fechas.

Aunque anulé tu cheque, me emocionaste. Gracias Cristiancito. Me gustaría llamarte por teléfono, pero seguro que no estarás en casa. Aquí son las 6 de la tarde. Y por favor Cristiancito, no te preocupes, me encanta saber la “verdad verdadera” de las vivencias de mis hijos. Es peor no saber o imaginarlas. Por ejemplo, sé que Moniquita en alguna deslealtad pilló a Pato (actualmente separado de mi hermana). Estuvieron peleados unos dos meses en que salió con José Godoy (terror de Juan). Pato le escribía todos los días, y ahora es él el que va a verla a Santiago. He observado que Moniquita ha perdido su ingenuidad respecto a Pato. Lo ve (creo yo) lúcidamente. Pero como ella no cuenta nada tampoco lo hago yo. Y es su vida, ella tiene la inteligencia para resolver lo que desee. A mí me gusta más José Godoy, aunque los años de trabajo como garzón, para pagarse los estudios, le doblaron el espinazo. Carmen (sobrina del poeta Antonio Machado y madre de José Godoy) debería vender hasta la camisa para que el chiquillo se vaya a trabajar a Venezuela. Aunque tiene $ y evita trabajar en una agencia de turismo, creo que prefiere tenerlo viviendo con ella en Santiago. Por cuarenta mil pesos al mes, José está a cargo de la Enoteca. En Venezuela podría dirigir un Hotel y tendría más posibilidades…. Pero cada uno debe arreglar su vida. En Madrid, hace años, vi a José ponerse rojo de emoción al ver a Moniquita. Desde entonces la quiere. Pero con Pato, Mónica tendrá más “status” y seguridad familiar, y además , ella quiere a Pato. Eso es lo importante.

Gracias Cristiancito, se me terminó el papel que siempre tengo conmigo.

Te quiero

Ximena

 

¿Me equivoqué, me arrepentiré al haber largado estas confidencias? No lo sé. ¿Lo sabe usted?

Un comentario en “Ser desheredado es más de lo mismo (VII). No lo sé. ¿Lo sabe usted?”

  1. De algún modo, todos somos personajes de una narrativa que nos deja un estrecho margen de acción, primo, que es mayor mientras más honestos podamos ser con nosotros mismos.

    Yo creo que nuestros padres hicieron las cosas lo mejor que pudieron, tal como nosotros con nuestros hijos; y así como todos somos víctimas de nuestras circunstancias que incluyen el pasado reciente y remoto, también tenemos la posibilidad de mejorar el tránsito por ese estrecho margen de acción si podemos pensar, si podemos renunciar y dejar ir, al menos, esa megalomanía que lucha por imponerse, por reclutarnos; renuncia que tú intentas hacer en las visitas a tu subterráneo, y que compartes luego con tus lectores para invitarnos también a descender al propio, para que resuenen la nostalgia, los dolores, el resentimiento, lo que permite que lentamente ascienda la gratitud, para poder disfrutar y para compartir también las alegrías, cuando retornamos a la casa actual que nosotros forjamos.

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